30/11/07

Pensamiento débil

El nihilismo me la suda.

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Más

Con el cansancio acumulado, las clases de hoy han sido un desastre. La de primero de bellas artes ha llegado incluso a un punto de surrealismo, cuando el sonido de la película que estaban viendo en la clase de al lado me ha anulado por completo y me ha imposibilitado para seguir hablando. Me ha quedado el recurso de hablar sobre los tratados de cocina de Leornado Da Vinci para comentar la Santa Cena, que he llamado la Santa Es-cena. Pero sobre todo me he dado cuenta de que necesito un descanso de verdad, de lo contrario quizá el descanso acabe siendo eterno.

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29/11/07

G.

Gracias a algunos comentarios del blog, he podido saber que mi adorado Vila-Matas ha comentado en una entrevista a paper de vidre que, entre otros blogs, se acerca a este no (ha) lugar de vez en cuando. Emocionado estoy. Y también extrañado. Sobre todo porque aquí hay poca cosa. Pero eso no se lo digáis a nadie.

G.

El malestar de la cultura

Regreso de Madrid hecho una lástima. Esta mañana me he levantado como si me hubieran pegado una paliza (cosa que, habida cuenta del lugar en el que me alojaba, aún no descarto; tengo marcas en los nudillos y sarpullidos por los brazos). La sensación de malestar ha sido tal que he tenido que cancelar la clase de la tarde. Y lo he sentido bastante, sobre todo por los alumnos. Aunque, bien pensado, creo que los he librado de una buena, una perorata sobre el cuadrado negro de Malevich y los orígenes antivisuales del arte moderno.

Antes de salir, por supuesto, he cargado en la librería del Reina. Entre pitos y flautas, y lo que me gasté entre el lunes y el martes, se me ha ido prácticamente lo que me pagan por las clases. Casi treinta libros. Pero merece la pena, sobre todo algunas cosas que es imposible encontrar aquí.

En las cuatro horas de regreso en tren, he leído el Ensayo sobre el cansancio, de Peter Handke. Era el libro apropiado para el momento, aunque no es ni mucho menos fiel a la realidad. Un cansancio sublimado que no me ha llegado a convencer. Sí que lo ha hecho, sin embargo, el último libro de Ricardo Menéndez Salmón, Gritar, una colección de nueve relatos, publicado por Lengua de Trapo, que también me he calzado en este viaje, y que vuelve a mostrar que este chico es uno de los escritores más interesantes y lúcidos del panorama literario nacional. Cuando tome algo de distancia libro, lo comentaré con paciencia.

Mientras tanto, me toca seguir preparando clases y acabando textos a los que no llego ni a la de tres. Cada vez más, el concepto de "fecha límite" comienza a significar "apocalipsis".

Demasiado para el cuerpo -y para la mente. Más que a otra cosa que se le hubiese pasado a Freud por la cabeza, es a esto a lo que habría que llamar "el malestar de la cultura".

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27/11/07

Ambiente sórdido

Escribo a la carrera desde un wifi que se ha colado en la habitación del hostal en el que me alojo en Madrid. Y lo de hostal es un eufemismo. No diré el nombre por no ofender, pero es, sin duda, el peor lugar en el que he estado en mi vida. Anoche tuve que poner la mesita de noche y el guardarropas apoyado a la puerta para que no la abriesen los rumanos de la habitación de al lado.

Cuando le contaba esto a womahn, se la llevaban los demonios. ¿Por qué siempre vas a ese sitio? Y la verdad es que no le falta razón. Me podía haber alojado en algún hotel de verdad. Tenía presupuesto para eso. Pero no sé por qué extraña razón cada vez que vengo a Madrid me quedo aquí. Es como una regresión a los años cuarenta. De algún modo, la sordidez de este sitio me inspira. Le tengo un extraño cariño. Siempre me voy cargado de historias curiosas y personajes extraños que dan para poblar más de un relato. Ayer, por ejemplo, estuve más de dos horas observando a un argentino borracho imaginando que se trataba de algún escritor atormentado, autor de una obra oculta que algún día sería descubierta.

Mientras imagino estas paridas, apenas tengo tiempo de preparar mis clases para el máster de la complutense que tengo impartir estos días. Cuatro horas seguidas durante tres días que me cogen en un momento de estrés difícil de igualar. Un momento que me va a hacer perder la cabeza. Sin ir muy lejos, me he venido pertrechado de libros y ropa, pero se me ha olvidado traerme calcetines. Tendré que comprar algo, o a lo mejor hago la machada. Espero sobrevivir.

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24/11/07

Lenguaje

Sin saber exactamente por qué, al llegar a casa después de un largo día, se me van los ojos al libro de Roland Barthes que más me fascina, Fragmentos de un discurso amoroso. Lo dejé sobre la mesa después de las páginas que le dedicó el sábado pasado ABC y aún no he logrado volverlo a esconder. Es un libro que releo una y otra vez casi como si se tratase de un evangelio. Y según el estado de ánimo en el que me encuentre, me suelo identificar con un pasaje determinado; a veces con ninguno. Esta noche, tras darle alguna vuelta, he caído en la página 82 y me he visto punzado por la sensación que me ha acompañado a lo largo de todo el día. La sensualidad del lenguaje y la pasión de las palabras: "El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo."

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23/11/07

Menos es Más

José María Merino, La Glorieta de los Fugitivos (Minificción completa)
Páginas de Espuma, Madrid, 2007. 240 pp. 15 €

Microrrelato, minificción, minicuento, ficción hiperbreve... no parece estar demasiado claro cómo nombrar este género literario que transita entre el aforismo, la poesía, el haiku y el relato llevado a su mínima expresión (y a su máxima condensación). Lo que sí parece cada vez más claro es que, de un tiempo a esta parte, su uso se ha extendido hasta límites insospechados. Quizá los ‘tiempos que corren’, rápidos y veloces, en los que apenas tenemos tiempo para sentarnos a leer, han contribuido al éxito de las fórmulas breves. Y quizá por eso muchos son los escritores que han comenzado a cultivar este género ya no de modo subsidiario, como un apunte o un divertimento, sino como un fin en sí mismo.

Uno de esos escritores es José María Merino (A Coruña, 1941), cuya preocupación por los géneros chicos de la narrativa es conocida desde tiempo atrás. Aunque también ha cultivado la novela, el cuento ha sido sin duda el arma privilegiada para Merino. Un arma que, durante un tiempo, ha tenido incluso el estatus de resistencia, pues, aunque parece que las cosas comienzan a cambiar, el cuento ha sido un género más que marginal en la literatura española, siempre a la sombra de la novela y la literatura ‘de verdad’. Esta situación cambiante, se debe a la labor de escritores como Merino, pero también, y sobre todo, a la de editoriales como Páginas de Espuma, cuya decidida apuesta por el cuento nunca podrá ser valorada en su medida.

La glorieta de los fugitivos, el último libro de Merino, cuya publicación coincide con su novela El lugar sin nombre (Premio Torrente Ballester) compila prácticamente toda la minificción de José María Merino. Y como suele ser habitual en la obra de este escritor, sus textos transitan por el umbral de lo extraño y la fantasía del mundo cotidiano. Con una imaginación que apenas tiene rival en nuestro país, Merino sabe narrar como nadie ese mundo inquietante que nos rodea y que no siempre vemos. El mundo de los sueños que se convierten en realidad, o de la realidad que se convierte en sueño, y el mundo inconsciente de los terrores que nos acechan y se mezclan con nuestras rutinas. La maestría de Merino en las distancias cortas se muestra en el uso de la condensación y el apunte como elementos creadores de la narración. Narración que muchas veces se reduce a una imagen o a una sensación, y sobre todo que trabaja con el fuera de campo, con aquello que está más allá de los límites de la escritura. Los relatos vienen de un lugar que tenemos que imaginar y caminan hacia otro que tenemos que construir. Al final, el lector tiene la última palabra para cerrar la historia, aunque la mayoría de las historias no pueden ser cerradas del todo. Y ésa es otra de las claves del hacer de Merino, el trabajo con la contradicción y con la idea de que las cosas no tienen por qué casar, que, como la vida misma, no todo tiene una explicación aceptable, ni recomendable.

Muchas veces uno lee microrrelatos creyendo que su lectura va a ser fácil y rápida. Pero los de Merino, precisamente por dejar tanto fuera, obligan a pararse y reflexionar un poco, obligan al lector a reconstruir lo que ha leído, a darle un sentido. Por eso pueden llegar a engañar. Breve no significa rápido. Y en la mayoría de las ocasiones, como sugirió el arquitecto Mies van der Rohe, ‘menos es más’. En este sentido, las reflexiones sobre el género, que, en forma de minificciones, el propio Merino sitúa al final del libro, arrojan muchísima luz a la práctica y la teoría del cuento breve. Como muestra, un botón: ‘Si supierais lo que he menguado –dijo el relato, y terminó’.

[Publicado en El faro de las letras, 9/11/2007]

21/11/07

Miércoles noche

Todos los miércoles por la noche sucede lo mismo. Demasiadas cosas. Es sin duda la noche más atareada. Al ritmo habitual de trabajo, se suma preparar las clases del día siguiente (para filosofía y bellas artes), escribir la crítica de libros de El faro de las letras y la columna de cultura de La Razón. Además, el miércoles por la noche es el momento en el que ya se han descargado los capítulos de Héroes y Prison Break. Así que toca ración doble. Una cosa tras otra hace que, al final, practicamente no pueda pegar ojo. Lo peor son los días en los que uno ya está cansado de antemano. Como esta noche, que no sé cómo lo voy a hacer.

20/11/07

19/11/07

Mantra

Necesito más que nunca repetirme. Necesito más que nunca repetirme. Necesito más que nunca repetirme. Necesito más que nunca repetirme. Necesito más que nunca repetirme. Necesito más que nunca repetirme... Por momentos, el hastío se convierte en una sensación sublime.

18/11/07

Lío embarazoso

Para desconectar un momento de estos días de locura, no se me ha ocurrido otra cosa mejor que ir al cine a ver Lío embarazoso. Es aún más mala de lo que me esperaba. Virgen a los cuarenta al menos tenía su gracia. Pero esta es bazofia de la buena, un pastel de esos que se atragantan. Una verdadera parida. Recuperar la vista para esto... Esta noche prometo volver a Heidegger.

17/11/07

Efectos secundarios

Con el lógico nerviosismo de la primera noche, el hijo del sepulturero ayudó a su padre a colocar la lápida de una tumba. Mientras sostenía el mármol, escuchó golpes y gritos en el interior del panteón. Miró a su padre con el rostro desencajado por el terror. Pero la voz de la experiencia logró tranquilizarlo. "No te preocupes. Es normal. Enseguida se les pasa".

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16/11/07

Así que usted comprenderá

Claudio Magris (Trieste, 1939) estaba en todas las quinielas del Nobel de este año. Muchos eran los que pensaban que su obra merecía este galardón, aunque al final, la decisión fue otra. De todos modos ser o no premiado no cambia el rol central que el autor ocupa en la literatura contemporánea. Un papel esencial que juega en su faceta de ensayista y traductor, y, sobre todo, en la –no tan alejada– de creador. Tanto en una como en otra, Magris ha creado un universo literario particular muy vinculado con la literatura alemana de la primera mitad del siglo XX, reactualizando como narrador la tradición literaria y cultural que tan bien ha analizado como ensayista. Dotada de un lenguaje ampuloso pero preciso, lleno de referencias culturales y, en ocasiones, difícil de seguir, su obra se ha convertido, sin lugar a dudas, en una de las más respetadas y admiradas del panorama internacional.

En Así que usted comprenderá, un pequeño librito de apenas cincuenta páginas, Magris vuelve a las distancias cortas de La exposición o Las voces, y también a una especie de contaminación performativa con lo teatral. Porque esta última obra es, en el fondo, un monólogo. El monólogo de una mujer que prefiere permanecer en su retiro que volver a su vida. Conforme avanza el libro nos damos cuenta que esa mujer no es otra que Euridice, y que su amante, al que prácticamente deconstruye con análisis pormenorizados de su vida, es el mismo Orfeo, el ‘inventor’ del lamento y la melancolía.

Lo que hace Magris es reinventar y actualizar el clásico mito de Orfeo y Euridice, dando la voz ahora a Euridice, quien argumentará que en el fondo se queda en el Hades –ahora Casa de Reposo– porque así lo desea, que es ella quien provoca esa mirada de Orfeo que la hace regresar al reino de los muertos.

Esta mirada de la mujer, que a lo largo de las reinterpretaciones del mito siempre había sido silenciada, puede ser también entendida como la mirada de la musa, de la inspiradora de la poesía. En la visión de Magris, la musa se muestra rebelde, se queda en el reino de los muertos, porque sabe que fuera su presencia no tiene sentido. Además, ella está convencida de que si Orfeo baja al Hades no es para salvarla, sino para salvarse a sí mismo. El poeta, el escritor, es observado casi como una marioneta, un don nadie, manejado por los deseos de Euridice.

Por expreso deseo del autor, la versión española de Así que usted comprenderá ha añadido dos breves textos críticos de intelectuales italianos (Luca Doninelli y Ermanno Paccagnini) que presentan y analizan algunas de las ideas esenciales del libro. Entre ellas, destaca sobre todo la intuición de que esta obra es profundamente autobiográfica, que, como un escudo, esconde y al mismo tiempo muestra una historia de amor, la del escritor y su musa. Una musa que constata que el desencanto es el mismo en el reino de los muertos que en el de los vivos. Por eso, al final del libro, parece necesario hacerse una pregunta: ¿qué es eso que ‘usted comprenderá’, presente en el título? De manera menos elegante y sutil que Magris, podríamos responder: que para poca salud, ninguna. Que si hay que ir, se va, pero ir para nada es tontería.

[Publicado en El faro de las letras, Murcia, 13/10/07]

14/11/07

Ceguera

Se despierta sobresaltado creyendo que está ciego. La pesadilla ha sido terrible. Un hombre de luz cose sus párpados con hilo de cobre mientras lo amenaza con cortarle los testículos. Ahora nota su cuerpo bañado en un fluido caliente. No sabe si es sangre, orín o semen. No importa; no no podrá encender la lámpara para averiguarlo.

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12/11/07

Mas cosas

Llevo unos días desaparecido en combate. Regreso ahora de Barcelona de soltar de nuevo la perorata sobre las estéticas migratorias. Aunque quisiera cambiar ya de tercio, está visto que la cosa sigue su curso, y ahora otros lugares como Oslo y Belfast parece que quieren más madera.

La última vez que parlamenté en Barcelona me quedé con mala sensación, ayer, sin embargo, creo que la cosa salió bien. Hubo un ambiente agradable y multicultural, y comenzaron a fraguarse nuevos proyectos. Además tomé conciencia de ser un ser global. Coincidí en el simposium con un coreano que vivía entre Nueva York y Pekín y que sólo después de tres días se dio cuenta de que yo era español. Como me había visto en Amsterdam y en Karslruhe estaba convencido de que venía de Berlín. Mi inglés, de nuevo, produce confusiones.

De todos modos, estoy otra vez sobrepasado por el trabajo. Y lo peor es lo que viene. En el Cendeac, mañana llega Dan Graham. La semana que viene Kaja Silverman. A la otra Michael Snow, y a la siguiente Alfredo Jaar. Muy bonito, pero hay que aguantarlo. Y sobre todo combinarlo con las clases, las críticas de arte, las de libros, los artículos, las exposiciones... y todo aquello que ni siquiera tiene nombre. Cosas para parar un tren. Así que de vez en cuando desapareceré de la red. Pero que nadie se preocupe. Cada uno tiene lo que quiere. Me gusta que me peguen.

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7/11/07

Malas sensaciones

Pasó mucho tiempo hasta que me di cuenta de que estaba muerto. Desde el infarto, yo me veía más blanco, y, por mucho que me arrimase al fuego, mi cuerpo siempre estaba frío como el hielo. Mis articulaciones comenzaron a entumecerse. A veces incluso me costaba trabajo moverme sin parecer un robot. Pero seguía yendo al trabajo, comía en restaurantes, salía de copas, la gente me saludaba por la calle con normalidad y mis amigos quedaban conmigo como si nada hubiera pasado. Todo era aparentemente normal. Pero yo intuía que algo no iba bien. Y lo tuve claro cuando comencé a notar que mi mujer me echaba demasiado perfume, que la gente se tapaba la nariz en mi presencia y que unos gusanos amarillos bullían en mis intestinos y se comían mi piel. Después de un tiempo, lo único que me molesta es que nadie haya querido aclararme la razón de su hipocresía.

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5/11/07

Tantra textual

Parece que voy viendo un poco mejor y que oficialmente puedo pasar algún tiempo frente a la pantalla. Pero sin abusar. Lo que peor llevo es no poder leer con intensidad, pero sobre todo no poder escribir. Y en estos días sin sentarme al ordenador se me han acumulado unas tremendas ganas de darle al teclado. Como no tenía otra cosa que hacer, he seguido madurando argumentos para libros y artículos. Cada vez son más, y, en consecuencia, cada vez tienen menos posibilidades de hacerse realidad. Será cuestión de selección natural. Muchos morirán, pero los más fuertes podrán convertirse en letra impresa (o virtual). De hecho, algunos están a punto de salir a la luz, lo intuyo.

Ahora, al tocar el teclado del ordenador, siento bajar la escritura por los brazos hacia la punta de los dedos. Percibo ese placer casi como el del orgasmo, una energía que se desplaza de un lugar a otro, que quiere salir a la superficie, pero que aún no encuentra el modo. Supongo que no tardará en ver la luz. Aunque ahora me debato entre seguir las leyes del Tantra textual o dejar que la energía se plasme en forma de letras. Mejor aguanto un poco más. Solo un poquito. Algo me dice que el placer será mayor.

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