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30/8/08

Pánico

Llevo una semana aterrado y con miedo a volar. Una sensación a la que ha contribuido menos el trágico accidente de Barajas que su infame, cruel y morboso tratamiento por parte de los medios de comunicación. Y es que muchos medios, después de explorar con detalle la historia de la siniestralidad aérea, han emprendido una búsqueda alarmista a la caza del menor indicio de accidente aéreo a lo largo del planeta. Una paranoia que llegado hasta el punto de que cualquier mínimo retraso en los aeropuertos haya podido convertirse en algo noticiable.

El caso es que uno enciende la televisión y, acto seguido, tiene la sensación de que en el mundo está sucediendo un gran caos aéreo, con aviones averiándose y cayéndose a cada minuto. Supongo que es necesario llegar al aeropuerto y subirse a un avión para observar que la vida sigue con normalidad y que la situación que presentan los medios es del todo “exagerada”. Una exageración que está contribuyendo a la creación de estado general de pánico.

Esto me ha hecho pensar de nuevo en la extravagante medida que el senado rumano tomó hace unos meses: la aprobación de una ley que obligaba a los medios de comunicación a difundir al menos un cincuenta por ciento de noticias positivas para paliar “la extraordinaria nocividad de las informaciones negativas y sus irreversibles efectos para la salud y la vida de las personas”. En su momento, esta medida estalinista me pareció más irrisoria que otra cosa. Pero, visto el rumbo que están tomando los acontecimientos, estoy comenzando a encontrarle sentido. Un poco de mesura, por el amor de Dios.

25/8/08

Morbosidad

En plena efervescencia de la fiebre por James G. Ballard, he caído estos días en la lectura de Crash, que he devorado en apenas una tarde. Había visto la película de David Cronenberg y me había fascinado. Pero el libro es increíble, como casi todo lo de Ballard. Filosofía en estado puro. O, mejor, en estado "duro", porque las primeras veinte páginas son de lo más terrible que jamás he leído. Seguramente la cosa me pilló con mal cuerpo, pero el caso es que por momentos incluso consiguió revolverme el estómago. Una sensación que iba acompañada, paradójicamente, de una excitación morbosa que no me dejaba cerrar el libro. Pornografía tecnológica, como el propio autor comenta en el prólogo. Sin duda, volveré a Ballard proximamente. 

24/8/08

Buena Nueva

Hoy ha nacido Pedro Cruz Alarcón, de siete meses y hecho un renacuajo, pero sano y llorón. Una alegría para todos. Mi noveno sobrino. El primero de womahn. Hemos pasado casi todo el día en el hospital. Por primera vez en mucho tiempo el espacio del desastre se transforma en el lugar de la felicidad. 

23/8/08

Interludio minimalista

Llevo algunos meses sin subir música al blog. Estos días, en los interludios del libro sobre Robert Morris, he ido componiendo-improvisando algunas cosas. Cosas, como no podría ser de otro modo, minimalistas y exasperantes. Al terminar, me he dado cuenta de que sonaban demasiado a Michael Nyman. Pero qué se le va a hacer, las influencias son las influencias. Además, es sólo un juego.

Os dejo dos versiones del mismo tema, una en piano solo y la otra para piano y cuerdas.



22/8/08

Condolencia

En ocasiones vemos las noticias y las desgracias no nos afectan demasiado. Otras veces lo que vemos nos convulsiona y nos deja prácticamente noqueados. Esto es lo que nos ha ocurrido a todos con el triste accidente aéreo del pasado miércoles. Uno se pregunta entonces por qué algunas tragedias nos llegan más que otras, por qué hay desgracias que nos encogen el estómago y otras que nos dejan indiferentes. La respuesta está sin duda en el grado de cercanía y posibilidad de la catástrofe, esa idea de que el desastre nos puede suceder a nosotros en cualquier momento, algo que nos hace enseguida ponernos en el lugar del otro.

Y ese re-conocimiento, ese saber que el otro es un yo-posible, es precisamente lo que nos permite acompañar el sufrimiento y sentir plenamente “compasión”, es decir, padecer-con, doler-con, estar cerca del otro en la desolación. Esto, que parece natural cuando la tragedia irrumpe en nuestro mundo de posibilidades, resulta mucho más difícil cuando el otro no ocupa el papel de prójimo y es apenas una cifra, un dato o una imagen.

Cuando el otro se aleja, nos volvemos indiferentes. Las víctimas parecen contar menos cuando no se hallan en nuestro ámbito compartido de experiencia. Evidentemente “a cada cual le duele lo suyo”, y esto no podemos cambiarlo. Pero sí que deberíamos comenzar a preguntarnos qué es exactamente “lo nuestro”. Y si acabamos deduciendo que lo nuestro es la humanidad, entonces el otro no sólo será el que más cerca esté de nosotros, sino también aquel con quien nada tenemos en común.


[Publicado en La Razón, 22-08-08]

20/8/08

Terrible

Enciendo la tele y me horrorizo al ver el accidente aéreo en Barajas. El desastre es terrible. Se me ha cogido un nudo en el estómago y unos nervios como hacía mucho tiempo. No tengo (espero) ningún conocido en ese avión, pero la cercanía y la "probabilidad" (esa sensación de "le puede pasar a cualquiera") hace que el accidente se sienta como algo propio. Me va a costar mucho trabajo subir al próximo avión. En dos semanas voy a China y tengo que coger tres aviones para llegar. En fin, mejor no pensarlo.

18/8/08

Novela negra

Termino la lectura de Que se levanten los muertos, una novela de misterio obra de Fred Vargas. Han sido varios los amigos que me han aconsejado la lectura de esta escritora francesa que domina el suspense como nadie. Y la verdad es que debo darles la razón, aunque sólo he conseguido meterme en el libro al final, cuando la investigación comienza a desplegarse con inteligencia. En cualquier caso, un descubrimiento que recomiendo. 

17/8/08

A casa

Al fin en casa. Lo pinten como lo pinten, no hay nada como el hogar. Estar fuera más de una semana me pone nervioso. Necesito volver a mi rutina cuanto antes. Mañana por la mañana vuelvo al libro de Robert Morris y no salgo de ahí hasta el próximo 2 de septiembre, que parto hacia Shangai, también una semana y media. Ni pensarlo quiero. 

16/8/08

Colitis

Como imaginaba, lo único mágico de los hongos que venden por aquí es que mi estómago aún no se ha roto en mil pedazos. Pedazos que se han conservado milagrosamente después de un día algo más cansado. La culpa, por supuesto, la tiene Van Gogh y su museo, y, cómo no, las colas que hay que hacer para entrar a cualquier sitio en Agosto.

Lo que más me sigue llamando la atención es la resignación con la que los turistas aguantan las colas. No importa el tiempo que haya que esperar: parece que hemos asumido que hacer turismo es sinónimo de hacer cola. Algunos lo tienen tan presente que incluso lo pasan bien y se convierten en auténticos profesionales de la espera. Esto me ha llevado a pensar que podríamos definir al turista contemporáneo como un ser que padece “colitis”, una suerte de adicción y tendencia hacia las aglomeraciones lineales.

Lo más extraño de todo es que muchas veces es la misma cola la que produce la aglomeración. El turista piensa: quizá no haya nada que ver, pero si hay gente por algo será. Es como una especie de magnetismo que lo hace ir siempre hacia donde hay más gente, un horror vacui que, bien pensado, es de lo más humano. Y es que una de las características del homo sapiens es que actúa por imitación. Desde que nacemos toda la configuración de nuestra subjetividad se basa en la identificación con modelos y estructuras. No es de extrañar, pues, que sigamos rigiéndonos por el célebre “allá donde fueres, haz lo que vieres”. Y si lo que “vieres” es que la gente se aglomera para ver o hacer no se sabe qué, por descontado, habrá que ponerse en cola.

15/8/08

Seguimos aquí

Sigo en Ámsterdam, pasando unos días agradables. Martes y miércoles fueron de trabajo duro, aunque productivo. Hemos acabado por fin el dichoso libro de las estéticas migratorias. Ya tiene título: "Art and Visibility in Migratory Culture (Enacting Conflict and Resistance, Aesthetically)". Largo, pero descriptivo. Ahora toca esperar a que conteste alguna de las editoriales a las que hemos enviado la propuesta (Manchester, Duke y Routledge). Si alguna cae, será casi un sueño cumplido.

Mieke Bal de nuevo se ha portado como una madre. Intelectualmente, en cierto sentido, lo es para mí. Admiro su trabajo y la admiro como persona.

Después del trabajo, womahn y yo hemos hecho un poco de turismo relajado. Para variar, yo he recaído en la compra de libros. Esta vez no han sido muchos, menos de diez (aquí sí que son caros). Entre ellos, "Man of the Dark", la nueva novela de Paul Auster que ha salido al mismo tiempo en inglés y en holandés. Llevo dos noches leyéndola y de momento me está gustando, aunque por supuesto sigue en la línea de lo último. Es como si desde Brooklin Follies Auster no hubiese acabado de escribir la misma novela. Lo más interesante de momento, es la importancia que le está dando a la experiencia cinematográfica. Se nota que ha dedicado un tiempo a decir cosas con imágenes en lugar de con palabras.

Y hablando de imágenes y de palabras, mientras escribo esto, estoy en hotel comiendo unos hongos mágicos que tienen de mágico lo que yo de rico. Champiñones crudos comprados en el mercadona holandés y revendidos como alucinógenos. Ya os contaré, pero a mí da que lo único que va a provocarme esto va a ser una cagalera de escándalo.

11/8/08

Ámsterdam 

Otra vez en Ámsterdam. En esta ocasión, me acompaña womahn, que es ya es hora que venga conmigo a algún viaje. A la pobre la tengo martirizada todo el año y se merece un algo de expansionamiento. Aunque aquí en Ámsterdam no voy a estar totalmente de vacaciones, pues la mitada del tiempo (y un poquito más) me toca trabajar en la redacción y edición definitiva de libro Estéticas Migratorias, en el que he trabajado con Mieke Bal durante algo más de un año. Hay proyectos que se atrancan y uno no se los puede quitar de encima. Las estéticas migratorias comienzan a ser ya uno de esos.  Lo mire por donde lo mire no acabo de verle el fin. Esta semana espero que comience a atisbar un "The End" en el horizonte.

10/8/08

Touché

Hoy hemos disfrutado como niños con la competición de esgrima. Desde bien temprano, hemos estados pegados a la tele como si nos fuera la vida en ello. Al final, José Luis Abajo (Pirri) ha logrado la medalla de bronce, la primera en la historia de la esgrima española, y la número cien del medallero olímpico para nuestro país. Ha sido emocionante a más no poder. Y sobre todo nos ha vuelto despertar la pasión por la espada. Pase lo que pase, este año me reengancho al noble arte de la esgrima. Seguro que mis rivales lo agradecerán; pocas veces se enfrentarán a un blanco tan evidente.

Un momento de la semifinal

8/8/08

Tiempo a través

Por momentos, el presente nos libera de vivir en el pasado. Experimentamos entonces el mero existir de la vida, el flujo y la espesura del tiempo, la densidad del acontecimiento. Se trata de estar ahí, sin más, como una cosa, en la pura ataraxia de la dejación. Existir. Sin mirar hacia atrás ni hacia adelante... Luego el tiempo se arruina y no me queda más remedio que volver a las tinieblas. Recuerdo entonces que ya son cinco meses. Pero duermo contento porque sé que el presente aún no se ha alejado del todo.

6/8/08

Respeto

He comenzado por fin mi thriller. Ya tengo terminada la planificación. Conozco el principio, el final y gran parte del desarrollo, aunque tengo muchas lagunas de lo que sucederá a partir de la mitad del libro. No sé cómo se llegará al final. Eso me ha detenido mucho tiempo, aunque hoy me he decidido a empezar. Y que sea lo que Dios quiera. Lo único que puedo adelantar es que va de niños muertos y fotografías extrañas. Y por supuesto de un profesor de cultura visual que intenta aclararlo todo inmiscuyéndose en las investigaciones de la policía.

Y hablando de niños muertos, desde el sábado hasta ahora no he parado de ver películas de niños fantasmas. Comencé por Frágiles, que no está del todo mal, y, tras varias recaídas, hoy he acabado con En la tiniebla, donde el niño muere al principio de la película y al menos se libra de un truño bastante aburrido. Para colmo, y continuando con mis lecturas chorra del verano, estoy leyendo El ladrón de almas, de una islandesa cuyo nombre ahora no recuerdo y me da pereza buscar en google. Por supuesto, va de niños muertos que se aparecen en un hotel.

La cuestión es que, de tanto pensar en el asunto, llevo ya unas noches que me da respeto mirar el espejo antes de acostarme. Menos mal que la cama está directamente en el suelo y lo único que puede esconderse allí son las pelusillas del ombligo.

Frases Célebres

"Un conductor hidratado es un conductor seguro" (RACC)

4/8/08

Dispersión

Después de la intensa semana pasada, me cuesta coger el ritmo. Hoy he comenzado a ordenar las cosas del despacho y a preparar los libros necesarios para los nuevos proyectos, que deben ser terminados cuanto antes. El primero y más importante es el libro sobre Robert Morris para la editorial Nerea. Lo llevo entre manos ya unos meses y todavía no me he puesto en serio. Esta mañana he recopilado todo lo necesario y he puesto mi mente en modo trabajo-duro. En poco tiempo he redactado el plan de acción y el índice. Parece que la cosa va bien.

Por otro lado, no puedo olvidarme del sempiterno thriller que nunca llega a comenzar del todo, aunque después de la experiencia de Espinosa de Cervera, parece que ya es el momento de empezar. Casi un año de maduración. Espero que no se me haya pasado el arroz y se me haya marchitado la trama.

Es mucho lo que tengo que escribir. Y eso me gusta. Pero misteriosamente sigo posponiendo el comienzo y entretengo tontamente con lecturas chorras y tonterías varias. Este fin de semana, sin ir más lejos, después de tragarme una serie de películas de terror innombrales, he leído una castaña pilonga de ciencia ficción titulada A vuestros cuerpos dispersos, de Philip José Farmer. Por lo que se ve es una obra de culto. Y la verdad es que el principio prometía mucho. Pero el desarrollo no tiene demasiado sentido. Una idea magnífica (un mundo después de la muerte), un comienzo prometedor... y una trama que deja mucho que desear.

A veces lo pienso, y eso mismo es precisamente lo que me aterra cuando comienzo a escribir, que las ideas se me vayan al garete. Ahora mismo, tengo un gran número de argumentos y posibles novelas en la cabeza, pero estoy seguro de que ninguna funcionaría, o al menos de que yo no sabría llevarla a buen puerto. Y es que mi principal problema es el oficio. Creo que esto lo he comentado en más de una ocasión: incluso para escribir el bodrio de los bodrios, hace falta algo que yo no tengo: voluntad, constancia, planificación... capacidad para convertir una idea en una historia. Por eso creó Dios el microrrelato, para que yo tuviese alguna oportunidad de publicar algo en condiciones. Y que, sin duda, es lo que mejor me va. Entre la idea y la realidad apenas hay unas frases de por medio. Es la pura ocurrencia y nada más. Para mí eso es lo más fácil. El resto es un trabajo duro que no sé si puedo (o quiero) resistir.

2/8/08

Arriving

Regreso exhausto de la semana de reclusión anglófona. Al final, la cosa no ha ido tan mal. Creo que ha servido de algo, aunque no tengo demasiado claro de qué, porque inglés, lo que se dice inglés, no sé si he aprendido demasiado. Entiendo mucho mejor que antes y soy más consciente de los errores que tengo cuando hablo. Pero el salto no es tan grande, al menos cuantitativamente. Uno no entra sin saber nada y sale hablando como Obama. Para eso hace falta más de una semana. De todos modos, recomiendo la experiencia en todos los sentidos.

Por encima de cualquier otra cosa, a mí me ha servido para desconectar del mundo. Creía que no iba a poder soportar un semana sin cobertura y sin Internet, pero la vida no se acaba porque uno esté desconectado de ella. Además, el pueblo en el que estaba, Espinosa de Cervera, es increíble. Me recordaba al pueblo de Amanece que no es poco. No más de treinta casas, con un bar en el centro y una ermita románica en las afueras. Un pueblo agradable, pero al mismo tiempo muy siniestro. Es la localización perfecta para el thriller que quiero escribir. Ya he encontrado incluso el lugar donde sucederán los asesinatos, una serie de pequeñas bodegas excavadas en una montaña cercana.

La verdad es que, aunque no haya escrito una línea (no he tenido tiempo ni de respirar), ha sido una experiencia muy literaria. Los profesores, los estudiantes, los habitantes del pueblo, el entorno... era un ambiente a medio camino entre lo idílico y lo viciado. Estoy seguro que más de una semana así y comienzan a ocurrir cosas espeluznantes.

En fin, lo importante es que he regresado de una pieza, aunque womahn no estaba demasiado convencida de ello. Y otra cosa: al final no he sido sodomizado, o al menos eso creo, porque todavía no tengo claro para que servía aquel ejercicio en el que me ponían a cuatro patas en el suelo y me decían en un perfecto inglés: look at the mountains, please.