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Mostrando entradas de mayo, 2009

El no va más II

Pues resulta que la cosa era aún peor de lo que me esperaba. Me habían dicho que tenía que tocar el piano entre dos momentos, cuando casi nadie escuchaba, y que apenas iba a venir gente. Y, por lo que se ve, era para no atemorizarme. Porque ha ocurrido todo lo contrario. He tenido que inaugurar la gala, con la sala oscura y un foco sobre mi cabeza. Y el "apenas nadie" han sido mil y pico personas. Esto es como desvirgarse en la Mansión Playboy, o pasar de conducir un ford fiesta y aparcar decentemente a estar sentado en un McLaren enfrente de Raikkonen. Vamos, una locura.

Supongo que para los músicos acostumbrados, esto es una tontería, pero para mí, que me pongo nervioso cuando en el salón de casa hay más de tres personas, ha sido un auténtico disparate. Claro, con esos mimbres, la improvisación ha salido de aquella manera. No mal del todo, pero no lo bien que podría haber quedado en condiciones ideales. Como he visto que no me encontraba cómodo del todo, he optado por la v…

El no va más

Decía en un post anterior que quería aprender a decir que no, pero creo que la cosa va en los genes. Esta tarde, después de trabajar por la mañana revisando y poniendo las imágenes en el libro sobre Morris y preparando la conferencia de mañana sobre arte y género, quería ir yo tranquilo a la inauguración del festival Cine y Patrimonio y al concierto de la Sinfónica de Murcia dirigida por Roque Baños. Pero no, cosas del destino, a la pianista que iba a tocar entre el fin de la gala y el comienzo del concierto le ha entrado una gastrointeritis y no puede actuar. ¿Opciones a cuatro horas de la gala? Pues la que os podéis imaginar. Que si puedo tocar unos minutos, nada, poca cosa. ¿Poca cosa? Se me han puesto de corbata. Reconozco que esta vez en primera instancia he dicho que no. Pero como parece que no había otra opción un domingo a estas horas, y se trataba de un favor a un amigo, no he tenido otro remedio que acceder.

Así que en unas horas, en el auditorio, expondré mis carencias music…

El retorno de lo lúdico: Morris y el museo como espacio de juego

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Estos días, y hasta el próximo 14 de junio, la sala de Turbinas de la Tate Modern de Londres acoge Bodyspacemotionthings, una reconstrucción de algunas de las piezas que Robert Morris realizó en 1971 con motivo de la exposición antológica que sobre su obra pretendió realizar la entonces Tate Gallery. Una exposición, la de 1971, que, con el tiempo, se ha convertido en uno de los modelos de subversión a la institución museística contemporánea.


La fama que a principios de los setenta Morris había adquirido como escultor minimalista hizo que la Tate se interesara en la realización de una exposición retrospectiva. Tras unos meses de negociación con el comisario, Michael Compton, Morris decidió evitar el modelo tradicional de exposición y decantarse por lo que llamó un modelo “no autoritario”, intentando evitar la imposición de una imagen oficial de su trayectoria. Así que, en lugar de reconstruir sus piezas minimalistas, diseñó tres espacios interactivos que creaban diferentes relaciones fí…

Di-vagar

Casi finalizando las clases, me he metido de lleno en WalterBenjamin y El libro de los pasajes. Descubro de nuevo la obra de este pensador imprescindible. Devoro casi de un tirón WalterBenjamin, escritor revolucionario, de SusanBuck-Morrs, que me sirve para hablar del flâneur, el hombre-sandwich y la prostituta como figuras del vagabundeo en la ciudad moderna. La verdad es que al final estoy aprendiendo con esto de la asignatura. De vez en cuando se me va la olla y divago yo también de un lugar a otro, pasando de los bulevares parisinos a las caminatas de Fulton o las maneras de habitar el espacio de los situacionistas. Creo que estoy volviendo locos a los alumnos, pero yo estoy disfrutando como un crío.

Salvado

Al final la cosa no ha salido tan mal como esperaba. En el doble mortal con tirabuzón he podido salvar los muebles. Algún amigo ha dicho incluso que es la mejor conferencia que me ha escuchado. Y me temo que no es motivo para alegrarme. Era un reto difícil, de los más complicados que he tenido en tiempo. Y he podido incluso sacar quince páginas completamente nuevas, lo cual, en este proceso de reciclado continuo en el que me muevo últimamente, no está nada mal. Después de esto, se podría pensar que ya acepto lo que me echen. Pero no, todo lo contrario. Este ha sido el último compromiso. Al menos en algún tiempo. Prometo aprender a decir que no.

Diletantismo

Esto de no saber decir que no sigue teniendo sus consecuencias. Mañana por la tarde tengo que perpetrar una conferencia sobre un imaginero contemporáneo, José Hernández Navarro. Mi hermano, para más señas. Esto es ya lo último que me quedaba por hacer. Lo imposible absoluto. No tengo ni idea de lo que voy a decir. Y es que el punto de vista es el menos indicado. Por un lado, estoy completamente alejado de la cuestión. Mi conocimiento de la imaginería religiosa es prácticamente nulo. Pero es que, incluso si lo tuviera, mi relación con el artista en cuestión, mi hermano, me pone demasiado cerca del objeto de estudio. De este modo, estoy ante la perspectiva imposible: demasiado lejos o demasiado cerca. Además, el público conoce la obra del escultor a la perfección, desde luego mucho más que el conferenciante. Por eso sólo espero que la sala esté vacía. De lo contrario, que Dios nos pille confesados.

Lo que yo te he dicho

Observo con perplejidad que Lo que yo te diga, el blog de Fernando Castro Flórez, ha sido eliminado. No he tenido aún la oportunidad de hablar con Fernando y saber las razones que lo han llevado a tal decisión. De todos modos, es una pena para la libertad de expresión en Internet. Fernando es uno de los pocos que escribe, literalmente, lo que le sale de los huevos. Envidio y admiro su libertad y su capacidad para proponer problemas y debates pasándose por la entrepierna la corrección política y enseñando siempre la mano que tira la piedra, dando ejemplo a la vergonzosa cantidad de anónimos comentaristas que pueblan la red. Seguro que seguirá dando lecciones de crítica desde otras atalayas. Escriba donde escriba, aquí siempre tendrá un lector.

Cansancio

Llevo algunos días sin escribir aquí. De nuevo, me ha faltado el tiempo. Y quizá, también esta vez, las ganas. Estoy estas semanas desbordado por las clases, las conferencias (hasta en domingo) y los textos. Pero, pensándolo bien, no lo estoy mucho más que en otras ocasiones. Lo que ocurre es que parece que comienzo a no dar más de mí. Observo con preocupación cómo mi capacidad de concentración y, sobre todo, mi ritmo de producción se va haciendo cada vez más lento. Parece que la maquinaria está dejando de funcionar o, al menos, ya no funciona con la fuerza de otros momentos. Me cuesta más trabajo trasnochar para quedarme leyendo y escribiendo, los textos se me hacen eternos, las clases, cuesta arriba, las conferencias, una pesadilla... Creo, sinceramente, que estoy en baja forma. Lo noto. Tardo semanas en leer libros que solían caer en un abrir y cerrar de ojos. Si me acuesto tarde, por la mañana estoy hecho polvo. Ya comienzo a no poder decir eso de "no, yo no necesito apenas d…

Cenizas

Esta semana he visto un cuerpo cercano transformarse en cenizas. En apenas unas horas, el hombre que quise ha sido depositado en una pequeña urna. He pensado entonces en lo que allí quedaba. Nada y, al mismo tiempo, todo: la ceniza, el excedente del exceso, lo que no arde, lo que ya no puede ser quemado.

Me he acordado de Derrida y he hecho mío su comentario sobre la ceniza: “esa cosa que queda después de que una materia haya sido quemada, la ceniza de un cigarro, la ceniza de un puro, la ceniza de un cuerpo humano (…) la figura de todo aquello que justamente pierde su figura en la incineración y, por tanto, en una cierta desaparición del soporte o del cuerpo del que la ceniza guarda la memoria”.

La ceniza es lo destrozado, el resto, lo que queda de la destrucción. Pero es también aquello que permanece para siempre, su residuo indestructible. Ceniza que no arde y que, por tanto, ya nunca más puede ser destruida, sólo dispersada. Una dispersión que nunca es total, porque, por mucho que s…

Movilidad

De la Gran Manzana al Gran Tanatorio. En apenas unas horas, sin tiempo para el jetlag, paso de recorrer las calles de Nueva York a darme de bruces con la realidad. Sin tiempo para deshacer la maleta y sacar los libros que compré, anoche vi morir a un familiar cercano, alguien tremendamente importante para mí, alguien que durante mi infancia en ocasiones hizo las veces de padre. Toca ahora enterrarlo, y consolar a la viuda, que también fue una madre para mí. Y toca también hacerse consciente de lo rápido que pasa la vida, y de las vueltas que da. El domingo por la mañana volví a la casa en la que pasé un mes junto a Central Park, la casa en que muchas cosas de mi vida cambiaron para siempre. Hoy, en apenas dos días, otras cosas también cambian para siempre. Y en medio de todo, unas horas en avión, una eternidad irrecuperable.

Desregulación

Como siempre, equivoco el equipaje. Me he venido de verano y me he encontrado con una rasca considerable. Espero que mañana cambie la cosa o mi garganta comenzará a resentirse. De momento, lo que sí se resiente es mi estómago. Supongo que se debe a la cantidad de veces que he desayunado y comido a lo largo del día. Es curioso, pero cada vez que llego al aeropuerto me entra hambre. En ocasiones puedo llegar a desayunar cuatro veces. No sé si será ansiedad o el recuerdo inconsciente de Viven, pero el caso es que siento la necesidad de subir al avión pertrechado de comida. Seguramente, pienso, si algo ocurre tengo materia para varios días. Lo que no pienso es que, precisamente por lo mismo, me convierto en uno de los platos más apetecibles del holocausto caníbal.

NY

Últimamente no doy la ida por la venida. Casi sin tiempo para acabar unos cuantos textos, salgo esta mañana en viaje relámpago para Nueva York. Serán apenas cuatro días, pero creo que me dará tiempo para dedicar unas horas a mi vicio confesado: ir de librerías. Lanyrinths y St. Marks ya están frotándose las manos. Espero ser comedido, aunque la tentación es grande.

Oscurantismo

Estos días vivimos aterrorizados por el acecho de la gripe porcina. No sé realmente cuál es el alcance de la enfermedad, pero desde luego la respuesta de los medios es excesiva y alarmista. La utilización de términos de resonancias apocalípticas como “pandemia” y la demonización del virus, que más que la gripe parece el ébola, ha contribuido a la creación de una alarma que no hace ningún bien a la ciudadanía. Esta manía de reificar la catástrofe y contribuir a la inquietud, que también sucedió tras el accidente de Barajas, después del cual parecía que a los aviones les había dado por estrellarse uno tras otro, es una de las características más preocupantes de la comunicación contemporánea. Ese es el argumento de Contra la comunicación, el libro de Mario Perniola que critica duramente los sistemas comunicativos de Occidente. Para el filósofo italiano, la comunicación de masas, más que con la razón, se relaciona con el esoterismo, y habría que buscar sus orígenes en el oscurantismo y el…

Touché

Día de la madre. Algo quema por dentro. Nada que escribir. Se me han fugado las palabras.