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Presente continuo 27 diciembre - 2 enero

[Diario personal publicado semanalmente en La Opinion de Murcia]

VIERNES 27
Ver la historia
Llevas desde ayer sin dormir dándole vueltas a la novela. Nunca te había costado tanto planificar algo. Páginas y páginas de estructura que siempre se atascan en el mismo lugar. Estás desesperado. No puedes seguir escribiendo hasta que puedas formarte en la mente una imagen de todo lo que va a suceder. Sabes que otros escritores comienzan a escribir y van descubriendo la historia paso a paso. Pero tú necesitas un mapa. Un mapa aproximado. Por supuesto, luego podrás perderte. Pero siempre estará el mapa. El orden las cosas. Tú tienes la historia. Sabes más o menos lo que sucederá, pero te falta estructurarlo. Te falta la trama, el modo en el que la historia se entrelaza para convertirse en novela.

Sin embargo, desde ayer vas sintiendo que poco a poco todo comienza a ordenarse. Sales a pasear, a correr, te tumbas en la cama, das vueltas constantemente intentando encontrar la forma precisa y percibes que algo está formándose. El puzle caótico de fragmentos empieza a encajar. Una imagen empieza a mostrarse. La intuyes, pero aún no la ves del todo. Necesitas materializarla, tocarla, apresarla en la realidad. Recuerdas entonces que tienes guardadas en un cajón unas cartulinas antiguas de colores que compraste en una papelería en Estados Unidos. Las sacas, las extiendes sobre tu mesa y escribes en cada una de ella capítulos, escenas, diálogos y pequeñas historias que comienzas a ordenar como si fueras el montador de una película. Las mueves, las cambias de sitio, eliminas algunas, insertas otras. Y ves que todo empieza a cuadrar de verdad. Es como un mecano. Funciona. Suspiras aliviado. Funciona. Por primera vez contemplas con claridad tu novela. Es como si toda la historia estuviera desplegada, abierta, desmontada ante tus ojos. Y saltas de alegría. Es uno de los momentos más importante del acto creativo. La estructura. Está ahí, delante de tus ojos. La has visto, incluso has podido tocarla. Ahora, por fin, comienzas a creer en que todo esto puede llegar a algún lado.

Por la noche, ves Nymphomaniac. Lars von Trier es una de tus referencias. Algunas de sus películas te han dejado seriamente perturbado. Y tienes muchas esperanzas puestas en este trabajo. Sin embargo, sales del cine indignado. Es una operación de marketing lamentable. Una estafa. Estrenar una película que no es más que la primera parte de algo que ni siquiera es la versión del director no se puede definir con otra palabra. Una estrategia para ganar dinero, crear expectación y llenar salas. Sientes que te han tomado el pelo. Y eso hace que incluso dejes de apreciar las pocas virtudes que tiene la película, que desde luego está a años luz de otras creaciones del cineasta danés. Decides esperar a la forma definitiva para posicionarte, pero por lo que has visto no te parece nada del otro mundo. Ninguna provocación, ninguna sabiduría, nada cambia en ti por dentro. Te deja, como a la protagonista, absolutamente frío. No sientes nada. Y eso, piensas, es lo peor que puede suceder con una obra de arte, que no modifique ni un ápice tu sensibilidad.


SÁBADO 28
El Yeguas
A las diez de la mañana, almuerzo en el Yeguas con tus hermanos. Es una de las excusas que tenéis para encontraros en estas fiestas. En el Yeguas hay una foto tuya en una esquina. Pocas cosas te hacen más ilusión. Era casi como una casa para tu padre. Y lo sigue siendo para tus hermanos. Un merendero de la huerta que ya es toda una institución. Y un lugar que para ti es una puerta de tiempo en la que te reencuentras con tu pasado. La huerta, lo que queda de ella, está condensada allí. Un regreso al origen que siempre te hace feliz.

Esta mañana te intentas levantar lo más temprano posible, pero aun así llegas con el café con leche en la garganta. Las diez de la mañana no es la mejor hora para almorzar. Sobre todo si el almuerzo es a base de carne a la brasa, morro, tocino, habas tiernas y toda clase de embutidos. Pero tu estómago lo resiste. Y no se achanta ni siquiera ante el vino con casera y los cubiletes de whisky que te tomas a las doce del medio del día. A la una estás contento como si fueran las cuatro de la mañana. Por supuesto, no comes en casa. Y desobedeces la máxima de tu hermano: “más vale comer dos veces que tener que dar explicaciones.”

La siesta que duermes es monumental. Te despiertas sin saber ni dónde te encuentras.


DOMINGO 29
Recorrer la estructura
Despiertas temprano y te metes de lleno en la novela. Tienes que pasar la estructura al ordenador. La escribes varias veces y de varias maneras, la transitas, la recorres y la examinas como si así la estuvieras atando para siempre. Es muy difícil tener en la cabeza toda la novela, pero intentas hacerlo, crear los nodos de memoria entre las escenas y las historias para que todo sea más fácil. Esa es, crees, una de las mayores diferencias entre el cuento y la novela. Que el cuento es un vistazo, una imagen que se puede ver rápidamente; y la novela es un rizoma, un árbol lleno de raíces complejas y vasos comunicantes.

Por la noche, cena con L., J., A. y unos amigos. Habláis de literatura y llegáis a la conclusión de que Murcia está llena de muy buenos escritores. Hay que hacer algo, un congreso, un libro, lo que sea. Y acabáis en un karaoke cantando temas de Julio Iglesias. Afortunadamente, está casi vacío y no hacéis demasiado el ridículo. Después, tomáis la última en el Revólver y te despides de ellos. Te quedas con otros amigos que encuentras hasta que cierran todos los bares. Regresas a casa andando a pesar del frío, la hora y la distancia. Estás feliz. Tienes la estructura de la novela en tu cabeza. De camino, la repasas otra vez. La tienes. Ha tardado. Y ahora no se puede escapar.

MARTES 31
Sueños cumplidos
Por la mañana te centras de nuevo en la novela. Quieres dejarlo todo claro antes de que acabe el año. Comienzas un cuaderno nuevo y abres un archivo nuevo en el ordenador. Pones a punto todas las cosas para comenzar a escribir al día siguiente. Es como un ritual, dejarlo todo preparado para poder empezar el año escribiendo. Necesitas estos pequeños actos simbólicos.

Justo cuando terminas, se enciende la luz de tu despacho. Lleva sin funcionar más de medio año, prácticamente desde antes del verano. Y ahora parece haberse arreglado milagrosamente. Le das al interruptor y se apaga y se enciende a la perfección. Lo interpretas como una señal. Se ha encendido la luz. Tu periodo de ofuscación ha llegado a su fin. Eso es lo que quieres pensar.

Te cambias rápidamente de ropa para correr la San Silvestre de Murcia. Es la primera vez en tu vida que lo haces. Y lo único que quieres es pasar un buen rato y poder acabarla sin problemas. Te pones tu gorro de reno y corres los 6,6 kilómetros junto a J., hablando y disfrutando del recorrido. Es una experiencia magnífica que prometes repetir.

A la vuelta, mientras te duchas y te preparas para la cena, rememoras el año. No ha podido ser mejor. Ha sido un año lleno de sueños cumplidos. Pero sabes que para otros la cosa ha estado muy jodida. Más que de costumbre. Así que no pides más para ti. Tienes suficiente. Este año los deseos son para los demás. Para los que conoces y para los que no. Que 2014 sea bueno. Que sea mejor. Al menos que no sea peor.

Por la noche, cenas con R. en casa de su hermana M. Una cena informal, sin demasiada elaboración. Lo pasáis bien y os divertís un rato. Veis las campanadas en la primera. Os abrazáis. Un año más. El futuro no deja de llegar.

La noche no se alarga demasiado y a las cuatro estáis ya en la cama. Es suficiente. Tampoco es necesario más. Lees un poco antes de dormir. El año comienza tranquilo. Apacible. Feliz.

MIÉRCOLES 1
Comenzar
Te levantas sin resaca y pones el concierto de año nuevo. El mundo sigue estando en el mismo lugar. Entras a tu despacho y escribes. Desde el principio. En el cuaderno. Todo estaba dispuesto. Comienza el año y comienza la escritura. Y todo funciona a la perfección. Das gracias al mundo por tener la suerte de experimentar estos momentos.

JUEVES 2
Mejor persona
Primera lectura del año. Stoner, la novela que John Williams escribió en 1965. Es un libro asombroso. Una obra maestra injustamente olvidada. Lo acabas bien entrada la madrugada después de no haberlo podido dejar durante todo el día. Es una historia aparentemente sencilla y sin demasiadas pretensiones, la vida de un hombre humilde que se convierte en profesor de universidad y que cree en lo que está haciendo. Un hombre común con una vida normal. Nada más. Pero esa normalidad hace que el personaje respire y parezca vivir realmente. Es una historia que te interpela y en la que te sientes reconocido. Por eso la acabas con lágrimas en los ojos y absolutamente conmovido. Stoner es magia. Te transforma. Te hace mejor persona. Para eso sirven los buenos libros. Y quizá ésa sea la única y verdadera función del arte, hacer el mundo un lugar mejor.