31/12/07

Año nuevo

Estamos llegando. Ya sabes lo que hay que hacer. Cierra los ojos y no hagas caso a nadie. Y sobre todo, oigas lo que oigas, no pares de correr.

---

30/12/07

Los cinco libros de 2007

No me gusta demasiado hacer listas, pero esta semana El faro de las letras, el suplemento literario para el que escribo en Murcia, me ha pedido que establezca un ranking con los cinco mejores libros de 2007. Evidentemente, tal lista no ha podido escapar a mis gustos personales. En estos casos, la razón, por mucho que uno quiera, juega siempre un papel subsidiario. Por tanto, mi lista responde esencialmente a gustos e intereses personales, razonados, es cierto, pero asentados en la subjetividad más absoluta. Aquí la transcribo tal y como fue publicada el pasado viernes 28 de diciembre. Quedan muchas cosas fuera, pero cinco libros son demasiado poco para elegir.


1. Exploradores del abismo, de Enrique Vila-Matas (Anagrama). Aunque no es el mejor libro de Vila-Matas, la calidad de su escritura no admite cuestionamientos de ningún tipo. Ni un momento he dudado en situarlo el primero de la lista. Este libro, que supone el regreso del autor al cuento, uno de los géneros que más ha hecho evolucionar, es un peldaño más en el largo proceso de creación de un universo literario personal, el de un autor como Vila-Matas, quizá el escritor en lengua castellana más interesante y audaz del momento. Este año también ha visto la luz Vila-Matas portátil (Candaya), una antología de textos críticos sobre el escritor que no puede faltar en cualquier biblioteca vilamatiana que se precie.

2. Hilos, de Chantal Maillard (Tusquets). No suelo reseñar poesía; confieso que es algo que se me escapa. Sin embargo, los libros de Chantal Maillard poseen una dimensión que va más allá de los géneros. Son literatura en su máxima expresión. Cada palabra de esta autora es un mundo de significados. ‘Hilos’ da buena cuenta de este lenguaje preciso, expresivo y contundente, al borde del significado, casi en la frontera de lo real. Pocos escritores llegan a punzar con las palabras como lo hace Chantal Maillard, y muy pocos son capaces de transmitir tanto con tan poco.

3. El secreto del Mal, de Roberto Bolaño (Anagrama). Tras 2666, considerada por muchos la culminación de su escritura, Anagrama ha publicado este año otros dos libros póstumos de Bolaño: un compendio de su poesía, La universidad desconocida, y El secreto del mal, una colección de cuentos que muestra a las claras que Roberto Bolaño ha sido el escritor chileno más importante de la última década del siglo XX. Una prosa ágil y veloz, alejada de florituras estériles, que nos sumerge en un mundo de escritores contra todo y contra todos, bohemios, enfermos de literatura, personajes rechazados y, por encima de todo, insatisfechos con el mundo que les ha tocado vivir.

4. La coartada del diablo, de Manuel Moyano (Menoscuarto). Esta obra, con la que Moyano ganó el Premio Tristana de Novela fantástica, supone quizá la culminación del personal estilo de este autor, caracterizado por bordear con una soltura y diligencia extremas lo fantástico. En menos de 140 páginas, Moyano expone y resuelve una situación para la que otros habrían necesitado mucho más y, probablemente, no habrían contado ni la mitad. Aun sin introducir ninguna novedad sustancial en el género, el buen hacer del narrador hace que todo, con aparente sencillez, confluya en la creación de un obra que, sin duda alguna, deberíamos calificar de “redonda”. Un murciano entre los grandes.

5. La ofensa, de Ricardo Menéndez Salmón (Seix Barral). Este autor es una de las jóvenes realidades de la literatura española. En poco tiempo ha sabido promover un estilo propio, caracterizado por una escritura inteligente y culta, una prosa ágil pero meditada, plagada de referencias culturales, en el límite muchas veces del ensayo o la filosofía. ‘La ofensa’, novela sobre los traumas de la excesiva exposición al dolor y la violencia, lo ha consagrado en el panorama literario nacional. Pero también este año se ha publicado Gritar (Lengua de Trapo), una colección de cuentos magníficamente narrados que contribuyen a aumentar la sensación de que Menéndez Salmón ha emprendido una carrera imparable a la conquista de la “alta” literatura.

---

28/12/07

Aniversario

Hoy, hace un año, nació No (ha) lugar. Se originó un día en el que no tenía nada que hacer (quizá el único día aburrido del año), y surgió como capricho más de navidad. El culpable principal (he de reconocerlo) fue Ángel y su Está la cosa muy mala, que me apasionó desde el primer momento. Su perspicacia y sentido del humor me siguen cautivando como el primer día. Luego descubrí que otros amigos, como Fernando Castro y Taun, habían iniciado el blog más o menos por la misma época que yo, y me convertí en un fiel seguidor de sus desvaríos.

Desde un primer momento, lo único que no tuve claro fue para qué iba a utilizar el blog, una duda que sigue conmigo y que difícilmente dejaré de lado, aunque, después de un año, quizá la respuesta que pueda dar es que un blog es un bloc, un cuaderno de notas, una bitácora de navegación que une dos realidades, la real y la virtual. Pero sobre todo, un blog es una herramienta de comunicación, un lugar para la creación de lo común. Responde, creo yo, a una de las necesidades fundamentales del ser humano, decir(se) al otro. A un otro para el que uno mismo es también un otro. Un otro desjerarquizado por el ciberespacio. Un otro que, al mismo tiempo, es un yo.

En este año han pasado muchas cosas. Evidentemente no todas han sido plasmadas aquí, pero sí la mayoría, al menos muchas de ellas. De alguna manera, el blog ha sido un lugar donde se ha hecho visible el transcurrir del tiempo. Ha sido una memoria del paso de los días.

Hoy he echado un vistazo muy rápido a los doscientos cincuenta y pico posts, y he tenido la sensación de que yo estaba allí de algún modo, de que, en esas entradas inmateriales que uno no sabe donde se encuentran realmente, estaba también una parte de mi mundo. Cada momento que he pasado sentado al ordenador pensando en lo que iba a escribir ha quedado aquí hasta no se sabe cuándo. Porque eso es otra cosa. No sabemos cuanto tiempo durará esto, no sabemos cuándo quedará obsoleto el sistema. No sabemos nada. Y sin embargo no paramos de escribir. No cesamos de comunicar nuestra visión del mundo. No dejamos de hacernos oír, aunque sea por medio de susurros.

En este año de experiencia me he vuelto un creyente. Un creyente en el poder de los nuevos medios para configurar el mundo. Es éste el nuevo espacio que debemos conquistar. Es todavía un no(ha)lugar, pero es aquí donde se están sentando las bases para lo que será el mundo del mañana. Tenemos la obligación de contribuir en la medida de nuestras fuerzas a esa construcción del futuro. Nadie sabe lo que puede cuerpo, escribía Spinoza. Nadie sabe lo que puede un blog, podríamos decir hoy, al menos de momento.

---

26/12/07

Inteligencia narrativa

Ricardo Menéndez Salmón, Gritar. Madrid, Lengua de Trapo, 2007. 128 págs.


No hace tanto que en este lugar comenté La ofensa, la última novela de Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971). En aquella crítica, entre otras cosas, decía que esa novela era el comienzo de la consolidación de la trayectoria de este joven autor, que se situaba en un lugar de enunciación privilegiado en el panorama de las letras españolas. También aludí en aquella ocasión a una característica escritura inteligente y culta, una prosa ágil pero meditada, plagada de referencias culturales, en el límite muchas veces del ensayo o la filosofía, lugar, por cierto, del cual proviene el autor. Pues bien, se podría decir que todas esos comentarios, especialmente aquellos que tenían que ver con la versatilidad e inteligencia narrativa vuelven a ser puestos en obra en Gritar, una colección de nueve cuentos que contribuyen a aumentar la sensación de que Menéndez Salmón ha emprendido una carrera imparable a la conquista de la “alta” literatura.

En esta ocasión, el autor se aleja de la ataraxia descriptiva que desplegaba en ‘La ofensa’, y se implica de modo directo en las historias narradas, llegando en ocasiones a crear personajes que cuestionan la frontera entre autor, escritor y protagonista de la acción. Aunque cada cuento presenta una historia y un mundo diferente, y difícilmente se puede encontrar un denominador común a todos ellos, sí que es posible encontrar un elemento que parece hilvanar la colección, y es la presencia en todos estos nueve mundos de un elemento extraño irrumpe y perturba la rutina de lo establecido. Rutinas que, a partir de la irrupción de lo ajeno, se desarrollan hacia los territorios más insospechados, pero siempre con los pies en la tierra y, lo más interesante, volviendo en todo momento al punto de partida de “una cierta normalidad”. Se podría decir que de alguna manera estos cuentos normalizan la extrañeza. Y esa normalización tiene que ver mucho con la escritura cercana de Menéndez Salmón, uno de los aspectos que más llama la atención de sus textos. Una prosa que produce y provoca una tremenda sensación de intimidad que hace que cualquier extrañeza de la narración sea asumida por el lector como algo propio de la acción. Hay una sensación de potencialidad del lenguaje, de condensación de las palabras, de sutileza y medida en cada frase, que produce una cercanía entre lector y texto.

Aunque todos los cuentos son de una calidad encomiable, destaca por encima de todos el que da título al libro, ‘Gritar’. Un cuento que nos habla de la necesidad de desahogarnos, de buscar un sitio para sacar fuera nuestras tensiones y problemas. Pero también, y sobre todo, ‘Gritar’ se refiere a la imposibilidad del lenguaje para decirlo todo, pues hay cosas que no pueden ser dichas, y que es mejor gritarlas. En ocasiones sólo es posible gritar, pues el grito, además de ser una fractura del lenguaje, hace surgir en un mismo acto los miedos, deseos o pasiones que no es posible transmitir con palabras. Y cuando uno se acostumbra a gritar, cualquier lenguaje codificado le resulta demasiado estrecho para habitarlo, así que tiene que seguir gritando, y ya no puede parar.

[Publicado en El faro de las letras, Murcia, 7/12/07]

Expiación

Cada vez tengo más claro que la Navidad, en lugar de alegría y gozo, es un tiempo de expiación y consuelo. Bien pensado, las pantagruélicas comidas familiares no responden a otra cosa que a la máxima de “penas con pan son menos”. Nos consolamos comiendo hasta la extenuación, cantamos villancicos para espantar nuestro mal, nos emborrachamos para olvidar las desdichas del mundo y compramos regalos para sobrellevar nuestro complejo de culpa.


---

24/12/07

Feliz Navidad

Como a muchos otros, la Navidad me vuelve melancólico. Ha sido siempre una época de pérdidas, un tiempo para mirar atrás y recordar a los que ya no están. Sin embargo, hay momentos, como hoy, en los que el desenfreno me impide sentir otra cosa que un futuro que no acaba de llegar. Cuando eso sucede, cuando tengo dificultades para recordar, busco deliberadamente la melancolía y me la autoimpongo como penitencia. La necesito para reconocerme en aquello que ha dejado de ser. Entonces leo a Cioran y me encuentro con aforismos como este: 

“Del recuerdo del tiempo en el que no hemos sido y del presentimiento del tiempo en que no seremos nace la sugestión de infinitud melódica de la melancolía” (El ocaso del pensamiento).

Y vuelvo sonrojarme cuando digo Feliz Navidad.

---

22/12/07

Descanso

Semana de comidas y cenas, de copas y fiestas, de fines y confines. Pero también de clases, lecturas y, sobre todo, de Cendeac, cuya programación de 2008 ya está finiquitada. Tras dos días sin dormir, ayer me metí en la cama a las diez de la noche. Hoy no he hecho más que gandulear. El gobierno dice que hay que comer conejo, pero yo optaré estos tres días de fiesta por el género avícola, y me tocaré los huevos para ver si incuban. Tiempo de regeneración. Estoy mudando la piel. Siento realmente que algo nuevo está fraguándose.

---

18/12/07

Economías del placer

Hoy es para mí un día feliz. Por fin el gobierno de España dice algo en condiciones. Además, algo con lo que estoy tremendamente de acuerdo. Para hacer frente a la subida de precios de navidades, se recomienda “comer conejo”.

Ya era hora de que un gobierno afrontase directamente la realidad de un país. Por fin se dicen las cosas a la cara. Comer pavo engorda, y el marisco está muy caro. Así que el día de nochebuena, una sopa, fruta, y a comer conejo toda la noche. Y en nochevieja, en lugar de cotillón, conejón, eso sí, con matasuegras incluido para paliar las deficiencias de la sin hueso. Seguro que al día siguiente nos levantamos con mejor cuerpo, sin resaca, y con la economía puesta a punto.

No sé de quién habrá sido la idea, pero desde aquí lo felicito. Buena táctica: convertir las recesiones en erecciones. Alquimia pura y dura (nunca mejor dicho). Economías del placer, capital libidinal y trabajo inmaterial. 

Quizá en otra cosa no, pero en eso, yo cumpliré como buen español y seguiré al pie de la letra los dos nuevos mandamientos: Comer conejo y No dejar propina en los bares. Una buena forma de hacer que no se pierda la tradición hispana. Para que luego digan que este gobierno quiere romper la nación.

---

16/12/07

Leer

Llevo unos días sin apenas escribir. Y es que no he tenido un minuto para sentarme frente al ordenador. Hoy, primer día que me siento en casi una semana, miro los libros que he ido comprando estos meses y que estoy deseando leer. Se acumulan en varios montones, pero creo que con paciencia y ganas les podré hincar el diente. Estoy que me leo encima.

Las navidades serán un remanso de paz para poder leer con tranquilidad. Tengo ganas de estrenar la nueva capacidad lectora de mis ojos nuevos. Ojos que todavía siguen acuosos después del seminario de Alfredo Jaar. Su obra me ha devuelto la confianza en el arte.

---

13/12/07

Aún

Después de volver a recordar el proyecto de Alfredo Jaar sobre el genocidio de Ruanda, sin saber a ciencia cierta por qué, me han entrado unas ganas terribles de escribir poesía. Lo he intentado esta noche, pero parece que no me encuentro en condiciones de hacerlo. Así que he rebuscado en lo que tenía. Y he encontrado poco, muy poco. Un pequeño poema escrito hace unos años, cuando también quería ser artista. Nada digno de ser leído. Nada que me satisfaga demasiado. Aún así, lo escrito, escrito está.

Seguir dibujando
aún
hoy
que ya no es posible
respirar
Seguir dibujando
todavía
cuando has muerto
desconsolada
y me miras con ojos prestados
de otros que murieron
con sangre en los párpados
Y yo te miro sin que me puedas ver
sin que tus ojos
con sangre de otro
se apiaden en mí
Por eso
y no porque hayas muerto
debo seguir dibujando.


---

11/12/07

Non olet

Hace unas semanas, el artista madrileño Santiago Sierra (1966) inauguraba en la Lisson Gallery de Londres una exposición compuesta por veintiún módulos antropométricos en la línea de la estética minimalista: formas geométricas puras que se repiten formando un todo. Esta apariencia neutral cambia cuando leemos que esos módulos han sido construidos con excrementos humanos provenientes de las ciudades de Nueva Delhi y Jaipur. Excrementos que han sido recogidos por los trabajadores del Sulabh, lo más bajo de la sociedad de castas hindúes, obligados desde pequeños a trabajar llevando mierda de un lugar a otro para purgar los malos actos de su vida anterior. En la instalación, y debido a que los excrementos han sido tratados químicamente, nada de esto es percibido. Solo vemos unas formas abstractas y asépticas. Pero detrás de eso, se encuentra todo un sistema de explotación y sumisión frente al cual ladeamos la mirada.


Uno de los aspectos más relevantes de la obra han sido los numerosos problemas diplomáticos que han surgido para que los mencionados excrementos viajen de la India a Inglaterra. El gobierno hindú se resistía a dejar salir los excrementos de su país, pero es que el inglés de ningún modo quería dejar entrar las heces de la India, como si el fantasma del colonialismo acechase de nuevo en aquellos restos. Es la presencia de un fantasma que nos acecha, algo que está ahí, delante de nuestras “narices”, pero que no podemos percibir (ni por el olfato, ni por la visión), pues se trata de la sobra que hemos intentado exiliar para siempre. Algo que hemos expulsado, como cuando tiramos de la cadena y quitamos de nuestra vista el excremento, enviándolo a otro mundo del que nada queremos saber. Un mundo que, sin embargo, vuelve una y otra vez, ya que no se ha ido del todo. Por mucho que queramos evitarlo, la sobra nos constituye. Somos lo que tenemos, pero también, y sobre todo, lo que perdemos.

[Publicado en La razón, 7-12-07]

9/12/07

Te(le)ología

Al final, sobresaltado por la crudeza de las imágenes, el hombre de blanco no tiene más remedio que ladear la mirada y apagar la televisión. Antes de acostarse, se frota los ojos y reflexiona unos segundos sobre lo que ha visto: la gran explosión, el agua, los animales descomunales, el cataclismo... todo más o menos aceptable hasta el que el bicho peludo se pone a dos patas y logra decir ‘mío’. A partir de ahí todo va a peor. Lo más triste es que mañana ponen lo mismo.

---

Tareas

Intento aprovechar el puente para ponerme al día. Me senté el jueves por la mañana al ordenador y apenas me he levantado. Son las dos y media de la madrugada del sábado y no le veo fin a esto. Las cosas atrasadas me acosan. He adelantado mucho, pero todavía me queda. Había demasiadas cosas esperándome. Me siento como Sísifo, pero cada vez me cuesta más trabajo llegar a situar la roca en la cima de la montaña. Y a veces me pregunto si no sería mejor dejar de intentar moverla.

---

7/12/07

Sin rumbo

Subió al tren con la única intención de perderse para siempre. Al sentarse, leyó este cuento y meditó unos segundos. Bajó en la siguiente parada y regresó a casa. No necesitaba la distancia para errar eternamente.

---

La llave de la literatura

José Carlos Somoza, La llave del abismo, Madrid, Plaza & Janés, 2007. 526 págs.

Aunque no es ninguna novedad, tras el éxito de El Código Da Vinci parece que la fórmula del bestseller se ha asentado entre nosotros. Y sobre todo, después de este fenómeno “literario”, parece que la literatura de entretenimiento ha entrado en un estado de práctica catatonia y acomodamiento a fórmulas establecidas, convirtiéndose en algo ramplón y aburrido. Los autores "a lo Dan Brown" han llenado las mesas de novedades de las librerías y aeropuertos hasta un punto casi nauseabundo. Libros y libros sobre las mismas cosas, muchos de ellos infumables y soporíferos, tanto que hoy en día, cada vez más, quien se arriesga con uno de estos mamotretos conspiranoicos es digno de ser elevado a los altares. Lo más triste del caso es que esa fiebre bestsellerista ha hecho caer en el mismo saco a obras y autores de calidad contrastada. Y lo más lastimoso: que parece haberse establecido una barrera insalvable entre la alta literatura y el entretenimiento, que, como agua y aceite, ya es imposible conjugar.

Sin embargo, hay vida más allá de las intrigas vaticanas y los misterios del papado. Sigue habiendo autores que crean historias bien construidas, sólidas e imaginativas, y sobre todo, que hacen que esa barrera entre alta y baja cultura sea dejada de lado. Uno de los exponentes de esa alta literatura de entretenimiento es, sin lugar a dudas, José Carlos Somoza (1959), autor de una obra literaria que abarca ya más de diez novelas, la mayoría galardonadas y algunas de ellas magistrales, como La Caverna de las Ideas, Clara y la penumbra o Zig Zag.

Dotada de un estilo elegante y depurado, la obra literaria de Somoza se caracteriza por combinar de modo sorprendente el suspense, la tensión psicológica, una imaginación desbordante y un terror latente que acecha en cada párrafo. Obras ejemplarmente tramadas, trabajadas con oficio y reflexión, construidas en la tradición de la buena novela policiaca y evolucionadas hacia el mundo de la ficción moderna.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra de Somoza es que cada libro, aparte de una historia apasionante que atrapa al lector desde el principio, propone una tesis sobre el mundo. Su imaginación ilimitada hace que en cada novela todo esté prácticamente por inventar. Casi como Philip K. Dick o Lovecraft (y no sé si podría decantarme por alguno de los dos), Somoza recrea el mundo cada vez que escribe: comportamientos, vestimentas, costumbres, relaciones... prácticamente el total de los aspectos de la narración son creados ‘ex nihilo’. La llave del abismo (Premio de Novela Ciudad de Torrevieja) es ejemplar en este sentido. Ambientada en un futuro incierto, la novela presenta la historia de un empleado ferroviario que se ve envuelto en una trama para encontrar "la llave del abismo", un objeto que tiene el poder de matar a Dios. Así dicho, el argumento no parece demasiado complejo, y puede recordar el clásico ‘relato de búsqueda’. Sin embargo, el modo en el que se desarrolla la trama, y la reconceptualización de todos los aspectos de ese futuro que no sabemos exactamente donde localizar, hacen de esta obra un texto magistral y, como siempre, adictivo. El futuro que muestra Somoza es el de un mundo de seres creados genéticamente. Seres humanos que ya no recuerdan su pasado de humanos. Un gran cataclismo, presente de modo sugerido a lo largo de todo el texto, eliminó los vestigios de la civilización, y ésta tuvo que comenzar de nuevo, con nuevas costumbres y nuevas religiones. Un mundo extraño, pero al mismo tiempo familiar. Pues incluso aún teniendo un punto de partida diferente, los caminos recorridos no difieren demasiado. La irónica sorpresa final deja al lector pensativo sobre los fundamentos sobre los que asientan las civilizaciones.

Aunque no llega a la altura de la difícil de superar Zig Zag, esta novela consigue crear una tensión en el lector que muy pocos autores son capaces de lograr. Mediante las sorpresas de la trama, urdida casi milimétricamente, y la sutileza y el uso expresivo del lenguaje, el autor consigue meter al lector dentro de la acción y llevarlo de un lugar a otro, manejándolo a su antojo de un modo que sólo los buenos maestros saben hacer. Y es que Somoza es un maestro del thriller. Construye tramas complejas con una facilidad pasmosa, aunque lo que más me sigue llamando la atención en una literatura ‘supuestamente’ de entretenimiento es el elegante y efectivo uso del lenguaje.

Somoza logra moverte de la silla con apenas tres palabras. Muy pocos son los escritores que tienen ese poder de sugerencia. Sugerencia que el autor utiliza aquí, como en otras novelas anteriores, combinada con lo que, en principio, podría parecer su opuesto: lo cruento. Muchas son las ocasiones en las que su literatura transita directamente por el terreno de lo sangriento y lo terrorífico, llegando en ocasiones casi a lo gore. Pero la mencionada capacidad de sugerencia, hace que el dolor, la sangre y la violencia tengan el rango de actos sublimes: sugeridos e imaginados, pero nunca del todo, pues son tan terribles que no hay manera de hacerlos imagen.

[Publicado en El faro de las letras, 16/11/07]

6/12/07

Snow music

Fantástico el concierto de Michael Snow en el Cendeac. Una pena que la víspera del puente haya mermado la asistencia. Pocos, pero buenos. Snow se ha marcado una improvisación a piano como hacía mucho tiempo que no veía. Y luego nos ha enseñado uno de sus últimos vídeos. La verdad es que, aunque cueste un enorme trabajo la gestión, en momentos como estos uno se siente un privilegiado. Esta experiencias no se olvidan, y aumentan con los años.

[Piano Cendeac. by Manuel Saura]

De todos modos, lo más emociante de la tarde para mí ha sido poder sentarme un rato al piano de cola e improvisar durante unos momentos. Creo que lo he escrito ya en más de una ocasión, pero lo cierto es que cada vez que tengo un piano delante de mí, tomo conciencia de que, antes de cualquier otra cosa, soy un músico frustrado. Por mucho que escriba, siempre la música me acecha. A veces se me olvida, pero en ocasiones me vuelve a la mente el pensamiento de que la música puede lo que ningún otro arte. Luego reflexiono un momento y pienso que no es así. Que todo arte, al final, no puede escapar de las codificaciones a las que está sujeto, aunque eso cada vez me importa menos.

---

5/12/07

El cumpleaños de womahn

Hoy ha sido el cumpleaños de womahn. Y ni siquiera he tenido un momento para estar con ella. Michael Snow se ha apropiado de su día. Ahora llego y la encuentro dormida, y, al mirarla, pienso que es la gran damnificada del CENDEAC, la que aguanta lo inaguantable y la que soporta cosas que están en la frontera entre lo humano y lo divino.

De todos modos, a womahn nunca le he dedicado un post, y probablemente nunca lo haré. Aunque quisiera, no encontraría de ningún modo las palabras para hablar de ella. Además, hay cosas que no necesitan ser escritas. Es, sin duda, la mujer perfecta. Esa que dicen que no existe. Y no es que no exista, es que duerme en mi misma cama (a veces).

Felicidades womahn.
Y gracias por todo.

---

4/12/07

Vita brevis

Accidentado trasiego a Bruselas, la ciudad más aburrida del mundo. Dos días que han parecido tres semanas. Un maratón de avión y autobús que me ha hecho incluso perder la noción del tiempo. Tiempo eterno que he podido casi percibir en su espesor. Como dijo alguien que ahora no recuerdo, la vida es breve, pero hay días que se hacen interminables.

---

2/12/07

Casi sin apenas tiempo

Casi sin apenas tiempo para deshacer la maleta tras el viaje anterior, salgo esta noche para Bruselas. Ya no controlo el espacio-tiempo. Estaba convencido de que el viaje era ayer y, si no llega a ser porque llamé para enterarme de la hora, me planto ayer a las tres de la mañana de camino al aeropuerto. Además, la confusión me ha partido en dos. El lunes tenía clase y apenas he tenido tiempo de avisar. El lunes por la noche, justo después de regresar, ya tenemos a Michael Snow en el Cendeac. Así que poco tiempo tendré de hacer algo en condiciones. De todos modos, estoy deseando escucharlo, tanto su conferencia como su improvisación al piano. Seguro que será una experiencia interesante.

---

Asignaturas

Ayer elegimos asignaturas para el año que viene. La cosa no ha quedado tan mal, aunque he perdido la "Teoría e historia del arte", de primero de Bellas Artes. Me quedo entonces con el "Arte contemporáneo" de primer ciclo de filosofía, la segunda parte de "Arte del Mundo Contemporáneo" de cuarto de Bellas Artes, y "Fuentes iconográficas de las artes plásticas" de tercero de Bellas Artes. Total 16'5 créditos, que comparados con los 24 de este año van a suponer un alivio considerable en mi estrés.

---

1/12/07

Peligro: Arte

En los últimos días ha saltado a la prensa la noticia de que Shibbolet, la obra de la colombiana Doris Salcedo en la Sala de Turbinas de la Tate Modern, ha provocado ya más de diez heridos, algunos de los cuales han demandado al museo. La obra consiste en una serie de grietas en el suelo de la galería. Unas grietas que dan la sensación de que algo terrible está a punto de ocurrir. Pues bien, como una profecía, lo terrible, en efecto, está sucediendo, pero en lugar de un gran cataclismo, el desastre es que la gente se tuerce los tobillos al caerse en las grietas. Y esto es así hasta el punto de que la Tate ha tenido que llenar la sala de carteles que alertan de la peligrosidad de la obra, advirtiendo al espectador que pise con cuidado y que no deje a los niños sin vigilancia.

Todo esto, que puede resultar hasta cierto punto divertido, me ha hecho reflexionar acerca de la equivocada idea de que el arte es algo bueno e inofensivo. A veces llevamos a los niños a los museos creyendo que allí se encuentra la panacea de la cultura, y no somos conscientes de que, tamizados por la pátina del tiempo, en el museo hay crímenes, señoras desnudas, tiranos, actos de dominación... es decir, lo peor de lo peor. El museo, el arte en general, aparte de enseñarnos la belleza del mundo, contribuye también a la perpetuación de estructuras de dominación y exclusión, de prejuicios y falsas creencias. El arte es peligroso. Siempre lo ha sido. Lo único que ocurre es que a veces nos olvidamos de ello. No sería, por tanto, descabellado pensar que, en el fondo, la célebre grieta de la Tate enseña que el arte puede provocar heridas, que una obra terrible nos puede agriar el día. Quizá vaya siendo hora de que en la entrada de todas las instituciones artísticas pongan un cartel con una advertencia. “Peligro: Arte”.

[Publicado en La razón, 30/11/2007]