30/4/08

The Tear Drinker

Hoy me ha llegado la traducción inglesa del Bebedor de lágrimas. El trabajo de Anke van Wijck es impecable. Estoy emocionado, porque la verdad es que suena muy bien, en ocasiones incluso mejor que en español. Ya está todo listo. El libro está prácticamente acabado. Saltándome de nuevo las normas editoriales, os dejo como primicia uno de los textos traducidos, y la maravillosa serigrafía de Javier Pérez que lo acompaña.


[LIKE A KISS]

One night he dropped his notebook and moved up her body.
Reaching her eyelids, he drank her tears.

He drank until he found a hint, until he noticed a taste, until he thought he knew.

They weren’t sweet, nor salty. Nor of any discernable taste.
Yet, they tasted of her. Of her skin, her hair, and her lips.

Like a kiss, he thought.
Yes, like a kiss.
Like an intense kiss.
Like none he could bring to mind.

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Y yo sigo aquí...

En estos momentos tendría que estar camino de Dublín para la inauguración de la versión irlandesa de Estéticas Migratorias, pero el maldito dolor de costado me tiene prácticamente inmovilizado en casa. Sigo sin poder dormir en la cama. Y ahora el dolor parece que va a más. Ya casi ni permite sentarme al piano. Y lo peor es que yo soy muy quejica, y cada vez que me muevo o me hago daño no puedo reprimir el gemido. Menos mal que womahn es comprensiva, porque otra ya me habría echado de casa. 

27/4/08

Sin olvidar a Satie

Como el dolor no me ha dejado salir a la calle, este domingo he dedicado un poco de tiempo a tocar el piano. Paradójicamente, es la única postura en la que no me duele el costado. Así que he decidido componer alguna cosilla y grabarla. Es una especie de banda sonora imaginaria para El bebedor de lágrimas. Veinte piezas, una para cada poema. Esta primera se titula "Todas las noches (Sin olvidar a Satie)". Superando todos mis miedos y complejos, y siendo consciente de que lo mío es más la escritura que la música, os dejo aquí una muestra desnuda de lo que he perpetrado.

26/4/08

Costado

Entre la caída y una mala postura, he agarrrado un dolor de costado que no me tengo. Me ponga como ponga, me duele horrores. Esta mañana he tenido que pasarla en urgencias porque creía que tenía alguna costilla rota. Al final, todo bien. Eso sí, el médico me ha dicho que los traumatismos en semejante sitio van para largo. Al menos dos semanas de reposo. Espero que mis botas rojas sepan aguantarme.

24/4/08

Dejarse la piel

Regreso del partido "Profesores vs. Alumnos" que hoy hemos jugado con motivo de las fiestas de Bellas Artes. Me he dejado, literalmente, la piel en el campo. En un ataque, me he pasado de frenada y he dado con mis huesos (y mis carnes) en el asfalto que rodeaba al césped artificial. He fingido que no ha sido nada, pero por dentro me moría de dolor. Habría querido gritar y llorar, pero me he levantado con dignidad y he seguido jugando como si nada.

De todos modos, mi contribución al partido no creo que haya sido determinante. Creo que salvo el guarrazo del suelo y algún amago de rabona y chilena, lo único que ha llamado la atención de mi juego han sido mis botas, unas Nike rojas brillantes del 47 y medio que no pegaban ni con cola, pero que quedaban bien para un partido entre artistas. Seguro que a más de uno le ha venido la inspiración al verlas.

Seminario

Esta tarde ha comenzado el seminario que Manuel Delgado imparte durante tres días en el Cendeac. La eficacia simbólica de las imágenes: Cine y chamanismo. Una delicia. Hemos acabado con ganas de más. 

Retornos

Hoy he tenido mi primera clase en la licenciatura de Historia del Arte. Había impartido antes en el doctorado, en Filosofía y en Bellas Artes (mis preferidos hasta el momento), pero todavía no había tendio la oportunidad de confrontarme con "mis pares". He sentido algo muy extraño. Era una especie de retorno al origen, aunque la sensación ha sido mucho mejor de lo que me esperaba. Es más, me he quedado muy satisfecho después de las tres horas seguidas de perorata sobre las fuentes del arte contemporáneo.

22/4/08

Quizá en otro momento

No tengo remedio. Sigo posponiendo cosas. Dejo lo mejor para otro momento, y me enfrasco en cosas que merecen menos la pena pero que son más urgentes, o menos costosas. 

El "preferiría no hacerlo" del escribiente Bartleby se transforma cada día en un "preferiría dejarlo para otro momento". Pero ese otro momento nunca llega, y al final acabo no haciendo las cosas que, en el fondo, preferiría sí hacer. 

Muchas veces tengo incluso la sensación de posponerme a mí mismo. En ocasiones siento que me dejo para otro momento. Y que ni siquiera soy ya en mí.

21/4/08

Día de libros

Hoy he celebrado mi San Jordi particular. Esta mañana, como todos los lunes después de clase, me he pasado por el Centro del Libro de Espinardo. Allí he cargado con todo lo que había de Giacomo Marramao (el célebre Poder y secularización, Pasaje a Occidente y Kairós: apología del tiempo oportuno) y con lo último de Amos Oz. Por la tarde, justo antes de la conferencia del Curso de Introducción al arte contemporáneo del Cendeac, he acudido a la casa del director de El faro de las letras para tomar un café y, de paso, pertrecharme de material para mis próximas críticas. El objetivo lo he tenido claro desde el primer momento: agarrar todo lo que entrase en la mochila. Aunque llevaba la sansonite grande, y no he podido echar más de veinte, me he venido satisfecho (Murakami, Magris, Monzó, Onfray, Grois y un largo etcétera entre novela y ensayo).  Ahora tengo un dolor de espalda que no se me va con nada. Y un despacho en el que, definitivamente, no caben más libros.  

18/4/08

In memoriam

El otro día, en la conferencia en la que no hablé de Balzac, ni de Paul Auster, ni de Peter Handke, volví a leer el último relato de Infraleve: lo que queda en el espejo cuando dejas de mirarte, un libro que publiqué hace cuatro años. Aquel relato lo había dedicado yo a mi madre, que sufría por aquel entonces la muerte de mi padre. Cuando el pasado martes preparé el relato para ser leído, sentí que ahora todo era diferente. Al cambiar la dedicatoria y poner "In memoriam", observé que el relato variaba por completo. Aunque el texto era el mismo, sus condiciones de enunciación y recepción habían cambiado, su horizonte de expectativas, por decirlo con las palabras de H.R. Jauss, era otro completamente distinto. Recordé entonces el célebre relato de Borges "Pierre Menard autor del Quijote", cuya tesis esencial venía a corroborar que son las condiciones de enunciación y recepción las que hacen el texto.

Cuatro años después, el texto ha cambiado. Cuatro años después, la nada que aparece en el cuento lo ha conseguido engullir todo. Aquí podéis leer el cuento: Lo que queda en el espejo cuando dejas de mirarte.

16/4/08

Para aburridos

Aviso para despistados y aburridos: esta noche, a las diez, me han pillado para una charla-coloquio en el Foro Artístico. El tema puede ser interesante: ¿Por qué no nos gusta el arte contemporáneo? 

Invitados estáis. Luego, de todos modos, me veré allí sólo. 

El pensamiento desencantado

Simon Critchley, Muy poco... casi nada. Sobre el nihilismo contemporáneo, Barcelona, Marbot, 2007, 367 págs.

Con una edición cuidada y elegante, la recién aterrizada editorial Marbot nos trae, al fin, la traducción de Muy poco… casi nada, uno de los libros más fascinantes y reveladores de la última década del siglo. Aunque llega con casi diez años de retraso, su publicación es un motivo de alegría para la intelectualidad en lengua castellana, tanto por la calidad del libro en sí, como, sobre todo, por la introducción de una vez por todas de la obra de Simon Critchley, un pensador casi desconocido en nuestro país, que, sin embargo, en muy pocos años, se ha convertido en una de las figuras centrales del debate filosófico internacional, revelándose como ensayista lúcido, sensato, comprometido y original.

Situado a medio camino entre la tradición anglosajona y la continental (esencialmente francesa), con un lenguaje claro y conciso, literariamente muy trabajado, Critchley ha abordado un gran número de problemas fundamentales del pensamiento actual, como, por ejemplo, la responsabilidad, el humor, la muerte, el desencanto o las relaciones entre filosofía y literatura. En esencia, su obra evoluciona hacia una búsqueda del sentido de la vida tras la constatación de la pérdida de toda certeza. Cómo vivir con sentido cuando ya nada tiene sentido; ésta podría ser la base de su itinerario filosófico. Un itinerario que parte de la experiencia de la deconstrucción y la ausencia de una verdad absoluta a la que remitirse. ¿Qué podemos conocer cuando somos conscientes de que es la incertidumbre la que rige el mundo? O sobre todo, ¿qué hay en las palabras que traducen la experiencia del mundo? Muy poco, casi nada. Pero ese poco es lo que nos queda.

La tesis de partida de este libro, pero también de gran parte de la obra de este autor, es que la filosofía, al contrario de lo que pensaba la tradición aristotélica, no nace del asombro ante las maravillas del mundo, sino del desencanto ante la imposibilidad de comprender la muerte. No comienza con la sorpresa sino con la decepción ante la muerte, que es precisamente el origen de la filosofía y el conocimiento. Y también el origen de la literatura, como un intento de responder a la pregunta por el sentido de la vida tras el desencanto del mundo. Critchley presenta la muerte como aquello que una y otra vez escapa a la razón y al lenguaje, pues, ante todo, es una fractura de la razón. La muerte es lo incomprensible, lo indecible, lo indescriptible, lo ‘inescribible’. Y, sin embargo, pocas cosas nos hacen escribir y decir tanto como la muerte. El propio libro es originado por la muerte, en este caso la del padre del autor. En este sentido, como el propio Critchley señala en alguna ocasión, este libro es un acto de duelo, un proceso de adaptación al vacío y la falta de la persona amada, un intento de encontrar un sentido y una razón para seguir viviendo. Sin embargo, el duelo, si se piensa bien, para el autor, más que con el ‘dolus’, tendría que ver con el ‘duellum’, un combate o pelea entre dos contrincantes, entre dos adversarios irreconciliables que aquí serían la experiencia y el lenguaje. Una batalla descarnada entre lo indecible y lo decible, entre lo impensable y el pensamiento, entre el sentir y las palabras.
La experiencia desborda el lenguaje y las palabras se convierten en significantes vacíos, estériles para traducirla. Sin embargo, como diría Kafka, ‘a través de las palabras, oblicuamente, llegan restos de luz’.

Completar la labor de duelo, en el fondo, tendría que ver con poder dar sentido y significado al sinsentido de la muerte. O lo que es lo mismo, dejar que la victoria recaiga sobre el lenguaje, dar como vencedor a las palabras. Eso sí, teniendo claro que la victoria nunca será limpia, que habrá daños colaterales, y que el lenguaje quedará para siempre herido por el excedente insoportable de la experiencia.

Como el mismo autor sugiere, este libro aborda esencialmente la cuestión del desencanto religioso. Tras la muerte de Dios, ¿cómo podemos darle sentido a una vida que está abocada hacia la muerte? A través de la obra de autores como Blanchot, Beckett o Wallace Stenvens, Critchley analiza la capacidad de la literatura para decir la muerte, que es lo mismo que abordar la capacidad de las palabras para hacerse cargo de aquello que no puede ser hecho palabra. En este sentido, el autor otorga a la literatura una capacidad que difícilmente se encuentra en la filosofía, pues mientras que la filosofía se ha construido sobre la metáfora de la luz y el conocimiento de la verdad, la literatura se adentra en el mundo de las sombras: “La literatura es el descubrimiento del mundo del insomne, como la doble imposibilidad y la doble necesidad del día y la noche (...) La ambigüedad -la verdad de la literatura- consiste en la experiencia de encontrarse suspendido entre el día y la noche, la experiencia de unos ojos bien abiertos que observan durante la noche, y de unos ojos embotados por el espectro del insomnio durante el día”.

15/4/08

De Balzac a Peter Handke

El otro día le di una conferencia a Ángel. Él era el único público de la supuesta conferencia que tenía que impartir sobre Balzac. Así que, más que una conferencia, fue una confidencia. De todos modos, la cosa no fue demasiado grave. Y es que tenía pensado decir que no iba a hablar de nada, que, como estaba sobrepasado por la experiencia, se me había producido un colapso lingüístico y que sólo podía eludir la responsabilidad del habla. Además, a última hora había decidido que, en lugar de no hablar de Balzac, no iba a hablar de Paul Auster, aunque al final, en lugar de eso, no hablé de Peter Handke. Me sentí un Bartleby cualquiera.

14/4/08

Reaccionarios

Hace ya dos semanas que acabó “Estratos”, el Proyecto de Arte Contemporáneo organizado por la Consejería de Cultura, Educación y Deportes. Una iniciativa que, durante tres meses, ha desencadenado en Murcia una polémica sin precedentes sobre el arte contemporáneo. En un mundo dominado por la falta de pensamiento y la vagancia mental, que una cosa como el arte se haya convertido en objeto de debate es algo que puede ser considerado un logro en sí mismo. El mero haber hecho pensar a ciertas mentes que parecían esclerotizadas, es ya como para darse con un canto en los dientes. Lo único triste del asunto es que el debate ha nacido viciado, pues gran parte de los argumentos mostrados por algunas de las voces críticas han querido hacer pasar por argumentos expertos y razonados lo que no eran más que vagas nociones e intuiciones trasnochadas.

Seguramente para no ser tachados de reaccionarios y conservadores, algunos han dicho que el PAC les parecía cosa vieja, algo ya sucedido en los sesenta y que repetirlo ahora era una ridiculez. Quizá por eso sugerían una vuelta a la pintura y a la luz de Murcia, que nunca pasa de moda. Hablando desde la supuesta legitimación de una experiencia que no sabemos bien dónde encontrar, de repente, han aparecido en Murcia una serie de voces que parecen estar de vuelta de todo. Voces que pretenden hacer exportables sus opiniones al total de los agentes culturales de Murcia. Y es que, cuando dicen que el PAC se ha hecho de espaldas a la sociedad murciana, habría que saber a qué sociedad murciana se refieren. A ellos, probablemente. Y es que algunos parecen hablar y pensar en plural mayestático, como si fuesen emplazamientos de un todo. Pero no es así. Toda sociedad es plural. Y junto a esos que creen ya haberlo hecho todo hace varias décadas, somos muchos (insisto, muchos) los que, afortunadamente, creemos que aún hay cosas por hacer.

11/4/08

Déjà vu

Regreso del entierro del padre de un amigo. Me percato de que son muchas más las cosas que nos unen que las que nos diferencian. El dolor habita todas las lenguas. Sin embargo, en ninguna se pronuncia de la misma manera.

9/4/08

Caer a sí mismo

Jean-Luc Nancy, Tumba de sueño.
Buenos Aires, Amorrortu, 2008, 65 págs.


Jean-Luc Nancy (Burdeos 1940) es quizá el último de los grandes pensadores franceses contemporáneos. Tras la muerte de Derrida, probablemente sea el único representante de ese pensar característicamente francés, evolucionado a través de la experiencia del psicoanálisis, el postestructuralismo y las revueltas del sesenta y ocho. Su obra ha transitado por temas fundamentales del pensamiento contemporáneo, aunque hay dos cuestiones claves que emergen en casi todos sus textos: la negación del tacto en la cultura occidental y la necesidad de buscar un nuevo sentido para la comunidad, una experiencia de lo común, del ser-con. Esto es: la imposibilidad de ser si no es ser-con-el-otro, pues el individuo es esencialmente un ser que, desde el principio, en la identificación con los arquetipos, se construye gracias a la comunidad, a la experiencia del otro. Ser humano significa, pues, ser-con.

En los últimos años, la obra de Nancy ha derivado hacia cuestiones que, en principio, no han sido centrales en su pensamiento tradicional, como el retrato, el desnudo o la cuestión del arte. Temas siempre tratados en ensayos mínimos que por lo general no llegan a las cien páginas y que son siempre pequeñas joyas para el lector. En esta evolución del pensamiento de Nancy, su obra se acerca cada vez más a la literatura pura, pues parece que poco a poco los temas se convierten en meras excusas para el desarrollo de la escritura en sí y de una estructura de pensamiento que se autoafirma en cada renglón. Éste es caso de Tumba de sueño, un pequeño regalo donde el pensador francés vuelve a sorprendernos con una escritura impecable que se acerca a una cuestión que por lo general ha sido puesta de lado en el pensamiento occidental: el sueño.

La filosofía siempre ha entendido el sueño como un paréntesis de la razón. De hecho, se podría entender la filosofía como un ‘pensamiento de la vigilia’, del momento en el que nos encontramos alertas. El sueño, en cambio, se ha visto como un tiempo negativo, un momento de ausencia del ser. En este libro, sin embargo, Nancy otorga una importancia decisiva al sueño, lugar en el que, si se observa con detenimiento, se conjugan prácticamente todos los anhelos del pensamiento de la vigilia. En primer lugar, el sueño es el lugar en el que ser se vuelve ‘sí mismo’, un lugar de ensimismamiento donde ser se encuentra con su propio yo. En el momento en el que uno despierta, vuelve a estar partido en dos, el lugar en el que está y el lugar en el que desea estar: la partición del ser-con, del ser de la alteridad. En el sueño, sin embargo, tiene lugar la plenitud del Uno que sólo sobrevendrá en la muerte. Por eso el sueño, de algún modo, adelanta la experiencia de la muerte. De ahí el título del libro: ‘tumba de sueño’.

El sueño es una suspensión de la vida entendida como un ser-con, y, en ese sentido, introduce otro modelo de experiencia que es necesario tener en cuenta. Aunque no seamos conscientes de ello, el proceso de dormirse y despertase es un proceso de adecuación constante, del ser-con al ser-en-sí, y del ser-en-sí al ser-con. Un proceso de muerte y resurrección que, sin embargo, hemos naturalizado. Nancy valora la experiencia del sueño y del despertar como algo necesario en nuestros días, concediendo especial atención a la tarea del ‘adormecimiento’, ese momento de transición que es el momento en el que uno se hace consciente de sí mismo. Es ahí cuando la lucidez y el sueño son una misma cosa, cuando el ser-con del mundo, y el ser-en-sí-mismo del ser se dan la mano, cuando, en definitiva, el otro y el uno se unen en un lugar común. En un momento como el presente, donde cada vez más la sociedad camina hacia la somnolencia, pensar el sueño (o pensar desde el sueño) probablemente sea una de las tareas más fructíferas que uno pueda imaginar.

[Publicado en El faro de las letras, 7-3-2008]

8/4/08

Bebedor de lágrimas

Hoy hemos comenzado a trabajar en la edición de "El bebedor de lágrimas", un libro de bibliofilia que recoge un cuento-poema mío acompañado de veinte serigrafías de Javier Pérez, uno de los artistas más elegantes y contundentes del panorama artístico internacional. Saltándome todos los protocolos habidos y por haber, copio aquí el primer micro-capítulo de esta historia sobre la posibilidad de comprender el dolor del otro.

Todas las noches

Todas las noches. Una lágrima. De cada ojo. Un continuun en cada ocaso. Mientras dormía. Una lágrima de cada ojo. Dos lágrimas. Por sus mejillas. Lentamente, muy lentamente. Heridas que vuelven a herir. Un río, un lago, un mar. 

Todas las noches. Como un reloj de arena.
Un reloj de lágrimas, marcando el paso de las sombras.

Todas las noches. Ella.
Y junto a su llanto, siempre, él.

Todas las noches. Él.
Perenne, inmóvil, silente. Con un cuaderno y una historia.

“Historia de una lágrima: lo que tarda en caer al suelo y descomponerse, en integrarse en los poros de la piel, en ser, de nuevo, una lágrima”.


Interioridad

Al hilo de un comentario anterior sobre la vida privada y la escritura, he encontrado una cita de Cioran que me ha llamado la atención: "Las fuentes de inspiración de un escritor son sus vergüenzas; quien no las descubra por sí mismo o las eluda está condenado al plagio o la crítica".

7/4/08

Un mes

Hoy hace un mes que sucedió. El tiempo todo lo cura. O al menos eso dicen. Sin embargo, cada día que pasa, la ausencia se hace más grande. Tengo la sensación de estar adentrándome en un abismo cuyo fondo se encuentra siempre pospuesto. Sin origen ni final. Literalmente, un no(ha)lugar. Un lugar inhabitable, desplazado, inconcluso.  A veces, intento retroceder, volver al momento de partida, hacerle frente de nuevo. Experimento entonces que el tiempo ya no son semanas, días, horas, minutos y segundos, sino millones de hilos de cobre que me atraviesan la piel.

4/4/08

De Malevich a Balzac

Acabo reventado después de una clase de doctorado de casi dos horas sobre el cuadrado negro de Malevich. He soltado un rollo soporífero que no me ha convencido demasiado. Después tenía pensado reengarcharme hoy con la esgrima, pero no me siento con fuerzas. De camino a casa, haciendo algo de tiempo he vuelto a entrar a la librería y la tentación de nuevo ha podido conmigo. Me he llevado el libro de Jean-Luc Nancy sobre la música y lo sonoro (A la escucha), el nuevo ensayo de Vicente Luis Mora sobre las conexiones entre arte y literatura (Pasadizos), el célebre libro de Zweig sobre Balzac, Dickens y Dostoievski (Tres maestros), y dos libros de Maurice Blanchot que aún no he leído (La comunidad inconfesabe, y El último hombre). Ahora cierro los teléfonos y me pongo a preparar una conferencia sobre "La obra maestra desconocida", el relato de Balzac que inspiró el imaginario de gran parte del arte moderno. Ganas, ganas... la verdad es que no tengo demasiadas. 

3/4/08

Pensar (por) la muerte

Algunos me dicen que deje de pensar y escribir sobre la muerte. Juro que lo estoy intentando. Pero no puedo dejar de hacerlo. No creo, de hecho, que se pueda. Y es que cada vez más, estoy convencido que la muerte es precisamente el origen de la filosofía y el conocimiento. En esto estoy completamente de acuerdo con el filósofo inglés Simon Critchley, para quien la filosofía no nace del asombro ante las maravillas del mundo, sino del desencanto ante la imposibilidad de comprender la muerte.

Lo maravilloso nos maravilla y suspende el pensamiento; simplemente lo disfrutamos. Pero la muerte, al fracturar el placer del mundo y frustrar el “enmaravillamiento”, nos hace pensar. Nos hace reflexionar precisamente porque es algo que se resiste al pensamiento. En cierto modo, se puede decir que toda reflexión nace de una preocupación por la muerte. No otro es el origen de la pregunta por el sentido de la vida. Uno sólo se preocupa por la vida cuando entra en juego la muerte y las cosas comienzan a ir mal.

La felicidad nos da muy pocos quebraderos de cabeza. Es el dolor y el sufrimiento el que hace brotar el célebre “¿por qué?”, la cuestión “original”. Es en este sentido en el que habría que entender la historia de la expulsión del Paraíso, como un triunfo del conocimiento del dolor sobre la ignorancia de la felicidad. De este modo, el árbol de la Sabiduría habría cumplido su cometido en el pecado, ser el origen del pensamiento.


2/4/08

Libros

Hoy he pasado un largo rato en la librería Diego Marín, mi segunda casa. Estas son algunas de las cositas que me he llevado a la estantería:

- Hans Sedlmayr: La revolución del arte moderno. El acantilado.
- Ernesto Laclau: Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo. Nueva Visión.
- Mario Perniola: Del sentir. Pre-Textos.
- Enzo Traverso: El pasado, instrucciones de uso. Marcial Pons.-
Antonio Negri: La fábrica de porcelana. Una nueva gramática de la política. Paidós.-
C. Zweig y J. Abrams (eds.): Encuentro con la sombra. El poder del lado oscuro de la naturaleza humana. Kairós.

Y lo que más me ha sorprendido, la segunda edición aumentada y corregida de un libro de Vila-Matas que no conocía, Extrañas notas de laboratorio, publicado en Caracas por la editorial "El otro el mismo". Una antología de pequeños ensayos que comenzaré a leer ipso facto.