30/5/11

Allí donde la ropa se entreabre

"¿El lugar más erótico de un cuerpo no está acaso allí donde la ropa se entreabre? En la perversión (que es el régimen del placer textual) no hay "zonas erógenas" (expresión por otra parte bastante pesada); como bien ha dicho el psicoanálisis, es la intermitencia la que es erótica: la de la piel que reluce entre dos prendas (el pantalón y el pulóver), entre dos bordes (la camisa entreabierta, el guante y la manga); es ese centelleo el que seduce, o mejor: la escenificación de una aparición-desparición" (Roland Barthes, "El placer del texto").

Atrapado

Soñó que despertaba. Y en aquel sueño, nunca más pudo volverse a dormir.

29/5/11

#despertar

La semana pasada, dos días antes de las elecciones, escribía aquí de lo que suponía un movimiento como el 15M y sus derivas. Lo que más interesante me parecía era la visualización de un conflicto y la formación de una imagen múltiple del descontento. Algunas de las claves de la #spanishrevolution están en la articulación de grandes consensos en torno a ideas fundamentales y en el trabajo con las redes sociales a través de la participación deslocalizada y plural. Dos puntos que, paradójicamente, ahora se encuentran en peligro.

El primero de ellos tiene que ver con el modo en el las primeras demandas se están convirtiendo en propuestas y acciones demasiado específicas, de tal manera que los grandes consensos sobre lo fundamental –y especialmente sobre las formas de conseguirlo– se agrietan. La clave del movimiento y lo que hace que tanta gente lo apoye está en lograr hacer valer y oír la presencia del sentido común. Un sentido común que consiste en demandar justicia, honestidad, dignidad. El problema, claro está, lo encontramos cuando esa demanda amorfa, ese grito de indignación, comienza a tomar forma a través de la concreción, cuando comienza a delimitarse demasiado. Es entonces cuando la multiplicidad de ideologías, voces y situaciones del 15M comienzan a chocar entre sí, cuando las demandas de cambio se quieren hacer tan específicas que ya dejan de ser de todos. Es el paso de la Democracia Real Ya a la Democracia Real Yo, donde cada uno quiere hacer valer su punto de vista, y donde cada cual tiene su sentido de la justicia, la honestidad y el respeto. Y es entonces cuando entra en juego la aporía de todo esto: ¿cómo hacer oír la voz del pueblo cuando el pueblo mismo está construido a través de una multiplicidad que no puede ser reducida? La única respuesta es la concentración en torno a puntos esenciales, el tan traído y llevado “consenso de mínimos”, que nos sirve casi como elemento de cohesión estratégico para formalizar una “imagen del pueblo” que de otro modo sería imposible.

La segunda cuestión para pensar tiene que ver con la duración y la espacialización de la protesta. Y es que un movimiento que tenía su fuerza en la potencia de lo inesperado ya está demasiado tiempo en las plazas –y no critico la ocupación, que me parece legítima, sino la efectividad de dicha ocupación–. El vigor de una imagen política, ya lo decía Benjamin, es el de un parpadeo que desaparece y reverbera. La movilidad es el espacio de lo político. Lo contrario es estabilidad y rigidez, y se parece demasiado a lo que se critica. Sin lugar a dudas, es hora ya de levantar los campamentos y de trasladar eso a nuestra vida cotidiana, de llevar esas ideas y esos modos de agrupamiento y colectividad que sea visible pero no tan excesiva y delimitadamente visible como se están haciendo las acampadas.

En cualquier caso, hay que quedarse con lo bueno de todo esto. Y es que una generación que creíamos perdida, que imaginábamos absolutamente adormecida, comienza a despertar. Y también a despertarnos. Una mecha ha prendido. Y eso es mucho. Creo que los partidos políticos –todos–, pero también el resto de los poderes sociales, deben darse cuenta de la situación o, con el tiempo, la cosa realmente se les va a ir de las manos. Lo que ha quedado claro de todo esto es que la gente no está absolutamente atontada y que ya no se la puede chulear con total impunidad. Lo demás irá llegando.

[Publicado en La Razón, 27/05/11]

27/5/11

Estética relacional

Entre las miles de cosas que me llaman la atención de las acampadas, mi visión de historiador del arte me lleva también al sentido artístico de todo esto. Y no puedo evitar pensar, cada vez que paso por #acampadamurcia, en Nicolas Bourriaud y en la estética relacional, y especialmente en la obra de Thomas Hirschhorn, con esa estética precaria del cartón, la cinta adhesiva y la acumulación de elementos significativos. Aunque evidentemente es al revés –es Hirschhorn quien se inspira para su obra en la realidad–, no puedo borrar de mi mente las instalaciones que he visto de este y otros artistas relacionales y observar los campamentos, al menos momentáneamente, como si fueran una gran obra de arte, una gran performance donde, por fin, la reunión, la comunidad, la relación... (todo eso que predicaba Bourriaud) hubiera llegado a la calle real. Una estética precaria, callejera, casi de colegio de primaria, que, sin embargo, convive con tecnología avanzada. Entre el cartón y las pancartas cutres, uno encuentra MacBooks, iPhones y Blackberrys a cascoporro. Parece como si el cartón y la cinta adhesiva fuesen la forma material de Twitter. Y esto me parece muy curioso para reflexionarlo con detenimiento: la convergencia de tecnologías avanzadas y tecnologías precarias, el entrecruzamiento de medios y formas que se dan la mano para articular mensajes, consignas y formas de relación.

Las imágenes que siguen son de #acampadasol, #acampadamurcia y de algunas instalaciones de Hirschhorn y otros relacionales.






23/5/11

Rutina...

Y mientras tanto, la vida sigue. Esta semana, por fin, acabo las clases de Historia del Arte Contemporáneo y me puedo dedicar con cierto detenimiento a los textos y conferencias que tengo preparar, amén, por supuesto, de mi oposición a la universidad y de la música, que ya no me puedo quitar de encima. La semana pasada terminé ya con "Metodologías de la Historia del Arte" y me dio una pena tremenda. Creo que ha sido una de las veces en las que más a gusto me he sentido en clase. He redescubierto a Freud. He vuelto a leer, ahora conscientemente, a Marx. He disfrutado con Lukács. Y me he sorprendido con Althusser. Y por supuesto, he vuelto a enamorarme de Benjamin.

22/5/11

Reverberación

Resultados electorales absolutamente previsibles. Habrá que dar la enhorabuena a los ganadores. Ganadores legítimos a los que ha votado un pueblo igual de respetable (pero, desde luego, más numeroso) que el de nuestra Democracia Real "por venir". Los movimientos de estos días juegan en otra liga. Y esa sigue más allá de todo esto. El acontecimiento se ha producido. La posibilidad existe. Y su reverberación no debe cesar de escucharse.

Aprender otra vez

Durante todos estos días he estado pensando en cómo escribir un artículo serio y meditado sobre la #spanishrevolution. He pensado mil comienzos, mil desarrollos, pero al final no ha sido posible escribir nada en condiciones. Y eso, creo yo, ya es para mí una muestra de la potencia del movimiento, la imposibilidad de dar una imagen clara y concisa de todo. Y es que se trata de un movimiento lleno de aristas (15-M, indignados, acampados, #nolesvotes...). Los hashtags de Twitter son quizá la mejor definición. Una descripción cambiante y en constante fluctuación: #acampadasol #estoesreflexion #nolesvotes #yeswecamp... Y, el denominador común, #spanishrevolution. Es decir, algo que se mueve en España, pero que no deja en ningún momento de ser "algo" que no se puede llegar a definir del todo. Y ahí está su fuerza, en la indefinición.

Es cierto que decía en post anteriores que ya se había conseguido dar una imagen a la protesta y a la indignación. Y esto me parecía un objetivo conseguido. Pero el gran éxito de todo está siendo que esa imagen sea una pluralidad, una multiplicidad. Es la fuerza de lo que no tiene forma definida, la potencia del rumor que sin embargo se escucha cuando es necesario.

Lo único claro es que cuando uno está en las acampadas se le ponen los pelos como escarpias. El viernes pasado, en la #acampadamurcia, se me saltaron las lágrimas al ver a un alumno (uno de esos que están sentados en clase y apenas hablan) coger el micrófono y, ante una plaza abarrotada, plantear una serie de reflexiones y propuestas que parecían salir de la boca de Rancière o Badiou.

No sé, realmente, si esto irá hacia algún lugar. Tampoco importa. El acontemiento, el evento radical ya ha tenido lugar y supone un antes y un después. Pero, desde luego, lo que está claro es que esta generación nos está dando una lección, estos chicos que creíamos absolutamente dormidos y obnubilados por el espectáculo están intentando despertarnos. Son ellos los que ahora nos enseñan. Es nuestra responsabilidad aprender y aceptar que, en realidad, no sabíamos tanto.

20/5/11

Fracasa mejor

Y ya veremos si luego se va todo a tomar porsaco. Pero merece la pena probar. Aunque sea para fracasar: "Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor" (Samuel Beckett).

Sentido común

El pueblo no para de sorprendernos. Es la fuerza de la indignación. Antes o después la cosa tenía que explotar por algún lado. La #spanishrevolution es una realidad. No sé si se conseguirá algo concreto, pero de momento la indignación ya tiene imagen. La imagen de un pueblo que no aguanta más. Hacerse ver y hacerse oír es ya un objetivo cumplido. Ahora toca saber cómo "editar" Matrix. Desde luego, propuestas comienza a haber. Y muchas de ellas, absolutamente realizables. Pero, sobre todo, lo que comienza a ser incuestionable de este movimiento y de la #spanishrevolution en general es la apuesta por algo de lo que el mundo había comenzado a carecer: sentido común –además, en todas las acepciones del término–.

18/5/11

Microblogging

En las últimas semanas, y ya lo he escrito aquí varias veces, apenas tengo tiempo de actualizar el blog. Los pensamientos rápidos y sueltos que antes servían como entradas del blog ahora los vierto en Facebook o Twitter. El microblogging está ganando la partida. La ocurrencia, la cita, el aforismo, el comentario, la simple memoria de lo que voy leyendo o haciendo, está quedando para Facebook. Y el blog se está transformando en un repositorio de textos más largos y articulados, muchos de ellos ya publicados previamente en el periódico. Estos días, sin embargo, intentando buscar algunos datos de lo publicado en Facebook, me he dado cuenta de que es casi imposible volver atrás.

Facebook o Twitter son puro presente. Apenas hay memoria de lo escrito. O, aunque permancezca, es casi un contrasentido volver atrás para recuperar nada. Lo propio del medio es el tiempo-presente. La memoria, el recuerdo, es algo para lo que la herramienta no está concebida. El blog, sin embargo, mantiene aún algo del sentido de permanencia que tiene el diario o el libro impreso. En el blog, el sentido del archivo aún se puede rastrear. Es, por supuesto, una herramienta del presente, que nos permite el tiempo real, la reflexión de actualidad, pero que aún permite una cierta memoria, un cierto recuerdo de lo que uno ha sido.

De vez en cuando, yo tenía la manía de pasearme por el blog hacia atrás y recordar viejos posts como el que mira viejas fotos, haciendo memoria, demorándome en momentos del pasado que, por las más variopintas razones, a veces es necesario traer al presente. Ayer me puse melancólico y quise echar la vista atrás. Y me di cuenta de que los recuerdos del último año (los escritos, digo) ya no están en el blog. Están en los momentos puntuales y breves de Facebook. Pero allí ya no es posible volver a recuperarlos. Porque aquello es casi como la mente de uno, está llena de ruido de fondo. Un ruido que, sin embargo, en el blog está atenuado. Aquí sólo están las figuras de la memoria. Por eso, he decidido volver a utilizar el blog como memoria. Volver a poner aquí las pequeñas citas, los pequeños comentarios, los aforismos o las ocurrencias. Quizá no todas, pero sí muchas, algunas de las que me gustaría recordar. Así que, en adelante, es posible que el blog vuelva a ser algo vivo y no esta herramienta inerte en la que se había convertido. Esa es la intención. Ya veremos.

14/5/11

La catástrofe cercana

Hoy no es posible escribir de otra cosa. El terremoto de Lorca nos ha sacudido en todos los sentidos. Desde luego, no es el de Japón o el de Chile. Ni la magnitud del seísmo, ni las consecuencias –afortunadamente para nosotros– son las mismas. Sin embargo, la cercanía hace que la conmoción se note mucho más. Uno ve las imágenes en los diarios o en la televisión y no acaba de creérselo. Los coches rotos, los edificios caídos, las imágenes –terribles y denunciables– de los cadáveres en el suelo, sepultados… Parecen instantáneas de un país lejano.

Hay una especie de imposibilidad de ajuste entre las imágenes –siempre lejanas– y la realidad –tan cercana–. En alguna ocasión he escrito aquí de la relación de las imágenes de la catástrofe con lo sublime y con la idea de que sólo es posible la catarsis de las imágenes si la vida de uno no corre peligro, si existe un distanciamiento. El imaginario del desastre es siempre, imaginario del desastre del otro, de lo alejado, de lo que nos permite la justa distancia para estar a salvo.

Cuando vemos las imágenes del seísmo de Lorca, cuando conocemos y estamos tan cerca de lo ocurrido, cuando “nos podría haber pasado a nosotros”, lo sublime se suspende y se torna siniestro y perturbador. Ya no encontramos manera alguna de ajustarnos a esa imagen que presupone distanciamiento. Las cosas entonces cambian por completo. Y en cada imagen nos sentimos aludidos, punzados, tocados. Y se nos saltan las lágrimas. Aunque no sea tan terrible como Japón, aunque no sea tan devastador como en Chile. Pero no se puede remediar. Por mucho que queramos pensar de otro modo, como reza el dicho popular, “a cada uno le duele lo suyo”.

[Publicado en La Razón, 13-5-11]

13/5/11

Lorca

Blogger ha estado roto durante un día y se ha borrado la entrada que dediqué al funesto terremoto de Lorca. Después de las primeras noticias, hemos sido conscientes de que la cosa ha sido terrible. Nueve víctimas, muchos heridos y una ciudad desolada. Parece que las desgracias cuando suceden cerca son más desgracias, que los muertos de uno son más muertos, que las heridas del vecino duelen más que las de quien no se conoce. Esto es así, y es inevitable. Desde aquí, envío un fuerte abrazo a los vecinos y amigos lorquinos.

11/5/11

Terremotion

Murcia se mueve. Lo dicen en todos los lugares. Y ahora resulta que se mueve de verdad. Hoy ya llevamos dos terremotos. Lorca como epicentro. Afortunadamente, parece que la cosa no ha sido excesivamente grave, sólo daños materiales. [Pues no, última hora: la cosa sí que parece grave y hay ya tres víctimas mortales].

Escribo ahora, a bote pronto, para apuntar una idea que no quiero que se me olvide y que me gustaría desarrollar con más detenimiento. Y es la reacción de la gente en las redes sociales. En twitter y facebook, cada dos segundos alguien se entera de que ha habido un terremoto y dice: "la tierra tiembla". O se entera de que ha habido una réplica y dice: "otro, otro, qué miedo". Y acojona al personal haciéndole creer (sin pretenderlo) que ha habido otro más. A mí me entra el susto cada vez que leo algo así. Y me hace pensar esto en la importancia del tiempo real y la sincronización de las redes sociales. Hay cosas que sólo se pueden twittear en tiempo real, o que llevan a la confusión. También esto nos habla de los umbrales de experiencia del sujeto. Cuando uno dice "otro, otro", hace referencia a su mundo previo, a su conocimiento, pero no hay un marco de intepretación compartido, así que acaba produciéndose un sindiós importante. No sé, hay que pensarlo con detenimiento. Me ha llamado la atención la cosa y, como hacía tiempo que no escribía aquí en el blog a bote pronto y sin pensar, pues me he decidido a hacerlo sin ni siquiera revisar lo que digo. Quizá no tenga demasiado sentido este post. Pero es lo que se me ha ocurrido en medio de las réplicas, escribir aquí, bien agarradico al ordenador, no vaya a ser que esto se vaya a tomar porsaco.

7/5/11

La vida nuda de Bin Laden

En «Homo Sacer», Giorgio Agamben habla de la figura del derecho romano que se aplicaba a aquellos sujetos cuya vida, tras haber cometido un delito, estaba expuesta al poder soberano. El homo sacer no podía ser sacrificado, pero podía ser asesinado sin impunidad, ya que su muerte no tenía valor alguno. Esta figura, que Agamben recupera para hablar de los parias del siglo XX –masas exterminadas que no llegan a ser sujetos políticos, sino mera vida física– sitúa al individuo al margen, entre la ciudadanía y la vida social. Está vivo, pero es como si ya estuviese muerto, como los forajidos de los Western: «Se busca vivo o muerto».

En cierto modo, el asesinato –porque matar a alguien, ya sea «legalmente», en guerra, o en acto de terrorismo, no es otra cosa que asesinato– de Osama Ben Laden sólo se entiende según el modelo del homo sacer. De hecho, el titular de las noticias ha sido: «EE.UU. mata a Ben Laden». Es decir, es el pueblo, «el poder soberano», el que imparte justicia y juzga que esa persona ya no es una persona. El problema está aquí, por supuesto, no en que el sujeto mereciese ser matado –y descuartizado en trocitos pequeños–.

El problema es lo que supone que un poder soberano, el estadounidense, expanda su soberanía a un lugar lejano, y allí, con total impunidad alguna, «haga justicia», y no sólo para desarticular una red terrorista –que, desgraciadamente, seguirá operando–, sino para realizar una «venganza simbólica». Y para que esto suceda así sólo hay dos opciones: que estemos en guerra o que hayamos asistido a un acto de terrorismo global. Si en su día no apoyamos esa guerra, no podemos ahora congratularnos felizmente con este asesinato –aunque hubiésemos querido matarlo con nuestras propias manos–.

[Publicado en La Razón, 6-5-11]