25/2/14

Presente continuo 14 - 20 febrero


[Diario personal publicado semanalmente en La Opinion de Murcia

VIERNES 14
San Valentín
Día de los enamorados. Entras en la librería para comprar la novela de Edmundo Paz Soldán que presentas dentro de dos semanas. En la mesa de novedades encuentras también el último libro de Pepe Colubi y lo coges automáticamente para regalárselo a R. No lo haces porque sea San Valentín. Lo haces porque sabes que ella se ríe mucho con sus bromas, porque compartís sentido del humor –quizá la complicidad más difícil de todas–. Porque la quieres, porque siempre está presente. En cualquier momento. Por mucho que a veces parezca invisible. Ella eres tú. Desde hace mucho tiempo. Sois la misma persona.

Por la noche salís a cenar. Habíais pensado ir al cine, pero os lo tomáis con calma. Cena tranquila, paseo, café y helado. Como cuando comenzasteis a salir. Recuerdas el primer San Valentín. El café en el Drexco. El regalo de entonces. Las bromas en torno a Puccini. Cuántas cosas han cambiado. Y cuántas siguen exactamente igual. O incluso mejor. Mucho mejor. El amor, por ejemplo. La pulsión, por ejemplo. El deseo, por ejemplo. Lo compruebas esta noche. Mejor y mejor. En lugar de debilitarse, todo se ha hecho más fuerte con el tiempo.


SÁBADO 15
Cumplir
El dolor de cuello va desapareciendo poco a poco. Tan solo es un eco de lo que fue. Te levantas temprano para comprar los periódicos. Esta mañana vais a celebrar el cumpleaños de I. y pasas por la librería para comprarle algo. Te encuentras allí con la nueva novela de Enrique Vila-Matas, que acaban de ponerla en la mesa de novedades. Compras una para ti y otro para I. Ahora mismo te gustaría que se detuviera el mundo y poder ponerte a leer el libro. Cuando llegas a casa, en los diez minutos que tienes antes de salir para el cumpleaños, comienzas a leerla. Maravillosa. Estás convencido de que esta novela te va a apasionar.

El cumpleaños es una fiesta sorpresa. I. no sabe nada. Están todos, incluso los amigos del colegio, del instituto y de la universidad. Tú la conociste en la universidad. Era la delegada de tu clase. Una noche te dijo que eras empollón, “pero de guay”. Luego has colaborado con ella y tendrías para contar mil anécdotas. Has vivido cosas que incluso no pueden ser contadas.

DOMINGO 16
Familia
Bautizo del hijo de tu sobrina, tu sobrino-nieto. Tocas el órgano en la ermita. Vas sin partitura. Improvisas algo. Por un momento incluso tocas el final de Perdidos, o algo que se le parece. La cosa es hacer ruido. En la homilía el cura habla del nombre de Jorge. Dice que es el defensor contra los malos espíritus.

Después, foto y convite. Te sientan con tus hermanos y los hermanos de tu cuñada. Muy agradable, como siempre. Es el modo de encontrarse con la familia. Y como siempre, de recordar. Antes o después siempre aparece en la conversación “el papá o la mamá”. Es una manera de hacerse presente en la ausencia. No lo dices, pero sabes lo que habría disfrutado tu madre al ver el bautizo del hijo de su nieta preferida.

Por la tarde, al llegar a casa, intentas preparar el recital que tienes en Madrid el próximo jueves. Se te ocurre la idea de mirar tus tuits desde el principio. Descargas el archivo y repasas tu cotidianidad. Es siniestro. Recuerdas todos y cada uno de los momentos de tu pasado reciente.


LUNES 17
Derrumbado
Vuelves a correr después de casi tres semanas. El cuello no te ha dejado. Regresas antes de tiempo y algo dolorido. Ahora es la tibia. Está claro que no estás hecho para el deporte. Además, te duele la garganta y crees incluso que tienes algo de fiebre. Llevas una racha imposible.

En las noticias, las imágenes de los inmigrantes saltando las vallas se te clavan en la retina. Es urgente meditar sobre el sinsentido de las fronteras, sobre las personas que tienen derecho de movilidad y sobre las que parece que no tienen siquiera derecho a ser persona. Los inmigrantes aparecen en las imágenes como una masa informe. Ninguno tiene nombre, ni edad, ni historia. Son presentados como puros cuerpos. Cuerpos mudos.

Por la tarde, última clase de Mercado del Arte. Terminas por esta vez el máster. Vuelves a casa derrumbado, absolutamente cansado. Por la noche, te ataca la tos. No puedes dormir, ni tampoco dejas dormir a R. Te levantas y te echas en el sofá. A las cinco de la madrugada logras cerrar los ojos por una hora.

MARTES 18
Apropiacionismo
Clase intensa en Historia del Arte. Explicas el postestructuralismo y el cuestionamiento de la idea de originalidad y autoría. “Detrás de cada texto hay otro texto”… Es curioso, piensas. Ya no sabes de dónde salen esas citas o esas teorías. Después de un tiempo dando clase, leyendo y escribiendo, acabas confundiendo las fuentes; las cosas que creías de los demás en el fondo son tuyas y al revés. Realmente, no hay originalidad. Todo nuestro conocimiento está construido desde el afuera. Lo único que hacemos es asumirlo, apropiárnoslo. Explicas la obra de Sherrie Levine y, mientras lo haces, descubres que conoces más cosas sobre ella de lo que pensabas. Es algo que a veces ocurre cuando explicas cosas. Que improvisas y descubres cosas que no sabías que sabías. Muchas veces las clases son laboratorios interpretativos o de pensamiento. Es una manera de pensar en voz alta.


MIÉRCOLES 19
Viajar.
Después de clase sales para Madrid en tu coche. Te acompañan L. y M. El viaje se hace corto. Conducir es agradable en buena compañía. Al llegar a Madrid, eso sí, te entran los nervios. Te agobias en las rotondas y el tráfico te supera. Después de dar varias vueltas consigues dejar el coche en un aparcamiento.

Cenáis en el restaurante de moda. L. reservó hace algún tiempo porque ahora es imposible. Es caro, pero merece la pena. Habláis de literatura. Después, os tomáis unos dry martinis en el Cock. Allí está hoy todo el mundo del arte. Galeristas, artistas, coleccionistas, críticos… Cada vez que vas al Cock te acuerdas de JLB. Él te llevó la primera vez. Y siempre que regresas ahí algo de su memoria parece que vuelve; sus conversaciones, su inteligencia, su ironía… Miras a tu alrededor y te das cuenta de que el arte español sigue echando en falta a intelectuales como él.

En la casa que habéis alquilado hay dos camas y sois tres. A alguien le toca dormir acompañado. Duermes con M. Sois adultos, por mucho que “un hombre sea siempre un hombre en la cama”.

JUEVES 20
Enamorado
Te levantas con algo de dolor de cuello. Enseguida se te pasa. El día va a ser largo. Por la mañana, Arco. Pasa lo de siempre: apenas puedes ver nada. Te vas a encontrando a gente por los pasillos y no puedes dejar de saludar. Te acuerdas de la expresión de Fernando Castro: el “abracismo”. Es verdad: adviertes que has visto y reconocido a más personas que obras de arte. Hoy es día de eso. Volverás el sábado y verás las cosas con más detenimiento. De todos modos, cada vez te interesa menos la idea de la feria. Vienes para hacerte una idea de lo que hay, para encontrar algún artista que trabaja sobre los temas que te interesan y poco más. Qué lejos quedan aquellas ediciones de Arco en las que tenías que estar todos los días de la feria, desde el principio hasta el final. Ahora vienes como visitante. Y en el fondo, lo que haces es dedicarte a pasear por la feria como un flâneur, liberado de cualquier obligación.

A media tarde regresas a la ciudad para cambiarte y coger los textos que vas a recitar en el café Libertad 8. Estás nervioso. Es tu segundo recital. Después de lo bien que salió el de Murcia tienes miedo de que este, por la razón que sea, no acabe como esperas. Pero en cuanto te pones delante del micrófono y comienzas a leer, el miedo desaparece. Te emocionas mientras lees fragmentos de Cuaderno […] duelo, y al final, vuelves a leer un texto en un cuerpo. De nuevo, el cuerpo de M., como en Murcia. Esta vez el texto ya está escrito sobre la piel. Tú sólo tienes que leerlo. Y una vez más se produce un momento bello y cargado de intensidad. La piel vibra, está erizada, el texto late, arde; tu vello también se eriza, aunque nadie lo note. Incluso más que la primera vez, palabra, cuerpo y texto son la misma cosa.

Al acabar el acto, te quedas rodeado de amigos escritores y la noche se alarga. Hablas con E. sobre su novela, con V. sobre la tuya, con J. sobre mil cosas. Estás feliz porque L. ha encontrado agente para su novela y porque M. está descubriendo estos momentos.

Es curioso, hoy has sentido que habitas dos mundos, el del arte y el de la literatura. El primero es el que da de comer, es tu trabajo, que intentas hacer siempre lo mejor que puedes. El segundo es tu pasión, aunque difícilmente podrás algún día vivir de eso. Sin embargo es ahí donde quisieras estar.

Cuando después de varios gin-tonics llegas a la casa y te metes en la cama con M., lo constatas: estás enamorado. Muy enamorado. Absolutamente entregado. A la literatura. La amas con toda la fuerza que puede amar un cuerpo. Cierras los ojos. Piensas en lo que escribirás o leerás mañana. Eres feliz.

17/2/14

Presente continuo 7 - 13 febrero

[Diario personal publicado semanalmente en La Opinion de Murcia

VIERNES 7
Poesía y memoria
A clase bien temprano. Tienes sueño. Anoche trasnochaste y te cuesta horrores levantarte. El dolor de cuello sigue presente. En clase hablas del paso del arte tradicional al arte moderno. Perspectiva sociológica. Dos horas seguidas tras las que acabas dolorido.

Por la tarde, asistes con L. a la presentación de Ártico, el último poemario de Juan de Dios García en Cartagena. La sala está a reventar de gente. Casi no os podéis sentar. Escuchas algunos de sus poemas y te quedas fascinado por Football is over. Unos versos que muestran la memoria de toda una época.

Después, os quedáis a tomar unas cervezas junto a la sala de conferencias. En un momento te das cuenta de que estás rodeado de escritores y poetas. Y piensas en la suerte que tienes de poder compartir copas y conversaciones con ellos.

Te empieza a doler un poco más el cuello y la espalda. Al llegar a Murcia, os tomáis algunas copas y el dolor va aumentando. En un bar te encuentras a una compañera de colegio que no habías visto desde tu adolescencia. Por un momento, el pasado se abre. Se abre la adolescencia y te viene a la cabeza ese poema de Juan de Dios que se refiere a todo aquello que se fue. Regresas a casa melancólico y maltrecho. Antes de dormir vuelves a leer el poema. Los últimos tres versos se quedan grabados en tu mente: “cabeza de cerdo a los pies de Figo, / papá llorando porque baja el Cádiz / en la sala de espera para quimio.”

SÁBADO 8
Dolor inenarrable
Amaneces con un dolor terrible. Te duele casi tanto como el primer día. Como puedes, comienzas a leer Autopsia, la novela de Miguel Serrano que ha publicado Candaya y que tienes que presentar el jueves. Son casi cuatrocientas páginas y si no empiezas hoy se te va a echar el tiempo encima. El libro te hipnotiza. Su escritura es como una especie de mantra que te recuerda a Thomas Bernhard. El comienzo te lleva de nuevo al pasado. El protagonista se siente culpable por haber acosado a una compañera de colegio llamada Laura. El mundo de la infancia y la adolescencia se despliega. Sueltas el libro extrañado. Anoche también te encontraste con una Laura a la que no habías visto desde el colegio. El narrador de la novela también se llama Miguel y ha nacido, como tú, en 1977. El pasado que se abre es el mismo del mundo del poema de Juan de Dios García. Es como si tu pasado regresara a través del pasado de los demás.

Por la tarde el dolor de cuello se hace ya insoportable y se expande hacia la espalda y el brazo derecho. Te asustas y R. te lleva a urgencias. Allí te atiende una doctora muy amable que te dice que no te preocupes. Es tensión acumulada y la solución es un relajante muscular muy fuerte, analgésicos y calor seco.

Regresas a casa tranquilo y te tomas de golpe los calmantes. Rápidamente te entra sueño y te vas a la cama. Te levantas para cenar, te vuelves a tomar el relajante muscular y te acuestas de nuevo. Todo se ralentiza.

DOMINGO 9
Mil palabras
Cuando te despiertas, el dolor aún está ahí. Parece haber disminuido algo, pero sigue contigo. Intentas escribir algo, pero no quieres forzar la máquina. Así que sigues leyendo Autopsia en una posición relativamente confortable que logras en el sofá.

Por la noche te das cuenta de que el dolor ha remitido un poco e intentas escribir unas cuantas páginas. Consigues algo más de mil palabras. Has hecho la cuenta: en cada página del cuaderno puedes escribir entre ciento diez y ciento cincuenta palabras. Y al final de cada sesión de escritura haces un cálculo aproximado de lo que has escrito. Has leído que Hemingway contaba las palabras meticulosamente. Puede parecer obsesivo, pero es un modo de saber que has trabajado algo. Al menos mil palabras al día. Y los días buenos, algo más de tres mil.

LUNES 10    
Cero palabras
Te levantas temprano para preparar la clase del máster de esta tarde. Imprimes un plan de la semana y te intentas organizar. Te das cuenta de que esta semana no podrás siquiera tocar la novela. Quitas el cuaderno de la mesa y lo cambias por los libros de arte. Es curioso que siempre que te llegan las ideas el que se va es el tiempo. Suele ocurrir. Ahora que tienes la historia latiendo en la cabeza no vas a poder escribir nada. Cero palabras.

Por la tarde, dos horas de Mercado del arte en el máster. Hablas de la idea del arte como mercancía. Es sin duda la parte que menos te interesa del arte, su vinculación con el lujo y las mercancías exclusivas. Al acabar la clase, te duele un poco el cuello, pero es un dolor que puedes asumir.

MARTES 11
Demasiada teoría
Por la mañana, clase de Últimas tendencias del arte. Explicas la teoría de la posmodernidad. Lyotard, Jameson, Baudrillard… El fin de los grandes relatos, la cultura del pastiche y la noción de simulacro. Observas que tanta teoría es demasiado para los alumnos.

Intentas dormir la siesta antes de la clase de Mercado del arte. Veinte minutos que te despejan. En clase hablas de la figura del coleccionista. Y luego comenzáis a ver un documental sobre la burbuja del arte contemporáneo. Debatís sobre la globalización del mercado.

Llegas justo para ver el partido de la copa del rey. Cuando enciendes la tele, el Madrid ya va ganando 2-0. Después del partido preparas las clases del día siguiente y acabas la lectura de Autopsia. El libro ha ido creciendo y los últimos capítulos son magistrales. Lo cierras con emoción, lo pones sobre la mesita y apagas la luz. Te duermes enseguida.

MIÉRCOLES 12
Fundido encadenado
Amaneces casi sin dolor. Preparas las clases y respondes a decenas de mails que tenías pendientes. A las once, clase en Filosofía. Empiezas ya con el desarrollo de la Historia del Arte Contemporáneo. Querrías haber ido más rápido, pero te entretienes demasiado en el romanticismo. Es un movimiento que te fascina. Y no puedes proyectar una imagen de Friedrich sin aludir al naufragio, el abismo y lo sublime. Ahí se te va el tiempo.

Por la tarde, dos horas de clase del máster en las que hablas de la figura del marchante y el galerista. Cuando acabas, te das cuenta de que el cuello te vuelve a doler. Seguramente has hecho algún movimiento brusco en la pizarra.

Pasas por el Espacio Pático para ver la exposición de Alejandro Cerón. Es el resultado de su trabajo en el Centro Negra de Blanca. Lo que más te gusta es el vídeo en el que recoge los comentarios y reacciones de los habitantes de Blanca ante sus estructuras de madera. La gente de la calle se pregunta por qué eso es arte, y hay alguno que está muy cerca de dar en el clavo.

A las nueve y media has quedado con Miguel Serrano en hotel. Lo conociste en Blanca, en la SELIN, leíste su primer libro de cuentos, Órbita, y te pareció brillante. Y Autopsia, la novela que presenta mañana, confirma todo aquello que pensaste. Cenas con él y con L. y luego os tomáis una copa para seguir hablando de literatura. El cuello te sigue doliendo. Mucho. Al llegar a casa el dolor es tan grande que te decides tomarte dos cápsulas de Yurelax. Nada más hacerlo te arrepientes. Te duermes de un modo muy extraño, sintiendo cómo la realidad se va apagando y descomponiendo poco a poco. Es como si entre la vigilia y el sueño se produjese un fundido encadenado. Lo que sueñas, por supuesto, no tiene sentido alguno.

JUEVES 13
Un libro
Te levantas con cierto dolor. Ya son dos semanas las que llevas así. Vas a clase y hablas del Neo-expresionismo alemán y de la pintura de los ochenta. Es la parte de la asignatura que menos te gusta. Después, dos horas en la quiropráctica. Esta vez el daño que te hace es terrible, pero notas cómo las contracturas van desapareciendo bajo sus dedos. Sales de allí dolorido, pero consciente de que ahora sí, por fin, parece que se ha conseguido minar el origen del mal.

A las ocho es la presentación de Autopsia en La Azotea. Antes, te has tomado tu tiempo para esbozar algo que esté a la altura del libro. Has apuntado algunas ideas que giran en torno a la cuestión de la memoria. El pasado como trauma, el tiempo discontinuo del relato como metáfora de los ritmos de pensamiento o la propia reflexión sobre la escritura como un dispositivo que permite contar y construir la memoria. Dejas claro en la presentación que Miguel Serrano es un escritor excepcional y que Autopsia es un libro redondo, una novela brillante, literatura con mayúsculas. Te ha entusiasmado lo que has leído y no puedes disimularlo.


Después, con el libro debajo del brazo, cenáis y tomáis algunas copas. Vais perdiendo efectivos conforme avanza la noche. Y al final solo quedáis L. y tú. Y el libro, claro, que parece llamar la atención en cada sitio en el que entráis. La gente os mira extrañada y contemplan al libro como si no hubieran visto un artilugio así en mucho tiempo. “Cuidado, llevan un libro”, parece que piensan. Al salir del último bar escuchas con claridad: “adónde irán a estas horas con un libro. Qué tíos más raros.” Esbozas una sonrisa.

10/2/14

Presente continuo 31 enero - 6 febrero

[Diario personal publicado semanalmente en La Opinion de Murcia

VIERNES 31
Dolor continuo
Apenas has podido dormir. El dolor de cuello te está matando. Como puedes, te recompones y vas a clase. Filosofía. La clase introductoria: ¿por qué no gusta el arte contemporáneo? Las cuestiones generales. Es la clase con la que más disfrutas. Te gusta la indignación creciente cuando pones la Merda d’artista de Manzoni y otras obras que no se ajustan a la noción previa que todos tienen de lo que es arte. Sabes que poco a poco todas esas certezas irán derrumbándose. Es lo que más te fascina de la profesión: suscitar preguntas. Más incluso que proporcionar respuestas.

Cuando acaba la clase estás cansado. Y el dolor crece. Cada vez más. Incluso tienes dificultades para regresar a casa en el coche.

A las cuatro y media vas a la quiropráctica. Con un movimiento seco y brusco te suelta el cuello. Te asustas por el crujido. El dolor es tremendo. Pero te dice que si no te lo hubiera soltado probablemente habrías tenido que ir a urgencias. ¿Por qué el dolor?, preguntas. El estrés. No hay duda. Tensión acumulada. Demasiado trabajo. 

Sales de allí embadurnado de cremas y lleno de vendajes y agujas. Te duele todo. Te pongas como te pongas. Aun así, mientras te dura el efecto del analgésico, escribes el Presente continuo de la semana anterior. Lo acabas a duras penas y sin poder revisar las erratas.

Dolorido, ves El lobo de Wall Street. Te cansa. Tiene momentos muy buenos. Pero es todo excesivo. Tres horas son demasiadas, sobre todo para tu cuerpo, que se va rebelando progresivamente conforme avanza la película.

SÁBADO 1
No leer
No puedes leer, no puedes escribir. No sabes en qué emplear el tiempo. Te das cuenta de que no sabrías cómo actuar si no pudieras hacer estas cosas. Lo más importante de tu vida se reduce a estas dos acciones. Sin ellas, no sirves para nada.

Por la tarde intentas escribir aunque sea un poco. Tienes la historia en la cabeza, en la punta de los dedos. No es precisamente el momento para desperdiciarla. Incluso piensas en dictar al ordenador, o grabar. Pero no funciona. Para el ti el texto es texto, es visual. Y mucho más ahora que has comenzado a escribir en el cuaderno. Necesitas la experiencia de materializar el lenguaje en la página.


DOMINGO 2
Cartografía de la precariedad
El dolor se convierte en el centro de todo. Recuerdas un libro que leíste hace mucho tiempo, Davalú o el dolor. Era el diario de Rafael Argullol sobre una enfermedad dolorosa. Lo que se te quedó grabado del libro era la sensación del dolor como una especie de invasor que se apropia del cuerpo y te convierte en un esclavo.

Sólo hay un momento día en el que puedes leer, justo después de que los analgésicos y relajantes musculares te hagan efecto. Venciendo la somnolencia, te tumbas de lado en el sofá, pones el libro sobre algunos cojines para no forzar el cuello y logras una posición de lectura relativamente confortable. Es de esta manera como consigues terminar La trabajadora, la última novela de Elvira Navarro. Precisamente la enfermedad –la psíquica y la social– está presente en el libro. Tiene momentos fascinantes. Te gusta sobre todo el juego con la escritura del final. Y también algo que Elvira Navarro hace como muy pocos escritores en España, el trabajo con las emociones como si fueran elementos físicos. Emociones corporalizadas. Eso es lo que más te gustó de su primer libro, La ciudad en invierno, que aún te sigue pareciendo un gran hallazgo. Y eso es lo que más te interesa de este: la potencia para transmitir emociones que pesan. Los cuerpos de sus personajes son de carne; sudan cuando se mueven, huelen, se cansan…, pesan. Es un cuerpo –físico y psíquico– real, precario. Y esto último es en el fondo la idea central y más potente de todo el libro, que podría leerse casi como una cartografía de la precariedad –en todos los sentidos–: la precariedad laboral, sentimental, física… Es curioso que los mapas-collage que hace Susana –una de las protagonistas del libro– sean precisamente cartografías precarias, inestables, inciertas, como lo que ocurre en cierto modo con el individuo contemporáneo, que ha perdido pie, que su equilibrio ilusorio está siempre a punto de desvanecerse.



LUNES 3
Mejor
Esta mañana amaneces mejor. Mucho mejor. Aunque no has dormido bien y aún te duele todo, puedes escribir. Así que te sientas y te pones frente al cuaderno. La historia está fluyendo. Es como escribir una gran carta continua. Cuando te das cuenta llevas casi cien páginas en el cuaderno. Esta vez, por supuesto, cada quince minutos te levantas y haces estiramientos para no forzar la máquina.

Por la tarde, vas a la quiropráctica. Te vuelve a dar una paliza. Y acaba con un masaje relajante. Regresas a casa con sueño y lleno de ungüentos. Rápidamente te vas a la cama.

MARTES 4
Performance fúnebre
Dos horas de clase para explicar las fuerzas que están debajo del problema de las vanguardias y las neovanguardias en la modernidad. Te salen dos horas excesivamente teóricas. Lo intuyes al ver las caras de incertidumbre de tus alumnos.

Por la tarde, vas al entierro del tío de R. Era mayor. Aunque nunca nadie es mayor para morir. Siempre hay vida por delante. Mientras el cura habla te das cuenta de que cualquiera lo haría mejor. Algún día te gustaría hablar aquí sobre ese tono infantiloide que tienen muchos sermones y sobre cómo se trata a los fieles como si fueran niños pequeños faltos de entendimiento.

Vas después al cementerio. Lo entierran en una tumba. El ataúd tiene que ser descendido con la ayuda de dos operarios. Qué diferente es esta acción de la que se realiza cuando el entierro es en un nicho. No puedes evitar recordar el entierro de tu padre y luego el de tu madre. El sepulturero levantando la pequeña pared de ladrillo que separa para siempre el cadáver del mundo de los vivos. Es uno de los sonidos que más se te han clavado en el alma: la paleta y el yeso. Tiempo detenido. Silencio absoluto. Todos mirando la acción como si se tratase de una performance. La albañilería de la muerte.

Por la noche, te quedas escribiendo hasta muy tarde. Consigues terminar el cuaderno que habías comenzado días atrás. Cuando lo cierras, 151 páginas, sientes una cierta satisfacción. Sueles dejar a medio los cuadernos. Pero este lo rematas. Y llegas al final de la segunda parte de la novela. Aún queda mucho. Es cierto. Sin embargo, al volver a hojear el cuaderno y verlo lleno de letras y garabatos, te das cuenta del tiempo y el esfuerzo que hay detrás. Esa es la energía para seguir, la toma de conciencia de que, aunque falta bastante, hay un material sobre el que ir construyendo el edificio. 



MIÉRCOLES 5
Inquieto
El dolor va remitiendo, aunque todavía te acompaña. Después de volver de clase consigues acomodarte en el sofá y lees de un tirón Inquieto, el extraño libro de Kenneth Goldsmith que acaba de publicar La uña rota. Es un libro insólito, rarísimo, un experimento que está muy cerca de la performance y el arte contemporáneo. El autor describe los movimientos de su cuerpo durante una jornada, desde que se levanta hasta que se acuesta. Resulta al mismo tiempo exasperante e hipnótico. “Traga. La mandíbula aprieta. Rechina. Se estira…”. Ése es el tono. Te recuerda a Beckett y a ciertos experimentos de Perec, pero sobre todo te lleva a la obra de los artistas fluxus. Es la toma de conciencia del cuerpo a través de la escritura. Y especialmente la puesta en obra de la frustración para llevar al lenguaje la pluralidad de esa experiencia. Cada mínimo movimiento del cuerpo implica un sinfín de acciones de las que la escritura no puede dar cuenta. Lo adviertes ahora más que nunca, cuando sabes por tu dolor de cuello lo que supone mover la cabeza de un lado para otro y la cantidad de movimientos que se encuentran agazapados detrás de un pequeño gesto.



JUEVES 6
Arte
El dolor es leve, aunque continúa ahí, casi como un eco de lo que ha sido. Vas a clase y hablas del arte conceptual. Constatas lo difícil y al mismo tiempo sugestivo que es hablar de ciertas piezas artísticas.

Por la tarde, presentas en Las Claras el libro de Enrique Mena sobre la pintura de paisaje murciana en el arte del siglo XX. Es el resultado de su tesis doctoral, de la que has sido director. Es un estudio que abre camino a las futuras investigaciones en el arte regional. Una primera piedra de una historia que aún está por edificar. Justo después, asistes en Art Nueve a la inauguración de la exposición de Mark Hosking y Lawrence Corby, dos artistas jóvenes ingleses que presentan unas reflexiones sobre las posibilidades de la abstracción en la pintura y la escultura contemporánea. Son obras sutiles, difíciles a primera vista, pero muy meditadas y reflexivas. Después, sigues con ellos y otros artistas y amigos hasta bien tarde. Hablas en inglés sobre arte y literatura. Al principio te cuesta, pero el vino te suelta la lengua. Y disfrutas de la conversación. Aunque habrías querido regresar antes a casa –al día siguiente tienes clase temprano–, al final agradeces no haberlo hecho. La experiencia ha merecido la pena. Eso sí, intuyes que mañana será un día largo.

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4/2/14

Presente continuo 24 - 30 enero

[Diario personal publicado semanalmente en La Opinion de Murcia]

VIERNES 24
La Culturería
Amaneces cansado y resacoso. Ayer fue tu último jueves en mucho tiempo. La semana que viene comienzan las clases y se acaban las salidas intempestivas. Hoy la cabeza te explota y apenas puedes hacer nada en condiciones. Así que prácticamente dedicas el día a vagar de un lugar a otro. Intentas leer y te sumerges en Lolita, que aún no has terminado. Te sigue maravillando. Pero también es cierto que hay un momento en el que la novela se transforma en una especie de guía de viaje por Estados Unidos y que esa parte, que te resulta menos atractiva, está ralentizando tu lectura.

Por la noche asistes con R. a la entrega de los premios de La Culturería. Intento de escapada ha resultado ganadora en la categoría de literatura. No puedes estar más contento. Sobre todo porque en los últimos años la literatura está convirtiéndose en una de las grandes bazas culturales de la Región. Cada día aparecen libros excelentes de escritores murcianos. Por eso te honra tanto que el jurado haya considerado que tu novela merece ese galardón.

En la gala disfrutas rodeado de amigos y gente de la cultura. Y una de las cosas que más te alegran es contemplar cómo una iniciativa como La Culturería, que sabes que ha surgido gracias al esfuerzo y el empeño personal, es capaz de reunir a tanta gente en un evento y enfatizar así algo importante: que en Murcia pasan muchas y muy buenas cosas, y que la cultura se sigue moviendo. A pesar de todo.

Después de la gala, das una pequeña vuelta con R. y te comes un gofre de chocolate. Es la mejor manera que se te ocurre de celebrar el premio. Lo disfrutas como si fueses un niño. Te pones de chocolate hasta las cejas.

SÁBADO 25
Principio y fin
Por la mañana buscas el cuaderno en el que esbozaste Intento de escapada y haces una foto junto al premio. Principio y final. Te das cuenta de que la estructura que planteaste no tiene nada que ver con el resultado. No coincide siquiera el título o los nombres de los personajes. Entre la novela que pensaste y la que al final vio la luz hay un abismo. Lo que tenías en la cabeza era mucho más ambicioso de lo que después pudiste –o supiste– escribir. Esto te hace pensar en que uno nunca escribe el libro que quiere, sino el que puede. Y que entre el escritor que uno imagina –y quisiera– ser y el escritor que al final es hay una distancia insalvable.


Poner juntos el premio y el cuaderno de esbozos te sirve para revivir aquellos días en los que todo comenzaba. Y lo que desde luego no se te pasaba por la cabeza –por mucho que lo soñaras– es que esas frases sueltas en un cuaderno acabarían publicadas en la editorial con la que tanto habías fantaseado. Sientes, en cualquier caso, que ya está bien y que es hora de dar carpetazo a Intento de escapada. En tu mesa hay ahora otros cuadernos, otros esbozos. Otro tiempo ha empezado. Es el tiempo de redacción de esa novela sin nombre que ahora te obsesiona. Esa novela que probablemente nunca acabará siendo la novela perfecta que ahora tienes en la cabeza. Porque al final toda obra es una mala copia de una idea previa. Quizá en un futuro lejano inventen el artilugio para convertir las ideas en libros. Hasta entonces, habrá que pelearse con el lenguaje para que entre lo que uno piensa y lo que uno escribe al menos haya un parecido de familia.


DOMINGO 26
Buenos libros
Hace un día primaveral. Sales a correr. No aguantas demasiado. Acabas a lectura de Tiempo de encierro, de Doménico Chiappe y escribes una reseña para la revista Otra Parte. Te ha gustado mucho la novela. Has disfrutado sobre todo de las reflexiones sobre el arte y la tecnología. Y también sobre el modo en el que uno de los protagonistas narra su proceso de pérdida del hogar y su transformación en extranjero. Chiappe es un gran escritor. Te alegra no cesar de descubrir buenos libros. Quisieras detener el tiempo y encerrarte a leer. Se te acumulan las lecturas.

LUNES 27
Escribir
Escribes toda la mañana. Sientes que fluye. Necesitas escribir a mano y en cuaderno. Es como si apresaras la historia y las palabras; como si emularas la voz del personaje que narra la acción.

Por la tarde escuchas la conferencia de Alberto Ruiz de Samaniego en el CENDEAC. Cita a Benjamin y a Heidegger. Habla de la luz en el arte contemporáneo. Acaba con una espléndida escena del Casanova de Fellini sobre el apagamiento del espectáculo. Quieres volver a esa película. Regresas en bicicleta. De camino, casi te tira el viento. Te encuentras a M., a quien no veías prácticamente desde los tiempos de la universidad. No te reconoce.


MARTES 28
Docencia
Comienzan las clases. Has tenido el primer cuatrimestre libre para escribir, viajar y dar conferencias y ahora te toca centrarte en la docencia. Eres consciente de que de aquí a junio sólo vas a poder escribir restándole horas al sueño. Dar clase requiere esfuerzo físico y mental. Y no sólo son las horas que uno está en el aula, sino sobre todo las de preparación de la asignatura y las que tienes la materia en la cabeza. La mente acaba poniéndose en “modo clase” y es difícil resetearla y volverla a llevar al “modo novela”. Es como si tuvieras que cambiar el chip. A partir de este momento dejas de ser escritor y vuelves a ser profesor.

Después de clase, asistes asombrado a la conversación de Claudio Magris con Francisco Jarauta y Pedro Luis Ladrón de Guevara. Escuchar a Magris en la Facultad es un privilegio. Es uno de los grandes escritores europeos. Una figura incuestionable. Te sorprende sobre todo su humildad y lucidez a la hora de hablar del papel de los intelectuales en la sociedad. Al acabar la charla, te firma El danubio. Regresas a casa con el tesoro bajo el brazo.

Por la noche, escribes como un poseso en el cuaderno. Te acuestas tarde y con el brazo dolorido. Imaginas que escribirías mejor con una buena pluma.


MIÉRCOLES 29
Pluma
Clase introductoria de Historia del Arte Contemporáneo en Filosofía. Te encanta dar esta asignatura. Cada carrera tiene unos alumnos diferentes, pero el perfil de los de Filosofía es especial. Esperas que este año sigan teniendo el nivel de otros cursos.

Después de la clase, bajas a Murcia y te plantas en Estilográficas López para comprar una pluma. Allí descubres todo un universo en torno a la estilográfica. Eso es algo que siempre te ha fascinado, la gente que conoce su mundo; los expertos en campos específicos. Vuelves a casa con una pluma Delta y antes de comer la pruebas en el cuaderno. Sientes que ahí también está la novela, en el medio, en las herramientas de escritura.  

Por la tarde, haces un pequeño movimiento y notas que el cuello se vuelve a quedar pinzado. Empieza como un dolor leve y poco a poco se va haciendo más grande.
A pesar de eso, sigues escribiendo hasta tarde en el cuaderno. No puedes esperar; la pluma tiene que se usada.


JUEVES 30
Dolor
Amaneces con un dolor insoportable. Apenas has podido dormir y ahora ya hay no manera de que se calme el malestar, te pongas como te pongas. Te tomas tres pastillas de Robaxisal, coges la bici y te vas a clase. Cuando llegas a Murcia, el dolor ya incluso te nubla la vista. Como puedes, te subes a la tarima y comienzas con tu primera clase seria de “Últimas tendencias del arte”. Cada vez que te giras hacia la pizarra para apuntar algo –porque sigues utilizando la pizarra– ves las estrellas. Pero intentas guardar las formas. Parece –o eso quieres creer– que nadie se da cuenta. En cuanto acabas la clase, como si hubieras salido de un trance, desaparece la adrenalina y vuelve el dolor.

Después, anulas las dos reuniones que tienes y regresas a casa para meterte en la cama con una manta caliente y una ensalada de calmantes. Te levantas aún peor.

Por la tarde intentas leer, pero ya no encuentras la postura correcta. Esto sí que te resulta grave. De pie, vagas de un lado a otro de la casa. Te cuesta trabajo incluso comer. Te acomodas por la noche como puedes en el sofá y ves con R. el último capítulo de American Horror Story. Era una serie que prometía mucho, pero esta temporada ha sido puro manierismo.


Después de eso, intentas escribir, volver a leer, hacer algo, pero no puedes. Tampoco puedes dormir. El dolor es intenso. Sientes incluso un hormigueo en las manos. Y en un momento te asustas porque no ves por un ojo. Seguramente es sugestión. Es nada más que un dolor de cuello. Acabará yéndose. Al menos eso esperas.