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31/10/09

Tirar la piedra y esconder la mano

En los últimos días, este blog ha recibido un comentario anónimo cuya única intención era contribuir al embrollo y al falseamiento de la realidad, cuando no directamente a la denigración personal. Y, por supuesto, lo he borrado. Lo digo por si el autor no lo ha encontrado en la noticia correspondiente. No es un fallo técnico. Es una cuestión ética.

Mi blog lo controlo como me da la gana. Exactamente igual que en mi correo elimino el spam, en el blog borro los comentarios basura. Y basura aquí significa publicidad, pero también insulto, falta de discreción o simplemente cualquier cuestión que me pueda resultar ofensiva o inadecuada. A veces creemos que el blog es un espacio absolutamente público y democrático en el que tenemos que soportar cualquier tipo de reacción. Y por aquello del qué dirán, llegamos a aguantar algunas cosas que no soportaríamos en la vida cotidiana. Yo, desde luego, no estoy dispuesto a hacerlo. Y si a mi casa invito a quien quiero, aquí sólo admitiré comentarios respetuosos. Lo cual no quiere decir que todo el mundo esté de acuerdo, ni mucho menos. De hecho, el debate y la discusión es lo mejor que le puede pasar a un blog. Pero, desde luego, en términos civilizados.

Internet nos ha abierto un mundo de posibilidades. Pero también lleva su lado oscuro. La democratización de la información y la ruptura del sistema vertical de imposición de la noticia, supuestamente sustituida por la interactividad y la posibilidad de reacción ante lo publicado, lleva consigo, sin embargo, un problema de difícil solución: el anonimato y la posibilidad de control de las reacciones.

Escribir comentarios anónimos en un blog es una actividad común. La mayoría de las veces suele ser algo inocente, y el anonimato incluso puede llegar a tener sentido. El problema es cuando ese anonimato se convierte en una especie de salvaguarda de cosas que no serían tolerables en "el mundo real". Yo aquí escribo con mi nombre real, exponiéndome totalmente, dejando claro cuáles son mis opiniones, mostrando en ocasiones incluso algunas partes de mi intimidad. No pretendo, por supuesto, que todos compartan esa voluntad de exposición. Pero no tolero que, desde el anonimato, se realicen según qué comentarios. Hay cosas que hay decirlas "a la cara", con lo que "a la cara" pueda significar en Internet.

Uno ha de ser responsable de lo que dice o escribe. No se puede tirar la piedra y esconder la mano. Y la Red se ha convertido en un lugar de arrojapiedras cobardes que se escudan en el anonimato para insultar y mentir. Por ejemplo, es realmente bochornoso acercarse a los comentarios y reacciones de los lectores a las noticias de según qué medios de comunicación. Bajo la idea de la libertad, estamos cayendo en dejar pasar libremente el insulto, la maledicencia y la perversión más radical.

No
tengo claro hasta qué punto los medios pueden eludir su responsabilidad en esta cuestión. Aunque se pueda esgrimir que los comentarios son espontáneos y es imposible controlarlos (o, peor, censurarlos), lo cierto es que esos comentarios no son realizados en el limbo, sino en una página concreta, que sirve de plataforma y soporte para su publicación. Si un periódico no publica cartas anónimas e insultantes, no entiendo por qué el comentario ha de tener un estatus diferente. Estas son las cosas del mal entendimiento de las posibilidades de la tecnología.

Yo no sé aún cuál es la postura correcta. Lo que sí tengo claro es que si una serie de comentarios anónimos insultan, vilipendian, enturbian la imagen y mienten deliberadamente sobre alguien, el responsable último es el medio que los permite, publicita y mantiene para siempre en Internet. Porque, y esto sería para reflexionarlo en otra ocasión, al contrario de lo que suele pensar sobre lo efímero de la Red, Internet no olvida. Y lo que allí se escribe, queda escrito para siempre. Limpiar eso es ya casi imposible. El mancillamiento del honor, que en otro tiempo se limpiaba a través de la sangre, ahora vaga por la Red hasta el fin de los tiempos.

30/10/09

Cuaderno

Recibo unos cuantos ejemplares de Cuaderno, un librito con dibujos de Javier Pividal y textos de Pablo Gutiérrez, el propio Pividal y un servidor de ustedes. La verdad es que el libro es una pequeña joya. Los dibujos de Pividal son sencillamente impresionantes. Y los textos funcionan a la perfección. Parece que hayamos estado trabajando en conjunto durante años. De hecho, no es tan fácil distinguir de quién es cada texto. Sin haberlo pretendido, se ha logrado un mimetismo entre los tres que hace que el libro sea un todo integrado. Además, diseño elegante y casi transparente, da lugar a un libro íntimo y afectivo que anima a sentarse en el sofá y pasar la tarde o la noche recorriéndolo una y otra vez.

Son trescientos ejemplares, numerados e intervenidos a mano por el artista. No creo que el libro se vaya a distribuir por los canales habituales, aunque con toda probabilidad pueda recalar en las librerías de los museos, y en Murcia, por supuesto, en Diego Marín. Y eso sí, esta vez, a un precio asequible, 15 euros. Ya os informaré cuando haya ejemplares disponibles.

De nuevo, me siento un privilegiado. Igual que me sucedió con El bebedor de lágrimas, vuelvo a trabajar con gente a la que admiro y en proyectos más que atractivos. Pividal me parece uno de los artistas más elegantes, emotivos e inteligentes que conozco. Y Pablo Gutiérrez, un escritor como la copa de un pino. Rosas, restos de alas, su primera novela, editada por La Fábrica, me sorprendió y me emocionó. Hacía tiempo que no leía algo donde las palabras estuvieran tan medidas y ajustadas a lo que se quiere contar.

En Cuaderno, nuestro librito-joya, los textos que se entremezclan con los dibujos son pequeñas intervenciones, historias mínimas o reflexiones esbozadas que, poco a poco, van creando en el lector la sensación de estar habitando un mundo particular, ése que aparece en los dibujos. No sabría, de todos modos, cómo calificar esa sensación. Ni mucho menos este libro. No es un catálogo, no es un libro ilustrado, no es un libro de historias, no es un libro de poemas, no es un libro de artista. Quizá el título sea lo que mejor lo defina: un cuaderno. Un lugar donde conviven imágenes y palabras que provienen de orígenes diferentes, pero que, al convivir cerradas en un mismo lugar, establecen un diálogo y una conversación azarosa, accidental, pero con total sentido, aunque ese sentido sea el del conflicto y lo irresoluble.

25/10/09

Redes de arte

Buenas sensanciones en el encuentro Redes de arte organizado por Arte10 el pasado sábado en la Fundación Chirivella Soriano de Valencia. A mí me tocaba hablar de este blog como ejemplo del modo en que se han transformado las vías de conocimiento y comunicación sobre arte en la Era de Internet. Salieron muchos temas a debate. Tantos, que merecería ir uno por uno desgranándolos. Algunos de ellos ya han sido más o menos trabajados en algunas entradas del blog, aunque nunca con detenimiento. Los enumero aquí para que no se me olviden, y prometo volver sobre ellos en los próximos días:

- La cuestión de la privacidad: los diferentes umbrales de intimidad y su transformación a través de la exposición pública a través del blog.

- La relación entre mundo real (físico, tangible) y mundo virtual (inmaterial, simulacral): la falsa creencia de que lo real y lo virtual son universos separados.

- La idea de libertad y de alternativa a los medios de comunicación tradicionales, así como los mecanismos de legitimación de la información.

- La noción de una ética blogger: la toma de conciencia de que, al final, un blog es un espacio público y es necesario manejar conceptos éticos como el de responsabilidad.

- La idea de convergencia de viejos modos bajo nuevas formas, es decir, la manera en la cual, en el fondo, el blog incorpora usos tradicionales aunque las formas sean diferentes.

- Y, por último, el modo en el que cambia la escritura y las vías de acercamiento a la realidad.

La verdad es que la cosa dio para mucho. Dos horas y media que se fueron en un suspiro. Había tema para estar hablando días enteros. Pero, en fin, la conversación (y esto es lo bueno) puede seguir prolongándose en la red. Además, en los próximos días, A10tv colgará los vídeos el encuentro. Y, sobre todo, en los próximos meses, habrá otras jornadas en Salamanca, Málaga y Madrid. Espero que sean tan fructíferas y productivas como las de Valencia.

23/10/09

El bebedor premiado

Después de días de manipulación periodística, hoy amanezco con una buena noticia: El bebedor de lágrimas ha resultado ganador de la primera edición del premio que concede la Fundación Lázaro Galdiano al mejor libro de arte editado en España en el año 2008.

El libro, que contiene la historia de un ser que bebía las lágrimas de su amada, fue ilustrado por el artista Javier Pérez con veinte serigrafías que literalmente quitan el hipo. La edición cuidada, el diseño, el prólogo de Mieke Bal, la historia y las serigrafías han sido valoradas por el jurado para la concesión de este premio. Un reconocimiento que, si soy sincero, contribuye a subir algo el ánimo después del malentendido intencionado que ha “montado” el diario La Verdad. Así es que hoy estoy de celebración, que a veces también toca.


22/10/09

Contra la manipulación

Observo sorprendido la desfachatez con la que el diario La verdad manipuló ayer la información de mi salida del Cendeac.

Manipular no sólo es falsear o retocar, sino también colocar-entre, situar, recortar. Susan Sontag advertía ya que incluso la fotografía, sinónimo durante un tiempo de lo verdadero, podía ser manipulada a través del enfoque o el encuadre. Con la información pasa exactamente lo mismo. Depende de cómo y dónde se coloque una noticia, su significado es diferente. El contexto nunca es neutro.

En este caso, el periodista, Julián Mollejo, ha colocado deliberadamente la noticia en un lugar que puede llevar (que, de hecho, lleva) a la confusión, en medio de una polémica con la que la noticia no tiene nada que ver. Y ha llegado incluso a falsear la realidad, situando en la portada del diario de ayer el siguiente titular: “Dimite un alto cargo de la Consejería en plena polémica”.

Se trata de un titular absolutamente falso. Ni soy alto cargo (más lo hubiera querido, sobre todo por el sueldo), ni, desde luego, dimito en plena polémica. Lo más extraño de la situación es que mantuve una conversación telefónica con el susodicho periodista donde le comenté que mi decisión había sido tomada en febrero y que se había hecho efectiva el 1 de octubre, es decir, varias semanas antes de que comenzasen a vilipendiar las actividades de la Consejería. Una información que el periodista ha dado en la noticia, pero que no ha sido tenida en cuenta en la contextualización de la misma.

¿Qué ocurre? Que el periodista, falseando el titular y situando la noticia (dada, además, con 21 días de retraso) en un contexto con el que nada tiene que ver, pretende transmitir la sensación de que la “dimisión” es “consecuencia directa” de sus acusaciones a la política de la Consejería. Es decir, que su relato (cuya verdad está aún por comprobar), en el fondo, ha “producido” una acción real. Y nada más lejos de la realidad. O mejor, nada más lejos de “La verdad”. Así que puedo decir, sin temor a equivocarme que, en esta ocasión (y voy a hablar sólo de esta ocasión porque es la que me concierne), La verdad miente, falsea y manipula la información. Y lo hace deliberadamente, y con una intención clara: hacer creer algo que no es. Sugerir un hecho que no es tal y como se presenta y, sobre todo, contribuir a la creación y extensión de un rumor, de un ruido de fondo, una bruma que no deje ver las cosas tal como son.

Se trata, al final, de intentar proyectar la sombra de la duda. Y hacerlo a través de la mentira deliberada y el montaje ideológico, procedimientos ideados y forjados durante los regímenes totalitarios del siglo XX. Montar, como en el cine, es poner una cosa al lado de la otra. Y ya sugería Eisenstein que una imagen, por muy contundente que sea, cambia su significado cuando es contrapuesta a otra. La narración, la comunicación, es un juego de relaciones. La situación y el lugar de las cosas es igual de importante que las cosas mismas. Se trata de una cuestión de lugar.

Si se atiende a lo anterior, se puede afirmar que, sin lugar a dudas, Julián Mollejo ha realizado un montaje ideológico en toda regla.

Esta es, al menos mi opinión, que no pretendo que sea compartida por el resto de los mortales. Pero no me puedo resistir a comunicarla. De hecho, he pensado mucho si escribir o no este post. Y tras alguna deliberación, he concluido que este “no(ha)lugar” es el mejor sitio para hablar de estas cosas. Es, en primer lugar, un espacio personal. Y es, sobre todo, una plataforma de comunicación. Una plataforma que puede intentar paliar los abusos de los medios tradicionales. Evidentemente, este post no va a ser tan leído como el artículo de La verdad. Pero es una vía de resistencia ante la negación de la voz y la imposición de la información de la prensa escrita.

Dejaré para otra entrada la cuestión del estatus de verdad de la información. Y es que no tengo yo tan claro cuáles son los criterios de fiabilidad y verdad de la prensa escrita. Es la institución la que legitima lo que allí se dice, pero el periodista, en el fondo, es un sujeto deseante como cualquier hijo de vecino, con lo que su producto, sobre todo cuando, como sucede en el caso analizado, atenta contra la ética periodística, debería dejar de ser considerado información y pasar al estatus de simple opinión. Y en ese caso, lo que se diga en La verdad, en El País o en El Mundo, jamás lograría tener, de suyo, una entidad superior a lo que se diga aquí, en otro Blog o en la hoja parroquial de Santa María de Gracia.

21/10/09

Bye-bye, Cendeac

Por si hay alguien que aún no se ha enterado: sí, hace unas semanas que dejé la dirección del Cendeac.

Como sabéis los asiduos del blog, el próximo semestre salgo para Williamstown a disfrutar de una beca de investigación en el Clark Art Institute, un remanso de paz y sabiduría. Por este motivo, he tenido que concentrar toda la docencia de la Universidad de Murcia en este cuatrimestre. Y esto, sumado a los compromisos varios de textos y conferencias, me ha dejado apenas sin tiempo para mi labor en el Cendeac, con lo que me he visto obligado a tomar la decisión incluso antes de lo que tenía previsto.

De todos modos, es algo que ya veía venir. Desde hace algún tiempo, sentía la necesidad de dejar la gestión para dedicarme en cuerpo y alma a la escritura, la investigación y la docencia. Es decir, a lo que me gusta de verdad. Y es que la gestión tiene su aquél, pero puede acabar mermando el lado creativo. En la vida hay momentos para todo. Durante un tiempo, uno tiene que tirar hacia delante e inventarse un espacio que no existe. Pero después, cuando eso ya funciona, o al menos ha funcionado aceptablemente (nadie es perfecto), es necesario dejar que lleguen los demás. Y que continúen, que cambien o que reinventen. Además, uno incluso llega a agotarse y quedarse sin ideas. Es necesario un tiempo para la renovación, para el barbecho, y en un futuro muy, muy lejano, Dios dirá.

Entre otras muchas cosas, durante todo este tiempo, he tenido la oportunidad de escuchar y conocer a las principales figuras de la historia del arte y el pensamiento de la contemporaneidad. También la oportunidad de contribuir a la edición de textos fundamentales de la crítica de arte en España y a la traducción de obras como las de Mieke Bal o Jonathan Crary, cuya lectura ahora, afortunadamente, comienzan a normalizarse en nuestra lengua. Ha sido todo un privilegio y una oportunidad. Esto creo que hay que reconocerlo. Eso sí, yo también he puesto todo lo que tenía. No diré que me he dejado la vida en ello, pero casi. Durante un tiempo, más que un trabajo ha sido una forma de vida. De todos modos, eso tampoco es tanto. Pienso que cualquiera en mi lugar habría hecho lo mismo.

Me da pena, por supuesto. Más de la que quizá os podáis imaginar. El Cendeac es para mí como un hijo. Pero uno tiene que hacer su vida y no puede vivir hipotecado por las instituciones. Seis años es mucho tiempo. Al menos para mí. Al menos ahora . Quizá después piense que seis años no es nada. Pero eso ya no importará. Porque ahora es demasiado. Y eso me basta.

Y luego, o antes, por supuesto, está el tiempo. El tiempo, la familia y la vida propia. Estar en casa, cenar en casa, sentarme en mi sofá, estar con mi mujer. Cosas que prácticamente había olvidado y que ahora pretendo recuperar. Se trata de "pasar a mejor vida". O, más aún, "pasar a vida".

Pero, en fin, no me quejo, porque han sido años estupendos. Aparte de lo académico, me llevo miles recuerdos e innumerables vivencias. Esto al final es lo que queda, amigos y experiencias. Por traer algo a la mente, aún se me eriza la nuca cuando recuerdo la presencia contundente de Marina Abramovic sobre la tarima de la sala de conferencias el día en que se inauguraba la sede actual del Cendeac. Mientras se proyectaba “The Biography”, en el momento en que la artista se despide de su pareja, Ulay, para siempre, Marina se levantó de la silla y, en la penumbra de la sala, se mimetizó con la imagen. Recuerdo con una emoción intensa cómo sus labios se movían mientras del vídeo emergía su voz grave e hipnótica que entonaba una letanía que aún resuena en mis oídos: Bye-bye, Extremes. Bye-bye, Purity. Bye-bye, Togetherness. Bye-bye, Intensity. Bye-bye, Jealously. Bye-bye, Structure. Bye-bye, Tibetans. Bye-bye, Danger. Bye-bye, Unhappiness. Bye-bye, Solitude. Bye-bye, Tears. Bye-bye, Ulay.”

Años después, con algo menos de teatralidad, pero con una tristeza que tampoco puedo evitar, parece que ha llegado la hora de decir: “Bye-bye, Cendeac”.

19/10/09

Mis dos mundos

Hace una semana hablaba Enrique Vila-Matas de Mis dos mundos, el libro del argentino Sergio Chejfec publicado por Candaya. Después de la SELIN de Blanca, era una de las lecturas que tenía pendiente sobre la mesita de noche, así que la recomendación de Vila-Matas acabó por convencerme. Y la verdad es que el libro es del todo fascinante. Tan fascinante como difícil de situar en algún género. Es una especie de crónica de un viaje a ninguna parte. A una parte que está más dentro que fuera del sujeto. El escritor describe el tránsito por un parque de Brasil, pero, más allá de eso, se trata de una reflexión sobre la condición del sujeto contemporáneo. Me ha recordado a Sebald y a Peter Handke. Incluso al propio de Vila-Matas. En cierto modo, Mis dos mundos podría entenderse como de ejercicio de psicogeografía, una cartografía de los espacios a través de la psicología del individuo que los transita. Sociología reflexiva, filosofía personal y narrada.

El libro tiene momentos memorables, como cuando el autor habla de un reloj que va hacia atrás y comienza una reflexión aguda sobre el tiempo y los sujetos. O sobre todo, cuando se ve a sí mismo como un personaje de los dibujos del artista sudafricano William Kentridge. Es en este momento, cuando el análisis de Chejfec me dejó totalmente sorprendido. Kentridge es uno de los artistas que más me interesan. He leído sus escritos y los análisis de expertos (entre los que se encuentran los de Rosalind Krauss) sobre su obra. Y puedo decir que en apenas tres páginas Chejfec propone una lectura que está a años luz de la interpretación académica. Una lectúra lúcida y personal. Esto hace que cada vez esté más seguro que el futuro de la crítica y la historia del arte no esté en la disciplina, sino fuera de ella. Desde la literatura se llega a lugares a los que el pensamiento lógico y racional de la academia ni se acerca. Y sucede lo mismo con la filosofía y con otras disciplinas como la sociología o la antropología.

El libro de Chejfec nos ilumina mucho más sobre la condición poscolonial, los retos de la multiculturalidad, las rupturas del espacio-tiempo contemporáneo y la condición moderna que cientos de tratados académicos. Hay algo en él que lo hace más valioso que los discursos disciplinares. Y ese algo es la toma de postura, la posición. Chejfec habla localizado, posicionado, desde un lugar concreto, a través de una subjetividad e individualidad que, aun siendo atravesada por lo sociocultural, es hasta cierto punto personal. Y es esta subjetivización del discurso, este tránsito por lo personal, lo que hace que la obra haga cuerpo, in-corpore, toda esa serie de conceptos que habitualmente leemos y quedan en el ámbito de la abstracción.

Sin duda, la obra de Chejfec, como la de otros escritores contemporáneos, Sebald, Handke o Vila-Matas (por mencionar a la tríada anterior), muestra que la literatura es capaz de producir conocimiento, exactamente igual que lo pueden producir las disciplinas humanísticas.

Y no sé por qué, hablando de Chejfec y del conocimiento literario, me viene a la cabeza el poema de Peter Handke que cita Pier Aldo Rovatti en su contribución al Pensamiento débil y que reza así:

“Mientras estoy todavía solo, soy todavía solo yo.
Mientras estoy todavía entre conocidos, soy todavía un conocido.
Pero en cuanto me encuentro entre desconocidos,
en cuanto me encuentro entre desconocidos,
en cuanto salgo a la calle, he aquí que un peatón sale a la calle.
Y en cuanto subo al tranvía, un pasajero sube al tranvía”.

17/10/09

FlashForward

Esta tarde nos hemos metido entre pecho y espalda los primeros cuatro capítulos de FlashForward. Mientras vuelve Lost, y en los intermedios de Big Bang Theory, necesitaba algo así para engancharme. Cada vez tengo más claro que es en las series donde se conserva el arte de contar historias. El cine, salvo muy escasas excepciones, se ha convertido en un lugar para el virtuosismo de la imagen. La episodiedad y progresión de las series nos dejan argumentos complejos, personajes que realmente evolucionan con sentido y, sobre todo, historias y tramas que realmente trasladan, mueven y producen una catarsis en el espectador. Sin duda, FlashForward, inspirada en la novela homónima de Robert J. Sawyer, pertenece a este tipo de historias.

La era del strip-tease total

En más de una ocasión he hablado aquí sobre la erosión de los límites entre espacio público y espacio privado. Sin duda, se trata de una de las cuestiones estrella de nuestra época. Hace unos días, escuché en un noticiario el resultado de una encuesta que decía que la gente está más cómoda en las calles que son vigiladas por cámaras de seguridad que en las que no lo son. Se sacrifica la libertad y la privacidad por la seguridad. En el mismo noticiario se hablaba también de los nuevos scanners de personas del aeropuerto de Manchester, que muestran al individuo completamente desnudo. Sólo algunos valientes se atreven a entrar. Los demás prefieren seguir quitándose los zapatos y el cinturón.

Todo esto me hace pensar que nuestra era bien podría ser calificada como la del strip-tease total. Un strip-tease en el que, sin embargo, la desnudez es lo de menos. Hace unas semanas escuché al poeta Juan Bonilla recitar un poema sobre la intimidad en nuestro tiempo. El poeta mostraba su interior revelando ya no sus sentimientos más profundos, sino el número de su tarjeta de crédito o la clave de su correo electrónico. Hoy los violadores han cambiado de rostro. No son aquellos que fuerzan nuestro sexo, sino aquellos que se adentran en nuestra vida virtual para leer nuestros e-mails y ver nuestras fotos. Estamos expuestos a la violación perpetua. Lo más indignante es que algunos medios de comunicación se hayan convertido en cómplices y amplificadores de estos violadores de la intimidad, y sobre todo que confundan el derecho a la información con la satisfacción de las pulsiones más bajas y nocivas del ser humano.

[Publicado en La razón, 16/10/09]

14/10/09

Sebreli

Preparando las clases de mañana sobre el primitivismo en la vanguardia, vuelvo otra vez sobre un libro de Juan José Sebreli y me quedo de nuevo aprisionado entre sus páginas. Me pierdo en él durante unos minutos. Releo algún pasaje. Y comienzo a sentir la necesidad de afirmar que Las aventuras de la vanguardia (el arte moderno contra la modernidad) es el libro que más ha transformado mi visión del arte del siglo XX.

Con algún que otro fallo históriográfico, este libro sigue siendo una de las joyas de la historia del arte moderno. Llegué a él por pura casualidad. Lo encontré en la Biblioteca de la Universidad y desde entonces su visión de la modernidad y la cultura moderna se me ha hecho tan cercana que ya creo que la he adoptado como propia. La modernidad como un tiempo racional y secularizador frente al cual se enfrenta el arte moderno: irracional, esotérico y reaccionario. Otro libro más reciente, El olvido de la razón (un recorrido por la filosofía contemporánea), explora esa misma irracionalidad en el pensamiento "avanzado" del siglo XX.

Creo que el pensamiento de Sebreli no se ha valorado como debiese. Este pensador argentino es, sin duda, un outsider, una figura que no tiene lugar dentro de los cánones del pensamiento o la historia del arte occidental. Algunos incluso lo consideran un amateur. Pero para mí es un cartógrafo de la modernidad. Su postura es clara y contundente: una especie de macro-modelo de lectura que nos ayuda a poner las cosas sobre el mapa. Un mapa que, desde aquí, seguiré a pies juntillas. Y es que, aunque no lo quiera, ya lo he introyectado tanto que no podría caminar hacia otro lugar diferente del que indica.

Fiebres

Después de tres días de fiebres altas, por fin consigo sentarme frente al ordenador. No ha sido la gripe A, sino la puñetera garganta, que siempre, por esta época, se pone farruca. El caso es que el cuerpo se queda como si te hubieran dado una paliza con el bate de los Malditos Bastardos. Y la cabeza, no os quiero ni contar. Eso sí, hay un momento, que suele ocurrir durante la segunda noche seguida de no bajar de 39, en el que el delirio se convierte en lucidez y pasan por la cabeza los pensamientos más insospechados. La mente funciona con una lógica totalmente diferente, de modo mucho más libre y creativo. Si uno tuviera fuerzas para levantarse de la cama y ponerse a escribir, los resultados serían asombrosos. Esta vez lo intenté, pero el cuerpo no estaba para muchos trotes. Así que de nuevo, todo quedó en agua de borrajas, o en sudores nocturnos y febriles.

Por experiencia, sé que es posible conseguir ese estado de creatividad febril a través de la sugestión. Sugestión fisiológica (drogas), pero sobre todo (y esta es la que he practicado), sugestión mental (meditación). A veces se llega a lugares parecidos a estos sinsentidos irracionales y libres de las fiebres. Pero desde luego, hay algo que no se puede conseguir. Algo que en la fiebre del virus es siempre más potente. Supongo que será la lucha interna entre el virus y las defensas del organismo. Esa lucha por la que te ves amenazado a salir de tu cuerpo. Esa amenaza de exilio momentáneo hace que el pensamiento vague por lugares ciertamente delirantes. Lugares que nunca pueden volver a ser evocados del todo.

11/10/09

Internet y la literatura

De un tiempo a esta parte, la mayoría de los coloquios, simposios o encuentros sobre el estado de la literatura actual acaban reflexionando sobre el futuro del libro y la influencia de las nuevas tecnologías. Da igual que la mesa se llame “nuevas narrativas” o “antiguas poéticas”, al final acaba saliendo el tema de los blogs, Internet y la amenaza que esto supone para la literatura “pura”, que es la publicada en papel. La semana pasada en la SELIN (Semana de la Literatura Independiente) de Blanca, como no podía ser de otro modo, surgió de nuevo el debate. Y de nuevo, se volvieron a esgrimir los que ya se han convertido en argumentos comunes: que en Internet ya no hay criterio, ni orden, ni nada que se le parezca. Que uno se encuentra con un maremágnum de textos entre los que se pierde. Textos de los que siempre hay que desconfiar.

No sé si es que yo seré demasiado integrado, pero no acabo de ver este lado apocalíptico. Evidentemente, hay de todo. Y mucho. Pero a veces también creemos que los internautas son tontos de remate y que se tragan todo lo que aparece en Internet. Si lo pensamos bien, Internet viene a ser como la vida misma. Uno escoge su comunidad de blogs, de páginas, de amigos. Y, aunque sea una comunidad fluctuante y variable, en el fondo sigue siendo una comunidad. Uno se fía de lo que recomienda tal o cual blog, y desconfía del otro. Lo que sí han cambiado son los criterios de fiabilidad, que ya nada tienen que ver con los soportes institucionales, sino con la calidad de la información en sí, y con la empatía que uno establece con la información. Esto supone una potencialidad sin igual, que hace de Internet la mayor herramienta de comunicación jamás poseída por el ser humano. Peligros hay, por supuesto. Pero no muchos más de los que hay en la vida. Hay círculos de mentirosos, cotillas, malvados, manipuladores… vamos, nada diferente de lo que uno se encuentra al volver cualquier esquina.

[Publicado en La Razón, 9/10/09]

9/10/09

Música para enamorados

La semana pasada, entre feria y clases, pude sacar unos minutos para componer una pequeña reflexión (o no tan pequeña, 7 minutos) sobre el amor. Tenía que componer una pieza para una boda, así que decidí jugar sólo con dos acordes, como dos amantes, que se repiten una y otra vez, con ciertas variaciones. De nuevo, por supuesto, no puedo evitar que recuerde a Michael Nyman. Pero a estas alturas de la película, la verdad es que comienza a importarme lo justo. En cualquier caso, aquí va.

6/10/09

Post-Selin

El constipado ha llegado para quedarse. El trajín de la SELIN (Semana de la Literatura Independiente) de Blanca ha contribuido bastante. Días de dormir poco y hablar mucho. De todos modos, y a pesar del resfriado, he podido sacar momentos más que placenteros. Tras mi verano de inmersión en los lodazales literarios del best-seller, necesitaba la redención de las letras independientes y la literatura verdadera. Y allí he conocido a escritores increíbles como Miguel Serrano, Javier Sáez de Ibarra o Hipólito Navarro. Y sobre todo a editores de esos que habría que hacerles un monumento, como Rubén e Irene, de Errata Naturae, Olga y Paco, de Candaya, o Encarni y Juan, de Páginas de Espuma. Todos ellos son un ejemplo de que la literatura está viva y de que aún queda esperanza en el país de las letras. Uno se pone a pensar en su trabajo y se emociona.

Por otra parte, lo que me he gastado en libros no quiero ni imaginarlo, porque emoción, emoción, la verdad es que no me produce demasiada. Lo cierto es que me he pertrechado de material para los próximos meses. Ya he comenzado a leer alguna cosa de las que me compré y creo que por eso estoy pasando estas fiebres. Es como si mi cuerpo necesitase mudar la piel y reconvertirse. Llega la buena literatura como una vacuna ante la desidia. Pero el organismo, infectado por el virus de vagancia y la estulticia, opone resistencia. Espero vencerlo poco a poco. Hoy, al menos, he conseguido volver a respirar.

2/10/09

Bueno, bello y verdadero

Esta semana hemos comenzado las clases de Bellas Artes, y, como siempre, uno de los debates que se ha planteado ha sido el de la posición ética del artista. ¿Tiene una obra de arte que ser buena socialmente? Como creo haber comentado aquí en más de una ocasión, el arte contemporáneo ha establecido diferencias entre ética y estética. Que una cosa sea arte no quiere decir que sea bella o que sea éticamente buena. Una obra de arte puede ser buena como arte y mala como hecho social. Eso, por supuesto, no es admitido por todos, ya que aún tenemos en nuestra mente la idea de que las cosas buenas son bellas. Si lo pensamos bien, esto es algo que nos viene de los griegos, para quienes “bello, bueno y verdadero” eran prácticamente sinónimos. A partir de ahí, la belleza y la bondad siempre han ido de la mano, incluso en la tradición de la imagen occidental. El bueno, por lo general, ha sido representado con rasgos bellos, mientras que el malo o el mentiroso se mostrado como feo y repugnante. Sólo en el mundo moderno, el mal ha comenzado a ser atractivo, y el bien ha conseguido mostrarse a través de lo feo, como muestra por ejemplo David Lynch en “El hombre elefante”, donde a través de lo monstruoso se abre paso la bondad y la belleza del alma.

Esta cuestión, del bien y la belleza, o de la ética y el arte es especialmente relevante estos días cuando analizamos el caso de Roman Polanski, detenido por la violación de una menor en Estados Unidos, acto que cometió en su juventud y del que el director se ha arrepentido en numerosas ocasiones. Inmediatamente, la intelectualidad y el mundo de la cultura ha apoyado al director, arremetiendo contra la justicia americana, tachada de fascista y extemporánea. Aunque no tengo del todo una posición clara en el asunto, me pregunto si esa defensa se hubiese producido también si Polanski, en lugar de un creador de obras maestras, hubiera sido un cualquiera con una vida pobre y miserable. Y se me viene de nuevo a la cabeza esta cuestión de la ética y el arte. Que Polanski sea un gran director de cine no es óbice para que cometiese un acto repugnante. Un acto del que no puede quedar impune por el hecho de hacer buenas películas. O lo que es lo mismo: entre los artistas también hay mala gente.