29/7/14

Presente continuo (semana del 18 al 24 de julio)

VIERNES 18 / Tecnología digital
Pasas toda la mañana intentando recuperar un ebook que descargaste hace unos años y que ahora no se abre porque el dispositivo para el que lo compraste ya no lo usas. Es un libro que necesitas para terminar el programa de la asignatura que impartes el año que viene y que tendrías que leer en este momento. Pero ya no está; se ha volatilizado. Y ya no puedes volver a descargarlo porque ahora los formatos han cambiado. Esto nunca habría ocurrido con un libro en papel. No se pasan de versión, se pueden abrir siempre. Las tecnologías digitales, sin embargo, se vuelven obsoletas casi de año en año. Quién sabe si todos esos ebooks que uno descarga serán legibles en un futuro. O habrá que volver a comprarlos y descargarlos de nuevo si alguna vez los necesitamos. Vivimos en tiempos móviles, donde todo cambia de la noche a la mañana. No es posible pensar que las cosas que hoy usamos podamos guardarlas para más tarde. Esta es una civilización del presente, no del futuro. Quizá por eso los libros en papel están en crisis, porque una vez utilizados, leídos, “consumidos”, ya no sabemos qué hacer con ellos. Si se piensa bien, el propio libro como objeto –casi igual que sucede con la obra de arte– es una forma de resistencia frente a esa obsolescencia continua de la mercancía. Porque el libro resiste, no se gasta, y por mucho que se lea, permanece en el tiempo, puede volver a ser experimentado y compartido. Y eso, en el fondo, atenta contra la lógica del usar y tirar.

Ves las noticias del avión derribado en Ucrania. Se te ponen los pelos de punta. Ahora todos buscan culpables. Nadie se hace responsable del error. En breve sólo serán datos, daños colaterales, como esos otros incidentes de los informa el telediario, los que han ocurrido otras veces y que ahora sólo son curiosidades. La tragedia se banaliza con el tiempo. Y también con la distancia.

Esta tarde has quedado con L. y J. a tomar una cerveza en Murcia. Es tu primera salida casi en tres semanas. Comienzas a andar hacia la parada de autobús y al llegar te ves con fuerza para continuar hasta la ciudad. Tras media hora, llegas cansado y empapado de sudor, pero con la sensación de que todo va cada vez mejor. La cerveza y la marinera te saben a gloria.

Luego, R. te recoge y vais al cine a ver El amanecer del planeta de los simios. Se te hace algo larga. Y sobre todo, no te crees nada. La idea de que sólo estás viendo personajes hechos por ordenador resta credibilidad a la historia. Es puro virtuosismo técnico. El cine se ha convertido en un trampantojo barroco. 

SÁBADO 19 / Autonomía
Te quedas solo en casa leyendo y escribiendo. Sientes autonomía. La normalidad va volviendo. Poco a poco. Comienzas a leer la tesis que tienes que evaluar el próximo martes. La combinas con varias novelas. Saltas de una a otra y no te centras en ninguna. Te ocurre lo mismo con la televisión. Descargas dos películas y dos episodios de series y al final, como no sabes qué ver, decides volver a la lectura.

Cuando llega R., sales a andar por el río. Hoy es más tarde y hay poca gente. A la vuelta, veis un episodio de la segunda temporada In the flesh, una serie sobre zombis donde los muertos vivientes se reincorporan a la sociedad. Por la noche, como no podría ser de otro modo, tienes pesadillas y vuelves a soñar con un apocalipsis zombi que comienza en tu casa de la huerta. 

DOMINGO 20 / Comprender
Te levantas temprano y escribes casi sin parar hasta el mediodía. Estás pasando a ordenador los cuadernos manuscritos. Acabas con dolor de muñecas. Pero vas sintiendo que llegas al final. Sin embargo, lo que lees no siempre te satisface. Hay momentos buenos. Frases, metáforas, imágenes y reflexiones que sientes que son dignas y te gustan. Pero el resto… mejor no pensarlo ahora. Ya llegará el momento de volver.

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En las noticias siguen los bombardeos a Gaza. Y tú sigues sin llegar a comprender del todo el conflicto palestino-israelí. Como otras muchas cosas. Por eso te dedicas varias horas a buscar vídeos y leer en internet las raíces históricas de lo que pasa en la franja de Gaza. Todo es demasiado maniqueo; es difícil encontrar la opinión justa. Lo único claro es que el conflicto tiene difícil solución. Es lo que ocurre cuando no se hacen bien las cosas y cuando todo depende de alianzas, juegos de poder entre bloques y remedios estratégicos. La clave está siempre en el pasado, en aquello que se hizo mal desde un principio. Pero ahora ya no se puede volver atrás.

Por la noche ves Headhunters, un thriller noruego sobre un cazatalentos que te recuerda a Bron/Broen. Cine negro nórdico. Siempre hay algo de insano en todas estas ficciones, igual que en la novela policiaca, como si fueran el reverso oscuro de una sociedad aparentemente ejemplar. Quizá por eso nos gusta, porque vemos que tras la prosperidad y la perfección está también la condición humana en su versión más perversa. 

LUNES 21 / Continuar
Escribes desde bien temprano. Continúas a un ritmo rápido. Las muñecas siguen resentidas. A media mañana, vas al centro comercial y te compras algo de ropa para la tesis de mañana. Tras la operación has reducido unas tallas, pero con la faja aún no sabes cómo quedará tu cuerpo. Aun así necesitas algo para estos días. Por la tarde acabas de leer la tesis y preparas la intervención para mañana. Después, cenas con los miembros del tribunal y regresas a casa antes de medianoche. 

MARTES 22 / Vida normal
A las diez y media os reunís para constituir el tribunal. Chaqueta y corbata. Con la faja y el calor no sabes si vas a resistir. Afortunadamente, aguantas bien. La lectura de la tesis discurre sin problemas. I. está algo nerviosa, pero todo sale bien. Has aprendido mucho leyendo sobre el NO-DO. Al final, lo mejor de las tesis es que uno acaba encontrándose con conocimientos a los que no llegaría de otra forma. Conocimientos que luego se quedan para siempre. El tribunal elogia la tesis y acaba dándole la máxima calificación. I. ya es doctora. Sabes el peso que se ha quitado de encima.Después, comida muy agradable, champán y gin-tonic. Es el primero que te tomas después de la operación. Y lo disfrutas. Hoy hace un mes. De hecho, por la tarde te toca revisión en la clínica. La cirujano te da una buena noticia: a partir de hoy, faja fuera. Estás contento. Y a eso contribuye también el personal de la clínica, que lo ha hecho todo mucho más fácil. Casi sientes una familiaridad cuando entras allí. Ya no significa enfermedad. Vida normal, dice J., la médico. En la medida de lo posible, claro. Y eso es lo que haces. Vida normal. Al llegar a casa te quitas la faja y la guardas para siempre. Por la noche tienes un sexo extraño. Tu cuerpo es diferente y las sensaciones también lo son. Es comenzar de nuevo. 

MIÉRCOLES 23 / Reconstruir el pasado
Sigues escribiendo. Acabas de pasar los cuadernos manuscritos. Ahora sólo quedan dos capítulos para llegar al final.

Te apuntas al gimnasio. Sabes que de momento no podrás hacer mucho, pero tienes que comenzar a moverte poco a poco. R. se ha animado y se apunta contigo. Las instalaciones del gimnasio os han deslumbrado y no lo habéis tenido que pensar demasiado. Ahí se os van a ir las vacaciones de verano. Habrá que aprovechar el SPA y la piscina.

Por la tarde terminas de leer el libro que te ha acompañado durante toda la semana: HHhH, de Laurent Binet, el joven escritor francés que ganó el Goncourt con esta primera novela. Es deslumbrante. Una reconstrucción de un acto heroico: la operación “antropoide”, el atentado que acabó con la vida de uno de los más temibles ideólogos del Holocausto, Reinhard Heydrich, el carnicero de Praga. Es una reflexión sobre el terror y la violencia, pero también sobre la resistencia y las posibilidades de enfrentarse a la maquinaria nazi. La novela es tanto un repaso por la historia como una meditación sobre la posibilidad de escribir acerca el pasado, sobre la dificultad de imaginar, de buscar la verdad; está llena de reflexiones que aluden al propio libro y que lo hacen una obra excepcional. De las mejores que has leído este verano.

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JUEVES 24 / Cuestión de tiempo
Te levantas dolorido. Mucho. Sin faja han vuelto las molestias. Cuando andas te notas inseguro. Sin la compresión estás desprotegido; todo te roza, todo te tira, todo te duele. Tienes que acostumbrarte. Es cuestión de tiempo.

Escribes durante todo el día, casi sin descanso. Y a media tarde llega el momento más deseado: punto y final. Terminas el primer borrador. Doscientas sesenta páginas que imprimes y pones sobre la mesa para poder tocar el resultado de todo este tiempo de trabajo. Sabes que están llenas de cosas por cambiar, que es sólo primer paso, pero te hace feliz. Lo has logrado terminar. Hemingway decía que la única virtud del primer borrador es precisamente “que se acabe”. Y eso es lo que has conseguido. Él los llamaba “excrementos”. Y mucho de eso también hay aquí, claro. No sabes lo que conservarás en la versión final. Pero es el primer paso. Ahí está toda la historia en bruto. Es la imagen saliendo del mármol. Ahora es cuando empieza lo que más te gusta: reescribir, mover, cambiar, resituar. Es la parte del montaje una vez que se han filmado las escenas. Sin duda, es la que más disfrutas. No tienes prisa. Has llegado. Has trazado el camino. Ahora hay que poner baldosas, pintar, iluminar, señalizar, adecentar, cuidar, podar. Y eso es cuestión de tiempo.

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Al final del día te das cuenta de que es el aniversario de la muerte de tu padre. R. te lo dice. ¿Es hoy?, dices. Quizá ayer, piensas. Sí, 23 de julio. ¿O fue 24? Hace once años ya. Pero el tiempo lo cura todo. Pocas noches más aciagas que la que pasaste en el hospital sujetando su mano cuando sabías que ya sólo cabía esperar. Creías que no te ibas a recuperar de aquello. Y ahora no recuerdas si fue ayer o es hoy. Once años ya. Sí, todo es cuestión de tiempo.


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23/7/14

Presente continuo (semana del 11 al 17 de julio)

VIERNES 11 / El libro tachado
Por la mañana temprano, reunión de departamento. Al final no tomáis ninguna decisión y tienes la sensación de haber perdido toda la mañana. Hay en la universidad una pulsión de reunión que no logras comprender.

Cuando regresas a casa, terminas la lectura de El libro tachado, el ensayo de Patricio Pron que te ha acompañado durante estos días y que has degustado poco a poco, desando que no se acabase nunca. Pron es uno de los escritores que más admiras. Cuando leíste El comienzo de la primavera sentiste que habías encontrado por fin el escritor que andabas buscando. No has parado de recomendar esa novela desde entonces. Y desde ese momento lo has seguido y lees con entusiasmo todo lo que escribe. El libro tachado, sobre el que probablemente vas a escribir con más detenimiento, se adentra en territorios que están muy cerca de tus intereses: la desaparición, el silencio o el ocultamiento. Dedicaste tu tesis a hacer algo parecido pero en el ámbito de la artes visuales, y allí llegaste a la conclusión de que tachar la visión, frustrar la mirada, lejos de ser una senda extraña al arte moderno, es su camino más preciso. Al poner en escena su desaparición, el arte se preserva; sólo vive en tanto que se muestra como moribundo. Las reflexiones de Pron sobre la literatura tienen que ver con esta idea. Escritores desaparecidos, suicidas, censurados, represaliados, anónimos, bloqueados, plagiadores, falsificadores…, estrategias para anular la figura del escritor que acaban sirviendo como tácticas de resistencia para preservar la literatura. Con inteligencia y rigor y con un conocimiento apabullante, Pron cartografía la literatura por el otro lado del espejo.

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Por la tarde, decides ir a la graduación de los estudiantes de Filosofía. Te eligieron como padrino pero tuviste que declinar la invitación porque no sabías si ibas a llegar en condiciones. La verdad es que te habría gustado acompañarlos todo el tiempo. Son la primera promoción a la que diste clase después de volver de Estados Unidos. Y pocas veces te has sentido tan cómodo en un aula. Te hizo mucha ilusión que pensaran en ti. Y antes de salir de casa pensabas que habrías podido decir que sí. Pero enseguida te das cuenta de que aún no estás bien del todo y las dos horas y media que estás en el salón de actos se te hacen demasiado largas; no encuentras la postura adecuada y las molestias no te dejan disfrutar del acto como se merece. El cuerpo sigue teniendo sus tiempos. 

SÁBADO 12 / Cotidianidad
Por la mañana, retomas La muerte del padre, el libro de Karl Ove Knausgård que te recomendó C. cuando estuviste en Lund. Habías leído bastantes páginas, pero aún no te habías puesto en serio con él. Es una radiografía de la memoria. Una vida entera, casi sin elipsis, un experimento narrativo para dar cuenta del yo del escritor; todo lo contrario del sujeto tachado del que hablaba Patricio Pron. Aquí se trata de un sujeto excesivo, que cuenta todo, que no deja apenas nada fuera de su visión. Por supuesto, el mérito no está en la importancia de lo que cuenta; es una vida como cualquier otra. La clave es el modo de contarlo. Consigue crear una empatía en el lector, que rápidamente se identifica con ese hombre cualquiera y con todas sus preocupaciones cotidianas. Consigue hacer que lo íntimo aparezca como universal; esa era la clave de la literatura para Freud. Aun así, el texto está en el límite. La segunda parte del libro roza el exceso y lo íntimo se transforma en mera domesticidad. La rutina continua de cómo limpia la casa o cómo cocina llega en ocasiones al tedio. Es curioso que seas tú quien dice esto, y que lo digas precisamente en el marco de un diario como este, donde la cotidianidad se hace omnipresente y lo íntimo se confunde con lo doméstico.

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Por la tarde sales a andar con R. Cada vez lo haces más erguido y por momentos te olvidas de la faja y la cicatriz. Cuando llegas, ves el partido por el tercer y cuarto puesto. Brasil vuelve a perder. Tienes la sensación de que es uno de los peores equipos del Mundial.

DOMINGO 13 / Error
Hoy escribes. Por fin. No demasiado, pero sí algo. Un pequeño capítulo. A mano. Tres horas. Lo justo para entrar en modo de escritura. Durante todos estos días percibes el cuerpo de un modo diferente. Hay momentos en los que sientes algo en la piel y, al tocarte, no encuentras el lugar de origen de la sensación. Tu sensibilidad cutánea ha cambiado por completo. Tienes que intentar encontrar el punto en el que te duele o te pica, volver a recorrer tu cuerpo como si fuera el cuerpo de otro. Ya no es automático. Hay un pequeño delay, un error de coordenadas, necesitas un tiempo para encontrar el lugar. Y eso te hace reconocer tu cuerpo desde fuera, perder pie, desconfiar de los estímulos nerviosos. Ahora necesitas mirar dos veces, tocar dos veces, sentir dos veces. Ya no das nada por sentado.

Por la noche ves la final del Mundial y te alegras con el triunfo de Alemania. Se lo merece. El reconocimiento a Messi como mejor jugador es de vergüenza. 

LUNES 14 / Escribir
La normalidad va llegando. Por la mañana tienes un examen. Después, varias reuniones con doctorandos. Te despides de M., que se va a Londres a buscar trabajo después de siete años en España.Por la tarde, en casa, escribes. Ya has conseguido instituir la rutina. Terminas el tercer capítulo de la quinta parte, la última. Te demoras en la escena de sexo que culmina el libro. No sabes si al final la pondrás. Aún así la escribes. Ahora es momento de escribirlo todo. Ya habrá tiempo de quitar, tachar y reescribir. 

MARTES 15 / Alma
Continúa la escritura. Te aproximas al final. Pero antes de eso, antes de llegar, quieres pasar a ordenador todo lo que llevas escrito a mano. Aún hay un cuaderno que tienes que mecanografiar. Lo haces poco a poco, casi automáticamente, cambiando apenas dos o tres palabras, dejando el sentido original, precario, de la escritura manuscrita.Por la tarde, masajes en la clínica y cita con la cirujano. Te dice que todo va bien. Notas que la hinchazón va remitiendo y la cicatriz está cada vez más cerrada. Quizá la semana que viene te puedas quitar la faja. Sales de allí más erguido.

Lees casi en estado de trance La sonata a Kreutzer, de Tolstoi. Una justificación del asesinato, una puesta en cuestión del amor romántico y una visión pesimista y espeluznante de la naturaleza humana. Tolstoi entra en la mente del asesino, del misógino, del misántropo. Y uno nunca sabe cómo posicionarse ante esa voz que ha logrado encontrar la justificación a su crimen y que ha racionalizado la violencia. Un libro brutal, terrible, tremendo, absolutamente necesario. Lo acabas por la noche casi sin respiración y decides que vas a dormir en la cama después de tres semanas de sillón. Te cuesta trabajo poder estirarte, y aún no lo consigues del todo, pero tienes que hacer el esfuerzo.

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 MIÉRCOLES  16 / Citas que dicen lo que quisieras decir
Sigues escribiendo. Ahora ya no hay pausa. En los descansos, para alimentar tu prosa, lees a Javier Marías.Negra espalda del tiempo, el libro en el que habla de la recepción de su novela Todas las almas, es una autobiografía extraña que ya merece la pena aunque sea por una cita que te toca directamente y que no te resistes a transcribir ahora: “Cuando alguien falta nos damos cuenta de la transmisión perpetua y calla entre las personas y las cosas, y así éstas cobran vida vicaria y se hacen testigos y metáforas y emblemas y se erigen en el hilo de la continuidad a menudo; y parece entonces que encierren las vidas imaginarias y las no cumplidas y las malogradas, o acaso es que son los objetos lo único que concilia y nivela presente y pasado, y hasta el futuro si duran y no son destruidos. Precisamente porque siguen viviendo sin añorarnos no cambian, y en eso nos son leales.”

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JUEVES 17 / La Azotea
Por la mañana, reunión para elegir horarios. En el primer cuatrimestre, dos días de clase. Entras a primera hora. Vas a tener que madrugar. Aun así, no sale demasiado mal. Comienzas a preparar la guía docente de Teoría de la Historia del Arte. Es el primer año que la vas a dar y quieres prepararla bien. Pero te das cuenta de que ya te has comprado demasiados libros y que va a ser imposible que te dé tiempo a todo. Las clases son la manera de aprender sobre cosas que creías que sabías. En cuanto profundizas un poco te das cuenta de que apenas sabías nada. Esta es de las cosas que más te gusta de la docencia, que enseñas para aprender.

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Por la tarde, paseo por el río. Se ha convertido ya en una rutina agradable antes de la cena. Cuando llegas ves una nueva serie, Extant. El primer capítulo te deja intrigado.Antes de dormir, casi de casualidad, te dicen que ha cerrado la Azotea y que hoy hacen una especie de fiesta de despedida. Sin redes sociales y encerrado no te enteras de nada. Ni siquiera de estas noticias tristes para la cultura. La Azotea ha sido en los últimos años un lugar de referencia para la cultura murciana, un ejemplo de autogestión y de promoción del arte, la literatura, la música y mil cosas. Has asistido allí a presentaciones de libros, conciertos, encuentros, tertulias…, de todo. Es una pena que tenga que cerrar. Pero no se le puede pedir a la gente que haga más sacrificios de los que han hecho. E. y F. se han dejado la piel en el proyecto, sin ayudas institucionales de ningún tipo. Y lo que han hecho es un ejemplo y una vía para que otros sigan haciendo cosas. La cultura murciana tiene que estar agradecida por la labor de estos años. Y esperar que haya una segunda etapa, que el futuro sea propicio y que la Azotea regrese y llene de nuevo ese vacío que ahora deja. De momento, gracias por todo. 

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14/7/14

Presente continuo (Semana del 4 al 10 de julio)

VIERNES 4 / Masaje
Despiertas temprano. A las siete ya no puedes seguir durmiendo. Dos semanas y media en el sillón ya comienzan a cansarte y el cuerpo se resiente de mantener día y noche la misma posición. A media mañana comienzan los masajes sobre las partes operadas. Llegas a la clínica, te subes como puedes sobre la camilla y la enfermera conecta una máquina de la que sale un dispositivo extraño que se posa sobre tu cuerpo. El ruido te recuerda al de los drones de las películas de ciencia ficción. El dolor ya es otra cosa. La piel está aún sensible y notas las vibraciones como si fueran pellizcos y pequeños bocados. Es necesario para que baje la hinchazón, dice. El dolor es bueno, te convences.
Antes de eso, te ha pinchado varias veces en el abdomen para ver si quedaba líquido tras la operación. Parece que todo va bien, pero debes seguir llevando la doble faja. La que tienes ahora y que apenas te deja respirar la ve demasiado holgada; necesitas más compresión.
Sales de la clínica algo más erguido de lo que has entrado. Compras la nueva faja, te la pones y aguantas la respiración todo lo que puedes. Va a ser duro encontrar la postura para poder hacer algo en condiciones.
Al llegar a casa, te sientas en el sillón y tardas un rato en acomodarte. Al final, te acostumbras. No hay más remedio. En esa posición acabas de leer La fotografía, de Penelope Lively. Te parece un gran libro. Al final, la fotografía encontrada al principio no es más que un mcguffin para hablar de los celos, la memoria y las relaciones de pareja. Prometes leer todo lo que encuentres de esta escritora.
Por la tarde te cuesta horrores encontrar el modo de escribir el “Presente continuo” de la semana anterior. Tienes que hacerlo en el iPad y a ratos cortos. Estas semanas la lírica se evapora. Escribes como puedes y ya es bastante que pueda salir algo en condiciones.
Después, bajas a la calle a andar la media hora que te ha recomendado la cirujano. La cicatriz y los músculos te queman y tienes que volver antes de tiempo. Compras helado como postre para celebrar que, dentro de lo que cabe, todo parece ir bien. Cenas un sushi insípido que traen de un asiático al que has llamado por teléfono. Es la última vez que llamas ahí.

SÁBADO 5 / Eros
Hoy la nueva faja te mata. Te inhabilita por completo para concentrarte en cualquier cosa. Por la tarde sales a andar un poco y te la tienes que quitar a la vuelta porque ya no la soportas.
Ves los cuartos de final. De nuevo te decepcionan. Este mundial es aburrido. Mucho. Antes de que acabe el partido, te sumerges en la lectura. Es lo único que te sigue distrayendo a pesar de todo. Te bebes Rituales cotidianos. Cómo trabajan los artistas, de Mason Currey. Está lleno de anécdotas de escritores, músicos y pintores. Algunos son excéntricos: beben, se drogan, fuman de todo, escriben en la cama con los rituales más extraños; otros son metódicos y obsesivos: siguen un orden estricto como si se tratase de una especie de régimen militar. Pero para todos el arte o la escritura es lo más importante, cuestión de vida o muerte, nada que ver con un mero entretenimiento. Crees que cada día estás más cerca de esa visión.
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El dolor, la incomodidad y las molestias no han conseguido eliminar la libido. No has preguntado a la cirujano cuándo puedes tener sexo. Miras en internet antes de proponer nada. A las dos semanas se puede intentar algo, dicen, calmado y sin brusquedad. Por la noche, no puedes aguantar más y haces lo que puedes, con cuidado extremo y poniendo atención a cada uno de los movimientos, casi como si fuera un ritual tántrico. Cuando acabáis, te sientes revitalizado, como si esa energía erótica te hubiese recargado por dentro. El sexo te da soberanía sobre tu cuerpo, te lo hace reconocible, te lo devuelve, convierte la carne herida en potencia de vida.

DOMINGO 5 / La mujer justa
Despiertas mucho mejor. Lo notas. Te duchas y por primera vez reconoces tu cuerpo en el espejo. Por un minuto no recuerdas lo que había allí antes de la operación. Y empiezas a sentir la cicatriz más como una parte del cuerpo que como una sutura foránea que se había cruzado en tu camino.
En la televisión ves un documental sobre el dopaje de Lance Armstrong. Coincide casi con el inicio de Tour de Francia. Hablan del significa de hacer trampa, de la ambigüedad de la mentira y de la necesidad de ampliar la capacidad del cuerpo cuando es puesto al límite. El ciclismo siempre te ha parecido una locura. Lo extraño es que no se dopen todos.
Te calzas las deportivas y sales a dar una caminata con R. Os pasáis de la media hora y vuelves cansado. La cicatriz te tira un poco y el ombligo te escuece. Debes ser consciente de que aún falta para la recuperación.
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Por la noche terminas de leer La mujer justa, de Sándor Marái, que te ha acompañado estas semanas. Te lo recomendó J.M. y lo has ido degustando poco a poco. Es un grandísimo libro. El primero que lees del escritor húngaro. A través de tres monólogos, Marái se introduce con un magisterio sólo al alcance de los más grandes de la literatura en los sentimientos, el amor, el abandono, el miedo. Un análisis del alma humana. Lleno de sabiduría contextualizada. Cada personaje es sabio según sus circunstancias que dan pie a su historia. Una historia que, más allá de las emociones, se adentra en el espíritu de la lucha de clases. El fin de la burguesía, el complejo de culpa, el dinero, el sentido de la cultura. Y sobre todo, el desmoronamiento del mundo del pasado durante la primera mitad del siglo XX. En el fondo es de esto de lo que trata, de cómo un modo de habitar, unas costumbres, una cultura, desaparece, y de la melancolía y sentimiento de pérdida se apodera de aquellos que sienten que ese mundo, que daba sentido a su existencia, se desvanece.
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LUNES 6 / Más lecturas
En cuanto te levantas vas a la clínica. Se te han infectado los puntos del ombligo. Nada grave. Pomada durante una semana y se curará sin problemas. Lo que sí que te duele es el cuello. Dada la postura en la que estás durmiendo, lo raro es que el dolor no hubiera aparecido antes. Pero hoy ya se hace insoportable. Pides cita con la fisio y te da para mañana.
Antes de comer acabas de leer El arte de volar, el cómic de Antonio Altarriba y Kim. Te emociona la historia. Y te da ideas para lo que quieres escribir. Intentas incluso sentarte al ordenador para ponerte con tu novela, pero al final es imposible. Entre el cuello y la doble faja no encuentras la posición.
Por la tarde lees de un tirón Cartas a un joven novelista. Lo confiesas, solo has leído de Vargas Llosa ensayos. Y te entusiasma su prosa. Aquí es sagaz. Y te hace aprender. No haces estos días otra cosa que aprender. Pones sobre la mesa de lectura La ciudad y los perros. De este verano no pasa.
Todas las noches, antes de dormir, sigues con la segunda temporada de Bron/Broen. Cada vez se pone más interesante. Todo está calculado y meditado a la perfección. Las piezas van encajando y ya esperas la sorpresa final.

MARTES 7 / Primera salida
Hoy vas por primera vez a la universidad. Es tu primera salida a la vida después de la operación. Reunión de departamento para pedir asignaturas. No te sale exactamente como pensabas y vas a tener que prepararte una asignatura nueva. No puedes coger Arte del siglo XX ni Últimas tendencias y tienes que quedarte con Teoría de la Historia del Arte. Te gusta, pero se te viene encima demasiado rápido. Y sobre todo te va a entorpecer la escritura de la novela. Al terminar la reunión, sales para la fisioterapeuta. Sin bajarte la faja y sentado en una camilla hace lo que puede con tu cuello. Ya no sientes el dolor.
Por la tarde te quitan los puntos de la cicatriz y te vuelven a dar un masaje con la máquina. Te duele menos que la otra vez, el masaje. La cirujano te dice que todo sigue bien y que te puedes quitar ya la segunda faja. Sientes un alivio tremendo. Te quedan dos o tres semanas para poder quitarte la otra y dejar de sentir la presión. Pero así ya te puedes sentar frente al ordenador y comenzar a moverte con mayor normalidad.
Ves el 7-1 de Alemania a Brasil y te alegras secretamente. Siempre has ido con Alemania. La primera camiseta que te compraste fue la de Lothar Matthäus, un mito durante tu infancia y tu adolescencia. Además, el juego de Brasil en este mundial era soporífero. No se merece ni el cuarto puesto.
Antes de dormir te enganchas a El país de las últimas cosas, uno de los pocos libros de Paul Auster que te faltaba por leer. No te llega a convencer del todo, aunque acabas devorándolo y casi logras acabarlo antes de apagar la luz.
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MIÉRCOLES 8 / Nostalgia
Por la mañana, nada más levantarte, terminas las páginas que te faltaban del libro de Auster. Desde luego, no es el mejor del escritor, pero su imaginario te sigue fascinando y estás tan agradecido por los buenos momentos que te ha hecho pasar su literatura que se lo perdonas todo.
Por la tarde ves el final de la segunda temporada de Bron/Broen. Es magistral, aunque se queda para una tercera y no sabes cómo vas a poder esperar a septiembre de 2016.
Después, sales a andar con R. por la mota del río. Hace una temperatura agradable y mantenéis un buen ritmo. Cuarenta minutos es para ti ahora todo un récord. Os adelantan muchos corredores y sientes envidia y nostalgia. Al regresar, ves la semifinal entre Argentina y Holanda y te sirve de somnífero. Duermes feliz, sintiendo que te vas encontrando poco a poco.
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JUEVES 10 / Tiempo de escritura
Te levantas algo dolorido tras la noche. Pero se pasa enseguida. R. te lleva a la universidad para poner el examen de Crítica de arte. Va volviendo la normalidad, aunque todo te cueste el doble y aún tengas dificultades para atarte los cordones de los zapatos.
Al llegar, te sumerges en Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrente, que tantas veces te ha recomendado L. Por fin ha llegado el momento. Y la novela no te decepciona. Te absorbe de tal manera que casi te olvidas de comer. Tienes la sensación mientras lees de que es así como quisieras escribir, que alguna vez te gustaría publicar un libro así, sincero, directo, lleno de verdad y de buena literatura. Junto a La invención de la soledad, es el mejor libro sobre un padre que has leído hasta el momento. Una oda a la memoria, a la escritura, al amor, a la vida.
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Tanto te llega, que cuando lo acabas, en lugar de intentar seguir con tu novela, que esta semana se te ha resistido, comienzas a escribir el principio de la siguiente, la que pretendes dedicar a la reconstruir la historia de tu abuelo paterno, a quien nunca llegaste a conocer. Escribes diez páginas como poseído por la energía de lo que acabas de leer. Te gusta tanto que estás tentado a continuar y aplazarlo todo. Pero al final el sentido común acaba regresando y lo dejas como esbozo de algo que retomarás cuando acabes lo que estás escribiendo ahora. Te das cuenta de que lo que tienes que recuperar es la intensidad y el deseo por continuar con tu novela. Por alguna razón esta semana aún no has podido volver. Pero ahora mismo sabes que ya ha llegado el tiempo. El tiempo de escritura. No hay más excusas. Te puedes sentar frente a la pantalla y ya has tenido dos semanas de lecturas y descanso. La historia llama a tu puerta. Te falta la última parte. Tres o cuatro capítulos para acabar el primer borrador. Y ya se ha demorado bastante. Es tiempo. Tiempo de escritura.

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7/7/14

Presente continuo (semana del 27 de junio al 3 de julio)

VIERNES 27 / Ser cuerpo
A las siete de la mañana ya no puedes más y estás deseando levantarte –o al menos ponerte de pie–. Te revuelves cien veces en el sillón hasta que R. se levanta y te ayuda a incorporarte. Hoy te curan la cicatriz y por primera vez vas a poder ver tu cuerpo después de la operación. Quizá te quiten los drenajes. Eso es lo que más necesitarías en este momento.
Te acerca R. a la clínica. Andas encorvado y con los drenajes en una bolsa amarilla. Por mucho que quieres ocultarlos, los tubitos de plástico llenos de seroma acaban apareciendo. Tardas dos muñequitos verdes en cruzar el paso de peatones de la Avenida Juan Carlos I. Y cuando llegas, antes de sentarte la enfermera te hace pasar a la sala de curas. Entre dos, como pueden, te bajan la faja y descubren la cicatriz. Es la primera vez que te ves. Y te mareas un poco. Es como mirar otro cuerpo. Es tu piel, pero está en otro lugar, de otro modo. Sin duda, el sentido que Freud dio al término “lo siniestro” es éste: lo familiar-extraño. Es tu cuerpo, sí, pero cambiado, desfamiliarizado, como si fuera otro.
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La cicatriz te llega de cadera a cadera. Te la curan las enfermeras y sientes que las gasas son como estropajos de aluminio. Te pincha y te escuece todo. La gasa llena de Betadine sobre el ombligo parece una galleta de la fortuna. Cuando la quitan ves algo que definitivamente no es tuyo. Un nuevo ombligo, surgido en mitad de una piel que ha sido cortada, estirada y pegada. Imaginas que va a pasar algún tiempo hasta que logres verlo como algo normal, sentirlo como parte de tu cuerpo.
Luego están los drenajes, que ves ahora por primera vez. Dos pequeños tubos que salen directamente desde tu pubis. Es también siniestro y desagradable. Por un momento te recuerdas a una obra de Robert Gober. Pareces un desagüe humano. El cuerpo como maquinaria, como fontanería, y la medicina como mecánica de la carne.
Te sientes quebrado, vacío, como si te hubieran partido por la mitad. La cicatriz es carne. Se unen ahí dos trozos de ti. Es una elipsis. Una sutura que cierra un pasado, que deja entre paréntesis tres kilos de piel y grasa. Dices que es carne la cicatriz porque es lo que sientes. No piel, sino carne blanda, vuelta sobre sí misma. Porque te miras el cuerpo y es lo único que ves. Cuerpo, carne, biología. En cada movimiento, en cada segundo. Sientes los músculos, la piel. Te observas y te piensas como puro cuerpo.
Te suben la faja como pueden después de la cura y casi sientes alivio al verte encerrado. La faja es casi un escudo que protege de lo real. Una especie de armadura que te mantiene a salvo y que al mismo tiempo te imposibilita el movimiento, dejándote a veces sin posibilidad de respirar.
Al final no te quitan los drenajes. Tienes que llevarlos hasta el martes. Va a ser duro. El resto del día intentas leer, ver la tele, hacer algo que entretenga, pero no logras concentrarte en nada en concreto. El recuerdo de la visión de tu cuerpo ocupa por completo tu mente. No paras de darle vueltas a lo que has visto. Ni tampoco de mirar en Internet el resultado definitivo. Cómo se queda la cicatriz, cómo queda la piel, cuánto tarda en desaparecer la hinchazón… no cesas de buscar imágenes, consejos, vídeos, opiniones. Y casi es mejor no hacerlo. En cualquier caso, lo que has visto ha sido un shock. Ahora mismo pagarías para, aun sabiendo que el resultado no es definitivo, quedarte así y que cese el dolor y la incomodidad. Porque el resultado, al menos a primera vista, es sorprendente. Todo esa piel grasienta acumulada a lo largo de los años, colgando como si también fuera de algún modo el cuerpo de otro, ha desaparecido. Y en su lugar hay una cicatriz inmensa, una especie de gran muralla china que te atraviesa por la mitad. Quizá aún no estés preparado para apreciar lo que se ha obrado ahí.

SÁBADO 28 / Dificultades cotidianas
Hoy te duchas por primera vez después de la operación. Algo tan fácil se convierte en una aventura. Con los drenajes saliendo de tu cuerpo la movilidad no es fácil. R. te seca y te cura las heridas. La cicatriz sigue quemando, aunque algo menos que ayer. Tras diez minutos de pie, vuelves a sentirte partido y tu cuerpo necesita ya la faja. Aunque subirla es más difícil de lo que uno se podría imaginar. Con el cuerpo embadurnado en crema hidrante y Thrombocid, y sin poder hacer fuerza, tenéis que hacer varias paradas hasta situarla en su sitio. Acabáis los dos sudando.
Cuando te sientas en el sillón lo haces como quien descansa después de una batalla. Y ahí te quedas casi todo el día. Te levantas como puedes de vez en cuando para mover las piernas, pero el dolor no te permite gran cosa. Por la tarde estornudas y crees que te desgarras por dentro. Se te saltan las lágrimas y tienes que respirar profundamente para que los pinchazos se vayan yendo poco a poco.
Después de varios días, también hoy, por fin, logras defecar y tampoco es tarea fácil. Te das cuenta de que todo gira en torno a las funciones básicas y sobre todo a los fluidos. Defecar, orinar, casi como un niño. Es síntoma de que el organismo funciona. Realmente, todo lo que pasa estos días es escatológico. Sangre, fluidos, heces, orín. Y olores. Porque todo huele extraño y en ocasiones desagradable. Tu cuerpo, la faja, las gasas que tapan las heridas al día siguiente. Todo es pura abyección. Pero esto es lo que eres, por encima –o por debajo– de cualquier otra cosa. Eso es un cuerpo. Ahí esta esa so(m)bra que todos los días intentamos ocultar.
Ves el Brasil-Chile y deseas que pierda Brasil. Después, por la noche, acabas de ver la primera temporada deBron/Broen. La pareja de actores tiene una química tremenda, los personajes están muy bien trazados y la historia y la trama están calculadas a la perfección. Una serie elegante y recomendable.

DOMINGO 29 / Gana el dolor
Esta noche ha sido algo más desagradable. Tirantez e incomodidad. Además, te empieza a doler la espalda. Mucho estaba tardando. A las seis te gustaría ya estar levantado.
Se pierde el vacío de uno de los drenajes. Es un momento de incertidumbre. No sabes lo que hacer. Te das cuenta de que hay toda una serie de sabiduría cotidiana que desconoces y te sientes perdido. Cualquier cosa pequeña es ahora un abismo para ti. Llamas por teléfono y, como era de esperar, no es nada. Se puede arreglar fácilmente.
Te duchas y luego intentas ponerte la faja. Tu cuerpo está tan hinchado que hoy es imposible subirla. Tú no puedes hacerlo porque no puedes hacer fuerza sin que te duela. Y R casi tampoco. Es un momento difícil. Más aún que ayer. Vuelves a caer en el sillón rendido, respirando después de la batalla.
Mientras tomas aire, lees La niña que amaba las cerillas, de Gaétan Soucy. No ves ahí el gran libro del que todos hablan. Es Beckett, Manganelli, la abstracción, el lenguaje duro y corporal, pero no mucho más. Quizá no has elegido el mejor día. Y es que hoy ha sido un día duro. Más que otros. No sabes por qué. Al final del día sacas el cómputo global y te das cuenta de que el dolor ha ganado. Necesitarás analgésicos y pastillas para poder dormir.
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LUNES 30 / Poco a poco
Te levantas mejor de lo que habías pensado. Has dormido relativamente bien. R. te ducha y te cura y luego te quedas solo en casa. En soledad cada movimiento es meditado. Nada se puede caer porque no te puedes agachar a recogerlo. Es casi como si te movieras a cámara lenta. Parece una especie de coreografía oriental que mide todos los movimientos.
Ves Un verano ardiente, de Philippe Garrel. Monica Bellucci sigue siendo bella. Aunque la película no es nada del otro mundo. La misma historia de siempre de amores burgueses y acomodados. Después, comienzas a leer Un minuto antes de la oscuridad, de Ismael Martínez Biurrun. Sigues a este escritor desde sus primeros libros y siempre acaba hipnotizándote su literatura, a medio camino entre el terror psicológico y el suspense. En este caso se trata de una distopía sobre el fin de la civilización en lo que podría ser la España después de la crisis. Enseguida te engancha. Gran thriller.
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Entre lectura y visionado, el dolor no remite. Identificar varios tipos de molestias. La cicatriz, dolor localizado. También el drenaje, dolor e incomodidad. Ambos te muerden, como una serpiente que se hubiera enroscado sobre tu vientre. Luego está el interior, los músculos abdominales, que te arden. Y en ciertos movimientos, te matan. Y luego, la piel, que te duele por momentos sin saber exactamente dónde ni por qué. Y juntó a eso, la faja, que está asfixiando. Es varias tallas más pequeña y te oprime en el pecho y en la espalda. Cuando te sientas, y estás todo el día sentado, se clava y apenas te deja respirar.  Y después está la espalda. Sufrías de ella desde antes, pero ahora con la postura comienza a dolerte poco a poco. Y para terminar, los pinchazos, que llegan cuando menos te lo esperas.
Piensas por un momento en este dolor y te das cuenta de que es dolor físico pero no moral. No es sufrimiento. Porque no hay detrás una enfermedad, porque no es un sinsentido, sino que tiene una resolución. A lo lejos ves el final del dolor. Y todo se convierte casi en un experimento.
Por la noche, ves el capítulo piloto de The Leftovers, la serie de uno de los creadores de Lost. Pinta bien. Te quedas con ganas de mas. Tienes la novela en la que se basa la serie, pero no sabes si leerla o esperar algo a ver cómo se desarrolla. Le echas un vistazo antes de intentar dormir. Decides darle una oportunidad a la televisión.
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MARTES 1 / Primer partido
Por la mañana ya no aguantas más el drenaje. Por la tarde te lo quitan. Cuando ves la longitud de los tubos no das crédito. Creías que eran apenas dos pequeñas puntitas que entraban en la piel, pero ahora ves salir dos grandes mangueras que han estado ahí dentro. Te los sacan y sientes un alivio tremendo. Primer partido ganado. Luego, la cirujano te dice que ahora sobre la faja que llevas tienes que ponerte otra más para que la presión haga salir todo el líquido que queda de la operación. Cuando llegas a casa y te la pones tienen que pasar unos minutos hasta que puedes respirar.
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Por la tarde, acabas de leer Un minuto antes de la oscuridad. Te lo has bebido en dos días. Es un gran thriller. Pero no por eso es literatura menor. Está escrito con una solvencia narrativa fuera de serie. Martínez Biurrun maneja la tensión como pocos escritores. Ya esperas su siguiente novela.
Llega una mesa de Amazon. Querías escribir cómodo desde el sillón, pero al final la mesa no te lo permite. La postura no es cómoda y no puedes concentrarte con la presión de la doble faja. Lees libros sobre la rutina de los escritores. Sobre la dificultad para escribir. Nunca has encontrado la postura perfecta. Ni para escribir ni para leer. Siempre ha sido incómodo. Pero ahora no ves el momento de regresar a lo anterior. Era un paraíso que no supiste valorar.
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Ves algunos partidos del Mundial. No sabes sí será porque ya no está España pero el caso es que este año te aburren. Demasiadas prórrogas. Por la noche, comienzas la segunda temporada de Bron/BroenDe nuevo te conquista.

MIÉRCOLES 2 / Paso lento
Has descansado algo esta noche. Estar sin el drenaje te acerca a la normalidad. Aunque la doble faja te corte la respiración. Sales a dar un pequeño paseo a la calle. Te cansas. Exploras el pueblo como si fuera la primera vez que pasaras por sus calles. Con el ritmo lento te recuerdas por un momento a los flâneurs parisinos paseando tortugas. Por la tarde, la casa se llena de visitas. Por la noche no logras concentrarte para leer. La cicatriz te escuece y ya no aguantas más la postura en el sillón. Tienes que tomar pastillas relajantes y analgésico para poder dormir. El día iba bien pero se ha torcido.

JUEVES 3 / Luz al final
La montaña de libros va creciendo. Vas saltando de uno en otro. Cada momento del día pide un libro. Y está claro que si te equívocas, el libro se resiente. A veces lees cinco páginas y pasas al siguiente, casi como si estuvieras en una especie de rotación narrativa. Pero cuando el libro te atrapa ya que no lo puedes soltar. Y eso te pasa hoy con La fotografía, de Penelope Lively, una escritora británica que te cautiva desde el principio. Pasas el día pegado al libro y casi lo terminas de un tirón. Tiene mucho que ver con tu novela. Lo piensas un poco y te das cuenta de que lo lees como una especie de aproximación a lo que ya quieres hacer: escribir, escribir y escribir.
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Intuyes que en breve te podrás sentar frente a tu ordenador en el escritorio. Aunque estés incómodo, aunque la presión te corte la respiración. Está llegando el tiempo de escritura. Lo deseas, lo percibes. Y es que poco a poco te vas sintiendo mejor y con más autonomía. Comienzas a ver la luz al final del túnel. Aunque la luz sea débil y el túnel aún sea demasiado largo. Pero algo es algo. Con eso te conformas ahora.