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28/5/07

Estirpe

A cuatro patas, babeando, con la piel entumecida y los ojos inyectados en sangre entraron de noche en la habitación y le cortaron los testículos. Querían asegurarse de que ninguna criatura como ellos sería engendrada aquella noche. A los nueve meses, nació un ángel que años más tarde moriría en la cruz. Un ángel que siempre renegó de sus hermanos.

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27/5/07

Miedos

Siempre he tenido miedo de morir a manos de alguna criatura de las tinieblas: mordido por un vampiro, descuartizado por un hombre lobo o devorado por un zombie. Ignoro si el conductor del camión que me ha atropellado esta mañana pertenecía a alguna de estas razas espectrales. Lo único cierto es que no podrá escapar de mí. Cuando caiga la noche, comenzaré mi búsqueda. Y cuando lo encuentre, morderé su cuello, descuartizaré su cuerpo y me comeré su entrañas.

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24/5/07

Refugio

Cuando vimos llegar a los hombres, dije que nos escondiéramos en el sótano. Allí estaríamos a salvo. Pero aun así lograron encontrarnos. Sin mostrar piedad alguna, nos amordazaron, nos violaron y seccionaron nuestros cuellos. Pasado el tiempo, sigo creyendo que el sótano era el lugar más seguro de la casa. Por eso ellas se empeñan en no dejarme salir de aquí.

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23/5/07

Memoria histórica

"Luego diréis que somos cinco o seis", gritó apesadumbrado Leónidas mientras su cuerpo era atravesado por una flecha.

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Confusiones

Estos días apenas tengo tiempo de nada, ni siquiera de escribir aquí. El estrés va a acabar conmigo. El problema es que hay demasiadas cosas distintas que hacer. Cuando estás haciendo algo, estás con la cabeza en el otro lugar. Así no sólo no se disfruta con el trabajo, sino que, además, no se hace bien del todo. Y lo peor es que llegan los despistes. Hace unos meses, si no recuerdo mal, escribí un post en el que decía que estaba perdiendo la memoria. Pero ahora esto es peor. Ayer me sorprendí andando por la calle con el casco de la moto puesto. La gente me miraba extrañada, y yo creía que era porque no me había afeitado en una semana. Sólo cuando comencé a sudar, intuí que había algo sobre mi cabeza que no estaba bien del todo.

Lo más triste del asunto es que parece ser contagioso: esta mañana he visto Raquel (en adelante, mrs. womahn), justo después de desayunar, metiendo la tostadora en el frigorífico. No sé cómo acabaremos. Mientras las confusiones sean con objetos, bien va. Lo peor no llegará cuando (por utilizar el título del magnífico libro de Oliver Sacks) confunda a mi mujer con un sombrero, sino cuando confunda a la mujer de otro con la mía (bueno, esto no), o cuando confunda a otro con mi mujer (esto sí). Espero, en cualquier caso, que el trastorno se me quite antes del domingo, no vaya a confundir las papeletas de los votos, que eso, tal como está el patio, sí que sería grave.

21/5/07

Acechanzas

Después de un día de sol, apagó la luz para descansar del acecho de su sombra. No cayó en la cuenta de que en ese momento se abalanzaría sobre él.

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Gente buena

Tuve que comerme sus vísceras para entender por qué decían de él que era entrañable.

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Reencuentro II

Siempre he tenido miedo de los espejos, sobre todo cuando aparece ese señor calvo sin ojos que imita todos mis movimientos.

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Gravedad

Hoy me he levantado especialmente cansado. No sé si será la primavera o mi cuerpo, pero apenas podía tenerme en pie. Después de arrastrarme toda la mañana por el Cendeac, he regresado aún más hecho polvo, casi sin fuerzas para pulsar el botón del ascensor.

Lo cierto es que, desde hace algunos días, siento que el mundo se me ha vuelto espeso, que cada vez me cuesta más trabajo vencer la fuerza de la gravedad. Ahora escribo desde el suelo. Quizá lo único positivo es que no puedo levantar la cabeza para contemplar el abismo.

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20/5/07

17/5/07

Premonición

El avión se estrelló con ciento quince pasajeros a bordo. Cuando vio la noticia en la tele, suspiró aliviado. La noche anterior algo le había dicho que no debía subirse a aquel avión. La noche siguiente ese mismo algo se presentó en su habitación. Lo acompañaban ciento catorce. Y habían llegado para quedarse.

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13/5/07

Reencuentro

Después de un largo período, hoy he vuelto a ver mi rostro en un espejo. Ha sido fugaz, apenas un segundo, el tiempo que la estaca ha tardado en atravesar mi corazón.

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El rostro de la victoria

Como todos sabéis , de un tiempo a esta parte, la esgrima se ha convertido en una de mis aficiones (y no sé si también afecciones) favoritas. Nunca antes he estado tan emocionado con nada de ese modo. La experiencia estética que proporciona un combate de esgrima difícilmente se puede lograr de otro modo. El momento en el que los dos tiradores están batiéndose es realmente mágico. Uno siente que simbólicamente se está jugando la vida, y afloran una serie de instintos y pulsiones que, por lo general, no suelen salir a la luz. Sentimientos a medio camino entre la destrucción y la seducción. Porque en un combate de esgrima antes de matar es necesario seducir, cortejar al otro para después poder tocarlo, entrar en su espacio vital, arriesgando la vida, y luego salir ileso. Es un acto sexual en toda regla. Incluso las heridas se asemejan bastante a las huellas de un beso apasionado.

Quien quiera sentirse plenamente humano, demasiado humano, no puede perderse la experiencia de la esgrima. Y no importa tanto la condición física, el tamaño, o la rapidez. Lo importante, como dice mi maestro Pedro Merencio, está en la cabeza: la concentración, la intuición, la observación del contrario, casi como el ajedrez, aunque requiere una coordinación mucho más rápida y efectiva entre la mente y el brazo. Cabeza y brazo, como si fuesen una misma cosa.

Ayer participé en la II Copa Federación de la Región de Murcia, una competición por equipos. El resultado fue el esperado: perdí. Bueno, perdí yo, con la inestimable ayuda de mis tres compañeros (José Ángel, Ángel y Paco), Nuestro equipo, Los 300 de Getafe, no pudo resistir el empuje de las fuerzas del mal, y fue derrotado 45 a 34, creo. Aunque no lo hicimos mal del todo, creo. Pero lo más importante de todo es que robamos los trofeos. La idea se le ocurrió a Paco. Fue un momento de lucidez: nos hemos gastado un dineral en la careta, la espada, los guantes, la chaquetilla, los pantalones... y nos falta lo más importante: la copa. Esta misma semana nos la vamos a comprar. Pero, mientras tanto, para hacer boca, ayer robamos las medallas. Nunca he creído que el hábito haga al monje, pero lo cierto es que, cuando nos las colocamos, el sentimiento de victoria fue totalmente real. Y si no, contemplad nuestros rostros.



(De izquierda a derecha: José Ángel, Ángel y Paco. La fuerza aglutinadora que aparece detrás: un servidor, el único rostro consciente de la farsa)

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11/5/07

Malentendido

Cuando comenzó a vociferar cosas incomprensibles en medio de la calle, nadie le dijo nada. Cuando entendieron lo que decía, ya era demasiado tarde.

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10/5/07

Oráculo

Resistió cuanto pudo los designios del oráculo. Durante años se esforzó en ser un buen cristiano. Ayudó a los más desvalidos, se desprendió de todas sus riquezas, construyó un colegio, curó a enfermos, fue misionero en Honduras, donde incluso llegó a cumplir condena por un desconocido. Pero al final de su vida, no pudo evitar su destino, y tuvo que violar a aquella niña de ocho años. Nadie le guarda rencor.

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9/5/07

La atracción del abismo

Esta noche, como todas, al regresar de la clase de esgrima, he pasado por la calle en la que están las prostitutas que hacen la calle, justo detrás del Eroski. Un amigo me confesó un día que se ha sentido tentado en más de una ocasión a parar su coche y hacer subir a alguna chica, simplemente para hablar con ella, para que le contase sus motivos, sus razones, sus necesidades... para conocer de primera mano ese submundo al que no queremos mirar. Un trabajo antropológico, me dijo.

Confieso que yo también he sentido esa tentación antropológica. Sobre todo en esos días en los que uno, por la razón que sea, está contento y satisfecho, en los que uno se siente realizado y feliz, en esos días en los que la euforia nos embarga y sentimos que nuestra vida ha adquirido pleno sentido. Sí, paradójicamente, en esos días felices me siento más tentado que en otros a parar el coche. Pero no para que cuenten su vida, sino para hundirme en el fango de la perversión. Para experimentar realmente la abyección. No sé por qué felicidad y hundimiento van siempre de la mano. En el momento en que se logra la felicidad, inmediatamente surge la amenaza del abismo. La felicidad, de hecho, es el estado más próximo a la miseria.

Hoy, en plena euforia, después de pensar en mi vida feliz, he sentido de nuevo la atracción del abismo. He querido revolcarme en el fango, hundirme en el lodazal para sacar la cabeza en el último momento. Sin embargo, como un Ulises, mis oídos no han querido oír a las sirenas. Unas sirenas que, al fin, han mostrado su verdadero rostro: el rostro desdentado y mugriento de la perdición. Un rostro que, como el de Medusa, no puedo mirar de frente. A falta de un escudo especular, no tengo otro remedio que servirme del retrovisor del coche. Espero poder regularlo correctamente.

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Tempus fugit II

Al día siguiente, ella encontró su abrigo en la calle. En un bolsillo había una nota: “Al final, no pude evitar amarte”. Quiso llorar, pero aún no habían despertado sus lágrimas. Quiso gritar, pero aún no había amanecido en su garganta. Miró entonces el reloj. Apenas había transcurrido un segundo. Demasiado tarde para volver. Demasiado pronto para encontrarlo.

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8/5/07

Tempus fugit

Salió unos minutos a dar un paseo. Al poco miró el reloj. El tiempo había pasado volando. Ya era demasiado tarde para volver.

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7/5/07

Me gusta cuando callas...

Todos dicen que ultimamente estoy como ausente. Y a mí me asalta una pregunta: ¿ausente de dónde? Daría cualquier cosa por saberlo. Sobre todo por si decido regresar.

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6/5/07

Donación

Ayer decidí hacerme donante de órganos. Una excusa menos para evitar el suicidio.

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5/5/07

Mitologías blogger

Leo a Bolaño y a Vila-Matas, y, cuando hablan de las reuniones de escritores y de los cafés literarios, se me hace la boca agua al pensar en ese modo de compartir la literatura, en ese mundo extraño en el aparecen todo tipo de personas: escritores que no escriben, excritores, noveles, freaks de la literatura... Y me pregunto si ese mundo de tertulias y cafés, si ese lugar de los escritores no se habrá desplazado hoy a sitios del ciberespacio como los blogs. Quizá lo que estamos haciendo en este momento es una cierta tertulia literaria. Seguramente no tenga el glamour o el aura de los cafés parisinos, pero, desde luego, también es un mundo extraño. Sin duda, nuestro lugar hoy es la conexión de la pantalla. Y creo que, como escritores de una nueva época, para vencer a los cafés parisinos, debemos “aurizar” la pantalla. Dotar de un imaginario y de una mitología a internet. Una mitología y un imaginario que todavía nos es demasiado ajeno.

El otro día escuché a Vila-Matas decir que se había hecho escritor después de ver La notte de Antonioni. Escribía por el rol social de escritor: vestido de negro, solitario, con el sonido de la máquina de escribir en el oído y la desesperación en el corazón... Las cosas hoy han cambiado. Y es necesario preguntarse: ¿Cómo ser escritores en red? Quizá sea necesario inventar o crear un rol del internauta-escritor. Está creándose, está surgiendo... pero aún falta la mitología. Ésa es nuestra tarea. Convertir el alcohol, la máquina de escribir y el tabaco en el ratón, la pantalla y el teclado. Sustituir el martilleo de la máquina por los clicks del ratón, y los papeles arrugados, por el Control+Z.

Nunca he sido un fanático de la cultura.net, más bien todo lo contrario, un reaccionario. Pero está claro que las cosas ya no son como antes, y, si entendemos, como yo lo hago, la literatura como nostalgia, hemos de tener también claro que trabajaremos mejor con un imaginario nostálgico. Hasta ahora el imaginario de internet había sido el de la ciencia, el del entretenimiento, el de las nuevas experiencias de comunicación, y también el del surgimiento de comunidades... Pero ¿será posible la transformación de la mitología del escritor solitario? Yo creo que sí. Nos toca hacerlo a nosotros. Y en esto deberemos perseverar.

Mi solución, de momento, es pensarnos desde el futuro. Hacer ejercicios de “retrología”. Y es que verse en el pasado ya tiene cierto aura. No hay más que mirar atrás y pensar en los viejos ordenadores de las películas; ahí hay cierta mitología. Cuando escribo, me pienso desde un futuro que está por llegar, y pienso en la obsolescencia de nuestra tecnología, en la precariedad de nuestras posibilidades... pienso en que estamos empantanados y que, en el fondo, apenas podemos salir del abismo, y que nuestras pantallas y nuestras conexiones apenas han evolucionado. Pienso que nada sirve de nada y que, aun así, debemos intentarlo, en precario, en blanco y negro, desde la obsolescencia.

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3/5/07

Leer

Alguien dijo (y la verdad es que no sé si fui yo) que leer y escribir son dos fuerzas en constante tensión. Hay momentos en los que la balanza se decanta por la escritura y otros, en los que lo hace por la lectura. De un tiempo a esta parte, sin que la escritura desaparezca del todo, creo que prefiero leer a escribir. Por eso escribo menos en el blog, porque no puedo parar de leer, sobre todo, narrativa, que cada vez más me resulta más interesante como herramienta de análisis cultural.

Llevo unos días en los que leo compulsivamente, casi de modo patológico. Y, como no tengo paciencia para acabar los libros, tengo que llevar varios a la vez. Esto siempre me ha ocurrido, pero ahora estoy desbordado. Por mencionar algunos, sobre mi mesita de noche tengo, por este orden:

- La universidad desconocida, de Roberto Bolaño
- Llamadas telefónicas, también de Bolaño
- Hijos sin hijos, de Enrique Vila-Matas
- Extraña forma de vida, también de Vila-Matas
- Villa Amalia, de Pascal Quignard

Esos son algunos de los de entretenimiento (los de la mesita). De los de trabajo, ni hablamos. La verdad es que hay momentos en los que uno necesita frenarse para no volverse loco. Pero hay tanto por leer... que apenas se disfruta en la lectura, porque sabes que, mientras lees, te pierdes otro libro, y otro. Es necesario frenarse. Pero no sé cómo. Bueno, pensándolo bien, sí lo sé; lo he comprobado, y no hace tanto: viviendo. El lector (y el escritor) es alguien con una vida aburrida. Puede ser. No digo que no. Ahora, sin embargo, me apetece leer.

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1/5/07

Cuestión de dinero

Me dijo que por veinte euros no me dejaba besarla en la boca, que aquello me costaría algo más. Por eso le compré un anillo, un vestido blanco y una casa. Lo he intentado todo, pero no ha habido manera de acercarme a sus labios.

Algunas noches, cuando la puerta de la habitación se queda entreabierta, observo cómo ellos besan su boca una y otra vez. Y, mientras escucho sus gemidos, me atormenta una pregunta: ¿será sólo cuestión de dinero?

Visita inesperada

Dijeron que eran amigas de mi mujer y que habían quedado con ella en casa. Aunque no me había dicho nada y yo creía conocer a casi todas sus amigas, por cortesía las invité a entrar. Cuando me ataron a la silla y comenzaron a golpearme sin piedad, comprobé que no mentían e intuí que mi mujer iba a tardar un poco en llegar.

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