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31/3/07

La so(m)bra de lo Real

Con cierto retraso, y por si alguien puede estar interesado, aquí os dejo la información de mi último libro, publicado por la Institució Alfons el Magnànim.

LA SO(M)BRA DE LO REAL: EL ARTE COMO VOMITORIO

Valencia, Institució Alfons el Magnànim, 2006, 190 págs.

Contraportada
"Una de las claves de la expansión del espectáculo a todos los rincones de la vida cotidiana ha sido la virtual extinción de lo que podríamos llamar vomitorio, una eliminación cuya consecuencia fundamental es la hipertrofia de la imagen en la sociedad contemporánea y el ofuscamiento de lo Real y la realidad. Partiendo del pensamiento artístico de Jacques Lacan, este ensayo pretende argumentar que la tarea del arte hoy ha de ser, precisamente, la de funcionar como vomitorio, como lugar de desalojo de las sobras del espectáculo. Ante la opulencia y obesidad de la visión contemporánea, parece necesario encontrar una dietética de la mirada, un diurético para el ojo estreñido, una táctica para adelgazar la mirada hasta que sea posible eliminar el tejido adiposo del espectáculo e intuir que tras la imagen está lo Real. Anorexia y bulimia se erigen, entonces, como estrategias maestras de dicho proceso: cegar el ojo, arrebatarle todo lo que hay para ver; o darle demasiado de lo mismo, tanto que necesite vomitar."

Índice
1. Introducción: pasiones de lo real, 9
2. El pensamiento-Lacan, 25
3. El Método Ludovico: la extinción del vomitorio, 39
4. Anorexia y Bulimia: hacia una diuresis de la mirada, 49
5. El cuerpo como so(m)bra, 63
6. El procedimiento ceguera: antivisión en el arte contemporáneo, 73
7. El anhelo de la realidad, 111
8. No(ha)lugar: arte español, periferia, multiculturalismo y topología, 137

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Leer la introducción aquí.

Comprar on-line aquí.

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30/3/07

Pasacalles

Llevo una tarde de cabreos del carajo. Si hay una cosa que no soporto es el catetismo. Y hoy me he visto rodeado de catetos que creen que lo suyo es lo mejor y que nadie puede enseñarles nada, que un artista de talla internacional o un profesor de Harvard no puede hacer nada con sentido en Murcia, que somos los suficientemente buenos e inteligentes para que vengan a contarnos la milonga, y que ya se sabe todo. Y esto, que lo tengo que oír sobre todos los días sobre el Cendeac, ahora tengo que escucharlo sobre una iniciativa interesante como es el Proyecto de Arte Contemporáneo, comisariado por Bourriaud. Pero, en fin, prefiero olvidarlo porque me llevan los demonios.

Lo importante de verdad es que ya ha llegado la Semana Santa, y mi calle ha sido tomada. No tengo nada en contra de la Semana Santa, Dios me libre; simplemente, la miro con distancia. De todos modos, como en lo demás, en esto siempre hay grados. Yo soy de pueblo. Y puedo decir que la Semana Santa de mi pueblo es de bajo cero, cutre a más no poder; con unos santos feos de narices, tanto que parecen estar esperado su turno en Cambio Radical. Esto, en cualquier caso, merecería un post aparte. Y es que la Semana Santa de los pueblos se podría utilizar como argumento para la existencia de Dios. Es comprensible que la gente vaya detrás y debajo de un trono en el que se lleve a Zidane o a Angelina Jolie (maquillada y bien vestida, por supuesto). Pero si las tallas horrorosas de la Semana Santa de pueblo mueven masas, es sólo porque Dios existe.

No quiero olvidar lo que me ha conducido a escribir este post: el pasacalles. Las fiestas de los pueblos (y la semana santa no se escapa) son momentos en los que en lugar de despertarte el reguetón de la familia de enfrente, te despiertan una serie de energúmenos con gorra y clarinete al son de las Supremas de Móstoles. Porque, más allá de la glorificación de Nuestro Señor Jesucristo, lo que se encuentra debajo de la Semana Santa de pedanías, es el espíritu de las Supremas. Y no lo digo como analista del inconsciente pasionario, sino como sufridor del lugar de reunión de la banda del pasacalles. La ventana de mi despacho de casa, el lugar desde el que escribo siempre estas neuras, da a un solar en el que se reunen los músicos antes de inundar con su melodía las calles del pueblo. Y antes de salir es eso lo que ensayan: las Supremas, Shakira, o, como mucho, la banda sonora del señor de los Anillos (ésta quizá reaprovechable). Pero lo que está claro es que no ensayan marchas de Semana Santa. ¿Por qué? Porque no les gusta. Así de sencillo.

Mi teoría es que esos músicos sufren. Y sufren porque reprimen sus instintos. Les gusta Shakira. Lo otro están obligados a tocarlo. Por eso creo que son los únicos que realmente merecen indulgencia por sus pecados. Esta tarde, justo antes de escribir el post, he sentido lástima de ellos. Por la ventana de mi despacho los he visto encaminarse a la calle del calvario, y he escuchado cómo, en fade out, Shakira y las Supremas daban lugar a un marcha solemne. Creo que estos músicos están deseando llegar a las calles desiertas para volver a tocar lo que les gusta. Pero no pueden; los vigilan. Y esta es la respuesta a una pregunta que me ha atormentado desde mi infancia: ¿quiénes son y qué función tienen los que van detrás de la banda? ¿Por qué los siguen? He especulado cientos de veces con la posibilidad de que esta serie de personas (nunca más de diez) sean parientes, amigos, fans de la banda o, lo más probable, gente curiosa que saber en qué termina todo aquello. Pero hoy sé que no es así, que los que siguen a los músicos en el pasacalles son vigilantes. Vigilantes represores de instintos, guardianes de la solemnidad, que no dejan salir a flote la evidencia de la cutrez.

Si te comes un limón sin hacer muecas

Apenas tengo tiempo para escribir esta entrada. Pero no quiero dejar pasar lo que me ocurrió anoche con un libro de Sergi Pamiès. En un intermedio del seminario que impartía Nicolas Bourriaud en el Cendeac (por cierto, magnífico), compré el último libro de Pamiès, Si te comes un limón sin hacer muecas. Si he de ser sincero, no lo compré por Pamiès, sino porque tenía un prólogo de Enrique Vila-Matas, y no hay nada de escritor catalán que se me pase. Y gracias a Dios. Porque este libro de Pamiès es increíble. En el hall del hotel, mientras esperaba a Bourriaud para cenar, comencé a leer algunos relatos. Y me quedé completamente aprisionado. En la presentación, Vila-Matas dice que es un libro que hay que releer una y mil veces. Y no le falta razón. Los relatos acaban, pero al mismo tiempo, tienes que volver una y otra vez sobre ellos. Bueno, el caso es que casi a punto de finalizar uno de los cuentos más interesantes, bajó Bourriaud. Y no sólo no pude acabar el cuento en ese momento, sino que entonces se confesó admirador de Vila-Matas, para él (como para mí) es el escritor más interesante actualmente (más que ningún otro). Y yo, que soy buena gente, sabiendo que le iba a gustar, y que al día siguiente partía hacia París, le regalé el libro de Pamiès. Y fue lo peor que pude hacer. Porque esta noche, inquieto con el puñetero relato, no he podido dormir bien. He inventado mil trescientos finales para el cuento. Y ninguno me ha satisfecho. Por eso decía al principio de esta entrada que ahora no tengo demasiado tiempo, porque ahora mismo, en cuanto sean las diez y abran las librerías, volveré a comprar el libro. En media hora sabré como acaba un relato que comienza con una frase tremenda que no paro de rememorar (dentro de mis posibilidades): "Tuve que morir para que me quisieran".

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28/3/07

Seminario de Nicolas Bourriaud en Murcia

Entre hoy y mañana, en el Cendeac, Nicolas Bourriaud impartirá un seminario titulado "El radical: crítica del pensamiento posmoderno". En este seminario, el crítico y comisario francés analizará la figura del artista radical, su genealogía y sus manifestaciones en el mundo contemporáneo. Desde una crítica al pensamiento débil de la postmodernidad, Bourriaud desarrollará un mapa de la radicalidad imprescindible para guiarse en el mundo del arte de la contemporaneidad.

Escritor, crítico de arte y comisario francés, nacido en 1965, Nicolas Bourriaud ha sido director del Palais de Tokyo (París). Fundador de la revista Documents sur l'art (1992-97), y co-fundador de la revista literaria Perpendiculaire, publicada por las editoriales Michalon y Flammarion. Fue comisario del Pabellón francés de la Bienal de Venecia (1990); en el Aperto de la misma Bienal (1993) y en galerías y centros culturales de París, Nueva York y San Francisco, entre otras ciudades. A él se deben conceptos fundamentales para entender el mundo del arte contemporáneo, como “estética relacional” o “postproducción”. Es autor de varias novelas y ensayos entre los que se encuentran, Estetique relationelle (París 1992), Formes de vie (París 1994) y Post-production (París 2001). En la actualidad prepara un libro sobre el fin del pensamiento postmoderno.


El programa de las charlas es el que sigue:


28 de marzo.
17´00 h. El radical: Crítica de la razón postmoderna.

29 de marzo.
11´30 h. Postproducción: Cómo los artistas reprograman el mundo.

17´00 h. Errancia y precariedad.


Las conferencias son de asistencia libre, aunque para recibir diploma acreditativo del seminario es necesario inscribirse por un módico precio de 30 euros.


Más información en:
CENDEAC
Pabellón 5.
Antiguo Cuartel de Artillería
C/ Madre Elisea Oliver, s/n
30002-Murcia (España)
Tel.: +34 868 914 769Fax: +34 868 914 149
www.cendeac.net

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27/3/07

Allí

Aguantó la respiración tanto como pudo.
Mantuvo los ojos cerrados todo lo que le fue posible.
Pero nada sirvió de nada.
Ella aún seguía allí.
Y él ya no pudo salir a flote.

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25/3/07

Tunning

La tele está muy mal. Esta noche he visto Cambio radical, el nuevo programa de Antena 3 para gente fea (es decir, para el noventa por ciento de la población española, incluidos misters y mises varios). Un disparate. Además, la presentadora era de lo peor. Se ha dedicado todo el programa a increpar a amigos y familiares por haber contribuido a alimentar los complejos del feo de turno. Pero todo es reversible, parece decirnos el problema. Y el caso es que los resultados de las operaciones han sido ciertamente sorprendentes. No parecían los mismos. Más que en la sociedad del espectáculo, se podría decir que hoy estamos ya en la época del tunning expandido. De coches, móviles y ahora también de cuerpos. Pero hay un problema con el tunning, y es que envejece que da pena. No hay nada más triste que el alerón descolorido de un coche tuneado . Y lo mismo pasa con los cuerpos. Hoy he aguantado Cambio Radical. Pero seguro que no podría con "Después de Cinco Años": la vuelta de la flacidez.

23/3/07

Cunilingus

Hoy me he quedado estupefacto (por decir algo) al leer esto: "El departamento de Política Lingüística de la Generalitat ha concedido dos subvenciones por un importe de 15.000 euros al director catalán de cine porno Conrad Son, próximo a ERC, con el fin de impulsar el uso de la lengua catalana en este tipo de "cine"."

La verdad es que cualquier comentario político rompería la magia de la noticia. Hay cosas que van más allá de la política, de ser de izquierdas, de centro, o de derechas. Y una de ellas es el derecho a gemir y correrse en la lengua propia. No me entiendan mal, en la lengua de uno, digo. La lengua que uno ha mamado. Perdón, la que uno ha aprendido desde niño. Es decir, la lengua idomática, y no la fisiológica. Y es que, al hablar del cine porno, es necesario matizar el uso de los términos polisémicos, ya que, de lo contrario, se podría entender este tipo de cine como aquel en el que los nacionalismos lingüísticos cobran su sentido más literal, pues la lengua adquiere ahí tintes acuosos y salivales, "informes" en el sentido de Bataille.

Este tipo de cuestiones, que rozan la inefabilidad, suscitan todo tipo de cuestiones metafísicas o, mejor, "catafísicas". Se habla del buen uso de la lengua catalana. Pero ¿dónde? ¿En qué territorio (corporal)? Y sobre todo ¿con qué fines? Y ¿sobre quiénes? ¿Se considerará apropiado usar la lengua catalana para realizar una felación/cuninligus a un@ señor@ de Burgos, o será necesario que el interfecto viva en Lametla o Cornellà? ¿Cómo se establecerá el "buen" uso de la lengua? ¿Habrá acaso un tribunal o un consejo de hombr@s buen@s (provistos de grandes cantidades de papel higiénico)? Y, lo más importante, y esto sí que me atormenta, ¿existe en el porno otra lengua que no sea la lengua-oral-implicada-en-el-acto? Yo nunca me he fijado. Lo único que saco en claro son guturaciones, gemidos y rítmicos sonidos de choque intercarnal.

Confieso que el porno lo veo en la intimidad, con la luz apagada y sin sonido. Y no sólo para que no me oigan los vecinos, sino porque me baja la líbido escuchar la voz engolada del maromo de turno diciendo "te voy a dar lo tuyo" o "súbete que lleva premio". Y supongo que eso nos pasa a todos. Por eso prefiero siempre las versiones originales subtituladas. Es más, las reivindico. Si ya es triste que los DVDs porno no tengan menú con making off, finales alternativos, escenas eliminadas y "montaje" del director, mucho más triste es que no exista la posibilidad de escucharlas en versión original y eliminar los subtítulos, sobre todo para no enteder lo que dicen. Se podría argumentar que así es posible que nos confundamos con la trama. Créanme: podemos asumir ese riesgo.

De todos modos, y por finalizar con la paranoia, yo abogaría por un cine porno transcultural y translingüístico, donde el francés, la cubana y el griego cohabiten en paz y armonía con el catalán, el eusquera, el gallego y el español, eso sí, con algunos cultismos latinos de por medio.

21/3/07

la noche-antes

Hoy me he levantado saturado. Saturado de proyectos a largo plazo. Y eso es lo peor, porque sólo puedo trabajar bajo presión, aunque, por otra parte también necesitotener la mente entretenida con cosas que deberé hacer más adelante. Es decir, presión y utopía.

Trabajar en proyectos a largo plazo implica dos cosas que nunca he tenido: paciencia y perseverancia. Yo siempre he sido más de tiempos rápidos. Por eso quizá nunca llegue a escribir a una novela; me cansaría a la mitad. O si lo hago será en pequeños fragmentos que vienen y van, que se dejan y retoman. Y así salen luego las cosas, con diferentes estilos y tiempos.
En la carrera, era de los de la noche antes. Durante el curso, me dedicaba a leer otras cosas, y la semana de exámenes dejaba de dormir y ya está. Y es que si no siento la pistola apuntando a mi sien izquierda no puedo hacer las cosas. Esa fue quizá la razón de que tuviese que hacer la tesis en dos meses, después de cinco años de idas y venidas. Dos meses sin apenas dormir, con la sensación de que cada día era una prórroga a mi muerte.

Pero necesito esa presión. Hacer algo la noche antes de que las cosas sucedan. Incluso la noche antes de mi boda escribí un pequeño discurso para leerlo a los asistentes. El ritual de “la noche antes” es para mí ya ineludible. Una especie de rito de paso sin el cual nada puede ocurrir. Esa noche-antes no es posible dormir; es ya, de algún modo, el día-después adelantado. No hay frontera entre el final y el antes. De hecho, esa noche-antes es tan efectiva porque se siente ya la presión del día-final. Y durante esa noche-antes son muchos los momentos en los que viene la tentación del abandono, del ya no importa, del ha pasado ya. Pero si uno resiste, esa noche-antes es el momento de mayor lucidez de la mente, un momento en el que emerge una especie de instinto de supervivencia intelectual. Y esto hace que, de algún modo, sea comparable al Tantra -salvando las distancias, claro está.

En el Tantra, uno de los objetivos que se persigue es lograr la prolongación del orgasmo mucho más allá de la eyaculación, buscando esa suerte de momento más-allá-del-mundo que tiene lugar en el acto sexual. No negándome a eso –nunca lo haré–, con la que se me viene encima, lo que me gustaría lograr es algo así como un Tantra intelectual de la noche-antes, una prolongación de esa conciencia a cien por hora que se produce bajo la presión de la última hora. Eso sí, con pequeños cortes para poder vivir.

19/3/07

La llegada a la escritura

Acabo de leer La llegada a la escritura, una reciente traducción de un fragmento del clásico de la feminista francesa Hélène Cixous. Y he caído rendido a los pies de una prosa de ensueño. No he leído demasiadas cosas de Cixous (tan sólo Velos, con Jacques Derrida, y La risa de medusa), sin embargo su escritura me fascina. Es una especie de texto performativo donde se diluyen las fronteras entre el qué y el cómo, entre aquello que se dice y la forma en la que es dicho, así como las del yo y el mundo, pues la escritora está implicada con todo aquello que (d)escribe.

Cixous aboga por la escritura como alternativa a la visión. Frente a la mirada (masculina, dominadora y alejadora), ella argumenta las ventajas de un modelo más cercano y empático, el de la escritura. Una escritura que acaricie, que fluya, que no se imponga, que acompañe, pero que, al mismo tiempo, muestre la diferencia inasumible. Este libro es en sí un ejercicio de esa escritura-ternura, escritura-caricia de la que habla Cixous.

Con este texto me ha ocurrido una cosa extraña, algo que hacía ya algún tiempo que no me sucedía. He sentido envidia. La empatía con la escritura ha sido tal que, durante toda la lectura, me he sentido escritor del libro. Es curioso, y creo que ya lo he comentado aquí en alguna otra ocasión, hay momentos en los que tengo envidia (no sé hasta qué punto sana) de ciertos creadores. Y supongo que es porque su estilo me es muy afín. Me pasa eso con Bernhard, con Cioran o con Beckett, pero también con Blanchot y, más recientemente, con Vila-Matas. Me escribo en sus textos. Allí establezco mi escritura, allí quedo inscrito. Hoy, con Cixous, he tenido la misma sensación. No es exactamente un "quiero escribir así", sino, más bien, un "así también yo soy escrito", "así también soy-en-el-texto".

17/3/07

Hundirse para salir a flote

Vuelvo, al fin. Después de unas semanas de silencio, vuelvo al blog. Siento haber abandonado este espacio que tanto placer me produce, pero las obligaciones me han tenido ocupado por completo. En dos semanas, apenas he dormido, apenas he leído, apenas he escrito, apenas he vivido. Pero todo llega. Y todo acaba. Y en este caso, todo ha acabado bien. La exposición y el encuentro (que me han tenido retenido) han salido bien, aunque a mi amigo Fernando le parezcan una aberración. Las estéticas migratorias ya caminan solas. Todos estáis invitados a ver la expo en la Sala de Verónicas de Murcia. Me ofrezco de guía virtual y real. Y las ponencias del encuentro también están al llegar, así como las imágenes en la web (en breve en la página del cendeac). Es decir, que es hora de recoger frutos, aunque algunos (a mi pesar, y de Fernando) puedan amargar.

Lo importante es que no he desfallecido. Que hay vida en las calles, y que la primavera está tocando a la puerta. El sol de Murcia, los pájaros de la ventana, las flores del azahar, el extraño vigor de cierta parte baja... Y todas esas cosas que a un neurastémico como yo le han de repeler, pero que ahora, sin embargo, causan satisfacción.

Me permitiré, pues, dos días de vida para sumirme en el fango de la desesperación. Desesperación necesaria para abrir el cuaderno y escribir algo digno. Mientras tanto, este blog me permitirá salir a flote de un barco que, para hacer llegar al lugar que quiero, es necesario hundir.

9/3/07

Vivo

Casi una semana sin escribir. La exposición "Estéticas migratorias" me traía por la calle de la amargura. Pero afortunadamente todo ha salido bien. Sin pecar de inmodestia, creo que ha quedado bastante digna, aunque el montaje ha sido más complicado de la cuenta.
Poco a poco se van terminando las cosas. A este paso, es posible que, al final, pueda sobrevivir a marzo. Y seguir escribiendo con normalidad.

2/3/07

Tradumática

Y sin embargo, desde hace unos días, te recuerdo con intensidad. En Barcelona, sin saber por qué, algo en mí temió –y deseó– encontrarte por casualidad. Y entonces recordé un tren, una catedral, un museo, unos patricios romanos, una noche de tormenta, una buhardilla, unas notas de despedida. Algo más que eso. No sé, probablemente sólo temí encontrarte.