30/1/14

Presente continuo 17 - 23 enero

[Diario personal publicado semanalmente en La Opinion de Murcia]

VIERNES 17
Fracasa otra vez
En el telediario hablan de unas pastillas para borrar los malos recuerdos. Te parece que el futuro ya está aquí, como si Black Mirror se hubiese hecho realidad. Vamos a poder recordar sólo lo que queramos. Cortar, pegar y manipular nuestra memoria como si fuese una película. Podremos reescribir el pasado de modo biológico. Tienes que pensar con detenimiento sobre esto.

Por la tarde tienes una charla en un máster de arteterapia. Y de camino hacia el máster has pensado seriamente en dar una conferencia pésima para que no te llamen más y así tener tiempo para poder escribir. Pero nada más comenzar te das cuenta de que conectas con el público y que la conferencia sale incluso mejor de lo previsto. Fracasas en tu intento de fracasar, como le pasa a uno de los personajes de Aire de Dylan, la novela de Vila-Matas.

Por la noche, vas con R. al cumpleaños de M. Ha organizado una cata de vinos. Aunque no conoces a los invitados, rápidamente se establece un ambiente muy agradable y habláis de todo un poco. Normalidad y cordialidad absoluta. Durante toda la noche, eso sí, dejas claro varias veces que no vas a beber mucho vino porque al día siguiente tienes un almuerzo temprano y quieres estar con el cuerpo preparado. Sin embargo, nada más empezar la cata, no puedes parar y, cuando te levantas contento de la silla, te das cuenta de que has probado todos los vinos con bastante generosidad. De nuevo, has vuelto a fracasar en tu propósito.

SÁBADO 18
Vida de contrastes
Querías haberte levantado temprano a correr, pero la cabeza te explota. Te ha sonado el despertador con el tiempo justo para ducharte y salir para el Yeguas. Esta semana os recordaron que el otro día, en un momento de exaltación de la amistad, habíais quedado con A. para comeros un lechal que él mismo iba a cocinar y llevar allí. Tú no recordabas nada. Y L., tampoco. Pero decidís ir y disfrutar de la comida. Está delicioso, como todo lo que coméis y bebéis. A. lo ha hecho en el horno del panadero y la carne se deshace en la boca. Te sientes un privilegiado por poder probar esas cosas.

A las dos llegas a casa con el tiempo justo para ducharte y salir hacia el tanatorio. La madre de tu cuñada C. ha muerto. Estaba enferma, aunque no imaginabas que todo fuese a ocurrir tan rápido. Este es un mundo de contrastes. De la celebración de la vida, al llanto por la pérdida en apenas unos segundos. Cada vez que vas al tanatorio, cada vez que alguien cercano muere, cada vez que eres consciente de que esto se acabará tarde o temprano, hay un momento –a veces más largo y otras más corto– en el que todo parece detenerse en tu cabeza y te preguntas cosas que habitualmente dejas pasar. Son los grandes interrogantes para los que no hay repuesta y que siempre intentamos evitar. Es como enfrentarse a un abismo. Sientes la palpitación acelerada en el pecho e inmediatamente decides dejar de pensar. Es un agujero negro de sentido. Precisamente porque no hay ningún sentido. A no ser que uno crea en la vida eterna, claro. Entonces todo es diferente.

Por la tarde, y con la incertidumbre de que todo se puede acabar en cualquier instante, decides disfrutar de la tarde. Y vas al Parlamento con L. a ver el fútbol; primero, el Madrid y luego, el Murcia. Continuáis con los gin-tonic y a las nueve volvéis a tener ganas de cenar. Se une R. y también unos amigos. La noche sigue un poco más. A las doce ya no sabes ni dónde estás. Y tu cuerpo tampoco. Es hora de parar. Por hoy es suficiente. R. conduce.

LUNES 20
Encontrar la voz
Empiezas la semana corriendo por la mañana. Es casi un ejercicio mental. Correr el lunes como una especie de símbolo de que todo va bien y que empiezas con ganas. Después, te encierras a escribir. Habías comenzado a avanzar, pero siempre había un momento en el que te quedabas atrancado. Y llevas ya varios días pensando que quizá es que la voz con la que la estás narrando no es la correcta. Tenías la historia y la estructura, pero todo te sonaba demasiado artificial.

A media tarde, la voz y el tono perfecto aparecen. Un tono a medio camino entre lo epistolar y lo confesional. Hay cosas que quieres contar que no pueden ser conocidas por el lector hasta un momento determinado de la trama. Cosas que, sin embargo, el narrador sí que conoce. Y la única manera de presentar eso de modo natural es inventar un interlocutor al que el narrador cuente la historia. Alguien que sepa cosas que el lector no sabe, de modo que la información pueda ser dosificada poco a poco sin necesidad de giros o fórmulas extrañas, y sobre todo sin trucos o engaños. Cuando llegas a esa conclusión y comienzas a escribir así, notas que todo fluye y sale con total naturalidad. Y sin levantarte apenas para cenar, escribes hasta las cuatro de la mañana. Esbozas la novela entera, hasta el final, como poseído la voz. Son treinta páginas que escribes con el bolígrafo casi sin despegar del cuaderno, como si fuera escritura automática. Te acuestas con la voz del narrador reverberando en tu cabeza. Y adviertes que la escritura se parece mucho a la labor de un ventrílocuo; hacer, imitar, inventar voces. Pero de alguna manera ocurre al revés. Es como si el personaje, el que narra o el que habla, poseyera al escritor. Un ventrílocuo poseído por las voces. Sólo en el momento en el que la voz te tiene a ti puedes comenzar a escribir. Y la voz te ha tomado. Había una historia, había unos personajes, había una estructura –un orden–, y ahora hay una voz.


MIÉRCOLES 22
Bicicleta
Te levantas temprano para escribir. Durante unas horas, vives encerrado en el cuaderno. Después, sales a la calle y vas a recoger la bicicleta que te has comprado. Hace tiempo que no montas en bici, pero por una serie de razones –entre ellas, que sigues teniendo la moto rota– has decidido que es buen momento retomar esa costumbre. Recuerdas tu infancia y tu adolescencia. La bici era esencial en la huerta hasta para ir a comprar el pan. Recuerdas tu cuerpo lleno de moratones, huesos rotos y heridas varias. Poca gente se ha caído tanto como tú en bicicleta. No había día que no llegases a casa con algún percance. Aunque nunca nada serio. Después, no te has vuelto a caer.

Hace unos años compraste una bici. Intentaste salir algunas veces a pasear en ella. Pero rápidamente quedó arrumbada en la cochera. Hasta que alguien decidió llevársela de allí. Pero desde hace unas semanas, desde que has comenzado a ir a Murcia andando, desde que has empezado a hacer algo de ejercicio, parece que tu cuerpo reclama de nuevo la bici, como si el niño quisiera volver. Y por eso no has dudado en comprar ahora una. Una bici retro, inspirada en las bicis de principios de siglo. Nada más montarte y darte una pequeña vuelta para visitar a J. te ha venido a la cabeza la imagen de los ancianos montados en bici por los caminos de la huerta. El ritmo lento, pausado, casi detenido, de su pedaleo. Es algo que tienes grabado en la mente y que aún te sigue fascinado.


JUEVES 23
Autoficción de segundo grado
Por la tarde, das una pequeña charla en el taller de Lola López Mondéjar. Te gusta la experiencia. Hablar de tu novela, de cómo la escribiste, de los problemas que tuviste… Disfrutas. Aunque ya todo te suena muy lejano. Te obsesiona mucho más lo que estás escribiendo ahora.

Después, cenas con L. y sales a dar una vuelta. Es el último jueves que vas a poder hacerlo –en el segundo cuatrimestre tienes clase los viernes bien temprano–, así que todo tiene un tono nostálgico. Quizá por ese sentido de despedida se os va un poco la mano con la alegría.

En un momento de delirio, al hablar de Salinger con intensidad, L. se desabrocha los pantalones y, sin venir a cuento, muestra unos segundos su miembro. El bar está lleno y parece que nadie se ha dado cuenta. Ha sido un movimiento rápido y casi imperceptible. Al menos eso es lo que quieres pensar.


Después, la noche se alarga un poco más. Sigues con N. y con otros amigos. Cuando son las cinco y media, pides una pizza y vuelves andando a casa muy despacio, casi como si fueras un flâneur, disfrutando del paseo. El frío de la madrugada te despierta. Pasas junto al auditorio. Y piensas por un momento en Marcos, el protagonista de tu Intento de escapada. Te ves a ti mismo como el personaje de tu propia novela. Es una sensación extraña. Una especie de autoficción de segundo grado. Quizá sean los efectos de la noche. O quizá sea que a veces la realidad y la ficción acaban siendo la misma cosa. 

Presente continuo 10 - 16 enero

[Diario personal publicado semanalmente en La Opinion de Murcia]

VIERNES 10
La demora infinita
Hace dos días que venció el plazo para entregar el texto sobre las bienales y aún estás dándole vueltas. Has pedido una moratoria. Así que apagas el teléfono y desconectas la wifi. Sabes que antes o después el “acreedor” reclamará lo suyo y te dirá que el texto urge ya y que las máquinas están paradas por tu culpa. Siempre te ocurre lo mismo. Es el momento más angustioso. Acabas los trabajos siempre en el último segundo o incluso algo más tarde.

Desde que comenzaste a escribir textos, el deadline es algo que siempre te ha puesto de los nervios. Es cuestión de organizarse, se podría decir. En cierto modo sí, pero al final siempre se te echa el tiempo encima. No importa que acuerdes un texto –o una charla– para dentro de cuatro años. Sabes que no te pondrás a trabajar en él hasta que se acerque la fecha. Parece que no sabes hacer nada sin presión. Tu creatividad se dispara cuando sientes la espada de Damocles pendiendo sobre tu cabeza. Si pudieras llegar a ese ritmo e intensidad sin la necesidad de esa presión angustiosa que acaba minando tu organismo, todo sería mucho más fácil –y mucho más sano–.

De todos modos, también es verdad que cada vez te obsesionan menos los plazos. Recuerdas que al principio de tu carrera te tomabas realmente en serio aquella urgencia. Era lo más importante en tu vida. Y no comías, ni dormías, y todo se paralizaba porque creías que el mundo estaba esperando ese texto tuyo y que algo muy grave iba a pasar si no lo entregabas a tiempo. Hoy te preocupa menos. Intentas entrar en tiempo, claro. Pero si no llegas, no llegas. No te va la vida en eso. Ya habrá otra ocasión. Esta vez, afortunadamente, sólo te has pasado tres días. Sabes que es un margen tolerable. Y sabes también que es una revista de prestigio, y que merece la pena el esfuerzo.

Lo dejas todo esbozado al final del día. Falta repasarlo. Mañana lo leerás con ojos nuevos.

Para descansar del trabajo intenso de todos estos días, vas al cine a ver una película mala. La vida secreta de Walter Mitty. Quieres entretenerte y ya está, pero no imaginabas que la cosa pudiera ser verdaderamente tan atroz. Hay algunas imágenes bellas, pero poco más.

SÁBADO 11
Corregir
Te levantas temprano y repasas el texto otra vez. Siempre hay erratas y hay modificaciones de última hora. Lo que iba a ser un simple repaso se convierte en tu tarea de todo el día.

La tarde la monopoliza el fútbol. Primero, el Murcia. Y luego, el Atlético-Barça. Mucha tele seguida. Acabas con dolor de cabeza.

Antes de dormir comienzas a leer Gemelas, la novela de Juan Carlos Chirinos que presentas el miércoles. Es un thriller bastante bien armado y entretenido, lleno de imágenes potentes e intrigantes. Detrás del libro hay un autor experimentado que conoce todos los entresijos de la narración. Te interesa el estilo, las imágenes, la trama, pero sobre el modo en el que trabaja con la tactilidad, los olores y lo escatológico. Y, claro, el lenguaje, ese español mezcla de varios contextos y resultado del mundo global en el que vivimos.    

DOMINGO 12
Sensibilidad
Te quedas solo en casa y lo apagas todo para que nadie te moleste mientras lees la última novela de Ricardo Menéndez Salmón, Niños en el tiempo. Estabas esperando este momento durante toda la semana, encontrar unas horas de soledad para sumergirte del todo en el libro. Menéndez Salmón es uno de tus escritores preferidos. Envidias su inteligencia, su prosa y su sensibilidad. Cada libro suyo es un acontecimiento para ti. Niños en el tiempo parece apartarse de la reflexión más intelectual de sus últimas obras, pero aun así te hipnotiza enseguida con su prosa contundente y rápidamente entras de lleno en el texto. La infancia, la pérdida, el amor, la muerte o la esperanza son en esta ocasión los temas cruciales. Pero sobre todo la posibilidad de la literatura para comunicar el mundo y hacerlo más habitable. Acabas la lectura convencido de que Menéndez Salmón ha construido un espacio literario propio que está al alcance de muy pocos. Es un grande de la literatura.

Por la noche, para culminar un día lleno de sensibilidad, ves La gran belleza. Habías oído hablar tanto de esta película que verla se había convertido en una necesidad. Y no te defrauda. Es bella. Muy bella. Y tanto las imágenes como la historia y las reflexiones están muy cerca de las cosas que te gustan. Sin embargo, te parece algo impostada, demasiado pomposa, quizá. Después de haber leído un texto tan intimista como Niños en el tiempo, la exuberancia de Paolo Sorrentino te parece excesiva. Aun así, la disfrutas. Crees que es una película a la que volverás en el futuro.

LUNES 13
Preparación
Sales a correr temprano. Hace una semana ya desde la última vez. Aguantas poco. Y vuelves con dolor en la pierna. No estás preparado para el deporte, por mucho que lo intentes.

Por la tarde, quedas con L. para tomar una cerveza y hablar sobre su novela. Antes, veis la entrega del balón de oro. Ves a Cristiano Ronaldo llorar. Y algo te emociona. A pesar de toda la apariencia, hay un gran esfuerzo detrás. Puedes comprender las lágrimas. Es el momento más importante para él. Imaginas que desde que se levanta hasta que se acuesta se machaca precisamente para eso. Después, mientras cenáis, habláis de la novela de L. Eres el primero en leerla. Es un privilegio. Y también una responsabilidad. Juzgar la obra de un amigo con distancia es difícil. Pero te ha gustado. Y crees que tiene muchas posibilidades. Estás convencido de que encontrará un buen editor.


MARTES 14
Emoción
Te levantas con dolor de cadera tremendo. Parece un pinzamiento. Te cuesta trabajo andar y vas cojeando a Murcia. Has quedado con A. e I. para hablar de proyectos curatoriales. Después, charlas con B. sobre su tesis. Se te va toda la mañana sin poder escribir nada.

La tarde la dedicas a escribir un texto que tenías que haber entregado la semana pasada. Son setecientas palabras. Pero se te va toda la tarde y parte de la noche haciéndolo.

En la cama comienzas a leer Lolita. Fue uno de los regalos de reyes. Estaba en tu larga lista de grandes libros pendientes. Y mientras lo lees te pasa algo extraño: se te eriza el vello de la nunca y se te llenan los ojos de lágrimas. La belleza de las palabras de Nabokov te produce una especie de Stendhal literario. Tienes que dejar el libro y tomar aire para continuar con la lectura. Crees que es la primera vez que un libro ha conseguido emocionarte de ese modo a través de la belleza de la escritura.


MIÉRCOLES 15
Leguaje
Por la mañana preparas la presentación de Gemelas que tienes por la tarde en La Azotea. Al autor, Juan Carlos Chirinos, lo conociste en Venezuela y advertiste desde el primer momento que es un torrente de energía y sabiduría. Su libro es muestra de eso. Es un placer volverlo a encontrar en Murcia. Dais una pequeña vuelta por la ciudad y llegáis a la Azotea con algo de tiempo para preparar la presentación. No sabes si irá alguien. Es mal día. Hay fútbol, exámenes… nunca se sabe cómo funciona esto de la presentación de libros.

Chirinos es un orador excelente y tremendamente divertido. Así que la presentación sale bastante bien. No son muchos los asistentes, pero se crea un ambiente muy agradable. Al acabar, os quedáis allí un rato hablando de todo un poco y se os hacen las tantas. Después, la noche se alarga. Con M., que había estado en la presentación, bebéis y habláis de literatura, de amor y de sexo.

Hablar de sexo, como decía Roland Barthes, es algo parecido a hacer el amor. El lenguaje roza al otro, las palabras tocan y acarician en el cuerpo como lo haría la propia lengua. De alguna manera, el verbo se hace carne y el cuerpo es capaz de sentir la excitación de las palabras. Quizá por eso llegas a casa con una sensación extraña y te vas a la cama como si estuvieras poseído por el lenguaje.

JUEVES 16
Cuerpo extraño
La resaca es monumental. Por la mañana apenas puedes hacer nada más que responder algunos mails que tenías atrasados. La cabeza te explota. Intentas leer algo que te calme. Vuelves a Lolita. En esta ocasión, el libro te excita tremendamente. Piensas en ese sentido carnal de las palabras y tu cuerpo se estremece.

Por la tarde tienes una pequeña entrevista y después vas a la inauguración de la exposición en el MUBAM. Habías pensado quedarte en Murcia y dar una vuelta, pero estás cansado y tienes ganas de volver a casa cuanto antes. Así que te vas rápido de la inauguración, compras dos kebabs y cenas con R. mientras veis un capítulo de Orphan Black.  


Te vas rápido a la cama sin saber muy bien lo que te pasa. De repente, sientes que necesitas distanciarte del mundo por un tiempo. Lo has percibido en algunos momentos durante esta semana. Te gustaría desaparecer, encerrarte y disolverte para tomar fuerzas. A veces sientes que todo esto te agota. Seguro que mañana será otro día.

12/1/14

Presente Continuo 3 - 8 enero

[Diario personal publicado semanalmente en La Opinion de Murcia]

VIERNES 3
Atrincherado
Se te ha echado el tiempo encima. El día 8 tienes que entregar un artículo sobre las bienalización del arte para Revista de Occidente y no has podido aún ponerte con él. La novela te ha tenido entretenido y no ha dejado espacio en tu cabeza para otra cosa. Pero ya no hay tiempo que perder. Así que, tras hacer una prospección por las estanterías de tu biblioteca, comienzas la mañana haciendo un despliegue de libros y documentos sobre la mesa. Durante las últimas semanas te has hecho con todo lo que creías que podría ser interesante para tu artículo, lo has ido archivando y ahora ha llegado el momento de ponerlo frente a tus ojos. Cuando miras todo lo que tienes, te sientes abrumado y te entran los nervios. Ni en varios meses tendrías tiempo de leer y procesar todo eso. En una semana apenas te dará tiempo a hojearlos y poco más. Leer algún capítulo, buscar la información importante, centrarte en lo más relevante… Aunque sabes que no vas a poder leerlo todo, te gusta rodearte de los libros, casi como si confiaras en que te van a transmitir algún tipo de conocimiento simplemente por tenerlos a tu lado. Quizá por eso levantas una pila de libros alrededor del ordenador y metes la cabeza entre ellos, como si te hubieras construido una especie de trinchera simbólica desde la que poder pensar. Esos pequeños rituales te ayudan a escribir.

Pasas todo el viernes encerrado entre libros y apenas sales media hora a correr para ver la luz del día y despejarte. Después, vuelves y sigues hasta la madrugada. Trabajo continuo.

SÁBADO 4
Ermita
Sales a correr temprano para intentar bajar lo que vas a comer un sábado más en el Yeguas. Le prometiste a L. que lo ibas a llevar y, como ha terminado su novela y quiere celebrarlo, cumples tu promesa. Rápidamente se integra entre los huertanos. Coméis conejo frito con patatas y ves cómo disfruta con la comida. A las doce y media ya estáis bastante contentos y tu hermano P. insiste en llevar a L. a ver la ermita de la Virgen de la Huerta, que está apenas a unos minutos de allí. Tu hermano la muestra como si fuera su casa. Siempre te ha hecho gracia lo orgulloso que está de ella. Es como un pequeño tesoro en medio de la huerta. Igual que la Virgen, que tu él mismo hizo cuando tenía quince años y que ahora incluso parece que va a llegar a convertirse en patrona de los agricultores murcianos.

Mientras L. ve la ermita, tú subes al órgano de tubos e improvisas algo hasta hacer una versión libre del Tubular Bells de Mike Oldfield. Mientras lo haces, recuerdas que durante mucho tiempo fuiste organista allí, y que antes fuiste monaguillo, y que abrías todos los domingos la ermita, y que tocabas las campanas, y que ibas para cura si no hubiera sido porque te gustaban mucho las mujeres y que la tentación jamás la has podido aguantar –y porque después comenzaste a verlo todo menos claro, y porque ahora crees lo justo y a veces un poco menos–. Pero cuando entras en la ermita parece que todo lo anterior revive y por un momento haces como que crees –o quizá sea que en el fondo algo sigues creyendo–.

Después del concierto de órgano, volvéis al Yeguas. L. quiere probar el morro y la carne a la brasa. Y seguís comiendo y bebiendo hasta que vuestros cuerpos comienzan a oponer resistencia.

Llegas a tu casa con el tiempo justo para salir para Nueva Condomina. Ves el Murcia con un dolor de cabeza tremendo. Pasas algo de frío en el campo. Ni siquiera te importa que el Murcia acabe perdiendo. Quieres llegar a casa y acostarte.

DOMINGO 5
Reyes Magos
Te sientes algo resfriado. Pasas todo el día encerrado en el despacho leyendo para el texto sobre las bienales. Todavía no tienes ni idea de lo que vas a escribir. Simplemente tomas notas de lo que lees. Te vienen cientos de ideas a la cabeza sobre artículos que podrías escribir si tuvieras tiempo. Te das cuenta de que es un tema apasionante. Pero ahora no hay tiempo de explorarlo a fondo. Tienes que buscar algo concreto para poder afrontar el texto y entregarlo en su fecha. Has comenzado demasiado tarde. No has sido previsor.

Tampoco has sido previsor y has olvidado comprar un regalo de reyes. Vas a Murcia confiando en que la tienda esté abierta. Pero no sólo no lo está, sino que la han quitado hace algún tiempo. Te entra la ansiedad y no puedes evitar comprar un roscón. Cuando llegas a casa, cortas un poquito para probarlo y ya no puedes dejar de comer. Es como si tuviera algún tipo de droga. Antes de que llegue la noche, lo has devorado prácticamente entero.

Intentas convencer a R. para que os deis los Reyes Magos esa noche. Nunca os ponéis de acuerdo. En su casa llegaban el día 6 por la mañana. En la tuya llegaban el 5 después de cenar. Recuerdas la emoción que sentías. Y recuerdas también que, a una edad temprana, comenzaste a tener sospechas de que en todo aquello había algo raro porque tu hermano siempre llegaba algo tarde después de los regalos. Una noche te escondiste detrás de una pared y viste allí a tu hermano atar con cuerda los regalos a la ventana. Porque en tu casa los reyes dejaban los regalos atados con hilo palomar y colgados de la ventana. Pero tú no sentiste ninguna decepción. Sino todo lo contrario. Recuerdas que aquello te pareció mágico y fascinante. Descubrir que los reyes no eran los reyes sino que eran tus padres y tus hermanos te resultaba mucho más hermoso. Al fin y al cabo eso significaban que todos aquellos juguetes te los había traído la gente que querías, y sobre todo, que algún día tú serías también el depositario de esa especie de magia que producía felicidad.

Esta noche, los Reyes te traen libros y películas. Son libros y películas que tú podías haber comprado en cualquier momento, pero que ahora tienen un significado especial, mágico. Y es que ese objeto es mucho más que un objeto en sí. Tiene un contenido invisible que va mucho más allá de la simple mercancía. De algún modo, el objeto, no importa cual sea, es un símbolo, un ofrecimiento a cambio de nada. Cuando uno regala se abre al otro, se expande. El don no es una pérdida sino una plenitud, es una de las mayores formas de amor. Quizá por eso nos gusta regalar, porque es una manera de materializar el amor –aunque también es cierto que esa materialización se convierte hoy demasiadas veces en puro materialismo–.  


LUNES 6
Resfriado
Dolor de cabeza, mocos y fiebre. El resfriado ha vuelto a ocupar tu cuerpo. Afortunadamente, esta vez te permite pensar y puedes seguir trabajando. Sigues con el texto de las bienales, leyendo y tomando notas. Aún no sabes qué vas a escribir.

Al mediodía vas a la huerta a llevarle los Reyes a tu ahijado, el hijo de tu sobrino J. Lo que más le gusta es el pequeño peluche de oso panda que le trajiste de China y aún no habías tenido la oportunidad de dárselo. Como padrino, eres lo peor. Lo sabes.

Por la noche, ves el segundo capítulo de Sherlock y te decepciona. Es una serie prodigiosa que esta temporada, sin embargo, se ha convertido en una especie de imagen de sí misma. Un manierismo en el que cada secuencia y cada frase parece hecha sólo de cara a la galería, consciente de que el verdadero éxito de la serie ha sido el fenómeno fan en Internet.

MARTES 7
“Vuelta” al trabajo
Fin de las “vacaciones” . Primeros exámenes de enero. Se presentan pocos alumnos. Lo pones fácil. Ya casi no les quedan convocatorias. Mientras vigilas el examen, comienzan a llegar e-mails solicitándote textos y papeles que tienes que entregar. Intuyes que la cuesta de enero va a ser demasiado larga.

Por la tarde, encerrado entre libros, empiezas por fin a ordenar las ideas sobre la bienal y comienzas a escribir. “La bienal como obra de arte total”. Ya tienes tema. Recopilas todas las citas, cortas y pegas las notas que has tomado y empiezas poco a poco a darle forma a todo. Acabas de madrugada y algo mareado. Has estado casi ocho horas sin levantarte de la silla. Después, tienes pesadillas

MIÉRCOLES 8
El texto infinito

Es el día de entrega del artículo y ahora que sientes que la cosa comienza a fluir y disfrutas con lo que haces te gustaría tener al menos una semana más para dar forma a lo que tienes en la cabeza. Siempre ocurre igual: acabas frustrado. Pocos textos has terminado de los que te sientas absolutamente orgulloso. Si por ti fuera estarías siempre dándole vueltas y buscando más lecturas hasta completar lo que falta. Sería el texto infinito. Y quizá en el fondo lo es. Quizá todo lo que publicas no son otra cosa más que fragmentos y pequeños esbozos de un verdadero texto que sería la suma de todos los textos que has escrito y estás por escribir. Eso al menos es lo que piensas para consolarte mientras intentas poner fin de la manera más digna posible a lo que tienes que entregar en unas pocas horas.

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