30/5/08

Cansado

Llevo unos días sin escribir en el blog. Apenas he tenido tiempo de respirar esta semana. Entre las clases (que parecen no acabar nunca) y las conferencias del Cendeac (el seminario de Judith Butler no estuvo mal del todo) no he podido ni sentarme frente al ordenador. Lo peor es, desde luego, no entrar en casa. No sé ni qué forma tiene mi sofá. Por eso hoy me lo he tomado de reposo. Teléfono apagado y persianas bajadas. Necesito unas vacaciones cuanto antes. Estoy cansado de estar cansado. Como decía Pessoa, me cansa hasta lo que no me cansa (o algo así).

25/5/08

Días extraños

Este fin de semana me dedico a finalizar la lectura de una serie de libros que tenía a medio. Alguna fuerza oculta me impulsa a liberarme de un exceso de equipaje que ya no me permite caminar. Ir cerrando poco a poco cosas iniciadas, como si algo nuevo estuviese a punto de suceder. Pero, como siempre, nada sucede. O quizá todo haya sucedido sin que nos demos cuenta. Como sin darnos cuenta también regresa a veces demasiado fuerte la melancolía (que nunca se ha ido del todo). Eso sucede hoy, último domingo de mayo, día en el que se celebra la fiesta de mi pueblo, la Romería de la Virgen de la Huerta, una escultura que mi hermano hizo en su juventud (hace ya casi treinta años) y que yo, en mis tiempos católicos (pasados, aunque no del todo superados), llegué incluso a sacar a hombros. Hoy pienso en la romería y el recuerdo de mi madre se hace más presente que otros días. En estas fiestas, ella, melancólica como yo, en lugar de alegrarse, se entristecía pensando en todos los que ya no estaban, sobre todo en mi padre. Hoy la comprendo mejor que nunca. Y me quedo en casa toda la tarde, acabando libros que nunca he empezado leer.

24/5/08

Emociones tecnológicas

Agustín Fernández Mallo
Carne de Píxel

Barcelona, DVD, 2008

Premio de Poesía Ciudad de Burgos
72 páginas. 8 €


Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) es el abanderado de la llamada ‘Generación Nocilla’, un 'grupo' (amplio y difuso) de escritores españoles crecidos ya en plena democracia e influidos palpablemente por la televisión y la cultura popular. Su Nocilla Proyect lo está convirtiendo en uno de los renovadores del panorama literario español, sobre todo gracias a la introducción del imaginario del cine, la cultura de masas y la ciencia, y, sobre todo, a la incorporación de la experiencia de las nuevas formas de escritura vinculadas al desarrollo de Internet y la emergencia del rizoma deleuziano.

Carne de píxel, su último libro, ha sido observado por más de un crítico como el trasunto poético del mencionado proyecto narrativo. Pero quizá habría que decir lo contrario, que el proyecto Nocilla es una ramificación subsidiaria de la poesía de Fernández Mallo. Porque es en este terreno donde con más soltura y brillantez se mueve. Ahora que tengo frente a mí Nocilla Experience (el segundo libro de la trilogía) y Carne de píxel, sin ningún género de dudas, me quedo con el segundo. Allí, y esa es una de las intenciones del autor, se rompe por completo con la narración. Sin embargo, aquí, la narración (una cierta narratividad), paradójicamente, no acaba de irse. Si uno es algo perverso, podría decir que es en la poesía de Fernández Mallo donde mejores frutos da su escritura narrativa.

La obra poética de este autor se ha caracterizado desde un principio por introducir los desarrollos de la ciencia y la tecnología en el ámbito de lo textual. Pero nunca como hasta ahora lo había logrado de modo tan exitoso. Aquí sigue posicionándose en la línea de los integrados (y no de los apocalípticos, como gran parte de la poesía contemporánea) ante los nuevos medios y posibilidades de la tecnología. Integrado, pero no totalmente ‘entregado’, pues lo interesante es que hay siempre una postura de toma de conciencia de los nuevos desafíos del humanismo, pero al mismo tiempo una especie de tensión con los modos del pasado, sobre todo en el cuidado de la escritura y la búsqueda de la palabra medida y equilibrada.

La tecnologización de la vida cotidiana y la introducción del imaginario de los nuevos medios así como el nuevo archivo epistemológico que promueve tanto Internet como el amplio espectro tecnológico contemporáneo, han hecho que el ser humano se convierta prácticamente en un ser proteico. Las emociones, los miedos, los temores, los deseos… se encuentran también permeados por lo tecnológico. No sólo ocurre que las tecnologías son cada vez más emocionales (y de esto saben mucho los nuevos diseñadores de dispositivos avanzados), sino algo aún más importante, que las emociones también se están tecnologizando. Y, en consecuencia, parece lógico y necesario dar cuenta de ello en un lugar tan resistente como es la poesía. Carne de pixel es, en este sentido, un más que acertado intento de situar el mundo de la emoción en el mismo lugar que el mundo de la tecnología. Queda claro que ya no hay emociones puras. El imaginario de la ciencia y de la tecnología configura nuestro filtro de acercamiento al mundo. Uno no piensa en su pareja sin pensar en su número de móvil, o incluso en el dispositivo que utiliza para ponerse en contacto con ella. Tecnología y emoción comparten el mismo contexto.

Carne de pixel nos habla acerca de una relación amorosa que construye poco a poco su propia imagen del mundo. Y aquí, en cierto modo, también entra en juego la cuestión de la ‘psicogeografía’, y de cómo cualquier itinerario es, al final, un itinerario emocional. En esto el autor sigue también (o, si no lo sigue, está en la misma línea) los desarrollos de gran parte del arte contemporáneo y su ‘apropiación subjetiva del entorno’. Una apropiación que aquí no se da del todo, porque si algo queda claro a lo largo del libro es que no hay una realidad real total a cuyo conocimiento podamos aspirar. Sólo hay una gran abstracción, un gran vacío. En el píxel está todo contenido y, al mismo tiempo, es una nada. Como escribe el autor, ‘hay en el píxel una metafísica’. Quizá habría que hablar de una nueva concepción monadológica de la existencia.

Carne de pixel es, por último, un libro magníficamente escrito. Adscribirlo al género de la poesía, o a cualquier otro, es, como sucede cada vez más con la literatura contemporánea, una cuestión de contexto. Lo denominamos poesía porque aparece publicado en una colección de poesía y porque ha ganado un premio de poesía (Ciudad de Burgos). Pero eso quizá sea lo de menos. Lo de más es que con obras como esta se renueva la literatura y, sobre todo, se señalan caminos por los que poder seguir avanzando.

[Publicado en El faro de las letras, 17/05/08]

23/5/08

Perturbado

En el tren, voy sentado al lado de un señor que no para de moverse y gesticular, como si mantuviese un pelea consigo mismo. Sin duda es un perturbado. Mientras lo observo, y me debato entre mirarlo o dejar de hacerle caso, me doy cuenta de que la única diferencia entre él y yo es que él saca a la superficie la esquizofrenia que yo, sin embargo, oculto a los demás. Mi aparente normalidad es sólo cinismo. Su anormalidad es, en cambio, un alarde de transparencia. Sin duda, él es mucho más razonable que yo, que escribo esto mientras lo miro con el rabillo del ojo. 

Agradable

Al final, la presentación salió bien. Sin haber preparado absolutamente nada, el acto quedó bastante equilibrado. El contexto era inmejorable: la magnífica exposición de Javier Pérez. 

Por momentos la cosa tomó un tinte a medio camino entre la boda y el funeral. Al Aria da capo que bailaban unos esqueletos y el tañir de campanas negras, se sumaba la mesa con el libro abierto y unos guantes blancos para poder pasar las páginas. Fue entonces cuando el discurso de José Jiménez, en tono solemne, argumentó que lo que había en el libro era una historia de amor. De amor y muerte. Entre imágenes y textos, entre los personajes de la historia, e incluso entre el artista y el escritor. Así las cosas, al final de mi intervención no tuve más remedio que pedir en matrimonio a Javier Pérez.

La verdad es que fue un acto emotivo. Y sobre todo me dio la oportunidad de encontrarme con algunos amigos, sobre todo con Fernando Castro, convaleciente de su larga conferencia y, sin embargo, de una pieza. 

Por otra parte, el libro ha quedado (y queda feo que lo diga yo) fantástico. El diseño, el papel, las serigrafías... incluso el texto. Confieso que me siento un auténtico privilegiado. Y no puedo sino estar más que agradecido a todos los que lo han hecho posible (que no son pocos).

21/5/08

Presentación en Madrid

El próximo jueves 22 (es decir, mañana), a las 19'30 h., se presentará en Madrid El bebedor de lágrimas, el libro de Bibliofilia con veinte serigrafías de Javier Pérez y veinte microtextos míos . El acto tendrá lugar en la Galería Salvador Díaz, y estará presidido por el Director General de Bellas Artes, D. José Jiménez. Si alguien está por allí cerca y no tiene nada mejor que hacer esa tarde, queda inmediatamente invitado a la presentación.

20/5/08

Frikivisión

Sin palabras estoy ante las semifinales de Eurovisión. Dejo por un momento la filosofía política de Toni Negri, pongo la tele y me encuentro con un calcetín-pavo cantando "Irland douce points". Pero lo que sigue no lo va a la zaga, un payaso con cuatro fulanas vestidas de novia, argumentando que las monas también comen plátanos. Desde luego el Chiki-Chiki es Bel canto ante lo que estoy viendo. Pachangueo barato de pueblo. Qué disparate. Frente a esto, la resistencia del lavoro inmaterial pierde cualquier sentido que pueda haber tenido.

19/5/08

Relajante

Con el ajetreo del viaje, el dolor de costado, que comenzaba a remitir, ha vuelto casi como el primer día. Hoy no se me ha ocurrido otra cosa para paliarlo que tomarme, antes de ir a clase, un relajante muscular de los fuertes. No os podéis imaginar los esfuerzos que he tenido que hacer para permanecer despierto mientras explicaba el Cuadrado Negro de Malevich, uno de mis cuadros favoritos. He hecho todo lo posible para que no se me notara nada, pero mientras intentaba explicar la influencia de los iconos bizantinos en el cuadrado he perdido, durante un microsegundo, contacto con la realidad. Ha sido un parpadeo, pero creo que incluso he soñado. Lo que no sé es si aún me he despertado, porque llevo todo el día en una nebulosa. 

...

Llego reventado del periplo irlandés. Odio Ryanair.

16/5/08

Contrastes

Air Lingus, a pesar de su comprometido nombre, es una buena compañía aérea. Seria, cómoda y puntual. He tenido uno de los vuelos más placenteros de mi vida. El ajetreo ha venido después. Después de llegar a Dublín, he salido directamente para la ciudad de Navan, donde tenía que hablar en el Solstice Centre for the Arts de la exposición Estéticas Migratorias. Allí he tenido que improvisar una perorata en un inglés que empeora con el tiempo. Ahora mismo llego al hotel en Dublín, y estoy tan cansado que no voy a bajar a ver la ciudad. En lugar de eso, me voy a preparar bien la intervención de mañana, un día que también se plantea complicado. Y es que a las nueve, salgo para Belfast. Dos horas y media de tren. Allí la cosa sí que parece interesante. Diversos colectivos y asociaciones relacionadas con la política migratoria nos harán un tercer grado a Mieke Bal y a mí. Ya veré si salgo vivo. Y hablando de vivos, en la parte de la exposición que estaba en Navan, me he vuelto a confrontar con la obra en la que fugazmente aparece mi madre. He sentido que algo puntiagudo y ardiente me punzaba en la nuca y me erizaba todos los poros de la piel. No he podido resistir el llanto. Es extraño cómo las imágenes son capaces de contener tanta realidad. Y también cómo provocan la más grande de las frustraciones. Y es que, más que nunca, hoy, he maldecido que las imágenes no se puedan tocar.

15/5/08

Conferencias y conferencias 

Salgo hacia Irlanda para volver a parlamentar de la estética migratoria. Mañana, conferencia en Dublín, y el sábado, en Belfast. No me apetece demasiado, aunque me volveré a encontrar allí con Mieke Bal, y eso siempre es un aliciente. Lo que no sé es cómo me siguen invitando después de haber escuchado mi desastroso inglés. En fin, ellos sabrán. 

Lo que más me fastidia de todo es que este fin de semana me voy a perder la conferencia de otro gran amigo, el incomparable Fernando Castro. El próximo sábado, desde las 10'30 de la noche y hasta la mañana siguiente, Fernando hará gala de sus sobrehumanas dotes de conferenciante. No sabéis lo que me pesa no poder estar aquí. Como le diría Napoleón a Josefina, tengo la sensación de que siempre me voy en lo mejor.

14/5/08

Desconcierto

Hoy dejado inquieto al librero al pedirle en la misma frase El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa, y Adn asesino, de Patricia Cornwell. Después de buscarlos un rato, ha venido con uno en cada mano, como si el mínimo contacto entre ellos pudiera contaminarlos. Le ha faltado ponerlos en bolsas diferentes. Y sobre todo le ha faltado preguntarme el porqué de tal sacrilegio. Le habría respondido que el ser humano es incoherente por naturaleza. Y que la buena literatura sólo se puede apreciar sobre un fondo de contraste. Y, más aún, que hay días en los que me dejo seducir por el fondo de contraste, aunque esta vez haya sido por un truño imponente como este Adn asesino.

13/5/08

Paréntesis

Hay días en los que desaparezco del mundo. Apago el móvil, desconecto el teléfono fijo, bajo las persianas y me cierro sobre mí unas horas.  Son momentos en los que hasta el lenguaje necesita tomarse un descanso. Dejo de hablar, de actuar e incluso de pensar. Sólo intento dejar que las cosas fluyan, sentir que el mundo discurre sin que yo esté en él. Luego abro los ojos y veo que todo sigue igual. Mil llamadas perdidas, doscientos mensajes al móvil diciendo que me necesitaban y no me encontraban. Pero nada terrible ha sucedido. El mundo continúa su camino. Y yo he podido sentirlo por unos instantes.

12/5/08

La conquista del tiempo

Giacomo Marramao
Kairós. Apología del tiempo oportuno.
Barcelona, Gedisa, 2008.

Hace una semana, a raíz del comentario de ‘Del sentir’, de Mario Perniola, decía que la filosofía italiana no cesaba de dar muestras de inteligencia y sagacidad con autores como Agamben, Vattimo o Cacciari. También deberíamos situar en esa nómina a otro pensador algo menos conocido pero igualmente fundamental como Giacomo Marramao (Catanzaro, 1946). Su obra se ha centrado en el estudio de la genealogía y conformación de la Modernidad occidental y los procesos de secularización vinculados a ella. Según Marramao, la clave del espíritu moderno es esa secularización de todos los valores y elementos de la vida, entre los cuales el tiempo ocupa un papel esencial.

Este libro constituye el segundo volumen de una trilogía que el autor ha dedicado al estudio de esta cuestión esencial para la filosofía, la condición temporal del ser humano. Según Marramao, una de las cosas que tienen lugar en la Modernidad es la supresión del tiempo plural de lo humano, sustituido cada vez más por el tiempo singular de la técnica. El individuo moderno se convierte en un “sujeto” de un tiempo único impuesto desde instancias que lo superan. La célebre escena de Tiempos modernos en la que Chaplin, extenuado por la cadena de montaje, comienza a atornillar todos los objetos que tiene a su alrededor, sirve de metáfora perfecta –quizá algo exagerada, es cierto– del modo en que el sujeto moderno “extiende” el ritmo de la máquina a la cotidianidad, introyectando y haciendo suyos los tiempos de la cadena de producción. La experiencia múltiple –humana– del tiempo ha sido sustituida por el tiempo del capital. El nacimiento del sujeto moderno está ligado a la “sujección” a un tiempo que, cada vez más, ya no era el suyo, sino un tiempo simple, el tiempo de la sucesión. En cierto modo, se podría decir que la Modernidad instauró la monocronía, el tiempo único de la producción y la tecnología –único resquicio aún hoy de la creencia en el progreso–.

El proceso de aceleración del tiempo iniciado por la Modernidad, lejos de detenerse, se ha ido haciendo cada vez más drástico, hasta el punto en el que hoy se pueda decir que caminamos directamente hacia la supresión de todo tiempo, hacia eliminación total de la experiencia temporal. La nuestra ya no es la época de la velocidad, sino la de la urgencia, la época del tiempo-cero, de la inmediatez, de la instantaneidad. Los tiempos “hipermodernos” se caracterizan, precisamente, por suprimir todas las distancias temporales. Una supresión de la espera, de la transición, del intervalo, del “in-between”.

El nuevo tiempo ya no tiene tiempo de mirar hacia atrás, ni de calcular su trayectoria hacia delante. Es un tiempo de deslizamiento, sin profundidad, sin anclajes, tiempo del aquí y ahora, pero de un aquí y ahora que nada tiene que ver con el de las filosofías orientales. Un aquí y ahora que desaparece constantemente, que no tiene espesor ni sustancia. Un aquí y ahora, podríamos decir, ya totalmente deshumanizado, o, al menos, ajeno a los ritmos naturales –biológicos y psíquicos– de lo humano.

Es precisamente frente a ese tiempo de la prisa frente al que Marramao, a través de un proceso de análisis crítico-hermenéutico (acudiento a fuentes tan dispares como Platón, Einstein, Penrose o Bergson), propone la experiencia del ‘kairós’, un tiempo más allá del simple cronos, que restauraría la pluralidad del tiempo de lo humano, el tiempo propio o lo que él llama el ‘tiempo oportuno’, un tiempo de convivencia entre el tiempo del mundo y el tiempo de la vida, el tiempo social y el tiempo psíquico. Una suerte de horizonte de encuentro para la experiencia temporal del individuo con la experiencia y los códigos temporales de la comunidad. Esta dimensión ‘kairológica’ del tiemplo sería, según palabras del autor, ‘la única capaz de conectar, en una tensión fecunda, pasado y futuro dentro del presente de la experiencia y la imaginación creativa’. Es decir: recomponer nuestro multiverso temporal.

[Publicado en El faro de las letras, 25-4-2008]

Demora

Hoy me he levantado más temprano de la cuenta. He desayunado y, antes de ir a clase, me he vuelto a acostar una hora. Si existe la felicidad, se debe parecer mucho a esa sensación de demora de lo inminente.

10/5/08

Adagio en Re(cuerda)

Al final sabía yo que esto de comprarme un piano no era buena idea del todo. He vuelto por mis fueros preuniversitarios y, poco a poco, la música comienza de nuevo a presidir mi vida, eclipsando incluso por momentos a la literatura (que se había adueñado de mi tiempo). Ultimamente hasta tengo sueños con banda sonora incluida. Luego no logro recordarla del todo, aunque me levanto con la sensación física de haberla escuchado. Son nebulosas de violines que no llegan a formar nunca una melodía. Me recuerda mucho a cierta música de cine. Música que deja el protagonismo a las imágenes, que las atraviesa casi de modo transparente, como si no tuviese realemente un lugar (perfecto, quizá, para el título de este blog).

Este sábado, entre libro y libro, he intentado darle una forma a esa música. Lo cuelgo ahora y prometo no seguir martirizando a España con mis improvisaciones. En esta ocasión un es Adagio para cuerda en Re. O lo que es lo mismo, un adagio para un re-cuerdo que no consigo recordar.

9/5/08

Hacerse sentir en el presente

Mario Perniola
Del sentir
Valencia: Pre-Textos, 2008.
176 págs. 15 €


La filosofía italiana se ha caracterizado por promover lúcidas visiones de la sociedad contemporánea. Pensadores como Agamben, Vattimo o Cacciari son fundamentales para entender el mundo en que nos movemos. A esa nómina de grandes santones habría que sumar, desde luego, la figura Mario Perniola, profesor de estética de la Universidad de la Roma Tor Vergata, que, tras un proceso lento, comienza a estar muy presente en nuestro país. En estos últimos años, sin ir más lejos, se han traducido más de cinco libros del autor. Un autor que cuenta a sus espaldas con una vasta y extensa obra ensayística compuesta por más de una veintena de libros entre los que es posible encontrar desde títulos míticos y prácticamente de culto, como ‘El sexappeal de lo inorgánico’ o 'El arte y su sombra', hasta otros más divulgativos aunque igualmente necesarios, como su clásica y célebre ‘Estética del siglo XX’.

Perniola es un pensador extraño. Deambula por un gran número de temas con una soltura particular. Y sabe siempre dar en la clave de los problemas. Su enfoque es siempre ajeno a las modas y a la lógica. Aunque se acerque a los lugares nodales de la reflexión contemporánea, este filósofo siempre presenta una visión escorada y a contrapelo de los problemas que examina, con un equilibrio perfecto entre la alusión a las fuentes tradicionales, la filosofía erudita y la apertura. Se puede decir que, por encima de cualquier otra cosa, Perniola es un observador. En este sentido, su obra en ocasiones roza la sociología, la antropología o incluso la crítica de arte. Pero en todo momento su reflexión se aferra al ámbito de la estética. No en vano ésta es su ocupación, profesor de estética, o al menos así siempre se define. Y es que para Perniola, la estética es en el fondo la atalaya desde la que mejor se puede observar el mundo contemporáneo. La estética, que permite transitar de la experiencia a la abstracción con cierta facilidad.

El pensamiento de Perniola es también un pensamiento paradójico. Aunque ha pasado por los más variados temas, en el fondo, el problema que siempre le preocupa no es demasiado diferente: la cuestión del tránsito, del ‘estar siendo’, del vivir el aquí y ahora del presente. De alguna manera, toda su obra se preocupa por buscar esta noción de la experiencia consciente de la realidad. Una noción no demasiado alejada de un cierto orientalismo zen. Orientalismo que, sin embargo, como ha mostrado en más de una ocasión, está ya en la base de cierto pensamiento griego, en especial de la ironía socrática.

La obra de Perniola está, pues, obsesionada por la experimentación de lo existente y la necesidad de sentir aquello que está ocurriendo aquí y ahora. En ‘Del sentir’, el libro que comentamos, se preocupa precisamente de la pérdida de esa experiencia directa del mundo. Una pérdida que se debe al hecho de que ya todo ha sido sentido, a la experiencia de lo ya sentido. En nuestra época, la estética se ha extendido hacia todos los lugares de la cotidianidad, y ya no experimentamos el mundo, sino que el mundo se refleja en nosotros . Se ha pasado de una lógica del narcisismo, en la que el sujeto se veía reflejado en el mundo, a una lógica de especular en la que es el mundo el que se refleja en la superficie pulida y opaca del sujeto, creado desde fuera, a imagen de un mundo que ya deja de serlo. La sensología contemporánea es la experiencia de un sentir exterior. Perniola realiza una especie de genealogía del sentir contemporáneo, desde sus orígenes en el individuo del siglo XVIII, indiviso, único, donde sentir y actuar eran una misma cosa, hasta la era actual, que denomina burocrática, donde el sentir y el actuar se han separado. El sentir se ha exteriorizado y autonomizado. Se puede decir que se ha separado de la acción y de lo humano.

Perniola reivindica la necesidad de un sentir que escape a esa sensología contemporánea de lo ya sentido. Y de nuevo lo encuentra tanto en el sentir oriental como en la propia experiencia de la filosofía, del pensamiento consciente. Al final, la única solución para escapar a esa sensología de lo ya sentido es el extrañamiento del mundo que produce la filosofía. El pensamiento produce una conciencia real del sentir. Del algún modo el pensamiento es un sentir, o como lo llama el autor, un ‘hacerse sentir’. Estar ahí, vivir el presente, contemplarlo con una implicación distante. Pensando, sintiendo y actuando al mismo tiempo: ‘contra la funesta labor de desconcierto y de ofuscación que ha desarrollado sin cesar lo ya sentido, el hacerse sentir filosófico ofrece, a todo aquel que sepa aceptarla, una simple máxima: busca siempre, para volver a germinar’.

[Publicado en El faro de las letras, 2-5-2008]

7/5/08

Dos meses

Hoy hace dos meses. Todo, poco a poco, va volviendo a su sitio. Casi todo. Porque falta lo más importante. Por eso las cosas no acaban de juntarse. Porque hay algo que no cesa de no tener sentido. Algo que reitera su ausencia una y otra vez. Algo que nunca más podré quitarme de encima. El sinsentido primordial, acechante en cada acto, en cada palabra, en cada pensamiento.

6/5/08

Ellos

Vienen a todas horas. Me escupen, me muerden, me arañan y me arrancan parte del cabello. Yo los miro y me dejo hacer. Sé que lo hacen por mi bien, para que no me duerma, para que no acabe como ellos. Por eso no les reprocho nada. Pero confieso que a veces duele demasiado, sobre todo cuando me clavan sus garras en las encías. En esos momentos, me entra la debilidad y les suplico que me dejen en paz. Y el más pequeño siempre me responde lo mismo: aguanta tanto como puedas, a nosotros nos duele mucho más.

5/5/08

Cuando todo recuerda a algo

Hay momentos en los que uno no puede escapar de los recuerdos. Por mucho que quiera experimentar y vivir el presente, siempre se entremezclan en él imágenes, sensaciones y emociones que nos alejan de lugar en el que nos encontramos. En ocasiones tengo la impresión de que todo me recuerda a algo. Incluso cuando vivo momentos felices, me acecha la nostalgia por haberlo experimentado en otro momento. Creo firmemente en la experiencia del aquí y ahora, en la verticalidad del tiempo, en la necesidad de sentir y contemplar el presente como si fuera eterno. Pero a veces no puedo evitar mi humanidad y me aterroriza que las cosas se acaben. Por eso quizá todo me recuerda a algo. Es una manera de asumir la pérdida antes de que suceda.

Con esas ideas en la cabeza, me senté el otro día al piano e improvisé una pequeña pieza. Es la segunda de las veinte que componen el Bebedor de lágrimas: Como un beso (cuando todo recuerda a algo). He decidido también subirla al blog. Como la anterior que subí, más que una composición definitiva, es una improvisación. Y, también como la anterior, recuerda demasiadas cosas. En fin, espero que sepáis perdonarme.

Vuelve el costado

Vuelve el dolor de costado, y esta vez parece que para quedarse. Paso una noche fatal, sin poder ni dormir ni acostarme. Espero que se pase rápido, porque esta mañana no puedo ni moverme. Lo siento por mis alumnos, que se van a perder una clase sobre Picasso. Pero bueno, la recuperaremos en otro momento. Y hablaremos de Picasso y de lo que haga falta.

4/5/08

Pensar en lo inevitable

Acaba el Sos 4.8. Éxito rotundo, sobre todo para ser la primera vez. Las conferencias y los debates han sido realmente fascinantes, sobre todo el mantenido entre Crithley y Zizek (Vattimo y Lipovetsky no estuvieron quizá tanto a la altura). Zizek es un tipo magnífico, tan buena gente como gran pensador. Me ha maravillado. Su mujer también, todo hay que decirlo. 

Por la noche, en los conciertos, la cosa también ha ido muy bien. He descubierto algunos grupos realmente interesantes, aunque lo más increíble, sin duda, fue el concierto de The Chemical Brothers, una experiencia estética en toda regla.

Me lo pasé realmente bien, como hacía mucho tiempo. Hoy, sin embargo, estoy reventado, con un poco de resaca, pero sobre todo algo melancólico. Es el día de la madre, y no puedo evitar pensar en lo inevitable. Es curioso cómo se mezclan experiencias de felicidad con otras de tristeza y nostalgia. Las emociones están tan contaminadas que muchas veces no sabemos realmente qué sentimos. Pero eso es la vida, impurezas, contrastes y contradicciones. Y menos mal, porque la pureza sólo nos trae lo terrible.

1/5/08

Murcia se mueve

Cena con Vattimo y Lipovetsky. Gente simpática. Se nota que Vattimo es uno de los grandes. Conserva aún su lucidez. Lipovetsky siempre me interesó mucho menos. En cualquier caso, me he dado cuenta de que habitamos mundos completamente diferentes.

Lo que sí es una maravilla es poder ver Murcia llena de guiris y gente rara por el Sos 4.8. Sin ir más lejos, en la mesa de al lado estaban cenando los Kaiser Chiefs, que, según los que entienden de música, no son malos del todo. Mañana, con el costado a cuestas, intentaré asomarme al festival.

Sos y Zizek

Mañana empieza el SOS 4.8, dos días de continuo desenfreno cultural. Música, arte, conferencias... o como se dice por aquí "de todo lo nacío". Mi costado, sin embargo, me impedirá que pueda saltar o siquiera acudir a algún concierto. De todos modos, lo que realmente me hace ilusión es poder conocer a Slavoj Zizek, a quien tendré el honor de presentar el próximo sábado junto a Simon Critchley. Lo demás (y sé que podrá sonar a sacrilegio) me importa menos. 

En los últimos años, Zizek se ha convertido para mí en uno de los pilares básicos del pensamiento contemporáneo. En mi biblioteca puedo contar hasta 21 libros suyos. Es, junto a Enrique Vila-Matas, el autor que más puebla mis estanterías. Y también el que más leo y disfruto. Como digo, igual que me ocurrió con Vila-Matas, estoy deseando conocerlo. Intuyo, y no sé por qué, que habrá buen feeling.