8/8/10

Hacia el dolce far niente

En efecto, Mariana y los comanches es una gran novela. Y Ednodio Quintero, un gran escritor. El juego literario y el juego amoroso que propone este libro me ha devuelto las ganas de escribir y de sacar del cajón una cosa que tengo esbozada desde hace algunos años. Quizá sea momento de recuperarla ahora, aunque tendrá que esperar como poco una semana. Y es que mañana salgo para Zaragoza a recluirme siete días en un balneario. Es algo que he pensado hacer muchas veces, pero que siempre, por alguna razón inesperada, he tenido que posponer para un futuro incierto. Ahora, en esta racha que llevo en la que el "para otro momento" comienza a realizarse, me he tomado en serio el asunto del descanso veraniego, y en lugar de realizar un viaje de esos de los que luego uno tiene que recuperarse, estas vacaciones voy a explorar las vicisitudes del dolce far niente y, sobre todo, a adentrarme en la práctica del noble arte de tocarme las partes bajas. Un toqueteo en el que, por supuesto, me acompañará womahn, que en el fondo ha sido la que ha perpetrado el plan. Y junto a womahn también vendrán conmigo algunos libros y el ipad. Lecturas relajadas para una semana de desconexión. Una semana en la que intuyo que no navegaré demasiado por Internet. Así que, a no ser que me entre el vértigo bloggero, hasta la semana que viene este no (ha)lugar permanecerá tal y como lo dejo ahora, limpito y aseado, pero sin nada nuevo que contar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que vas hacer se llama “tener cordura”, es una suerte encontrarla o recuperarla siendo joven, yo, por ejemplo, me la adjudiqué a los casi setenta, y ahora recién cumplidos los setenta y dos (el 6 de Agosto) me arrepiento de no haber mimado antes mi “cordura.
emilio

Jesús Garrido dijo...

perdón, llegué por accidente, estaba hablando con mi amiga cuando un inoportuno mosquito se ha detenido en la pantalla de mi teléfono móvil, echaré un vistazo a su blog, [el mosquito ha muerto, lo he chafao]

Antonio Rentero dijo...

Si es que no hay nada como ser ayudado por la persona amada en la nunca suficientemente bien ponderada actividad del palpamiento de partes bajas.

Disfrutad. En ese sentido de la palabra en el que estáis pensando, no en el otro.