28/2/08

Catarro

Aunque he intentado resistirme por todos los medios, al final el catarro me ha vencido. Ayer hice verdaderos milagros para mantenerme en pie durante la clase de doctorado. Pero hoy no me siento con fuerzas de defender la antivisión y las estéticas de la resistencia. Así que no tenido otra salida que cancelarlo todo: las clases de doctorado, las de primero de bellas artes, y la conferencia sobre Robert Morris. Me fastidia por los alumnos, pero cuando no se puede, no se puede, y además es imposible. Ahora me voy a inyectar en vena dos tabletas de paracetamol y combatiré la fiebre en la cama.

Afirmaciones contundentes

"El House es la forma de música más elitista"

[Frase escuchada al pasar por Flaix FM de camino a Radio Clásica]

27/2/08

Encontrado

Tras dos días de pesquisas, ha aparecido el dueño del camión que hizo el coche fosfatina. Aunque al principio lo ha negado todo, cuando hemos sacado las herramientas de tortura (una retórica lamentable) no ha tenido más remedio que reconocer su culpabilidad. Dice que no recuerda nada de lo sucedido, que no vio coche alguno, pero que aún así, si lo decimos tan convencidos, pues será verdad. Al menos ha puesto buena voluntad. Lo peor viene ahora, bregar con los seguros, que son también para echarles de comer aparte.

25/2/08

Civilización

Esta mañana me he encontrado el coche destrozado. Aún no he encontrado al culpable, aunque intuyo que ha sido un camión que estaba aparcado anoche justo al lado. Nunca me había pasado nada semejante, pero me he sentido prácticamente violado. Llevo todo el día con un mal cuerpo que no me tengo. Lo peor es la cara de tonto que a uno se le queda cuando va a coger el coche y se lo encuentra de esa guisa. O la falta de civismo del energúmeno que ha evadido su responsabilidad. 

Lo más curioso, sin duda, ha sido la intervención de la policía. Cuando han venido a ver qué pasaba, se han descolgado con una afirmación digna de ser memorizada: "oye, antes de nada, que sepas que nosotros no somos como los de las películas, que vienen y te  dicen quién ha sido. Si nos dejan, lo hacemos, echamos la semana investigando y sacamos al culpable. Pero no nos dejan. Ahora, en cuanto se enteren de que ya hemos terminado aquí, nos mandan a otro marrón. Y así pasamos la mañana". Por lo menos han sido sinceros. 

Así que ahora nos toca la labor de detectives. A buscar un camión con un roce infraleve en la parte de atrás. O, lo que más toca las narices, a pagar tres mil euros.

Qué disparate.

24/2/08

La escritura del amor

Giorgio Manganelli: Amore.
Madrid: Siruela, 2008.

Giorgio Manganelli (Milán 1922- Roma 1990) es uno de los escritores más personales de la segunda mitad del siglo XX. Un autor de culto, no demasiado conocido en nuestro país, que ha sido descrito por muchos como un autor a medio camino entre Samuel Beckett e Italo Calvino. En efecto, su particular obra maneja parámetros de ambos escritores, esencialmente la abstracción y el uso del inconsciente de Samuel Beckett, y la referencialidad posmoderna y el uso de una escritura que podríamos denominar ‘neobarroca’, en la estela de los desarrollos del arte de Italo Calvino. Esta fusión, que por supuesto no es más que una caricatura de un autor que va mucho más allá, hace que, en cualquier caso, su escritura sea difícil y poco gratificante para el lector corriente, al que Manganelli pone a prueba en todo momento con el uso de un lenguaje ampuloso y complejo, lleno de palabros y términos en desuso que obligan a uno a tener el diccionario a mano para poder seguir la lectura. Una lectura que, sin embargo, a pesar de esta dificultad, puede llegar a ser completamente adictiva.

Una de las dificultades para seguir la lectura, y esto es algo que se da prácticamente en todos los textos, y Amore no es una excepción, es un uso del lenguaje prácticamente abstracto, donde lo descrito es muy difícil de imaginar y representar mentalmente. El texto por sí sólo constituye el lugar de llegada y partida. La realidad a la que se refiere en todos sus libros no es sino textual, emanada del propio flujo de escritura. Un flujo en el que el autor está presente en todo momento. Es su subjetividad la que construye el mundo. En este sentido podemos definir su obra como ‘autorreferencial’, en el que no hay nada más allá del autor, más allá de su propia imaginación, el escritor es la única referencia.

Para Manganelli la escritura es un proceso doloroso. A través de las páginas de sus libros, uno va percibiendo ese viaje a los infiernos que supone el proceso de poner sobre el papel aquello que ha pasado por la mente. Este ‘dolor de escritura’ tiene lugar aquí, en parte, porque la realidad con la que Manganelli trabaja es siempre una realidad confusa, la realidad del inconsciente. Y esto es de suma importancia para comprender su obra. La realidad inconsciente presenta un mundo no completamente decible y que no trabaja con los parámetros habituales de tiempo y espacio. La abstracción literaria que comentábamos más arriba surge, en cierto modo, como resultado de este anclaje inconsciente, interior y no exterior, que tiene lugar en los textos de Manganelli. Unos textos donde el espacio y el tiempo se diluyen, se multiplican y al mismo tiempo se hacen porosos. Las cosas suceden de un modo diferente al que sucederían en la realidad. El autor describe espacios que no están sujetos a las leyes de la lógica, y que recuerdan mucho a las arquitecturas de la mente de las hablaba Freud. Y lo mismo sucede con el tiempo: pasado, presente y futuro se confunden y entrelazan para hacer surgir un tiempo ilógico, que, en el fondo, no es sino el tiempo del propio relato, el del propio proceso de escritura.

Amore, este relato-visión escrito en 1981, es una obra bastante representativa del incómodo estilo de Manganelli. Casi como si se tratase de un monólogo o de una conferencia, el autor presenta una serie de reflexiones confusas sobre el amor. Reflexiones abstractas en las que va modulando todas las posibilidades y variedades de lo que pudiera ser este sentimiento. Y una tras otra, todas ellas se van demostrando como imposibles de asir. El amor se va describiendo casi más por negación que por afirmación. Es lo que no es. O, mejor, lo que no puede ser. El amor se presenta en este libro, paradójicamente, por medio de su contrario, su lado oscuro, su reflejo mefistofélico: el llanto, la ausencia, el odio, la caída… La escritura aquí intenta apresar y hacer lenguaje aquello que escapa a la palabra, lo que se esfuma en el momento en que uno se acerca, porque si por algo se caracteriza el amor para Manganelli es precisamente por su evanescencia. Por mucho que uno lo busque, el amor se encuentra siempre ‘en el otro lado’. O como concluye Manganelli, ‘esta es la descripción de nuestro amor, que yo no esté jamás donde estás tú, y que tú no estés jamás donde estoy yo’.


[Publicado en El faro de las letras, 17-02-08]

Los confines de la hermenéutica

"Hombre, yo me la voy a follar las veces que haga falta".

[Frase escuchada fuera de contexto al bajar de un ascensor]

22/2/08

¿Estás ahí?

A veces imagino que estás ahí, en las sombras, leyéndome a escondidas como quien mira por el ojo de una cerradura. Luego pienso que eso no es posible, que hace tiempo que te fuiste o que quizá nunca hayas estado aquí. Intuyo, de todos modos, que algún día nuestras letras se encontrarán en un no(ha)lugar. Formarán entonces una frase que acabe en punto final. Y nada volverá a ser igual a lo que fue.


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19/2/08

301

Por cierto, la anterior era la entrada 300 del blog. No sé si son muchas o pocas. El caso es que nunca me habría imaginado escribir más de treinta o cuarenta post. No sé cómo va esto de la edad de los blogs, si es como la de los humanos, la de los gatos o la de los peces. No sé a cuánto equivale un año y 300 entradas. Probablemente a muy poco. Sacando mi vena freudiana, me aventuraría a decir que No(ha)lugar está pasando ahora por la fase anal. Disfruto reteniendo y dejando salir la inmundicia. Me siento salir de mí mismo cada vez que escribo. Y luego me encuentro vacío. Espero en breve superar el Edipo.

Lectores

En estas últimas semanas, me estoy quedando bastante sorprendido con la gente que dice leer el blog. Amigos y profesionales a los que admiro.  Amigos y profesionales que, a buen seguro, y aunque no me lo han querido decir, me habrán perdido el respeto para siempre.

Así que me está entrando el complejo de responsabilidad. Y tengo miedo de que, poco a poco, este peso de la lectura imposibilite mi escritura. Para paliarlo, sólo se me ocurre imaginar que no hay nadie tras la pantalla, que escribo para mí y para cuatro gatos más que están aburridos. Ésa es la única forma de perseverar en una escritura libre y sin constricciones de ningún tipo. No pensar en los efectos colaterales. 

Creo que si algo merece la pena de la escritura-blog es que está más allá de las normas de la escritura reglada y no se rige por un a priori del medio. La única cortapisa es la vergüenza y la autocensura. Y creo que me estoy volviendo cada vez más desvergonzado y acrítico. Así es que, si se me pierde el respeto, me lo merezco.

Memoria

El cansancio y la fiebre de estos días han hecho que comience a mudar la piel de los labios. Y he comenzado a pensar que quizá de ese modo desaparecerá también el recuerdo de lo que he besado. Para no olvidar, voy a intentar conservar los pedacitos de piel que me voy arrancando. Y cuando tenga suficientes, construiré unos labios artificiales que condensarán la memoria del contacto con el cuerpo de aquellos a quienes he amado. Así podré besarme-en-los-otros para siempre. Y morir tranquilo.

17/2/08

Extenuación

ARCO ha acabado conmigo, con mis pies, con mis neuronas, con mi resistencia, con mi paciencia... Y, sin embargo, ahora, mientras escribo desde Atocha, apenas sin fuerzas para mover los dedos, me siento feliz y completo. Vivo, consciente e inspirado como hace mucho, muchísimo tiempo.  

12/2/08

Digresión vilamatasiana

He demorado tanto la escritura de mi encuentro con Vila-Matas que ahora ya no me "encuentro" en condiciones de contarlo. Durante la conferencia disfruté como un niño. Hacía tiempo que un conferenciante no me llevaba a su terreno tan rápidamente, desde el primer minuto hasta la última pregunta. Y lo mismo me ocurrió en la cena, en la que no pude escapar de su magia. Una magia que le sale como quien no quiere la cosa, en pequeños fogonazos de imaginación desbordante. De todos modos, como digo, quizá por haber demorado tanto la escritura, ahora no soy capaz de escribir nada en condiciones. O quizá, bien pensado, se trata de un intento de eludir la escritura de una experiencia, como si algo en mí se estuviera negando a compartirla con los demás. Prefiero pensar que es mi incapacidad y no mi egoismo lo que impide relatar este encuentro. Un encuentro que sólo puedo tratar por medio de digresión o desplazamiento. Creo que ya lo he desplazado demasiado. Así que aquí os dejo la digresión que escribí el viernes en mi columna de La razón.

"El pasado miércoles, en la Facultad de Letras, el escritor Enrique Vila-Matas habló sobre la espera como uno de los rasgos esenciales de la condición humana. Con la maestría que le caracteriza, construyó un relato donde el tiempo muerto de la espera aparece como uno de los desencadenantes últimos de la escritura. Una escritura que vivifica un tiempo que es en sí mismo una elipsis, un “entre-medio”.

Durante estos días, he podido meditar un poco acerca de esa “esperalidad” de la vida humana. Y he llegado a la conclusión de que la espera es siempre un tiempo perdido, pues sólo tiene sentido cuando se cumple el objeto de la espera. Mientras tanto, es un tiempo estéril. Pero lo dramático del caso es que, incluso cuando llega lo que se espera, uno tiene la sensación de que sucedido no es como se lo esperaba, y queda “desencantado”. Como ha señalado Nicolas Grimaldi, lo único que no defrauda es lo que no se espera, puesto que, frente al desencanto de lo esperado (que nos decepciona porque no se asemeja a lo que habíamos imaginado), lo inesperado acontece como una aparición, como algo que rompe nuestros esquemas previos. La espera adelanta el suceso tantas veces que, cuando sucede, ya se ha experimentado de alguna manera.

Frente a ese tiempo desencantado, que es en el fondo el tiempo de la vida cotidiana, pero sobre todo el tiempo del deseo, y por encima de cualquier otra cosa, el tiempo del consumo, parece necesario optar cada vez más por un tiempo azaroso y contingente, a la deriva de una espera sin fin, ni principio. Y es que, volviendo a Grimaldi, “sin pasado que lo anticipe y lo prepare, sin porvenir previsible para el cual deba prepararse a su vez, el único presente que no decepciona tiene la vivacidad y el carácter repentino de un prodigio. No hay presencia más densa que la de una sorpresa”.

11/2/08

Texto puro / crítica impura

Después de varias semanas de desvelos, consigo acabar por fin las veintilargas páginas sobre un escultor murciano contemporáneo. Es uno de los textos que más trabajo me ha costado escribir, sobre todo porque lo he hecho todo de nuevo, sin ningún recorta y pega (algo habitual en los textos de catálogo). Es un texto que me pillaba muy a desmano de mis intereses actuales, pero que por una serie de razones que ahora no vienen a cuento, quise aceptar. Y creo que al final la cosa no ha quedado tan mal, aunque, la verdad sea dicha, no sé si lo escrito tiene que ver mucho con la obra del escultor. Pero eso es lo de menos. He avanzado en el desarrollo de una teoría del tiempo en el arte, donde aparecen la espera, el tiempo soberano y la experiencia del recuerdo. En cualquier caso, es en este tipo de textos, en los que uno no está acechado por la obra del autor, en los que más deja fluir la escritura, que se autonomiza de su referente y comienza a ser escritura en sí misma. Entonces el escribiente deja paso al escritor, aunque sea por momentos. De algún modo, es más allá de la obra, en la emancipación de la teoría, donde ésta adquiere su sentido pleno. Sin lugar a dudas, este proceder emancipatorio es uno de los pasos esenciales para el futuro de la crítica de arte. 

10/2/08

Perderse

Por momentos me entran ganas de perderme. Irme muy lejos de aquí, o, mejor, muy cerca, tanto que no alcance ni siquiera a poder verme al mirarme en el espejo. Hoy es un día de esos en los que emprendería un viaje vertical. Lo peor es que no sé si ya he comenzado mi travesía a ninguna parte.

8/2/08

Libros e infieles

Esta tarde hemos presentado en Madrid, en La Central del Reina, el libro Nosotros los más infieles. Narraciones críticas sobre arte cubano, una antología de Andrés Isaac Santana que hemos editado en el Cendeac. El libro, la verdad, merece mucho la pena. Casi mil páginas repletas de reflexiones indispensables para entender el arte y la identidad cubana de las últimas décadas. Sorprendentemente, incluso antes de la presentación ya se había iniciado una polémica violenta en torno al libro y lo que representa. Aunque lo siento por el autor, cuyo trabajo ha sido más que considerable, he de confesar que me he alegrado muchísimo al conocer la disputa. En un país como este, donde la gente sólo discute por el fútbol y poco más, que un libro(una cosa con letras, páginas e ideas) sea capaz de generar algún tipo de polémica, me parece un motivo de satisfacción tremendo.

Y hablando de libros, creo que tendré que restringir las presentaciones en librerías como La Central. Durante los cuarenta y cinco minutos que han durado los discursos (el de Fernando Castro, como siempre, supremo), al verme rodeado de libros de todas clases y colores, he tenido que hacer auténticas proezas para mantener los ojos dentro de las órbitas. Al final, como no podía ser de otro modo, he cargado. Entre otras cosas, un ensayo sobre la risa y el llanto (Plessner), un libro de conversaciones sobre Cioran, otro de psicoanálisis deleuziano y otro, el más interesante, sobre "geografía afectiva": Topofilia, de Yi-Fu Tuan.

Después, en el camino de regreso a Murcia, he vuelto a pensar en la experiencia Vila-Matas. Me he acordado del Candidatu único, y me han entrado unas ganas tremendas de ponerme a escribir. Lo único que ocurre es que son las dos y pico, llevo ocho horas de coche sobre mis espaldas y mañana hay que madrugar.

7/2/08

Asimilando

Cuando logre asimilarlo, escribiré un post sobre la conferencia de Vila-Matas en Murcia. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto. Antes, durante y después. La espera, en este caso, ha merecido la pena. Un fogonazo de luz enceguecedora que permanece en la retina... así tengo la cabeza ahora. Intentado recordarlo todo, temeroso de que algo se pierda, inseguro ante la posibilidad de no haber exprimido al máximo la situación. Ya os contaré.

6/2/08

5º Aniversario Cendeac

El otro día, en el programa Open de Canal 7, apareció un minirreportaje sobre el quinto aniversario del Cendeac. Está simpático, lo único malo es que, de vez en cuando, salgo yo hablando, intentando evitar mi tartamudeo habitual. De todos modos, os lo cuelgo aquí por si sirve de algo. Así me estreno subiendo vídeo.

video

Juguetes

Llevo varios días trabajando (y no preguntéis por qué) sobre la esencia del juego en el arte.  He tenido la oportunidad de revistar el Homo ludens de Johan Huizinga, pero sobre todo me ha fascinado el Infancia e historia de Giorgio Agamben, que aún no lo había leído. Tenía muchas retiscencias ante el filósofo italiano, pero he de confesar que cada vez me atrae más. 

Lo que más me está interesando es la vinculación del juguete con lo residual. Y es que, si se piensa bien,  la esencia del juguete es la del residuo, la del excedente, aquello que sobra de la esfera de la vida cotidiana. 

El niño juega con las sobras. El juguete, en este sentido, recuerda a lo que alguna vez sirvió para algo y ahora tiene una nueva funcionalidad, ya no es una herramienta, sino que tiene una función en sí misma. El juguete, a decir de Agamben, es “lo Histórico en estado puro. Pues en ningún otro sitio podremos captar como en un juguete la temporalidad de la historia en su puro valor diferencial y cualitativo”.

5/2/08

Generación Nocilla

Julio Ortega y Juan Francisco Ferré (Selección y prólogo), Mutantes. Narrativa española de última generación. Córdoba, Berenice, 2007, 310 págs


De un tiempo a esta parte, cada vez son más los que tienen claro que es posible hablar de una nueva generación de escritores en nuestro país. Una generación que, abanderada por el éxito de Nocilla Dream, la obra de Agustín Fernández Mallo, muchos han comenzado a llamar “generación nocilla”. Sus miembros varían según las descripciones, pero, grosso modo, podría decirse que se trata de autores nacidos a partir de los años setenta y madurados en plena democracia. Haciéndose eco de esta nueva hornada de escritores, Mutantes. Narrativa española de última generación presenta una antología de autores significativos de esta nueva literatura. Una antología que sirve para hacer visible y decible una manera de entender la práctica literaria. Como suele ocurrir en estos casos, no están todos los que son, pero sí son todos los que están: Germán Sierra, Flavia Company, Manuel Vilas, Carmen Velasco, Javier Pastor, Juan Francisco Ferré, Jordi Costa, David Roas, Agustín Fernández Mallo, Javier Fernández, Vicente Luis Mora, Mercedes Cebrián, Braulio Ortiz Poole, Javier Calvo, Imma Turbau, Isaac Rosa, Mario Cuenca Sandoval, Jorge Carrión, Robert Juan-Cantavella y Eloy Fernández Porta.

Aunque son muchas las diferencias entre estos autores, una vez leídos los textos del libro (en su mayoría relatos o fragmentos de obras anteriores), sí que parece posible establecer algunos nexos comunes que posibilitan la utilización del término ‘generación’. Uno de ellos es, sin duda, el background cultural que emerge en su escritura. Una generación presidida por la centralidad de la televisión y la cultura de la imagen, algo que llegó con varias décadas de retraso a nuestro país. Ese fondo de contraste es uno de los causantes de otro rasgo esencial de esta generación: la ruptura entre la alta literatura y la cultura popular. Ya no hay fronteras entre lo alto y lo bajo, entre Samuel Beckett y los Simpson. Ambos pertenecen a un mismo imaginario. Nuestra mente no está tan formalizada como creemos, sino que en ella conviven, sin jerarquías de ningún tipo, referencias y mundos que, en principio, parecen irreconciliables. Este hecho es esencial en esta nueva literatura, que se sirve del imaginario del cómic, la televisión, el cine, pero también de la tradición de la literatura, para presentar un retrato múltiple del sujeto contemporáneo. Un sujeto caracterizado por la pluralidad. En este sentido, se puede decir también que esta nueva generación trabaja directamente con lo fragmentario, habiendo tomado conciencia de la artificialidad de los grandes relatos. Una obra como Nocilla Dream, con su escritura-blog, da buena cuenta de ese acercamiento múltiple a la realidad.

En resumen, Mutantes es una herramienta más que útil para acercarse a la generación que se está fraguando en estos momentos. Algunos de sus autores ya han dado buenos frutos, pero estoy convencido de que lo mejor está por llegar. La potencialidad de muchos de los escritores antologados hace presagiar un futuro prometedor, aunque también difícil, porque si algo hay claro con esta generación es que tendrá que luchar y vérselas con el nuevo boom de la literatura comercial. Aún así, queda esperanza. Sobre todo gracias a la labor de editoriales como Berenice, que se ha convertido en una de las abanderadas de esta nueva escritura. Recientemente también ha publicado Afterpop. La literatura de la implosión mediática, un magnífico ensayo de Eloy Fernández Porta esencial para comprender los fundamentos de estos nuevos novísimos.

[Publicado en El faro de las letras, 1/2/08]

Cambio de imagen

A petición popular, sobre todo de Sushi de anguila, después de haberme escondido detrás de Beckett, Cioran y Duchamp, muestro mi careto, eso sí con el filtro de cómic de la isight. Aun así, se comprende por qué me ocultaba tras estos señores de la letra. 

De todos modos, la situación cambia bien poco. Un amigo sostiene que a partir de los treinta uno es responsable de la cara que tiene. Yo sin embargo creo que el rostro, lejos de ser el espejo del alma, es el modo de ocultación más sofisticado. Lo peor es que a veces no esconde nada detrás.

4/2/08

Lecturas

Se me acumulan las lecturas. Hoy he hecho un repaso de lo que tengo a medio en la mesita de noche y me he quedado un poco desconcertado.

- Antonio Ortuño, Recursos humanos. Anagrama. Voy por la página 75 y no me está gustando nada. No le veo, la verdad, la virtud a este finalista del Herralde. Aunque, para ser sincero, no me acaba de desagradar.

- W.G. Sebald, Del natural. Anagrama. Lo he empezado hace dos días y quiero acabarlo esta noche. Magnífico, como todo lo que estoy leyendo del alemán.

- Antonio Moresco, La cebolla. Melusina. No voy a seguir con él. Me parece un fiasco considerable.

- Catherine Chalier, Tratado de las lágrimas. Ediciones Sígueme. Interesante, pero demasiado dogmático para el no creyente. El único ensayo que tengo en mi mesita esta semana.

- Blaise Cendrars, Moravagine. Alfaguara. Regalo de un amigo, lo comencé con ilusión y lo he ido dejando poco a poco. La necesidad de locura de estos días hace que quiera acabarlo cuanto antes.

- Alan Pauls, Historia del llanto. Anagrama. Apenas lo he comenzado, pero tiene una pinta fantástica. Me muero por atenderlo como se merece.

Esto es lo que hay sobre la mesita de noche estos días. Sobre la mesa de trabajo, el material acumulado me desborda. 

Para colmo, hoy entro en la librería y me encuentro la última traducción de Giorgio Manganelli, Amore (Siruela), un libro de 1981. Agobiado como voy y sin apenas tiempo para acabar nada, no he podido, sin embargo, evitar comprarlo y comenzar su lectura. Manganelli es uno de mis escritores favoritos, al mismo nivel que Vila-Matas, Beckett o Thomas Bernhard. Ya le dedicaré un post como Dios manda.

Widget

Si estos dos días he comenzado a escribir con más profusión en el blog, se debe, en parte, a que he encontrado una herramienta fantástica cuya existencia desconocía. Se trata de un widget de blogger para mac. Una especie de pantallita que aparece de modo instantáneo en el dashboard de mi escritorio y que me posibilita escribir sin tener que entrar al navegador, como si de un post-it se tratara. No me deja poner imágenes, ni formatos complicados, pero me facilita la escritura una barbaridad. Ahora sí que comienza esto a parecerse a un cuaderno de notas. Supongo que los que usan mac ya conocen la herramienta, pero por si acaso, aquí va la dirección (www.google.com/macwidgets). Y hablando de mac, creo que me estoy enamorando de mi ordenador. Comienzo a ser un sectario de Apple. La verdad es que, desde que cambié en agosto, mi vida informática ha dado un cambio radical. No hay color. 

Escritura 

Llevo casi un mes atascado en un texto sobre un escultor cuyo nombre no reproduciré aquí. Sólo ahora parece que la cosa comienza a salir adelante. El propio texto me ha salvado. La inercia de la escritura me está conduciendo a lugares por los que la obra jamás se ha planteado transitar. A veces creo que en estos textos que se emancipan de su referente es posible llegar a la teoría pura. Ya veremos. 

3/2/08

Asomarse

Necesito asomarme al abismo de vez en cuando. Es una especie de pulsión de muerte que aparece antes o después. Parece que llevo demasiado tiempo escondiéndola y ya es hora de hacerla aparecer. Buscaré una grieta por la que caer al vacío. Y me deslizaré por ella hasta el lodazal de la perversión. Comienzo a echarlo de menos. 

Crímenes

Vengo del cine de ver Los crímenes de Oxford, película que también se podía haber títulado Los crímenes de Alex de la Iglesia. Cosa mala a más no poder. Aunque la ramplonería del argumento sea achacable a la novela en la que se basa, la adaptación es deprimente. Un ritmo imposible, unos personajes planos, unas historias sin fuste, un plano secuencia totalmente pretencioso y fuera de lugar... Hacía tiempo que no me indignaba tanto. Sobre todo al compararla con lo que he visto esta tarde: el primer episodio de la cuarta temporada de Lost. Eso sí que es ficción en estado puro. Una serie de verdad, y no la serie de acertijos para tontos basados en unas matemáticas avanzadas de primero de la ESO.
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2/2/08

Enigma

Ayer, de camino a la conferencia de Bourriaud, escuché a lo lejos cómo una niña pequeña le decía a otra: "Te cuento una adivinanza: ¿Por qué hacen papel los papeleros?". Esperé unos momentos para saber la respuesta. Pero la otra niña no contestó, y, tal como están las cosas, consideré peligroso seguirlas hasta que se desvelase el enigma.

Luego, mientras Bourriaud hababla de la heterocronía y el tiempo múltiple, yo seguía con la adivinanza en la cabeza. Aún ahora la incógnita me sigue atormentando, aunque comienzo a intuir que la respuesta tiene que ver con algún fatum romántico. Un destino oculto, el de ser papelero, causado por alguna condena olímpica. Seguramente los papeleros eran árboles y algún dios griego los condenó a cortar y empaquetar a sus hermanos para toda la eternidad. O qué se yo.

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Marsias

Hay momentos en los que parece que un ciclo se abre y otro se cierra. Creo que ahora estoy inmerso en uno de esos. No sé exactamente por qué, pero tengo la sensación de que algo está cerrándose, que estoy acabando una etapa y dando comienzo a otra. Nueva gente, nuevas metas, nuevas capacidades... siento que algo se está moviendo. Y también siento que debo comenzar a dejar muchos lastres que me impiden caminar como me gustaría. He comenzado la deceleración, aunque intuyo que el proceso me llevará algún tiempo. Quiero mudar la piel, pero no sé hasta qué punto estoy dispuesto a despellejarme.

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