27/4/14

Presente continuo (11 - 17 abril)

VIERNES 11 / Amor y amistad
Abres los ojos a las once. La cabeza te explota. La noche fue excesiva, en todos los sentidos. Y hoy el día promete ser del mismo estilo. Queréis enseñarle a J. el tapeo murciano.

A medio día te escapas unas horas al tanatorio para acompañar a A., que ha perdido a su mujer. Pasas en un segundo de la alegría a la tristeza. La vida es eso. Transiciones bruscas. De la luz a la oscuridad en cero segundos. A. está tranquilo. Ella era joven, pero tras el tiempo de enfermedad, parece que la muerte se siente como una liberación. Está en el mismo tanatorio en el que estuvo tu madre. En la misma sala. Al situarte frente a la ventana que muestra el ataúd, eres consciente de que allí está todo resumido. Pero esta vez no lloras. Sólo cuando subes al coche los ojos se te llenan de lágrimas y aprietas con fuerza los dientes. No entiendes nada. Y entonces decides parar de pensar. No es normal en ti; siempre intentas llegar al fondo de las cosas, aunque duela. Pero hoy prefieres “pensar para otro lado”. Y pones una barrera invisible ante la avalancha de preguntas y emociones que intentan avasallarte. Cierras la llave de paso de lo inevitable. Te sorprendes de poder hacerlo. De poder dejarlo para otro momento.

A las tres y pico quedas con L., J., J. y  J. –cada J. es un nombre diferente; pero aquí todos son J.; que cada cual que se aplique el que le corresponda– en el Jesús del Rosario, un bar con encanto cerca de San Antolín. Las anchoas encebolladas son una delicatesen. Como todo lo demás. Aunque lo que más te llama la atención son los modales del camarero. Su mala leche parece ser un clásico del bar. Cuando ya han cerrado y están esperando que os vayáis para recoger, J. pide postre y el camarero, agarrándose sus partes, le responde que le va a poner neibol. No podéis parar de reír. Tienes que volver.

A las cinco, empiezas a estar nervioso porque llega la hora de enviar el “Presente continuo” y aún no lo tienes escrito. Llevas el ordenador contigo y necesitas un lugar tranquilo para poder terminarlo. Tomáis entonces unas copas en el Parlamento y allí, mientras los demás hablan, te sientas en una mesa aparte y comienzas a escribir. L. y los tres J. conversan de todo un poco. J. te saca una foto que luego subes a Instagram. “Murcia no invita a la lógica”. Parece una performance.

Acabas el texto, lo envías y te unes al grupo. Al poco, llegan D. y M.L., que habían intuido que estabais allí porque no os localizaban por ninguna parte. A media tarde decidís llevar a J. a la zona de Pérez Casas. Entráis en el Chinatown. Eso sí que parece otro mundo. Allí os citáis con M., que toma unas copas con vosotros. Entras al aseo y al salir alguien te pide que te hagas una foto con él. Te ha visto en algún lugar, dice.

Después de varias copas y de cercioraros de que la belleza femenina está por todas partes, os encontráis con más amigos escritores en la Cueva de la Cerveza y cenáis algo antes de caer rendidos. L. está amarillo. Demasiado para el cuerpo. Pero decidís seguir. Y entráis en el Bizz’art, que para variar está a reventar. El grupo se dispersa y tú te quedas con M. hablando casi toda la noche. Habláis del amor y las relaciones de pareja. Le dices que estás escribiendo de eso y le cuentas la historia. Te despides con un abrazo intenso que te habría gustado que durara toda la noche. Hablar de amor es también hacer el amor. Hacerlo presente, de un modo diferente. El lenguaje siempre dice más de lo que dice. El lenguaje también “hace”. Y M. te cautiva.

Mientras, ves que J. está desatado. Se ha crecido. Murcia le encanta. Te quedas con él un poco más y lo acompañas al Musik. Sigues saludando personas. J. dice que pareces el Papa, dando abrazos y bendiciendo al personal. Algo de eso hay.  A las cinco y media decides que ya es demasiado tarde. Tu cuerpo no aguanta más. Es el propio J. el que te dice que te vayas, que no le importa, que él se queda un rato más. Y tú regresas cansado pero feliz. Una vez más.

SÁBADO 12 / Contar historias
Amaneces temprano y sin resaca. Escribes. Avanzas algo en la novela. Por la tarde vas con R. a ver El gran hotel Budapest. Es una maravilla narrativa. Wes Anderson tiene una facilidad para contar historias e hilar tramas que está fuera de lo común. Es una historia emotiva y que toca directamente la fibra sensible, como todas las de Stefan Zweig, en cuyos relatos está inspirada la película. Sales con ganas de escribir y leer. La noche acaba tranquila en casa. Comienzas a leer El territorio interior, el libro de Yves Bonnefoy que ha publicado Sexto Piso. Un viaje al interior del alma a través de cuadros e imágenes. El afuera y el adentro se dan la mano. Tienes que leerlo con detenimiento para apreciar la hondura de la prosa y la inteligencia de cada párrafo.

DOMINGO 13 / Improvisar
Comida en casa de J.M. y E., alumnos que se han convertido en amigos. Comida muy agradable. Bromas sin cesar con G. Y un vino delicioso. Después, torrijas y té. Y música improvisada. J.M. toca la batería, G., la guitarra y tú, el teclado. No te sale nada de lo que quieres tocar. Pero aun así disfrutas. Y pierdes la noción del tiempo.


LUNES 14 / Madrid
Pequeña escapada a Madrid con R. En el tren, ves el nuevo episodio de Juego de Tronos. Te quedas sin aliento. No esperabas eso. De ninguna de las maneras. Después, comienzas a leer No tan incendiario, de Marta Sanz. Lo disfrutas muchísimo. Es un ensayo directo, lleno de grandes ideas y políticamente incorrecto. Subrayas frases una detrás de otra. Casi lo acabas antes de llegar.

Por la tarde, mientras R. le da una sorpresa a un amigo, tú tienes un Stendhal en La Central. Demasiados libros que quisieras leer. Se te acumulan las cosas. Compras algunos. Menos de los que quisieras.

A las nueve, aperitivo en casa de V. Tienes ganas de que ella y R. se conozcan. Está su familia y se une R., que también es murciano. El aperitivo se alarga. Habláis de literatura y de lo que ocurre en Murcia. Intentas convencer a R., el murciano que vive en Madrid, de que las cosas han cambiado, que Murcia es un hervidero cultural y especialmente literario. Parece que habláis de Murcias diferentes. De cómo se ve desde fuera y cómo se vive desde dentro. A las dos y pico volvéis al hotel. Te duele el cuello y duermes raro.

MARTES 15 / Pequeños placeres
Paseo tranquilo con R. por Madrid. Coméis en el Street-xo. Estabas deseando poder llevar a R.; sabes que estas cosas le gustan. Disfrutáis de todos los platos. Y luego también del helado y del momento de relax en la terraza. Pequeños placeres necesarios.

Volvéis en el tren de la tarde y entre sueño y sueño te da tiempo a leer de un tirón El pudor del pornógrafo, la primera novela de Alan Pauls que acaba de reeditar Anagrama. Es un libro insólito, kafkiano, sensual, pero con un punto de vista y una historia que te interesa para lo que estás escribiendo. El amor, sus variantes más ilusorias, y la narración epistolar. Algo de eso hay un tu novela.

MIÉRCOLES 16 / Eros
Te despiertas temprano y escribes sin parar cinco horas seguidas. Al acabar, antes de comer, sales a correr un poco para aclarar la mente. Te haces daño en el gemelo. Y el cuello te sigue molestando.

Por la tarde, comienzas a leer La agonía de Eros, el breve ensayo de Byung-Chul Han en el que dice que el amor hoy ha desaparecido. Ya no amamos porque el otro ha sido domesticado. En la sociedad del rendimiento todo se iguala; el vértigo del otro se anula y el amor se convierte en mercancía, en un objeto que se consume. El libro está lleno de frases grandilocuentes y discutibles, aunque apuntas muchas ideas para el texto que tienes que escribir sobre Madame Bovary en la contemporaneidad. Acabas convencido de que Emma Bovary es un precedente de este deseo narcisista propiciado por la sociedad de consumo.

Por la noche, ves la final de la Copa del Rey en casa de M.J. y B. La cabalgada final de Bale os levanta a todos del asiento y os abrazáis desbordados de alegría. Después, con P., L. y M., salís a celebrarlo. Unos gin-tonics en el Pura Vida y una última en el Bizz’art. La noche esta vez no se alarga. No más de lo necesario.

JUEVES 17 / Era necesario
Temprano, escribes. A las once y media, quiropráctica. Tres horas enteras de masaje y agujas. Lo peor es la banda sonora. Llegas a casa dolorido, cubierto de ungüentos y medio hipnotizado. Te sientes muy raro, como poseído por un deseo perverso e infrecuente que acabas llevando a la práctica. Sexo extraño. Parece formar parte de una especie de ensoñación. Después, duermes la siesta y te levantas sin saber muy bien donde estás y qué ha pasado. En ese estado de medio inconsciencia te sientas a escribir y acabas la tercera parte de la novela. Un personaje toma tu personalidad en esos momentos. Era necesario todo esto sucediera para que la protagonista pronunciara la frase que cierra esta parte: “sólo es posible ver aquello que no se desea”. No sabes muy bien lo que significa. Tampoco lo sabe el personaje. Pero estás convencido de que más tarde tendrá sentido. O quizá no. Pero hoy esa frase tenía que ser escrita. Eso es lo único que tienes claro. Era necesario.

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16/4/14

Presente continuo (4 - 10 abril)

VIERNES 4 / Sick
Hoy es el día. Sick: vida y muerte de Bob Flanagan (supermasoquista). A primera hora de la mañana. Te conoces la película de memoria. Ya no puedes ponerla y mirar a tus alumnos sin que te posea el espíritu de Intento de escapada. Eres prisionero de tu propia ficción. Helena, Marcos y Montes vuelven una y otra vez. Cuando acaba, haces siempre la misma performance: enciendes la luz de golpe, los miras fijamente con los ojos humedecidos y dices “bueno, la semana que viene hablamos”. Percibes todos los años los resoplidos, el silencio y el bajón absoluto que se produce entre los estudiantes. Algunos ni siquiera saben qué decir. Otros, como I., prefieren no decir nada para no ofender. A veces piensas si es necesario poner estas cosas en clase. Lo dudas. Sick hace pensar; Bob Flanagan te obliga a posicionarte. A favor o en contra.

Cuando llegas a casa, ves en Twitter las pinturas de George W. Busch. Te parecen más dolorosas que las de Flanagan. Mucho más obscenas. Es curioso, a todos los grandes líderes les da por pintar, o por querer hacer alguna actividad artística. Quizá habría sido mejor que se dedicaran al arte. Si a Hitler lo hubieran dejado pintar, otro gallo nos hubiera cantado. Piensas que al revés también el axioma funciona. Si los artistas tomaran el poder, no sabes lo que podría ocurrir. Mejor que estén entretenidos con sus cuadros, o con sus libros e historias. Nada más peligroso que una república de las letras. Quizá por eso Platón expulsó a los artistas.


SÁBADO 5 / Amor
Boda en Valencia. Se casa L., gran amigo y antiguo compañero de universidad. Es una de las bodas más elegantes a las que has asistido. Hacen una pareja estupenda. Puedes percibir la felicidad y el amor. Y también la amistad. En vuestra mesa. Es una reunión de amigos. Un reencuentro. Un momento de felicidad.

Regresáis de Valencia algo cansados, pero con la libido por las nubes. Sexo brutal nada más llegar a casa, como si fuera una de las primeras veces. Después, mientras descansas, te preguntas si contarlo o no en este diario. Por qué hablar o no de sexo. Evidentemente no siempre escribes aquí todo lo que haces. Mil cosas que no cuentas. Pero hay momentos en los que un acto marca el día, momentos en los que es significativo. Sucede igual en tu narrativa. El sexo importa cuando significa, cuando tiene una importancia en la historia, cuando supone un antes y un después. Y hoy lo hace. La imagen de los tacones y las medias de R. se te mete en la cabeza y ya no se te va en toda la noche. Pocas cosas más bellas y excitantes. No puedes escribirlo sin sentir una palpitación en el pantalón.

DOMINGO 6 / Fronteras
Te levantas temprano y sales a correr para intentar bajar lo que has comido en la boda. Después, llegas a casa, te quedas solo y escribes toda la mañana. A veces necesitas la soledad incluso más que el silencio.

Por la tarde, en el Espacio Pático, Birraseries sobre Juego de Tronos. Habla R., que es una experta. Ha leído todos los libros y vive dentro de ese mundo. A ti te gusta la serie, pero no has llegado a ser fan. Después del evento, regresáis a casa, cenáis un kebab y luego leéis en el sofá con la tele de fondo. Tienes que dejar el libro porque las imágenes de los inmigrantes en el Monte Gurugú se te clavan en la retina. Por vez primera la masa humana tiene nombres y apellidos; son historias, son personas. Te quedas con el alma encogida. El espíritu de Marcos sigue perviviendo en ti.

LUNES 7 / Jugar
Temprano arriba para escribir. Poco a poco vas llenando páginas. Te sientes cómodo y disfrutas, aunque sabes que no podrás dedicarle mucho tiempo esta semana. Vuelves a tener clase en el módulo del máster.

A las dos, el partido de profesores contra alumnos de la fiestas de Filosofía. Eres el único profesor que juega. Marcas dos goles. No te lesionas, como suele ocurrir. Hace unos años, en las fiestas de Bellas Artes te fisuraste una costilla cuando caíste al suelo. Eres la torpeza hecha persona. Esta vez no.

Llegas a casa con el tiempo justo para ducharte y salir para la clase del máster. Organización de Exposiciones. Hablas durante dos horas seguidas, sin descanso, sobre el comisariado de exposiciones contemporáneas. Encuentras caras de interés. Disfrutas.

Por la noche, cansado, ves el capítulo de Juego de Tronos. Después, acabas Recado de un muerto, la última novela de Rafael Balanzá que has comenzado a leer el fin de semana. Te gusta. Balanzá maneja el tempo del thriller con magisterio. Parece un escritor nórdico, o francés. Es impresionante la generación de escritores murcianos que está surgiendo. Cada vez son más y mejores.

MARTES 8 / Intensidad
Te levantas con agujetas. Aunque corras de vez en cuando, el partido te ha dejado molido. Hoy es un día intenso. Por la mañana, clase de Últimas tendencias. Sigues con las cuestiones de género y el feminismo. Hoy toca Mary Kelly y el Post-partum Document. Y también Sophie Calle. Vas muy rápido, pero notas que cala, que estas cuestiones siguen interesando. Te das cuenta de que esas reivindicaciones de género que ya tienen un tiempo siguen estando vigentes en la actualidad. No hemos cambiado demasiado.

Por la tarde te divides para hacer todo lo que tienes que hacer. A las cinco, clase de Crítica de Arte en Bellas Artes. Hablas de Hal Foster y de lo abyecto. Nada fácil. Acabas muy cansado. Sin tiempo para respirar, coges la moto y a toda prisa bajas al campus de la Merced. En diez minutos llegas y comienzas la clase del máster. Estás espeso. Te aturullas y notas que vas dando bandazos de un lugar a otro. Estás cansado. El cuello vuelve a dolerte.

Acaba la clase y sales corriendo para llegar a ver al menos la segunda parte el Madrid-Dortmund. La cosa se pone difícil. Lo que iba a ser un trámite se convierte en algo casi traumático. Después del partido, te tiras a la cama como si te estuvieras cayendo al suelo. Vuelves sobre Lolita, que la tenías abandonada. Te había fascinado al principio, pero te había dejado de interesar. En la última parte vuelve a coger ritmo. Consigues acabarla. Y te prometes comenzar otra obra de Nabokov enseguida.

MIÉRCOLES 9 / Lo inesperado
Clase en filosofía. Surrealismo. Buñuel, Max Ernst, Freud y el concepto de lo siniestro. Después, el pregón y el concurso de sofística. Es extraño, te sientes muy a gusto en esa facultad. Luego, en el fiestódromo, a pleno sol, resistes lo que puedes. Ejerces de “profesor enrollado”. Guardas el tipo y departes con los estudiantes con una cerveza entre las manos. No paras un momento de hablar.

Del fiéstodromo bajas a la Merced a la clase del máster. Llegas cansado, pero casi ni se te nota. Hablas un poco y llevas a los alumnos a AB9. Consigues que I. les hable del proyecto y les comente las dificultades y posibilidades del espacio. Después, te llevas a los que resisten a la inauguración de la exposición de Carlos Schwartz en Art9. Es un artista que siempre te ha interesado. Su trabajo con la luz es fascinante. Y en este caso trabaja sobre Duchamp y el imaginario de lo aéreo. Son piezas increíbles. Te gustan. Te enamoras especialmente de la puerta, situada en una esquina. Da para escribir con mucho detenimiento. Prometes hacerlo en alguna ocasión futura.

Cuando llegas a casa ha ganado el Atleti al Barça, y en las elecciones a Rector ha salido José Orihuela. Los dos dan la sorpresa. Lo inesperado es siempre la mejor opción.

JUEVES 10 /Amistad literaria
Sales a correr temprano. Todavía tienes agujetas, pero corriendo se te pasan un poco. Después, escribes un poco y subes a clase de Crítica de arte. Es la última antes de vacaciones. Explicas las dimensiones del sujeto según Lacan. Después de explicar el concepto de “extimidad”, una alumna dice “qué guay” y tú te sientes realizado. Eso le da sentido a la semana. Para eso trabajas.

Justo después de clase te acercas un momento al fiestódromo otra vez. Hoy son las fiestas de Letras. Mucha más gente que en las de Filosofía. De nuevo ejerces de profesor joven y te integras bien con los alumnos. Algunos a los que aún no les has dado clase y que no te conocen te confunden con alumno. No dices nada. Ya se enterarán cuando lleguen a cuarto.

Vuelves a casa, te duchas y sales para la mesa redonda que tienes en AB9 con Leonardo Cano y Javier Gutiérrez. Vais a hablar sobre el proceso creativo en la escritura y no has preparado nada. Confías en que la inspiración venga y que el diálogo entre los tres lo solucione todo. Al final, el espacio se llena de público y la mesa sale incluso mejor de lo que esperabas. En el fondo, es una conversación entre amigos, como las que muchas veces habéis tenido en los bares. Estáis los tres muy a gusto. Cervezas, buen rollo y literatura. No se puede pedir más.

Nada más acabar la mesa redonda e inaugurar los trabajos de Javier García Herrero, vas a la cena de Filosofía. Disfrutas mucho entre los alumnos, sin parar de gastar bromas. Antes del postre, dejas la cena y sales al reencuentro con los escritores y más amigos. Esta noche estás dividido. Demasiados frentes. Al final, acabáis todos en el Musik. Te aplauden al entrar y te sonrojas. J. y L. son los mejores amigos. Te embarga la felicidad. Jamás habrías imaginado esto. Bebes demasiado. Incluso demasiado para ti. Vuelves a casa andando. Media hora. El tiempo se espesa. Todo tiene sentido. Era necesario.



9/4/14

Presente continuo (28 marzo - 3 abril)

VIERNES 28/ Infraleve
Por la mañana, Marcel Duchamp. Dos horas para explicar su obra. El deseo y el azar. El amor y la muerte. No todos están convencidos. Cuesta trabajo hacerles ver que Duchamp en realidad era un filósofo, un pensador que miraba el mundo de modo diferente y que veía problemas y soluciones donde el resto ni siquiera se había parado a mirar. Te demoras especialmente en el concepto de “infraleve”. Te fascinó desde la primera vez que lo leíste entre sus notas: lo más fino que lo fino, la distancia que separa a la sombra del suelo, el sonido de las uñas al crecer, el peso de las lágrimas…, lo que queda en el espejo cuando dejas de mirarte. Energías y distancias poéticas para pensar a la contra un mundo materialista y mecanizado.

Por la tarde, escribes el “Presente continuo” de la semana. Envías el texto y sales para el Teatro Circo a ver La vida resuelta. Lo confiesas, no eres muy de teatro. Esto es algo que deberías cambiar; lo dices siempre. Sobre todo porque al final, cuando vas, suele acabar gustándote, como hoy, que disfrutas muchísimo con la comedia. Los cinco actores están tremendos –Carlos Santos, por supuesto; y también el resto–. La historia es típica, pero funciona a la perfección. Te hace reír. Y pasas un rato muy agradable.

Después, con J., celebráis el cumpleaños de L. Treinta y siete. Tú también estás cerca de eso. Llegan sus amigos y tomáis unos gin-tonics en el Pura Vida. La noche se alarga –cómo no– y hacéis una pequeña ruta por el Trémolo y el Bizz’art en la que no paráis de encontrar amigos. Acabáis en el 12 y medio. Hacía muchísimo tiempo que no terminabas una noche allí. Pero hoy pinchan A. y C., y no os los podéis perder. L. y J. –al que has conocido esta noche pero parece que sois amigos de toda la vida– estudiaron con C.; tú tenías un pequeño grupo con A. Estáis muy a gusto allí, pero a las cinco y media vuestro cuerpo ya no puede más y decidís regresar a casa. Justo antes de salir, A. pincha “I Cry”, la canción de vuestro viejo grupo, Bartleby Club, ése que te gustaría algún día rescatar pero que nunca tienes tiempo para ello. Pones el Shazam en el móvil y ves cómo reconoce la canción. Haces una captura de pantalla, la tuiteas y subes la foto a Instagram. Esa tontería te hace feliz.

SÁBADO 29 / El viento
El sonido del viento te despierta. Parece que se vaya a caer la casa. Permaneces un tiempo despierto y acurrucado en la cama. Nada hay más placentero que quedarse bajo las sábanas cuando en el exterior todo se mueve. Es como volver al vientre materno.

En la televisión ves las noticias de una ONG que reparte comida sólo a españoles. Solidaridad xenófoba. Una contradicción que no acabas de comprender.

Por la noche, a las dos son las tres. El tiempo se evapora.

DOMINGO 30 / Ciencia ficción    
Te levantas temprano a correr. Quieres aprovechar el día y lo haces. Te encuentras a media Murcia corriendo por la mota del río. La fiebre del running se está yendo de las manos. Corres incluso tú, que en tu vida has hecho ejercicio. Desde luego, algo extraño está pasando. Esa misma sensación de extrañeza es la que tienen los habitantes de Orentes, el pequeño pueblo murciano al que van a llegar los extraterrestres en El absurdo fin de la realidad, la novela de Pedro Pujante que consigues leer casi de un tirón durante la tarde. Supuestamente es un libro de ciencia ficción, pero en el fondo es una anti-novela llena de reflexiones sobre la literatura. El protagonista del relato intenta escribir un discurso de bienvenida para los extraterrestres, y mientras éstos llegan, el texto se llena de autores y referencias a obras de ciencia ficción, pero también a clásicos de la literatura. Y al mismo tiempo, mientras la llegada no acaba de llegar, la realidad comienza poco a poco a descomponerse. El espacio y el tiempo, e incluso la voz del narrador, empiezan a confundirse y modificarse. Disfrutas mucho con la lectura, que por momentos se vuelve hilarante. Un descubrimiento.

LUNES 31 / Sobrevalorado
Empiezas la semana escribiendo. Pasas toda la mañana sin levantarte del escritorio. Sientes cómo fluye. Hay un momento en el que la historia empieza a salirte por las venas y tienes dos opciones: ralentizarla y escribirla poco a poco; o seguir tal y como está saliendo a toda prisa, casi poseído, para ver hacia donde te lleva. Te dejas ir. Y así llegas incluso al final de la historia. Acabas exhausto después de poner “fin”, aunque sepas que se trata de un fin altamente provisional. Pero has llegado. Sabes que ése es el lugar en el que quieres concluir. Es la vuelta de reconocimiento desde donde estabas, la avanzadilla para ver lo profunda que era la cueva. Ya hay fondo. Ahora es cuestión de seguir soltando cuerda.  

Para celebrarlo, sales a correr. Necesitas desentumecer los músculos que no se han movido en más seis horas de escritura continua.

Por la noche, acabas de ver True Detective. A lo largo de la semana has visto todos los episodios. Te costó trabajo entrar; después, durante un momento, te enganchó, y al final te ha decepcionado. Aunque decepción quizá no sea la palabra. Es una serie muy pretenciosa, manierista, formalista, llena de pose y efectos vintage. Tres capítulos habrían bastado. Te das cuenta de que ésa es una de las derivas de las series contemporáneas, la pose o, como se llama ahora, el “postureo”, el esteticisimo desbordado que en ocasiones puede incluso llegar a cargarse una historia aceptable. True Detective no es la peor serie que has visto, ni mucho menos –incluso hay cosas que te han gustado bastante, como por ejemplo la construcción de la historia–. Pero, desde luego, tienes claro que no es para tanto.


MARTES 1 / Cansancio
Esta mañana no tienes clase. Pero en el despacho no cesas de recibir alumnos como si fueras una especie de doctor. A las 13h has quedado con J.M. para hablar de literatura. Después de unas cervezas coméis juntos y seguís la conversación. Cada vez que hablas con él aprendes de su experiencia. Le insinúas sobre qué va tu nueva novela y le transmites tus inquietudes. En dos frases ya ha captado la idea y te da consejos que seguro que vas a utilizar. Es una suerte que en Murcia puedas encontrar interlocutores así.

Llegas a clase de Crítica con el tiempo justo. Hoy toca Hal Foster y la importancia del psicoanálisis como estrategia de escritura. Ves las caras de desidia y hastío de los alumnos; como si todo eso que cuentas no fuera con ellos. Y en un momento determinado decides explotar. Paras la clase y les echas un rapapolvo. Te vas creciendo conforme hablas y temes que se te vaya de las manos el enfado, aunque al final logras controlarte. Pero es que se trata de algo que nunca has entendido. Una carrera vocacional, una asignatura optativa, y que a nadie le interese lo que estás contando. No es que les transmitas el maná, claro. Pero te dejas la piel en intentar simplificar las cosas para hacerlas más fáciles. Te gusta la docencia. Pero cuando notas que la transmisión se ha cortado, que no hay comunicación entre emisor y receptor, te frustras. Es como hablar frente a un muro. No hay nada más descorazonador.

Regresas a casa cansado y te tiras en el sofá a ver la Champions. Tenías previsto leer y escribir esta noche. Pero no puedes hacerlo.

MIÉRCOLES 2 / Libros
Te levantas temprano y escribes durante dos horas antes de ir a clase. Cierras el cuaderno y sales corriendo para Filosofía. Llegas justo. Hoy toca el surrealismo. Y te entretienes demasiado, te vas por las ramas y acabas contando chistes de psicoanalistas argentinos. Sin tiempo ni para un café, subes a Bellas Artes y continuas con Crítica de Arte. Acabas con Rosalind Krauss y la introducción del pensamiento de Georges Bataille y el concepto de lo “amorfo” en el arte contemporáneo. Un concepto, dices, que pretende ser la contrapartida al concepto de “forma” y las implicaciones ideológicas de control y sumisión que el formalismo acaba teniendo. No paras de escribir títulos de libros y referencias en la pizarra. Nada te satisface más que ver cómo apuntan esas referencias. Recuerdas que aquello te hacía feliz cuando eras estudiante. Te vienen a la cabeza las clases de Francisco Jarauta, la pizarra llena de conceptos, autores y recomendaciones bibliográficas. Y te ves tomando nota de todo aquello para salir corriendo a la biblioteca a conseguirlo y a leerlo por la noche o tras sacar un momento libre. Ese momento fue una especie de apertura de ojos. Nunca estarás lo suficientemente agradecido.

La tarde la pasas escribiendo. Vas cogiendo ritmo. Te has creado un calendario y te gustaría tener un primer borrador a mano –más allá de ese previo fin que habías escrito– para después de las vacaciones de semana santa. Probablemente no tendrás tiempo, pero si no te pones plazos el trabajo se eterniza. Tu vida es un constante no cumplir plazos, horarios y listas de tareas que tú mismo te autoimpones. Lo extraño de todo es que, aun a sabiendas de que jamás consigues llegar a los objetivos que te propones, te sigas empeñando en gastar tiempo en planificar. Probablemente tenga que ver con alguna pulsión masoquista.

Después, ves el Madrid contra el Dortmund. Qué fácil ha sido esta vez.

Por la noche, acabas la lectura de Agua dura, el libro de relatos de Sergi Bellver. Has ido leyendo los cuentos durante toda la semana, dosificándolos y buscando siempre el mejor momento para disfrutar de su prosa precisa y cuidada. Es curioso que casi todos los cuentos desprendan una bruma que casi te toca la piel, una atmósfera cargada –dura– que te lleva no sólo a imaginar, sino también a sentir la tactilidad y el misterio de lo contado. Y a pesar de que esa bruma no deje ver del todo la historia, que la fragmente y la diluya para que quede siempre algo no dicho, se trata de cuentos tremendamente
cinematográficos. Cuentos que te conducen al cine denso de los Cohen o a las historias y espacios de Stephen King. Si tuvieras que elegir entre los relatos de libro, te quedarías con la potencia de “Islandia” y con la inquietud de “El nudo de Koen”. Hay mucho oficio y solvencia literaria detrás de esos cuentos.


JUEVES 3 / Demasiadas cosas
Clase sobre arte y feminismo. Acabas reivindicando el papel de la mujer en la historia y la relación del arte y la vida con la política. Citas a Simone de Beauvoir, Linda Nochlin y Judy Chicago. Escribes en la pizarra: “lo personal es político”. Estás menos espeso que la última vez. Sin apenas tiempo para respirar, subes a Espinardo en moto y llegas justo para la clase de Crítica. Esta vez querías hablar de Foster y acabas hablando de lo que cobran los críticos y de las relaciones de poder. Te das cuenta de que a los estudiantes les interesan también estas cosas. No sólo de teoría vive el hombre.

Pasas casi toda la tarde sentado frente a la universidad, en La Toga, de reunión en reunión. Cuatro seguidas. Casi tienes que poner el cronómetro para cambiar de una a otra. Todos te piden consejo. Por alguna razón creen que tu opinión sirve de algo. Y eso es algo que te preocupa mucho.


Llegas ya tarde a casa. R. ha cenado. Te quedas un rato escribiendo y te acuestas tarde. Sueñas con extraterrestres y con el fin del mundo. Te despiertas sobresaltado en varias ocasiones. Entre sueños, recuerdas que hoy Esperanza Aguirre se ha dado a la fuga y ha tirado la moto de un agente, que Valcárcel ha dimitido después de diecinueve años y que ha habido elecciones a Rector en la Universidad. Todo te suena a eco y a murmullo. Demasiadas brumas. Sigues durmiendo.

2/4/14

Presente Continuo (21 - 27 marzo)

[Diario personal publicado cada domingo en La Opinión de Murcia

VIERNES 21 / Cuadrado negro
Te levantas con tierra en los ojos. La noche anterior, después de Loopoesía, hiciste el mal. Apenas has dormido y tienes tres horas seguidas de clase que intentas sobrellevar como puedes. En ese estado hablas de la abstracción. Te adentras en Kandinsky, Mondrian y especialmente en Malevich. Uno de los momentos que más deseas de esta asignatura es llegar al célebre “Cuadrado negro”. Hoy lo tienes que explicar casi sin tiempo. Te gustaría detenerte como la obra se merece y ahondar en lo que significó realmente. Hace casi cien años, en 1915, un icono desnudo condensaba el fin de una concepción del arte y la vida y el comienzo de una nueva era. En tu tesis dedicaste varios meses vida a estudiar cómo el cuadrado condensaba un mar de significados. Algo de eso escribiste aquí. Y ahora –pasa siempre, no es ninguna novedad– tienes que aguantar el clásico “esto también lo puedo hacer yo”. Una afirmación a la que siempre respondes con resignación: “sí, hijo, sí, ahora que lo has visto, cien años después”.



Acabas la clase exhausto y con dolor de cabeza, como si hubieras estado en una especie de combate de boxeo.

A mediodía, R. y tú tenéis comida con N. y P. Os conocisteis por Twitter hace algo más de un año y desde entonces quedáis para comer de vez en cuando –menos de vez en cuando que os gustaría, la verdad–. Aunque estás reventado, en cuanto te sientas en la terraza del Pura Cepa y te tomas la primera cerveza te entra el hambre y se te van todos los dolores. La comida es agradable y habláis, como siempre, de películas, libros y especialmente de series. El vino es excepcional. Y algo que te maravilla es el modo en el que el propietario os aconseja sobre qué comer y qué beber. Es una cosa que siempre te ha fascinado: la profesionalidad en todos los sentidos, el que uno sepa y disfrute con su trabajo. Eso te hace tener esperanza en el mundo, confiar en que hay gente que sabe de lo suyo, que conoce su territorio y que es capaz de conducir a los demás a través de él.
Después de la comida, tomáis el último gin-tonic en el Cuenta-Vinos. Te sabe a gloria. Estás tan a gusto que escribes al periódico para pedir una moratoria para el “Presente continuo”. Mañana lo envío si es posible, dices. No, mejor hoy, te contestan. Así que apuras y te vas a casa a escribir rápidamente el texto. Lo esbozas y sales para el fisioterapeuta. Tienes la última sesión. Mientras la fisio hunde sus garras en la carne de tu espalda habláis de Juego de Tronos y de otras series. Eso te distrae algo del dolor.

Llegas a casa con el tiempo justo para terminar de escribir el texto y enviarlo al periódico. En estado hipnótico post-fisio no sabes siquiera lo que sale. Envías lo que tienes. Esperas no haber cometido muchas erratas. Cuando son las once de la noche tu cuerpo ya no puede más y caes rendido a la cama. 

SÁBADO 22 / Violencia
Esta vez te levantas tarde. Es el primer sábado en tiempo que no tienes nada que enviar con urgencia. Y te demoras en el desayuno, en la lectura de la prensa y en el repaso a los canales de la tele –te quedas, como te ha pasado en más de una ocasión, hipnotizado en el proceso de zapping–. Cuando te vienes a dar cuenta ya es casi la hora de comer y lo único que has hecho ha sido perder tiempo. Lo piensas un momento y te parece necesario hacerlo de vez en cuando: echar una mañana a perder, no hacer nada, al menos nada productivo.

Por la tarde vas a Nueva Condomina a ver el Murcia. Llegas con el partido comenzado. Pierde tu equipo, aunque lo da todo y su comportamiento es irreprochable. Junto a ti hay un energúmeno que no para de increpar al juez de línea. Para no escucharlo, pones al máximo el volumen de tus auriculares. Pero la pila de la radio se agota y tienes que aguantar hasta el fin del partido a él y a otros que no cesan de insultar. Es lo que no te gusta del fútbol: la irracionalidad, la falta de sentido común, la violencia que a veces hace aflorar en los espectadores. Por supuesto, también está la afectividad, el sentido de comunidad, lo sublime de algunos momentos. Allí se dan cita emociones cercanas a la barbarie, excitación sin destilar. Y es que en el fondo también somos eso: bestias que han aprendido a hablar. Temes encontrarte con esa que late dentro de ti y que por lo general sueles mantener a raya.

Cuando llegas a casa, las noticias de las revueltas en las que ha acabado el 22M. Las marchas por la dignidad han terminado indignamente por la culpa de unos pocos. Unos miserables que logran arruinar –afortunadamente para el gobierno, porque es la excusa perfecta para deslegitimar las reivindicaciones– el impacto de una protesta pacífica y absolutamente necesaria. Y es que la noticia deja de ser la gran movilización y se convierte en la gran confrontación. Hay muchas cosas que no comprendes, pero, desde luego, la violencia –en cualquiera de sus manifestaciones– es aquello a lo que nunca llegarás a dar sentido alguno. Es algo que está más allá de tu capacidad de comprender el mundo. Y sabes que en ocasiones es necesaria, que las batallas no se ganan con pétalos de rosa, que hay cosas que no se consiguen si no es por la fuerza, que uno tiene que defenderse como puede. Lo sabes. Pero te incomoda y te produce mucha inquietud. Te pone nervioso. Te hace dudar de todo, perder pie, poner en cuestión cualquier certidumbre

Por la noche, te encierras en tu habitación a escribir. Avanzas poco a poco, pero avanzas. Lo sientes, lo percibes. La historia va cobrando vida. No importa ya el tiempo que tardes en darle forma. Sabes que ahí, debajo de las letras, camuflada entre las palabras, está la historia que tienes en la cabeza. Quizá no ha llegado al papel del todo, pero sabes que algo está sucediendo. Y eso te hace feliz.

DOMINGO 23 / Memoria y olvido
Muere Suárez. A medio telediario. Es curioso como todos tenían las necrológicas preparadas. Ahora todo el mundo sabe mucho de Suárez, y de la Transición. Todos saben de todo. Tú no tienes una percepción especial. Reconoces su papel en la Transición. Por lo que has leído, sabes de su centralidad. Pero hay muchas cosas que no se hicieron bien en aquellos momentos que ahora se venden como algo modélico. El pacto de olvido hizo que no tuviera lugar la labor de duelo necesaria para simbolizar lo ocurrido durante el franquismo. Es ahora, en estos momentos, cuando parece necesario revisar, volver a mirar, volver a recordar. Y no deja de ser irónico que una enfermedad como el Alzheimer, que afecta a la memoria, sea la que haya acabado minando a Suárez.

Siempre te han parecido peligrosas las entronizaciones, la visión del otro como héroe. Porque cuando hay héroes siempre se presupone que hay malvados. Cuando hay héroes, las historias se convierten en historias de buenos y malos. Las cosas son siempre más complejas. La historia hay que contarla de otra manera.

Las redes sociales se llenan de opiniones y noticias sobre Suárez. Ya casi nada habla de lo ayer, de las marchas por la Dignidad. La actualidad manda. Y esa misma actualidad hace que a las ocho y media la gente deje de tuitear sobre Suárez y comience a hacerlo sobre el “clásico”. El fútbol toma las redes y todas las conversaciones. Es curioso ver cómo los temas cambian y fluctúan como si fuera una gran conversación entre millones de personas. Durante dos horas, todo se paraliza para sólo hablar de fútbol. Pierde el Madrid. Que sea justo o injusto no te preocupa. El concepto “injusticia” aplicado al fútbol es algo que siempre te ha hecho mucha gracia.

Después del partido vuelves a la novela. Apagas la wifi y escribes hasta bien entrada la madrugada. Se te hacen más de las dos. Te acuestas con la historia en la cabeza. Sueñas con lo que ocurre en la novela. Poco a poco los personajes te van poseyendo. Es como un virus que se adueña de tu organismo. Y a ti te gustaría que no se fuera nunca de allí.

LUNES 24 / Otras memorias
Te levantas muy temprano y sales a correr antes de desayunar. Hoy tienes la mañana llena de reuniones. Eso sí que te hace sentir que desperdicias el tiempo. Eso, y las cuestiones burocráticas que te van a tener entretenido casi toda la semana. Tienes que hacer la memoria del proyecto de investigación del Ministerio. Recordar todo lo que ha hecho el equipo de investigación y justificarlo. Ahí se te van a ir tres días o más. Entre eso y las clases está claro que esta semana no escribirás una sola línea de la novela. La historia y los personajes que te habían poseído comienzan a desvanecerse.

MARTES 25 / Clases sin fin
Clase de Historia del arte por la mañana. Arte de acción. Acabas ya con la obra de Abramovic y te adentras en la de otros artistas que ponen su cuerpo al límite y que trabajan sobre la enfermedad. Hablas sobre Bob Flanagan y Ron Athey, y cuando lo haces –como siempre– no puedes evitar tener un momento “Intento de escapada”. Es curioso cómo la ficción ha logrado adueñarse de tu realidad.

Por la tarde, dos horas y media de crítica de arte en Bellas Artes. Rosalind Krauss y el concepto de “índice”. Para explicarlo te remontas hasta los fundamentos de la imagen cristiana. Se te va la clase haciendo mapas y líneas de ida y venida. La pizarra queda casi como si fueran los restos de una batalla. Haces una foto y la subes a las redes sociales. Un selfie docente.

Cuando llegas a casa, el cuello comienza a dolerte de nuevo. No con intensidad. Es un eco, como si te estuviera diciendo: cuidado, aquí estoy, baja el ritmo o volveré para angustiarte. Te duermes a medio capítulo de True Detective.  

MIÉRCOLES 26 / El amor y la escritura
Clase en Filosofía sobre el dadaísmo. Mientras en las trincheras, durante la Primera Guerra Mundial, la gente se mataba defiendo grandes ideales, los dadaístas llegaban a la conclusión de que no hay ninguna idea por la que merezca la pena matar o morir. “Si hay que ir, se va; pero ir pa’ná es tontería.” Puro nihilismo.

Por la noche, antes de acostarte comienzas a leer el último libro de Marina Sanmartín, El amor que nos vuelve malvados. Te bebes casi la mitad de libro en apenas una hora de lectura intensa. La locura, la depresión, el trauma, la memoria, y sobre todo el desamor, o ese amor extraño que nos convierte en seres que no creíamos que éramos transitan por las páginas de esta intensa novela llena de reflexiones lúcidas y contundentes. Reflexiones sobre cómo todo lo que uno creía inamovible se va al traste en el momento menos pensado. Tomas notas y apuntes, porque tu novela tiene mucho que ver con esto. Y el libro de Marina te sirve de ejemplo para ver cómo solucionar argumentos o cómo expresar emociones. Ya no puedes leer un libro sin activar la mirada de escritor. El lector inocente hace tiempo que desapareció.


JUEVES 27 / Ilusiones
Clase sobre arte y género en Historia del Arte. Estás espeso porque no has dormido bien. Después, con el tiempo justo para llegar al Campus de Espinardo, crítica de arte en Bellas Artes. Ahí estás mejor y más suelto.

Por la tarde inauguráis con 1er Escalón En estado físico, una selección de vídeo de artistas canarios que reflexiona sobre el cuerpo. Es la primera de las acciones que vais a llevar a cabo en AB9. El espacio ha quedado genial. Está un lugar privilegiado de Murcia. Y tiene unas posibilidades tremendas. Piensas en el futuro y te emocionas. A veces las cosas salen adelante. Con ganas, esfuerzo e ilusión todavía es posible. La clave es no quedarse quieto. Y la gente con la que trabajas sólo conoce el movimiento. No puedes estar mejor acompañado. La noche se alarga celebrando la amistad.

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