29/5/14

Presente continuo (Semana del 16 al 22 de mayo)

VIERNES 16  / Malmö
Despiertas en Malmö. Amanece temprano. Escribes el “Presente continuo” en un café, mientras desayunas. Te demoras más de la cuenta porque apenas te puedes concentrar; demasiados estímulos visuales para mantener fija la vista en la pantalla.

A medio día, C. te recoge para comer en la Konsthall. Allí solía ir allí cuando estaba con la baja de paternidad –concepto fascinante que un español difícilmente puede procesar–. La comida es deliciosa, como todo lo que has probado estos días en Suecia, como las patatas cocidas y el pan con mantequilla, que siempre están presentes, acompañando a cada plato.

Después, dais un largo paseo por la ciudad. C. te enseña algunos lugares curiosos y no paráis de hablar de literatura, sobre todo de Proust y Knausgård, el escritor noruego que ha escrito la gran novela autobiográfica del presente: Mi lucha, seis volúmenes en los que de modo crudo muestra su vida sin ningún tipo de tapujos. Es nuestro En busca del tiempo perdido, dice C., y es mucho mejor que Proust, aunque eso pueda resultar demasiado taxativo. El caso es que te anima a leerlo. Y decides hacerlo en cuanto vuelvas; de hecho, lo tenías pendiente y habías leído algo sobre el escritor, su éxito y sus problemas familiares tras la publicación de la obra. Ahora ya estás convencido. Y más aún cuando os detenéis frente a una casa y te señala el portal y el número en el que Knausgård escribió muchos de sus libros. Malmö es una de las ciudades centrales de Mi lucha. 

C. te habla también de los suecos y de algunos estereotipos que ellos manejen y que a ti te suenan extraños, como por ejemplo que todo lo alemán les suena a cutre, justo lo contrario que para los españoles, en cuya mente lo alemán es siempre lo más avanzado y fiable. Habláis también de por qué las mujeres tienen pechos. Su teoría te convence. Pero te resistes a escribirla aquí. Algún día, quizá. Lo cierto es que pasas un día espléndido. Además, brilla el sol. Parece Murcia. Las terrazas están llenas. Los parques también. Mientras paseáis, ves a gente quitándose la camiseta, tomando el sol como si estuvieran recargándose, casi como si fueran placas solares. No se puede dejar pasar la oportunidad, dice C., es un regalo.

A media tarde, C. se marcha y te quedas solo. No tienes problema en hacer una flânerie en solitario. Le dices que no se preocupe. Es algo que también te gusta, pasear en el anonimato más absoluto. Coges Estrella distante, de Bolaño, que has llevado contigo y sales a cenar. Acabas en un italiano en la zona de Möllevängen, que está bastante animada. Y al final no lees nada. Por un momento te ves desde fuera, como imagen: en una ciudad lejana, tomando una cerveza, solo, leyendo a Bolaño. La foto ni siquiera necesita filtro para que funcione en Instagram. Una estampa de postureo en estado puro.
Luego, tras varias confusiones y mensajes que no llegan, consigues quedar con A. y K., para tomar unas cervezas. Han estado en el seminario y van a comenzar el doctorado. K. es sueca y A., argentina. Están también sus amigos, y la pareja de K. Dos chicos brasileños, y el resto, suecos, aunque casi todos hablan español. Muchos trabajan en el ámbito del activismo. Algunos incluso tuvieron una fuerte presencia en las protestas de Gotemburgo durante la visita de Georges Bush. Te hablan de la otra Suecia, de la que no se ve, la más oscurecida, la que también sufre opresión e injusticia.
Acabáis tarde, cuando cierran el bar y os invitan a salir sin demasiadas consideraciones. Te despides entre abrazos. Y regresas a casa con la impresión de saber mucho más de lo que sabías al salir esta mañana.

SÁBADO 17 / Regreso
A las seis, arriba. Metes todo en la maleta y esperas a que llegue C., que te deja en el tren que te lleva al aeropuerto de Copenhague. Te despides en la estación. Lo verás próximamente en Madrid, pero agradeces su amabilidad, su naturalidad, su sabiduría…Una experiencia inolvidable.

Llegas sin problemas al aeropuerto, facturas enseguida e incluso consigues salida de emergencia para tus piernas largas. Ningún contratiempo. En el viaje te da tiempo a leer entera Estrella distante. Te gusta sobre todo la parte del arte. Bolaño no es exactamente tu autor. Todo lo que lees te gusta, pero no te apasiona. Esa fijación con los nombres de escritores a veces te cansa. Hay una pulsión de name dropping, un lanzar constantemente datos que no siempre te llega. Pero aquí, al final, cuando vuelve a la historia del poeta-aviador Carlos Wieder, cuando entra de lleno en ella, en su búsqueda, logra atraparte. Y ves las relaciones que tiene con el arte. Se te pasa por la cabeza la posibilidad de escribir algún día algo sobre eso; sería un gran tema para una tesis o un ensayo: Bolaño y el arte.

En el aeropuerto de Palma de Mallorca apenas tienes tiempo para tomarte un helado y cambiar de avión. En el iPad, te descargas las primeras páginas de muestra de algunos libros y lees todas las de La muerte del padre, el primer libro de la serie de Knausgård. Es bueno, piensas. Lo vas a comprar en cuanto llegues.

El avión aterriza a las cuatro. Tienes el tiempo justo para coger el coche y llegar a casa para ver el gran partido, el final de la liga. No eres del Atlético de Madrid, pero ese día sí. Te alegras. Luego al Murcia lo golean en el Mini Estadi. No se puede tener todo. A las once de la noche ya no puedes más y caes rendido a la cama.

DOMINGO 18 / Reencuentro
Llegan tus tíos de Argentina. Tu tío P., el hermano de tu padre, no ha vuelto desde que se fue hace cincuenta y siete años. Tu tía M. sí que ha venido alguna vez después, pero muy pocas. Es un día emotivo. Un reencuentro y un encuentro. Veis por primera vez al hermano de tu padre.

De toda la familia, sólo tu padre y dos hermanos se quedaron en España. El resto se fue a Argentina a finales de los cincuenta. Primero se fue tu abuelo, y después tu abuela y los demás hijos. Tu abuela volvió una vez, cuando tu eras pequeño. A tu abuelo no lo conociste. Tu padre nunca viajó allí.

Los lleváis a comer al Yeguas, donde os tratan como si fuerais de la casa y no paran de sacar platos de todo. Los argentinos se sorprenden de la voracidad de sus sobrinos, que se lo beben y se lo comen todo. Tu tío cuenta chistes como tu padre. Por un momento, ves su rostro en él; es incluso incómodo y siniestro mirarlo. Hablan de la familia, enseñan fotos, os ponen al día de todo. Tienes la sensación de que habéis perdido algo en esa distancia, un trozo de familia, algo que sientes al mismo tiempo cercano y extraño.

Hablan también de tu abuelo. Te enteras de muchas cosas que no sabías. Te das cuenta de que allí hay una muy buena historia. Una de esas que aparecen en las novelas. Y piensas que quizá esa historia la tengas que contar tú. Lo piensas en serio. Y te lo prometes en silencio. Ese será tu próximo proyecto.

Os despedís en la puerta del hotel. Lágrimas y llantos. Sabes que tus hermanos difícilmente se van a animar a cruzar el charco. Y al mismo tiempo estás convencido de que, antes o después, tú sí que irás a conocer a tu familia, a toda la que falta. Es algo que no puedes seguir demorando.

LUNES 19 / Gestiones
Todo el día contestando mails y corrigiendo trabajos. Casi no te levantas de la silla. Una jornada lleno de burocracia.

MARTES 20 / Barba
Te levantas temprano a correr. Hace una semana ya que no lo haces. Te cansas pronto. Después, ducha y a clase. Es la última en Historia del Arte. Al final se te ha hecho corto. Por la tarde tienes unos minutos libres y quieres recortarte la barba. La llevas demasiado larga y quisieras retocar las puntas, adecentarla. Cuando notas la tijera sobre tu rostro te das cuenta de que al barbero se le ha ido la mano. Al mirarte en el espejo te entran ganas de llorar. Sientes una especie de castración simbólica.

A las ocho, N. ha convocado sus 4000 seguidores de Twitter a una quedada. Vas con R. Es curioso desvirtualizar y tocar a la gente que sólo conoces por su avatar. Muchos ya son amigos corporales. Las redes al final acercan más que alejan.

Compráis un kebab y volvéis a casa. Te acuestas a las tantas pasando tu curriculum a una aplicación para solicitar una instancia. Hay que cambiarlo todo. No vale lo anterior. Algún día alguien debería pensar en un formato único. Cada cambio de formato son días perdidos. En tu vida llevas unos cuantos.

MIÉRCOLES 21 / Escribir
Última clase hoy en Filosofía. También sientes que se ha pasado rápido. Después, antes de regresar a casa, pasas por el centro comercial y te compras la camiseta del Madrid para ver la final el próximo sábado. La blanca se transparenta y de la naranja no queda tu talla. Te decides por la azul y le pones el número de Bale. Eres como un crío.

Por la tarde, sacas la novela y comienzas a escribir. Has enviado todos los mails, has entregado todas las cosas pendientes de esta semana. Tienes, por fin, tiempo para volver a lo que más te interesa. Por la noche continúas. Lo haces hasta entrada la madrugada. No puedes parar. Has comenzado a escribir ya a ordenador y te embalas.

JUEVES 22 / Spoiler
Te levantas y sigues escribiendo por donde lo dejaste anoche. Te acostaste a medio dar forma a una frase y nada más sentarte frente a la pantalla la continúas. Es el mejor modo de seguir, dejarse algo a medio en la noche y acabarlo al levantarse. Avanzas bastante hoy. Más de lo que imaginabas. Y estás toda la mañana sin levantarte de la silla.

Entre las sesiones de escritura, lees Corazón tan blanco. Hay algo del tono de Javier Marías que quieres incorporar, sobre todo la oralidad, el decir, el ritmo, la cadencia. Es curioso lo que sucede siempre con los grandes autores: en cuanto se lee algo de ellos, el estilo se pega inmediatamente.


Al llegar de trabajar, R., sin querer, te hace un spoiler de Juego de Tronos y te dice quién va a morir próximamente. Eso le quita emoción a la serie, te dices. Pero inmediatamente cambias de opinión. Piensas que la vida es un spoiler continuo. Hay demasiadas cosas que sabemos que van a pasar y que aun así siempre nos sorprenden. Incluso la más terrible de todas, la que sucederá en nuestro último capítulo. Esa nadie se atreve a nombrarla.

Presente continuo (Semana del 9 al 15 de mayo)

VIERNES 9  / Cansancio
Por la mañana, clase de en filosofía. Es la última en la que entra materia. La das con el turbo puesto y durante tres horas seguidas hablas del neodadaísmo, del minimal, del pop, del land art y del conceptual. Tres horas de reflexión sobre la neovanguardia en las que ni siquiera los dejas respirar. Y tú, aunque nadie lo advierta, estás medio muerto. La noche anterior apenas dormiste y te tienes que agarrar a la silla en más de una ocasión para no perder pie. Al terminar, vuelves a casa, te tiras sobre la cama y te quedas ahí. Ni siquiera tienes fuerza para comer. Por la tarde, escribes el “Presente continuo” y comienzas a corregir trabajos. Cuando acabas, sales hacia Murcia para cenar con A. y H. Hace un tiempo estas cenas eran mucho más frecuentes. Los conociste en la universidad privada. Y la amistad aún se mantiene. Y también la admiración intelectual. Aprendes cada vez que estás a su lado.

La noche esta vez no se alarga y vuelves temprano a casa, con tiempo para leer algo antes de irte a la cama.

SÁBADO 10 / Euro-risión
Te levantas temprano y escribes. Quisieras haber salido a correr, pero al final te quedas delante del ordenador toda la mañana. Por la tarde sigues allí. Y por la noche, aunque querrías continuar escribiendo, en un momento de debilidad te enganchas al Festival de Eurovisión. Recuerdas que era un acontecimiento especial en casa cuando eras niño. Todo se paralizaba. Ahora sólo puedes resistirlo gracias a Twitter. Es como verlo con amigos. El humor lo hace todo más soportable. “Tira más una barba que dos polacas”. Ese tuit es tu éxito de la noche.

DOMINGO 11 / Calor y placer
Comienzas a pasar a limpio fragmentos de la novela. Hay frases que se mantienen, pero eres consciente de que aún falta mucho por hacer. Se cocina a fuego lento. A finales de la mañana por fin consigues correr. Llevabas más de una semana sin hacerlo y el cuerpo ya lo notaba. Acabas acalorado. Por la tarde, el calor continúa en Nueva Condomina. Ves el Murcia a pleno sol, en la grada lateral. Pero merece la pena. Es grandioso. Disfrutas como hacía mucho tiempo que no lo hacías en el campo. Vuelves de nuevo al Paraíso.

LUNES 12 / Correr y escribir
Pasas toda la mañana corrigiendo trabajos. A las doce y media, reunión del jurado del Rendibú. Es rápido. Luego, comida agradable. Aprendes de literatura y tomas referencias de libros para comprar. Conoces de forma más cercana a G. Es un escritor de verdad. Se lo toma en serio. Te hace sentirte más escritor. Al llegar, sales a correr. A la vuelta, ves el nuevo episodio de Juego de Tronos. Lees La novela de la no-ideología, de David Becerra, y aprendes bastante sobre literatura y política. No te duermes en toda la noche, excitado aún por la carrera. Juras no volver a correr después de las ocho.

MARTES 13 / Odio
La noticia fue ayer. Mataron a Isabel Carrasco. No entiendes que haya gente que defienda un asesinato. Tienes serias desconfianzas en el género humano. Observas el odio y el sinsentido de todo. Las redes se convierten en lugares intransitables.

Por la mañana, clase sobre el retorno de lo real y la memoria. También es casi la última. La das excesivamente rápido y comienza a invadirte la melancolía por ir acabando. Te ha gustado la experiencia de este año.

Por la tarde, preparas la conferencia y la maleta para el viaje del día siguiente. Miras el tiempo en Suecia y no sabes qué llevarte. Llenas la maleta de porsiacasos. Te vas a la cama más tarde la cuenta.

MIÉRCOLES 14 / Viajar y leer
Te levantas a las cinco para llegar con tiempo a Alicante. El avión que te va a dejar en Copenhague es de los más estrechos en los que has montado. Allí, sin apenas espacio para pasar las páginas, no levantas la vista de Alabanza, la última novela de Alberto Olmos, y la acabas de un tirón. Te ha ido gustando más conforme avanzaba. La segunda parte, la que recuerda la vida de pueblo, la has leído con toda la nostalgia del mundo. Está llena de imágenes en las que te reconoces. Y la tercera, la que examina el fin de la literatura y las dificultades de la relación de pareja, también está muy cerca de las cosas que quieres escribir. Eso te pasó también con Ejército enemigo, su anterior novela, que el tono se aproximaba algo a lo que estabas escribiendo en aquel momento. Recuerdas cuando la leíste. Acababas de regresar de Estados Unidos y alguien te la acercó a la estación de tren. La devoraste con pasión en las cuatro horas de Talgo entre Madrid y Murcia. Esta te ha costado algo más. Crees que es mejor novela, aunque no te ha enganchado tanto como la anterior. Probablemente sea porque la tercera persona es más disuasoria que la primera. Y que la novela es más compleja. O que tú estás más cansado. O vete a saber.

Llegas a Copenhague y te recibe C., que te ha invitado a la Universidad de Lund a un seminario sobre literatura y crítica social en la España contemporánea. Los estudiantes han leído algunas novelas “de la crisis” publicadas en el último año, entre ellas la tuya. Es curioso –y paradójico, y, en cierto modo, triste– que tenga que ser una universidad sueca la que proponga un curso así. Y que la mayoría de los autores que aparecen en el programa de la asignatura (Isaac Rosa, Pablo Gutiérrez, Javier Moreno…) ni siquiera existan en la mente de muchos de los profesores de literatura de la universidad española, que, como en otros muchos campos, suele mirar más hacia el pasado que hacia el presente.

Te alojas en Malmö, en una habitación austera que está medio camino entre las películas de Bergman y el estilo Ikea. Por la tarde, C. te enseña la ciudad. Camináis entre parques y llegáis junto al mar. El Turning Torso de Santiago Calatrava da a la ciudad un aire de modernidad. Es lo único vertical que percibes. El resto de la ciudad parece que se expande a lo ancho. Y esa es la misma sensación que tienes al caminar, la de expansión y horizontalidad. Es como si el tiempo se moviera de un modo diferente. Después, visitáis un momento Lund y os sentáis en un café mientras el sol brilla con fuerza. Habláis de literatura, alcohol y tabaco. C. lo ha leído todo. Y su español es perfecto. Tras la cena, te entra el sueño y apenas te da tiempo a repasar el Power Point con las imágenes para el día siguiente. Te duermes casi sin darte cuenta.

JUEVES 15 / Experiencia
Amanece antes de las cinco y la luz que entra por la venta te despierta. Desayunas temprano en un café junto a la casa y envías unos cuantos e-mails. A las ocho salís para Lund en tren. Hoy no hace frío.

El seminario es de nueve a doce. Al principio piensas que es demasiado tiempo y que probablemente te va a sobrar la mitad. Pero enseguida te das cuenta de que podríais estar tres días seguidos hablando y aún quedarían temas de discusión. Te preguntan sobre literatura y política, sobre la literatura de la crisis, sobre tu novela, sobre mil cosas… Percibes unas ganas y un interés entre los estudiantes como hacía tiempo que no percibías en España. Quizá por eso sientes que podrías estar hablando tres días sin parar. Te contagian el entusiasmo. Al acabar las tres horas, firmas algunos libros, incluso el de la biblioteca de la universidad. Te preguntan también por tu blog, por lo que pones en Twitter y hasta por el “Presente continuo”. Te hace gracia que te tomen en serio. Y vuelves a sentir responsabilidad por lo que escribes en esos lugares. Pero, como siempre, enseguida se te pasa.

Tras la comida, conferencias sobre las relaciones entre arte y literatura en la contemporaneidad. Te sientes cómodo mientras hablas –el hecho de poder hacerlo en español te da la vida– y acabas contento. Es como una clase en la universidad. Todo es tremendamente agradable. Y el tiempo se pasa volando.


Después, tomáis unas cervezas todos juntos y seguís hablando de todo un poco. Cine, literatura y también fútbol, que al final siempre acaba apareciendo en las conversaciones. Continuáis en la cena, también con muchos de los estudiantes del curso. Conforme avanza la noche, y el número de cervezas, el grupo se va reduciendo poco a poco. A la una y pico volvéis a Malmö y regresas a tu habitación. Te duermes con una extraña sensación de felicidad, de trabajo hecho, de mundo conocido, de paz momentánea, de experiencia del presente como algo que está aquí y ahora y que te ha sido regalado. No puedes pedir más.

18/5/14

Presente continuo (2 - 8 mayo)

VIERNES 2 / Festival I  
Te levantas temprano para escribir el “Presente continuo” de la semana y dejarlo enviado antes de irte al SOS 4.8. Lo escribes de un tirón y contestas varios mails porque sabes que los próximos dos días vas a estar desaparecido. A mediodía, quedas con A. y J. para preparar un evento del que aún no puedes decir nada pero que ya está poniendo nervioso. De ahí, directamente sales para el recinto en el que se celebra el festival. Llegas más tarde de la cuenta, con las conferencias ya empezadas. De pie, en el suelo, y en los palés que hacen de asiento asistes a las conferencias hasta las nueve. Es, sin duda, la de Kiko Amat la que más te interesa. Todo lo demás te pilla algo lejos. El tema de este año –el fenómeno fan– te interesa menos; y la exposición y el sentido de estética relacional pop y política soft de todo lo que ves tampoco te llega; no es el arte en el que más crees. Aun así, puedes entender que para un contexto como un festival de música sea lo más aceptable.

Después de las conferencias, te encuentras con L. y M. Y también con J., y F., y R., y mil personas más –casi decides obviar la cantidad de iniciales porque sería eterno–. Entras un momento a la zona VIP a tomar una cerveza y ya no puedes parar de saludar. Al principio, es algo simpático; hay mucha gente a la que hace tiempo que no ves. Pero llega un momento en el que comienza a convertirse en algo siniestro. Es un acto que casi se repite en bucle y llega a agobiarte por momentos. Además, la zona VIP este año está a reventar. Parece que hay más gente que en el exterior. Así que decidís salir de allí para cenar y escuchar algún concierto.

Los grupos de hoy no te interesan demasiado. A lo lejos escuchas el concierto de The Strypes y eres consciente de que son muy buenos. Te comes una hamburguesa de buey fría porque has estado casi una hora en la puerta esperando a dar unas entradas y los móviles no funcionan. A las doce, aún no has entrado en “modo festival”. Demasiada gente, demasiados compromisos, demasiados líos. Y a la gente a la que quisieras encontrar no la encuentras. En el concierto de The Prodigy casi desapareces en un torbellino humano. Más tarde, cuando casi todos se van, te quedas con J. y con E. Y a las cinco te quedas solo. Quisieras aguantar algo más, pero sientes que ya es hora de volver a casa. Regresas andando y te tomas un gofre de chocolate que tienes que tirar a medio camino. Es de lo peor que has probado nunca.

SÁBADO 3 / Festival II
La cabeza te explota. Apenas has dormido. Aun así, sales a tomar un aperitivo con R. y ves la actuación de León Benavente en la plaza de Santo Domingo. Es uno de tus grupos favoritos. Coméis con L. y M. y vuelves un rato a casa para regresar a las conferencias del SOS. Las de esa tarde no están mal. Pero hay un momento en el que comienzan a hablar en inglés y te parece fuera de tono y de lugar y te vas a los conciertos. Recoges a R., cenáis mientras escucháis de fondo a Damon Albarn, elegante y sutil, y enseguida os adentráis en el concierto de León Benavente. Lo bailas y lo cantas todo. Sales cansado, casi como si hubieras estado haciendo ejercicio. Después, Phoenix. También están de lujo. Pero en el fondo hoy lo que quieres es escuchar a Pet Shop Boys. Es un subidón. Un concierto lleno de himnos. Un espectáculo que ocurre al lado de tu casa. Lo ves con R. muy cerca del escenario, los dos solos. Disfrutas viéndola saltar y divertirse. Las treinta mil personas desaparecen y sólo estáis vosotros dos. Y la música. Cuando acaba el concierto, abusas del Jagermeister. Demasiado. La VIP vuelve a estar a reventar. Alguien le pregunta a M.: “¿qué hay allí dentro?” Se refiere  a lo que está sucediendo al otro lado, es decir, al festival. Hay gente que no ha salido de la VIP en los dos días.

A las cuatro y pico te vuelves a quedar solo. Pero esta vez no te quieres ir. No sabes si habrá más SOS. Y quieres quedarte hasta el final. Localizas milagrosamente a N. y te quedas con él resto de la noche. Se cuela en la VIP cuando ya casi no queda nadie y os podéis sentar un rato. Miras tu bolsillo y te quedan aún algunos tokens. No quieres pensar en lo que te has gastado este festival, pero tienes claro que no vas a dejarlos perder. Volvéis al Jagermeister. Es una locura. Salís a dar una vuelta por el recinto. Ninguno de los DJ’s te gusta especialmente, pero no estás dispuesto a irte. Es en ese momento cuando veis a LMR –los cinco–, os fundís en un fuerte abrazo y os quedáis con ellos. Te dan a fumar algo que te marea. Y justo entonces comienza a sonar el vals que cierra el escenario grande. Lo bailas con energía como si de repente todo el cansancio se hubiera evaporado. Levantas por los aires a las chicas de LMR. Hay allí amistad. Amor expandido. Emoción. No había mejor manera de acabar. Sales del recinto feliz, con la sensación de que todo se ha cumplido y que el festival tenía que terminar así. Quizá sea el Jagermeister. Es posible. Aunque ahora, mientras lo escribes, lo sigues experimentando. De camino a casa vuelves a comprar un gofre de chocolate en el mismo puesto del día anterior. Esta vez te sabe a gloria. Son casi las siete. Ha amanecido. Miras hacia atrás desde el otro lado del río y ves el escenario vacío ya iluminado por los primeros rayos de sol. Sientes una nostalgia extraña, una felicidad paradójica.

DOMINGO 4 / Día de la madre
Dormitas todo el día. Te levantas, te acuestas, te vuelves a levantar... Entre sueños, piensas en tu madre. Sueñas con ella. Parece que está viva. Las personas que hemos amado nunca mueren del todo.

LUNES 5 / Modo linterna
Clase a primera hora sobre el neo-dadaísmo en Filosofía. Acabas con el 4’33’’ de John Cage. Como siempre, la obra resulta polémica. Después de más de cincuenta años, el silencio sigue siendo subversivo.

Regresas a casa y te encierras con Modo linterna, el libro de Sergio Chejfec que publica Candaya y tienes que presentar mañana. Lo lees de un tirón, todo el día casi sin levantarte del sofá. Es uno de los escritores que más admiras. Lo descubriste hace unos años y desde entonces no has podido parar de leerlo. Es un privilegio que vaya a venir a Murcia. Los relatos de Modo linterna son una especie de mapa de todos sus temas y maneras de escritura. El viaje, la descripción, la sensación de extranjería, las fronteras entre géneros, la capacidad innata y personal de analizar la realidad…, muy pocos escritores escriben como Chejfec. Sin lugar a dudas es uno de los grandes.

MARTES 6 / Amistad
Por la mañana preparas la presentación y esbozas una serie de ideas sobre lo que vas a decir. A mediodía recoges a Chejfec en el hotel y salís a almorzar. Sientes la cercanía y la conexión inmediatamente. Su conversación es tan inteligente e incisiva como sus textos. Hablar con él es aprender. Después, das una hora y media de clase de Crítica de Arte y regresas a la Murcia para el evento en AB9. Al final asiste más público del que creías. Presentas algunas de las líneas maestras del trabajo de Chejfec y luego le das las palabra. Y cuando habla, de nuevo aprendes. Es brillante. Algún día recordarás estos momentos. Un privilegio absoluto poder compartir mesa y conversación.

Tras la presentación y unas cervezas, cenáis y regresáis un rato a AB9 para tomar la última y celebrar el cumpleaños de T. Allí ves a P. y te dice que lee tu Presente continuo. Sientes inmediatamente la responsabilidad, pero enseguida se te pasa. Todo acaba, de nuevo, en una puesta de largo de la amistad.

MIÉRCOLES 7 / Tarde libre
Clase de en Filosofía. Cansado. Después, visita con los alumnos de Crítica de Arte a varias exposiciones. Percibes cierto interés y te contagian. Por la tarde, te recluyes en casa. Te das cuenta de que es la primera tarde libre en más de tres semanas. La aprovechas para corregir trabajos y enviar mails. Esta semana no has tocado la novela.
Por la noche, ves cómo el Madrid tira la liga a la basura.

JUEVES 8 / Escritores
Por la mañana, clase de Crítica de Arte en Bellas Artes. Es la última del cuatrimestre. Vas a echar de menos a ese grupo. Pero ya el cuerpo va pidiendo descanso. Necesitas tiempo para escribir. Por la tarde, en Molina de Segura, mesa redonda de “Nuevos Narradores”, con Juan Soto Ivars y Ginés Sánchez. Presentáis vuestros libros y habláis de literatura. Hacéis un trío curioso; parecéis los hermanos Marx. Queda todo ligero y divertido. Después, unas cervezas en Molina y unas copas en Murcia entre amigos. Mañana tienes clase temprano, pero te apetece acompañar a J. un poco más. La noche, para variar, vuelve a alargarse. La literatura te mata y te da la vida. Ya sientes la resaca.

10/5/14

Presente continuo (25 abril - 1 mayo)

VIERNES 25 / Fuera de tiempo
Te levantas tarde, más de la cuenta. Anoche apenas pudiste dormir. Has tenido sueños extraños. De nuevo, invasión extraterreste y abducciones en el dormitorio. Algún día tendrías que psicoanalizarte. Algo dentro de ti no funciona como debe. Con dolor de cabeza, vuelves al texto sobre Madame Bovary. Se te ha enquistado, pero empiezas a ver poco a poco el final. Un día más y habrás conseguido acabarlo.

Llegan varios libros por correo. No quisieras despistarte, pero te quedas varias horas leyendo Los mecanismos de la ficción, de James Wood, que también tiene algún capítulo sobre Flaubert. Descubres cosas que no sabías sobre el estilo indirecto libre.

Por la tarde, regresa R. de su semana de campamento con los alumnos. Viene cansada, pero contenta. La casa vuelve a estar llena. Terminas de escribir el “Presente continuo”. Lo envías casi fuera de tiempo.

SÁBADO 26 / Escalas de la memoria
Dedicas la mañana al texto y logras acabarlo. Te has pasado una semana en el deadline. Están cerrando el libro y te dicen que no saben si al final van a tener tiempo de integrarlo. Casi un mes de trabajo para nada, piensas. Afortunadamente, les gusta y deciden parar las máquinas para traducirlo y maquetarlo.

Por la tarde, vas a recoger el coche a la casa de tu hermano. Lo tienes allí desde el domingo pasado. Ocho kilómetros corriendo por la mota del río. Al llegar, decides adentrarte por carriles por los que no pasabas desde tu infancia. Allí jugabas con tu amigo S. Os subíais a los limoneros y echabais la tarde simulando que aquello era una especie de casa en el bosque, os revolcabais en la hierba como si fuera era una colchoneta y os metíais con linternas por las acequias entubadas creyendo que eráis exploradores en los subsuelos de una gran ciudad. Ahora todo aquello se ha perdido. S. ya no está –aún no comprendes que muriera así; algún día escribirás sobre todo aquello, quizá aún no lo has asumido del todo–, y las cosas son mucho más pequeñas que las recordabas. Todo es diminuto. Ahora tu perspectiva es diferente. Has crecido. Eres más grande. Miras desde arriba aquello que antes veías a ras de suelo. Pero no es sólo eso, no. Las cosas son más grandes en los recuerdos. La memoria aumenta la escala del mundo. No te quitas las sensaciones durante todo el día. Nostalgia del paraíso.

Por la noche, cenas con R. en un japonés y luego os dais una vuelta tranquila por Murcia. Volvéis y os acostáis a leer en la cama, uno junto al otro. La felicidad es también eso. Estar. 

DOMINGO 27 / Bocadillo
Vuelves a la novela. Intentas continuar, pero no estás inspirado. Piensas que quizá haya llegado el momento de pasar a ordenador lo que llevas escrito en los cuadernos. Y comienzas a hacerlo poco a poco. Algunas cosas funcionan, otras no. Sensación agridulce. Hay mucha broza que vas a tener que quitar. Pero algunos párrafos sí que se mantienen. Queda mucho por hacer. No vas a tardar menos de un año en acabar esto, seguro.

Por la tarde, revisas los proyectos de Lab que mañana tienes que evaluar. Más de tres horas seguidas para poder verlo todo con detenimiento. Cuando acabas, sales para Nueva Condomina a ver al Murcia. Te gustan los partidos a las nueve de la noche porque puedes cenar en el campo. Pocas cosas saben mejor que un bocadillo en la grada. Pasa como en el autobús, el tren o el avión, incluso en el cine. La comida tiene un sabor diferente. El bocadillo de salchichón sabe a infancia. A paraíso. Una pena que a tu Murcia se le escapen los tres puntos.

LUNES 28 / Houellebecq
Escribes por la mañana. Pasas a ordenador más de treinta páginas. Mejores sensaciones que ayer. Cuanto más avanzas, más cerca estás del tono que buscas.

A las cinco, reunión del jurado del Lab. Sale todo más fácil de lo que esperabas y te da tiempo a llegar a Molina de Segura para escuchar a Michel Houellebecq, que interviene en el ciclo “Escritores en su tinta”. Allí es todo muy extraño. El mero hecho de encontrar a Houellebecq tan cerca es algo siniestro. El tipo es lúcido y está por la labor de charlar con los lectores y responder a las preguntas. Pero el acto va a ralentí y, entre las dificultades con la traducción, algunas preguntas fuera de tono y que todo esto está pasando precisamente con Houellebecq –el escritor maldito–, acabas sufriendo más que otra cosa. Cuando te acercas a que te firme el libro, apenas te mira y tan solo estampa su firma. Ni siquiera un “Pour Miguel”. Está cansado y quiere salir a fumar. Lo comprendes. Pero a veces la amabilidad es una virtud necesaria. Regresas a casa con mal cuerpo. Tienes la sensación de haber sido un fan molesto. Hay escritores a los que es mejor simplemente leerlos.  

MARTES 29 / Muchas clases
Vuelta a las clases. En Últimas tendencias te adentras en las cuestiones de género y hablas del proceso de “amariconamiento del arte”. Lo consigues decir con toda la seriedad del mundo, aunque estás espeso y la clase no sale excesivamente bien. Después, tutoría de tesis de más de una hora. Llegas a casa con el tiempo justo de comer y salir rápido para Espinardo a la clase de Crítica de Arte. Hoy, criterios críticos: por qué una obra es mejor que otra. En el arte contemporáneo no todo vale. Hay criterios. Difusos, es cierto. Pero los hay. Coherencia, pertinencia, apuesta significativa y conocimiento de la tradición. Eso es lo que debe tener una obra para ser buena. Eso es lo que debe manejar un crítico de arte para saberlo. Sin tiempo para respirar, coges la moto y bajas al Campus de la Merced para la última clase del máster. Organización de Exposiciones. Hablas de la ética del comisario de arte. Es necesario frenar y limitar la omnipotencia del comisario, dices. Y reflexionas sobre cómo un buen comisario debería hacerse preguntas éticas todo el tiempo: sobre la institución, sobre la obra, sobre el público y sobre sí mismo. Al acabar la clase, ves el Bayern-Madrid en el Parlamento. Lo ves con L. , J. y P. Cervezas, pasteles de carne y dos negronis. No das crédito al partidazo. Ni en sueños. Regresas a casa contento y algo mareado. Ni siquiera lees antes de dormir.

MIÉRCOLES 30 / Ilusión
Creías que esta mañana ibas a estar muerto, pero a las siete de la mañana ya estás corriendo por la mota del río y te sientes pletórico. Te duchas y vas a clase en Filosofía. Hoy hablas de los realismos del siglo XX, y de los artistas que no están dentro de ninguna vanguardia. Te demoras algo en Balthus y en Hopper, dos artistas que te gustan especialmente. Media hora después, subes a Bellas Artes para volver a dar la clase de los criterios críticos al grupo de la mañana. Son muy poquitos y la das en el despacho en torno a una mesa. Te sientes cómodo y muy a gusto con ellos. Notas el interés y las ganas. Y te contagian.

Por la tarde, das una charla en el taller de H. sobre escritura creativa. Hablas de tu literatura y lees algún cuento. De nuevo, te sientes tremendamente a gusto entre gente llena de ganas de aprender. Te tomas una cerveza con ellos y sientes su entusiasmo. Al terminar, sales para Murcia y llegas para ver la segunda parte del Chelsea-Atlético de Madrid. Te alegras por el resultado. Después, cenas con J. y más tarde os encontráis con L. Prometes no pasarte esta noche. Pero no eres capaz de cumplir tu promesa y la cosa se alarga demasiado. En el Pura Vida, J. te saca en peso del bar dos veces. Nadie nunca te ha podido levantar. No quieres imaginar el dolor de espalda de J.

JUEVES 1 / Secretos
Te levantas tarde y con una resaca de mil demonios. Hasta el medio día no consigues hacer nada. Lees un poco de Alabanza y sientes que no tienes la cabeza para muchas complejidades. Sin embargo, antes de la siesta, vuelves a tener sexo brutal con R. Se ha roto la cama de las embestidas. Hay que cambiar el somier. Tu cabeza explota.


Por la tarde, te reúnes con J. para la beca Fundación Newcastle. Es complicado. Pero lográis hacerlo en menos tiempo del que creíais. La Fundación es maravillosa. Una casa de muñecas convertida en sala de exposiciones. Una muestra de que se pueden hacer proyectos a pequeña escala. Y sobre todo de que menor tamaño puede significar mayor ilusión. Después, quedas con A. para hablar sobre la universidad. Se te pasa el tiempo volando. A las diez y media llegas con un Kebab a casa. No te sienta bien. Te acuestas enseguida y vuelves a tener pesadillas. Te levantas a media noche sobresaltado. Ni siquiera le quieres contar a R. qué has soñado. Hay cosas que jamás querrías compartir.

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