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31/12/08

Adiós

Se va, por fin, 2008. Año jodido, bueno en lo profesional pero terrible en lo familiar. No sé lo que deparará el futuro. Creo que sigue vigente el relato del último post del año pasado:

"Estamos llegando. Ya sabes lo que hay que hacer. Cierra los ojos y no hagas caso a nadie. Y sobre todo, oigas lo que oigas, no pares de correr."

30/12/08

Admiración

Como no podía ser de otro modo, he cogido la gripe, o algo que se le parece mucho. Es la excusa perfecta para no moverme de casa y seguir trabajando sobre Robert Morris. Para hablar de la suspensión en la visión, hoy he vuelto sobre los textos de Jonathan Crary acerca del problema de la atención en la modernidad. Cuanto más los leo, mejores me parecen. Elegancia académica en estado puro.

La verdad es que estos días vuelvo a descubrir el placer de la admiración. Un placer que encuentro con más frecuencia en los libros que en la vida exterior, que me decepciona día tras día.

Noche feroz

Día raro. Cansado, sin fuerzas, somnoliento. Llego a casa y, sin cenar, caigo rendido en el sofá. Me meto en la cama y, antes de apagar la luz, le echo un ojo a La noche feroz, una novela de Ricardo Menéndez Salmón que tenía esperando para hincarle el diente. No puedo evitar leerla de un tirón. Su escritura de nuevo me maravilla. Por eso me levanto y escribo esta entrada, conmovido por el uso de la palabra, la violencia contenida, la profundidad de lo que no se acaba de decir... Un gran escritor, sí señor. Envidia sana. Y admiración sincera.

28/12/08

Inocentada

Este ha sido un año colmado de felicidad. Por fin he podido dejar de lado la melancolía. ¿La familia? Bien, gracias. ¿La Navidad? Alegre, como todos los años. ¿El mundo? Todo paz y armonía.

26/12/08

Improductivo

Llevo unos días en los que apenas me puedo concentrar. La Navidad me está afectando más de lo que había pensado. Estoy melancólico y tengo la cabeza llena de pensamientos que me alejan del lugar en el que estoy.

Me siento ante el ordenador y no se me ocurre nada que escribir. Esta mañana he enviado la crítica de El faro de las letras y apenas he podido pasar de una página. Ahora tenía que estar acabando el texto para el Premio de Pintura de la Cámara de Comercio, pero no hay manera. Me siento unos minutos, le doy una vuelta y me levanto. Luego me siento al piano y, entre pitos y flautas, se me pasan las horas muertas. Hoy me ha dado por bajarme partituras de Coldplay. Ahora estoy con «Viva la vida», a la que ya le he cogido el tono (yo, y el vecindario entero, que se estará acordando de toda mi ralea).

En este estado de aburrimiento productivo, entre ayer y hoy he podido leer Lo infraordinario, una serie de notas magistrales de George Perec, y estoy acabando El boxeador polaco, un libro de relatos de Eduardo Halfon del que daré buena cuenta en los próximos días. Anoche también pude ver Blindness, la película de Fernando Meirelles basada en Ensayo sobre de la ceguera, de Saramago. No está mal. Sigue la novela al pie de la letra. Una novela que en su momento me fascinó, y aún en el recuerdo me parece mejor, sobre todo cada vez que se me ocurre acercarme a otras obras del escritor portugués, pesado donde los haya.

En fin, voy a ver si hay manera de hacer algo. Este estado me mata.

24/12/08

Navidad y Apocalipsis

Si uno lo piensa bien, la Navidad se parece mucho al Apocalipsis. Más que un tiempo de alegría, parece un tiempo previo al Armagedón. Es el tiempo del gran banquete, de la orgía acústica y lumínica, el tiempo del gasto y el exceso. Comemos hasta reventar como si el mundo fuese a acabarse, cantamos villancicos hasta la extenuación como si estuviéramos espantando algún mal y bebemos hasta perder el sentido para intentar no pensar en lo que se avecina. Es como si lo peor estuviese a punto de ocurrir. Por eso nos aprovisionamos de víveres para varios meses y nos juntamos todos en la casa-búnker familiar, a la espera del momento de la gran demolición.

23/12/08

Literatura express

Mientras finalizo un par de textos, intento acabar también con una de las peores novelas que he leído en los últimos tiempos, El corazón de la materia, de Ignacio García-Valiño. La verdad es que no sé por qué se me ocurrió comprarla. Creo que fue la portada, que me sedujo y dejó expuesta toda mi líbido bibliópata. También el argumento: un científico que trabaja sobre los quarks y, tras la muerte de su mujer, comienza a dudar de la fisicidad de la materia. Un mejunje pseudocientífico y paranormal que, aunque apuntaba maneras, podía dar para una obra entretenida. Pero lo que he encontrado en el interior no tiene nombre. Y me extraña bastante, sobre todo porque García-Valiño es un escritor serio, que lleva a sus espaldas una larga trayectoria. Sin embargo, el libro es una suma de tópicos que no se puede aguantar. Y, además, escrito a la carrera. Eso sí, se lee rápido, aunque sea por la urgencia de terminarlo cuanto antes para no tener la sensación de estar perdiendo el tiempo.

Pero no todo va a ser malo, y, como podía ser de otro modo, se me han acrecentado las ganas de escribir. Siempre me ocurre lo mismo, la mala literatura me inspira mucho más que la buena, que me deja sin argumentos, destrozado y sin posibilidad de mover un dedo. Por eso quizá tengo esa pulsión a revolcarme en el fango de los best-sellers y los thrillers salchicheros, porque así al menos puedo dormir tranquilo, con la ilusión de que "todo es ponerse", y que si uno no escribe es porque no quiere.

Pongamos que todos son tú

Pongamos que todos son tú. Que todos de los que escribes, en el fondo, son tú. O mejor: que tú eres escrito por ellos, por todos de los que escribes, por todos los que te acechan. Todos los que te escriben.

Tú eres en ellos. Pongamos que tú eres en ellos. O pongamos que ellos son tu yo. ¿Ellos? Ellos. Todos de los que escribes. Ellos. Los que están ahora ahí, rodeándote, acechándote, mirándote fijamente. Ellos, por supuesto. Todos de los que escribes. Los que te siguen en cada palabra, en cada línea, en cada punto y seguido. Ellos. Los que están ahí. Ahora. En este preciso momento. Ellos, por supuesto. Todos de los que escribes.

Pero ¿qué hacen ellos aquí?

Estaban ahí mucho antes de que osaras preguntarlo. Ellos, todos de los que escribes. Estaban ahí. Antes. Sentados a tu mesa. Antes de que tuvieras lengua para preguntar, antes de que se inventaran las preguntas. Mucho antes. Antes incluso de que hubiera luz sobre la tierra. Ellos ya estaban ahí. Esperándote. Esperando a ser escritos. Ahora. En tu cuaderno, con tu pluma recargable. Ahora. Esperando a ser escritos. En este preciso momento. Ellos, por supuesto. Todos de los que escribes.

Estás sentado a tu mesa y han venido a comer. Hoy no los esperabas. Pero han venido todos. ¿Quiénes? Por supuesto. Ellos. Están todos. Está el niño sin ojos. Se acerca, te agarra la mano, te muerde en el codo y te dice que lo mires. Pero no puedes hacerlo. No puedes mirarlo. Lo intentas, pero ya no está. Te muerde, pero ya no está. Lo miras pero no puedes verlo. Y no lo puedes ver porque él es también ellos. Es una parte de ellos. Es una parte de todos de los que escribes. De esos que esta noche, de nuevo, han venido a tu mesa.

El hombre mayor espera a que se siente el niño sin ojos. Y luego se acerca. Reconoces en él a tu padre. Pero también es el niño. Ahora miras y lo encuentras agazapado en una estantería, junto a los libros de Maurice Blanchot. Dice que no quiere salir. Que le da vergüenza que lo veas desnudo. Entonces cierras los ojos. Y en ese momento consigues verlo. Junto a Thomas el oscuro, totalmente desnudo. Al descubierto. Sin nada que hacer, sin nada que vestir. Y sientes lástima. De Thomas y de tu padre. Y también de Maurice, y por supuesto del niño. Sientes lástima porque ellos son, en el fondo, Ellos. Sí. Ellos. Todos de los que escribes.

21/12/08

Viajar en el tiempo

En el reparto de bienes, como es tradición en la huerta, a mí me tocó la casa de mis padres, la casa en la que viví hasta hace cuatro años. Es la casa que guarda la memoria de mi infancia y, por supuesto, el recuerdo de mis padres. Tuvieron que pasar casi siete meses para que me atreviese a entrar y a enfrentarme con el pasado. Pero me armé de valor y, al final, lo hice. Como relaté en un post anterior, allí me encontré sus cosas, las cosas de mi madre, esperándola, como si nada hubiese pasado. Fui consciente en ese momento de que nunca podría volver a vivir allí, en ese lugar entre dos tiempos. Tenía que traer la casa al mundo de los vivos. Y yo no podía hacerme cargo. Por eso la ofrecí a unos vecinos que buscaban un hogar. No la quería alquilar, sólo prestarla durante un tiempo indefinido. Lo único que les pedí fue que la cuidasen como si fuera suya. De esto hace unos meses, y lo cierto es que parece ser que están cumpliendo su palabra. La casa vuelve a estar viva. Y anoche tuve la oportunidad de comprobarlo.

Para celebrar el cumpleaños de mi sobrino, fui a cenar a la casa de mi hermano, a quien no veía también desde hacía unos meses, y para eso tuve dejar el coche frente a la casa de mis padres. Al pasar por delante de la ventana de la habitación de mi madre, vi la luz encendida. Y enseguida me dio un vuelco el corazón. Fue una sensación tremendamente extraña. Durante algo menos que una milésima de segundo, antes de que el cerebro racional me dijese que eran los inquilinos los que tenían la luz encendida, durante un instante imperceptible, creí que mi madre estaba en aquella habitación, que nada había ocurrido, que todo seguía como la navidad pasada. Fue un momento irracional, mínimo, infraleve, pero de tal intensidad que no consigo quitármelo de la cabeza. Un fogonazo que dotó de vida al pasado. Un momento de conexión entre dos momentos de la historia. Esto debe ser lo más parecido a un viaje en el tiempo. Un viaje breve e inmóvil, pero con un tremendo jetlag del que uno tarda varios días en poderse recuperar.

20/12/08

Cumpleaños

20 de diciembre. Otro día de añoranza. Mi madre cumpliría hoy setenta y cinco años. Llevo casi toda la semana soñando con ella y con mi padre. Supongo que es una forma de hacerlos presentes en estos días en los que la ausencia se hace más patente. Hace unos años, melancólico por un amor perdido, escribí un pequeño poema: "los recuerdos toman cuerpo y suplantan lo perdido. Yo prefiero seguir añorándote". Hoy prefiero dejarme llevar por el cuerpo de los recuerdos.

19/12/08

Ubicuidad II

Otra noche de ubicuidad. Tres cenas y una entrega de premios. Y de nuevo carreras de un lugar a otro para conseguir llegar a tiempo. Menos mal que llevaba la moto y pude conseguir más o menos acabar con cierta dignidad. No sé cómo ocurre, pero siempre me las arreglo para que me sucedan estos solapamientos. Ayer me preguntaron que cómo lo hacía, que cómo conseguía estar en varios sitios a la vez. Y respondí sin pensar algo que, ahora, creo que no está demasiado alejado de la realidad: "no estoy en ningún lugar". La clave está en no acabar de estar en ningún lugar. Quizá más que de ubicuidad, tendría que hablar de desaparición. Uno sólo puede estar en tres sitios al mismo tiempo si no llega a estar del todo en ninguno de ellos.

18/12/08

Clifford

Excelente el seminario que James Clifford ha impartido en el CENDEAC durante esta semana. De nuevo, como suele suceder con los grandes maestros, un tipo genial. Buena gente en estado puro. Y sobre todo, lúcido y brillante. A través de tres estudios de casos, ha dado en varias de las claves para entender el lugar de lo indígena y lo auténtico en el mundo contemporáneo poscolonial. La historia del Ishi, el último indio de California, fue emotiva y reveladora. Pero la de la tribu esquimal de los alutiiq de Alaska ha sido fantástica: unos esquimales de religión rusa ortodoxa que cuestionaban toda relación esencialista con la autenticidad de lo indígena.

Siempre me ha interesado el punto de vista de Clifford. Y en este seminario me he cerciorado de ello. Es uno de los grandes, grandísimos de la antropología. Curiosamente, era la primera vez que intervenía en España, y por lo que poco que le gusta viajar, es probable que sea la última. Una lástima que hayamos sido tan poquitos. Antropólogos ni uno. A veces me pregunto si tiene sentido organizar estas cosas para los que vamos. Luego, tras meditarlo un poco, pienso que tiene que haber variedad. Y que aunque a veces seamos pocos, probablemente es que los demás no están interesado. En otros sitios se darían tortazos por poder entrar a los seminarios. Aquí tenemos que ir mendigando público. Y eso, tras cinco años de gestión, poco a poco va mermando el espíritu.

16/12/08

Camino

Resabiado con el mundo en el que había nacido, durante los noventa y cinco años que vivió, aquel hombre robó, violó, odió, asesinó, engañó, estafó y maltrató a todos sus semejantes. Sólo al final de su vida le fue revelado que, en realidad, era el Mesías y había venido a la tierra para redimir los pecados de los hombres. Supo entonces que había elegido correctamente su camino.

14/12/08

El arte de la prostitución

Durante estas semanas hemos trabajado en clase sobre la relación entre arte y prostitución. Aunque a primera vista pueda parecer que nada tienen que ver, si uno lo piensa bien, no es descabellado afirmar que el arte moderno nace en un burdel. Como se sabe, “Las señoritas de Aviñón”, obra fundacional del arte moderno, no representa a unas mujeres de la ciudad de Aviñón, sino a una serie de prostitutas del burdel del Carrer Avinyó, uno de los más frecuentados por Pablo Picasso. Pero incluso años antes, un gran número de artistas modernos vincularon sus obras al universo de la prostitución. Pensemos por ejemplo en algunas obras célebres de Manet como “El almuerzo sobre la hierba” o la “Olympia”. El arte moderno se encuentra indisolublemente unido a la prostitución y al mundo de la noche. Ya el arte tradicional había mantenido una relación constante con la prostitución. De hecho, casi el total de los desnudos femeninos de la historia del arte habían sido desnudos de prostitutas. La idea de una modelo profesional no existía, y la única forma de ver un cuerpo desnudo era ir a la morgue o al prostíbulo. Allí se podían ver cuerpos que luego eran representados como diosas, musas o alegorías. La gran revolución del arte moderno estuvo relacionada con el hecho de que el cuerpo desnudo de la prostituta fue también desnudado de todo contenido alegórico o narrativo. Y se presentó como lo que era, el cuerpo de una prostituta, y no el de una diosa. Es decir, el arte moderno mostró lo que había debajo de la historia de la representación; lo hizo evidente, como ocurre en “El origen del mundo”, la célebre obra de Courbet que muestra una vagina en primer plano.

A partir del siglo XIX, la prostitución tuvo un auge sin precedentes en algunas ciudades occidentales, especialmente en París. Como sugirió Walter Benjamin, la prostituta, junto al dandi, se convirtió en una de las figuras paradigmáticas de la ciudad moderna. Para los artistas modernos, desde la segunda mitad del siglo XIX, el mundo de las prostitutas representó una vía de escape a la sociedad racional, científica y normalizada creada tras la Revolución Industrial. La prostituta era ese ‘otro’ que, igual que el salvaje o el niño, representaba el más allá de los códigos culturales, y sobre todo, la subversión de la moral y la ética. Representaba todo aquello que no había podido ser bien asimilado en el proceso de modernización de Occidente. Y el arte moderno, que, desde sus inicios, se enfrentó a la sociedad emanada de ese nuevo orden racional, encontró en el universo de las prostitutas todo aquello que iba buscando.

Resaca

Resaca monumental. Segunda cena pre-navideña consecutiva. Quiero acabar temprano pero siempre al final me dejo liar. Anoche: incursión en los bajos fondos murcianos. A las cinco de la mañana me sorprendo a mí mismo en el cuarto oscuro de un antro gay intentando explicar teoría queer a unos individuos que se deleitaban con una escena de sodomía en una peli porno mientras ingerían todo tipo de sustancias. Material literario en estado puro. La condición humana es una fuente de inspiración inagotable.

12/12/08

After Dark: Leer en la oscuridad

Haruki Murakami (Kioto 1949) se ha convertido en la figura central de toda una generación de escritores que han llevado la escritura nipona a la contemporaneidad más radical. Un autor que ha sabido cartografiar como nadie la actual sociedad japonesa, una sociedad global y tremendamente contemporánea. A lo largo de su obra, Murakami ha presentado una sensibilidad extrapolable a las nuevas maneras de entender el mundo derivadas de la postmodernidad occidental. Con una escritura sencilla y rápida, Murakami aparece como un escritor que se mantiene en la frontera entre lo culto y lo comercial, en el equilibrio preciso que permite tener un apabullante número de lectores y, al mismo tiempo, comunicar intuiciones y problemas complejos.

After Dark, su última novela, es Murakami en estado puro. Hace algunos meses comentaba en estas páginas el estado de austerización en el que había entrado Paul Auster. Obras como Un hombre en la oscuridad son sólo para los amantes del escritor neoyorkino, que parece haber entrado en un bucle autorreferencial. En cierto modo a Murakami le ocurre lo mismo, aunque creo que sale ganando. After Dark parece liberar de todo lo transitorio a la novela para presentar casi en estado puro el proceso narrativo del autor japonés. Sin embargo no llega a caer en la simple enumeración y repetición de procedimientos, sino que este estado evolucionado de su narrativa se debe más al desarrollo lógico de su prosa que un proceso de estancamiento.

En el plano del contenido, After Dark relata una serie de historias o fragmentos que suceden en la oscuridad de la noche. Fragmentos que se articulan en torno a la figura de Mari, una chica que lee solitariamente a lo largo de la noche en un bar. A raíz de esto observamos una serie de escenas que siempre suceden en off: el sueño de su hermana y el ambiente siniestro que la rodea, la presencia de un músico que ensaya durante toda la noche, o lo que sucede en un “love hotel” en el que una chica ha sido maltratada. Esas historias componen una narración cuyo principal hilo de continuidad es el tiempo, el tiempo que, representado por un reloj, marca el paso de la noche desde las doce de la madrugada hasta las siete de la mañana.

Aunque sea la figura de Mari la que centre la articulación del libro, de alguna manera, se puede decir que el protagonista de After Dark es la lectura en sí misma, esa especie de cámara que recorre los ambientes y que se para en los detalles. Desde el principio, el acto de leer es lo que inicia la noche. Es el libro de Mari el que da lugar a la primera mirada del lector. Y esa lectura que se ve interrumpida una y otra vez es, en el fondo, lo que planea sobre todo el libro. Por tanto: la lectura y el lector. Un lector que se ha hecho cámara, un lector que mira, pero que también se interroga. En este sentido, hay que decir que la presencia del cine es esencial en la obra de Murakami, aunque su narrativa sea mucho más rica que el simple ojo de la cámara. No es nunca una mirada de superficie, sino una mirada reflexiva que se interroga por los objetos y las situaciones. El ojo de la cámara a través del que conocemos las cosas intenta llegar más allá de lo visible. Intenta traspasar el nivel epidérmico de las cosas para adentrarse en su vida íntima, casi en su espectralidad. Por eso las cosas en Murakami están cargadas de una presencia siniestra, un alma que el ojo del espectador-lector no llega a ver del todo, pero en todo momento (y este es uno de los logros de la escritura del autor nipón) es consciente de ello.

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11/12/08

Aniversario

Cuatro años de felicidad. Sin duda, lo mejor que he hecho en mi vida.

Gracias womahn.

10/12/08

Lágrimas

En los últimos días he releído De lágrimas y de santos, una de las obras más célebres de mi amado E. M. Cioran, el maestro rumano del pesimismo. Entre los muchos aforismos magistrales que tiene el libro, he encontrado una frase que define perfectamente la situación del sujeto contemporáneo: “cuando al final de su vida se quedó casi ciego, los médicos imputaron su mal a una sola causa: el exceso de lágrimas”. He pensado mucho en esto. Y he concluido que problemente hoy estemos cegados por las lágrimas. Hemos llorado tanto que apenas podemos ver el mundo. Las lágrimas nublan nuestra visión y no nos dejan ver aquello que sucede a nuestro alrededor.

En más de una ocasión he escrito aquí sobre la saturación de la mirada en la sociedad contemporánea. Hemos visto tanto que apenas podemos seguir viendo y emocionarnos con las imágenes. Estamos tan saturados que ya nada nos afecta. Pues bien, a la luz de la obra de Cioran, y en particular de esta frase, la saturación de las imágenes tendría que ver con un lagrimeo excesivo. Las lágrimas son muestras de un dolor que no podemos hacer palabra. Pero también son formas de catarsis, ejemplos de liberación. Se nos anima a llorar para no dejar nada dentro, para sacarlo todo, en una metáfora de la limpieza del alma. En los Evangelios, las lágrimas enjuagan los pecados y nos liberan del peso de los acontecimientos. Llorar, por tanto, produce un cierto placer. Y aquí está una de las claves de eso que Cioran llama el exceso de lágrimas y que nos lleva a la ceguera: que en el fondo nos gusta llorar, que nos excitamos con el llanto, que hay una sexualidad masoquista de las lágrimas a la que todos somos adictos.

9/12/08

Web personal

Al final me he decidido a hacerme una web personal, algo más serio que el blog. Ahí colgaré materiales y textos que, por el formato o la extensión, no puedo subir aquí. De momento, la tengo en construcción y aún sin dominio. Iré subiendo cosas poco a poco, pero he pensado que voy a dejar ya aquí el enlace. Todos los comentarios serán bienvenidos. Para los curiosos, la estoy haciendo en iWeb, el programa de mac para la creación de webs.

http://web.me.com/mahernandez/

Entretenimiento

Llevo toda la mañana de liado con pruebas para hacer una web en mac. Tendría que estar acabando textos y estudiando. No tengo remedio.

Reencuentros

Hacía tiempo que no descansaba como lo he hecho este fin de semana. Tiempo de asueto. Leer, dormir, escribir y tocar el piano. Tiempo también de reencuentro con amigos y familia. Y tiempo de reencuentro conmigo mismo. Hacía meses que andaba perdido.

Ahora, tras el breve reencuentro, hay que ponerse de nuevo manos a la obra. Queda el último sprint del año. Como siempre, diciembre se presenta cuesta arriba. Mil cosas que entregar que hay que compaginar con mil compromisos que atender. Supongo que es lo que toca, aunque hablando de tocar, este fin de semana me ha hecho pensar de nuevo en la necesidad de encontrar tiempo para ejercer el noble arte de tocarse los huevos.

5/12/08

Ubicuidad

El superpoder que más envidio es el de la ubicuidad. Es curioso que en una serie como Héroes nadie lo tenga. Hiro Nakamura consigue detener el tiempo, pero nadie consigue desdoblarse y estar en dos sitios al mismo tiempo. Nadie... salvo yo mismo, que ayer comprobé que estaba cerca de poseer este don. En medio de esta vida loca, loca, loca, ayer me programaron dos conferencias al mismo tiempo. Y acepté estar en las dos. En otras ocasiones, había quedado con dos personas en sitios diferentes a la vez, o había llegado incluso a tener tres cenas programadas para la misma noche. Y siempre había conseguido salir airoso, aunque cenando tres veces y tomando tres cafés. Pero lo de las charlas me superaba. Tenía que comenzar una antes de tiempo y finalizarla corriendo, y empezar la otra algo más tarde. Y lo más importante: poder cambiar el chip de una a la otra, porque eran temas que nada tenían que ver entre sí. A la primera llegué con tiempo. Pero no pude empezar en hora. La gente se retrasó y yo no pude hablar más de quince minutos. Luego tuve que salir corriendo a la segunda. Llegué unos minutos tarde. Menos mal que la artista sobre la que tenía que hablar se retrasó también y eso me dio algo de tiempo para respirar, aunque no pude recuperar la voz, que después de cuatro horas de clase, la semiconferencia y la carrera, se había quedado por el camino. Comencé, pues, tarde y sin voz. Y como tenía una hora concreta para acabar, tampoco pude finalizar la conferencia. Así que al cerrar la tarde me encontré con que tenía dos medias conferencias (tres cuartos de la primera y un cuarto de la segunda) que no había conseguido presentar. Fue un día de mitades, trozos y fragmentos. Menos mal que conseguí llegar a casa de una pieza. Eso sí, he aprendido a dejar la ubicuidad para los santos. Al menos de momento.

4/12/08

Felicidades

Hoy es el cumpleaños de womahn, también llamada Athena. Como siempre, apenas tendremos tiempo de vernos. Cada vez más la nuestra es una relación a distancia, aunque nunca hemos estado más cerca el uno del otro. No hay nadie en el mundo con quien me sienta como con ella. Es, sin duda, la pareja perfecta. Y además consigue aguantarme. Qué más puedo pedir.

3/12/08

Moyano

Acudo a la presentación del último libro de Manuel Moyano, El experimento Wolberg (Editorial Menoscuarto). Un libro de relatos en el que el autor, según sus propias palabras, deja ver su cara más realista. Aún no lo he leído, aunque mañana lo compro sin falta. De todos modos, mucho tiene que cambiar la cosa para no encontrar ahí a un maestro del cuento. Un escritor al que admiro profundamente. No exagero si digo que es probablemente el mejor escritor que tenemos en Murcia. Un autor que en breve será uno de los grandes (para mí lo es). Os remito a lo que escribí de su último libro el año pasado (La coartada del Diablo).

Entre las cosas que he escuchado, me ha llamado mucho la atención un comentario de Moyano sobre el género del cuento que, curiosamente, yo siempre he pensado: que se trata de un género que sólo leen los escritores o aquellos que están pensando en escribir. Salvando algunas (muy pocas excepciones), el cuento es un género que no tiene un lector puro, como sí lo tiene la novela. Quizá por eso diga el escritor que quiere dejar de escribir cuentos y dedicarse a la novela. Como ha dicho alguien del público, lo echaremos de menos en el género chico. Eso sí, esperamos como agua de mayo su libro de microrrelatos en la colección Microfronteras.