31/01/07
29/01/07
Ya visto/ya sufrido
Ahora todo parece repetirse. Y sólo me vienen a la cabeza cosas vividas. El dolor como déjà vu. El eterno retorno de lo mismo, pero implementado por la consciencia.
De nuevo, la UCI. De nuevo, mi mano agarrada en el tránsito. De nuevo, el tiempo lento, espeso, el sufrimiento a cámara lenta. De nuevo, la espera. De nuevo, la distancia como único antídoto. De nuevo, la escritura como anestesia.
27/01/07
Crítica cuantitativa
- 90 kilómetros de carreras por el bosque.
- 20 litros de sangre.
- 50 litros de pintura para tatuaje.
- 30 kilos de piercings y escarificaciones.
- 120 páginas de guión.
- 2'30 horas de metraje.
26/01/07
Día feliz
Y para redondear, justo antes de entrar a la entrega de premios, me llama mi madre para decirme que no se encuentra bien del todo. Y yo, como siempre, le digo que eso no es nada, que es lo de siempre, y que tengo que entrar al paraninfo sin falta. Al terminar, la llamo a casa, pero no me lo cogen. Y me espero lo peor. Y lo peor, en efecto, casi sucede. Está en el hospital a punto del colapso. Cinco minutos más y no habría entrado con vida.
Y ahora, mientras escribo esto a la carrera, me dispongo a ir de nuevo a mi segunda casa. Como si lo hubiese invocado: de nuevo la sala de espera, de nuevo las batas blancas, de nuevo la máquina de café, de nuevo la cantina. De nuevo lo de siempre en este día que, sin embargo, ya había sido categorizado por mí, desde un principio y para siempre, como un día feliz.
Archivo
Algún día escribiré un relato titulado “El coleccionista de caricias”.
Comunidad
Vivir juntos implica tocarse.
Cuando perdemos a alguien sólo podemos mantener una imagen suya y nunca un recuerdo táctil. Es decir, toda pérdida implica un alejamiento en tanto que un des-juntamiento. O lo que es lo mismo: toda pérdida es des-comunal.
25/01/07
Noli me tangere
"No me toques, no me retengas, no pienses cogerme ni alcanzarme, pues parto hacia el Padre, es decir, todavía y siempre hacia la fuerza misma de la muerte y me alejo en ella, me fundo con su brillo nocturno en esta mañana de primavera. Parto ya, no soy más que en esta partida, yo soy el que parte del acto de partir, mi ser consiste en esa partida y mi palabra es ésta: 'Yo, la verdad, parto'" (p. 29).
Sin palabras.
24/01/07
La cantina del hospital
Las cantinas de los hospitales siempre me han parecido lugares reconfortantes. De hecho, cuando recuerdo el tiempo pasado con mi padre en la UCI, la imagen de la cantina me relaja, e incluso me hace que la sensación no acabe de ser tan terrible como fue. La cantina parece el único lugar donde la tempestad amaina y todo se calma por momentos. Es como un pequeño abrevadero donde el agua vuelve a su cauce. Por muy destrozado que uno esté, allí se suspende por momentos la agonía y es posible llegar, hasta cierto punto, a desconectar con el desastre. Una pausa necesaria, incluso para el sufrimiento.
Al poco tiempo de la muerte de mi padre, por otras razones que nada tenían que ver con la enfermedad, volví a la cantina del hospital, y me ocurrió algo curioso. Mientras me tomaba un bocadillo de tortilla, y sin saber exactamente por qué, me comencé a sentir el hombre más dichoso del mundo. Comencé entonces a mirar a la gente e imaginar por qué estaban allí, a qué dolencias se enfrentaban sus seres queridos, qué enfermedad se encontraba detrás de cada taza de café. Fue en ese momento, al verme como un voyeur del sufrimiento, cuando empezó a rondar por mi mente el argumento para un relato que quizá escriba algún día. La historia de un hombre que, tras haberlo perdido todo, sólo pudo, en adelante, desayunar, comer y cenar en la cantina del hospital, reconfortándose, desde la distancia, con los momentos de sosiego del dolor de los demás. Recuerdo que estuve varios días pensando en esa historia. Varios días en los que sólo escribí una frase, no sé si principio, final o corolario:
“Nada me sorprende tanto como ver a un hombre, cuya esposa está a punto de morir, pidiendo, sin que le tiemble la voz, un café con leche y un donut de chocolate”.
23/01/07
Piano
22/01/07
Arrabal
21/01/07
Nanopolítica
Reivindico este acto de nanopolítica como un intento de resistencia a los ritmos impuestos por la sociedad laboralista. Lo único que no sé es cómo llamarlo. En Murcia hay una siesta, imprescindible en verano, que se duerme a las 12 del mediodía y se llama siesta del borrego. Quizá otro animal deba inspirar el nombre del sueño postdesayunal. No sé, el marrano puede ser una buena opción.
Bajo la cama
20/01/07
Semana cendeac
1) El martes, la conferencia de Alberto Ruiz de Samaniego: fantástica. Alberto es uno de esos escritores e intelectuales que realizan su trabajo sin hacer demasiados alardes públicos, poco a poco, con profundidad, seriedad y brillantez. Ahora ha sido elegido comisario del pabellón español de la próxima Bienal de Venecia. Y yo me alegro muchísimo. Me alegro institucionalmente, porque esto siempre viene bien como reclamo para nuestra programación. Pero sobre todo, me alegro personalmente. Ya es hora que el trabajo intelectual, pausado, serio y sin concesiones ocupe un lugar así. El caso de Alberto es representativo de toda una generación de pensadores que, a la sombra de las lógicas espectaculares del comisario-estrella, realizan una labor de fondo que, a largo plazo, será la única capaz de sostener un mundo de apariencia en el que a lo único que se aspira es a citar sin sonrojarse a Deleuze, Foucault o Derrida.
2) El jueves y el viernes, el seminario-performance de Franko B.: increíble. El jueves, el italiano afincado en Londres hizo desnudarse uno a uno a más de treinta espectadores. La experiencia era interesante. Una sala de espera, como la consulta del médico, en la que cada espectador cogía un número. Después alguien (durante dos horas, mismamente yo) entraba para avisar y decía: "el siguiente, por favor". Lo hacía pasar a una habitación y le decía que se desnudase y que, cuando estuviese preparado, tocase un timbre que se había colocado allí. En ese momento entraba el artista, vestido, y le preguntaba: ¿por qué estás aquí? Las caras de los espectadores tras la acción eran sorprendentes: una sonrisa de oreja a oreja, la experiencia de haberse "desnudado" no sólo físicamente. Por supuesto, cada cual tuvo una experiencia distinta, pero en líneas generales creo que fue bastante positiva.
La performance del viernes fue completamente diferente. El artista estaba sentado desnudo sobre una silla en un pedestal, completamente inmóvil. Lo realmente impactante era el juego de luces y sonido. Entre una completa oscuridad y una luminosidad cegadora (no exactamente igual a la que aparece en la foto). Me pareció más interesante que la primera. Para mi ensayo sobre la antivisión y la ceguera en el arte contemporáneo, creo que es una obra fundamental: el espectador como expectador, ciego, expentante... esperando ver algo; algo que, cuando se muestra, es cegador, como esa verdad que quema a los ojos... Luego esa luz cegadora, estroboscópica, se queda en la retina (uno sale del espectáculo con las manos en los ojos y con la imagen en la mente). Allí no puedes verla con claridad. Sólo es posible verla en el recuerdo, en la imagen.Es ciertamente curioso. En el post anterior escribía yo que los recuerdos no aparecen fijos en la mente y que es muy difícil hacer que se queden quietos. Aquí ocurría todo lo contrario. Durante los 11 minutos de la performance, la imagen que se ofrecía del cuerpo del artista nunca permanecía fija. Las luces hacían que pareciese borrosa y en completo movimiento, como si flotase en un espacio incierto. Sólo se fijaba cuando se iluminaba por completo. Y entonces no se podía mirar directamente, porque uno se quedaba ciego. Sólo al sesgo y en la distancia, cuando ya todo ha pasado, se puede rememorar el evento. Y, también, en cierto modo, darle sentido.
Franko B. es uno de los artistas que más al límite ha llevado su práctica. Se hiere, se corta, se desangra, está tatuado de la cabeza a los pies, tiene una dentadura de metal... acojona con sólo mirarlo. Ahora bien, es una de las personas más agradables que uno puede encontrar: generoso, cordial, simpático, cariñoso... vamos, lo que en esta tierra se conoce como "buena gente".
3) El jueves por la noche, la fiesta: esto merece atención especial. Sucedieron tantas cosas que le tengo que dedicar una entrada.
17/01/07
Inmóvil
Todo.
Allí de nuevo.
Frente a él.
Fijo.
Eterno.
Para siempre.
Fue en ese momento cuando sonó el móvil, y, con la melodía de paquito el chocolatero, todo lo que había anhelado se marchó para no volver jamás.
Entonó entonces el más dramático de los adioses:
¿Sí?
Sí, soy yo.
De acuerdo, mañana paso.
Vale.
No, gracias a ti.
Ese día decidió quitarse (de) la vida.
15/01/07
Bernhard
14/01/07
... y todo lo demás
11/01/07
Higinio
Hoy, casi ya no, es San Higinio. Y desde aquí, aunque sé que él no lee estas cosas, tengo que felicitar a Higinio Marín. Él fue mi mentor en la universidad y mi maestro cuando comencé mi vida intelectual. De él aprendí muchísimo, aunque no lo hago responsable del fantoche en que me he convertido. Me ayudó cuando lo necesité, me increpó cuando lo necesité, y estuvo ahí cuando no le di las gracias. Estuve seis años en la universidad en la que él era vicerrector. Y, aunque tuve el honor de compartir mis días con unos inmejorables compañeros, algunos de ellos grandísimos amigos, he de decir, pasado algo de tiempo, que sólo había una cosa que me mantuvo pegado a aquella universidad católica: Higinio Marín. Yo creía en aquella Universidad. Pero en realidad creía en Higinio, creía en todo aquello que él representaba, el espíritu de la universidad, del trabajo, del compañerismo, del saber, de la investigación, del sentido común... el espíritu del "maestro". Pero cuando Higinio se tuvo que ir, todo cambió. Todo lo que él había soñado se desvaneció. Con él también marcharon todas las esperanzas. Tras su partida, todos los que habíamos creído en un sueño, despertamos. Y allí encontramos algo que (sin querer ahora pronunciarme) simplemente no era lo que habíamos ido buscando o, mejor, lo que nos había encontrado. Higinio, al que tengo el gusto de contar entre mis amigos más admirados, siempre será para mí el recuerdo de aquella esperanza, de aquel digno propósito que, por razones en las que no merece la pena abundar, no pudo llevarse a cabo. Cuando pienso en el sentido de lo que es una universidad, sólo se me viene a la cabeza la imagen del profesor Marín en sus seminarios científicos, rebatiendo hasta los argumentos de los micrófonos. Un universitario, un intelectual, un magnífico escritor, un filósofo de los que quedan pocos... un amigo de los que quedan pocos.
08/01/07
Silogismos de la UCI
Esta relectura me ha hecho recuperar una serie de microficciones y poemas que escribí durante la muerte de mi padre y que titulé "Silogismos de la UCI" y que ahora he subtitulado "El regusto amargo que precede al vómito". El argumento era el de siempre: qué coño puede hacer la literatura frente al sufrimiento. Aquí dejo un ejemplo.
En la espera muerta de la muerte, quiere escribir y distanciarse de todo. Para dar cuenta del dolor de una noche aciaga, intenta imaginar los versos más tristes, las estrofas más amargas. Sin embargo, al abrir el cuaderno negro de páginas rugosas, al disponerse a plasmar para siempre la desolación de una certidumbre imposible de evitar, al querer dejar constancia de la fugacidad de la existencia... una leve tortícolis le impide la melancolía.
Allí se da cuenta de la inutilidad de la poesía. Y entonces la tela rasgada de los sillones, la mujer de ojos caídos marcando el número de la funeraria, el insoportable olor a sudor del abuelo que ha perdido a su familia en un accidente de tráfico… escriben el más espantoso de los poemas, el de la realidad de un embarcadero que lleva directamente al infierno.
07/01/07
Pensamiento débil
La verdad es que, releyendo a Rovatti, me parece que su pensamiento está infravalorado, quizá a causa de la excesiva presencia de la filosofía francesa, que parece ser la única que entra en el contexto anglosajon. He vuelto, pues, de nuevo a sus estudios sobre filosofía y metáfora (Como la luz tenue) y a un libro que considero magistral: Abitare la distanza; la paradoja y la contradicción.
Esta vuelta me ha hecho recordar los simpáticos días pasados con el autor en Murcia, cuando estuvo invitado a un curso de arte contemporáneo. Fuera del estrado, en las comidas, las cenas o la playa, no había manera de sacarle nada sobre filosofía. Sólo parecía interesarle el ciclismo y el juego. La verdadera filosofía, decía, se aprende de las cosas cotidianas, especialemente en el entretenimiento. Quizá por eso, para tomar fuerzas, y mientras escribo esto, estoy viendo al Murcia empatar con el Real Madrid Castilla, mientras que el Barça cae en Getafe. No sé cómo acabará (espero que gane mi Murcia). Y espero también, que me sirva este pensamiento débil.
06/01/07
Costuras del Olimpo
Y hablando de hilos, tejidos, pérdidas y memorias, confieso que algún día me gustaría contar la verdadera historia del laberinto. Mientras tanto, aquí os dejo un fragmento de un cuento más extenso sobre esto. Leer la historia.
Reyes Magos
05/01/07
Damnificados y preguntas sin respuesta
Esta excepción a las leyes de extranjería que, por un lado, muestran la aparente "bondad" de un sistema que restituye el sufrimiento "directo" o "evidente", por otro lado es un hecho de gran desazón, puesto que se reconoce de modo implícito la incoherencia de un modelo de pensamiento en torno a la frontera. Con todo el respeto para ellos y las familas (todo lo que se les dé es poco), la pregunta que me hago, y sé que es llevar las cosas al extremo, es la siguiente: ¿cuál es el grado de sufrimiento para que entre en juego la excepción? ¿No estamos, por utilizar la terminología de Agamben, en un continuo Estado de Excepción? ¿No sufren cada día otros muchos las penurias de un sistema que es incapaz de seguir sosteniéndose? Sólo son preguntas sin respuesta.
¿Qué hacer? ¿Cómo obrar? Yo no lo tengo nada claro. No podría responder. Sólo sé que hoy me asalta de nuevo el complejo de culpabilidad. ¿Qué se espera de un mundo en el que la concesión de una nacionalidad puede ser restituyente del dolor? Ciertamente, más allá de partidismos y convicciones políticas, hoy es necesario preguntarse por la dignidad de un mundo en el que como premio a la muerte se ofrece la esclavitud.
04/01/07
Inspiración
Junto a mi sien izquierda
NYC Poetry
Después. Siempre, después.
Después. Algún día, después.
Después borró sus fotos. Después lavó sus sábanas. Y, después, sólo después, encontró un pedacito de jabón que ella había dejado en la ducha.
Como en una historia leída hace algún tiempo, quiso deshacer el pequeño resquicio de su tacto. Deshacerlo como él se deshizo en los brazos de ella.
Y como no le quedaban lágrimas, lo puso bajo el grifo, y, muy lentamente, gota a gota, lo contempló desmaterializarse, hasta desaparecer sin dejar rastro alguno.
Muy lentamente, gota a gota.
Ocho años y cuatro días.
Lentamente, gota a gota.
Mientras, seguía lloviendo en Central Park, como si las nubes se
hubieran aliado con su ausencia.
Algún día dejará de llover, escuchó. Algún día, quién sabe.
Cesará la lluvia y sonará un piano.
Volverá una música.
Un puente.
Una historia.
Una ciudad.
Una avenida.
Una ventana.
Dos manos.
Después de la lluvia.
03/01/07
Conocimiento
Hoy pienso que ésa es la medida del conocimiento, la oscuridad. De hecho, podemos decir que conocemos una casa cuando, en la noche, somos capaces de caminar a oscuras por sus pasillos, evitar la silla que corta el paso, intuir la manilla de la puerta o encontrar el interruptor de la luz del dormitorio.
Conozco bastante bien mi casa, mejor que el hospital. Sin embargo, cuando cierro los ojos me extravío.
Catóptrica bloggista
Pantalla, Lacan, Post sujeto: post caído. Desujetado.
No me hagáis caso.
Elogio de la poligamia promiscua
Lo que yo te diga
Primera frase
Me viene a la cabeza en estos momentos el personaje de Hormigón, la novela de Thomas Bernhard, que pasa todo el libro intentando comenzar la biografía de Mendelssohn. Tiene miles de páginas escritas, pero no puede encontrar la primera frase. Es una novela prodigiosa, como casi todo lo de Bernhard, pero me angustia pensar lo a menudo que esto me sucede, mucho más de lo que cabría esperar.
Algunos me tranquilizan diciendo que es simplemente el miedo a la página en blanco, otros que la primera frase no importa, que ya se cambiará más adelante. Pero yo no puedo hacer nada si no la encuentro, sobre todo porque todo el texto se construye a partir de ese momento. Aunque lo tenga todo pensado, el argumento crece a partir de las propias palabras, que ya prácticamente se reproducen solas. Pero la primera frase es casi como una creación ex nihilo, un crear de la nada que condiciona todo lo demás. Bien visto, casi un milagro. Y en ocasiones uno no está demasiado católico. Como en esta noche. He comenzado más de quince folios, pero no hay manera. Comienzo con una hipotética primera frase y luego la sigo, como una fuga. Pero si el tema de la frase no es bueno, al párrafo y medio ya he cortado, y tengo que comenzar de nuevo, en otro folio y con otra intención. Cada vez más estoy convencido de que la escritura se parece demasiado a dar el tono correcto en canto. Hasta que no lo coges, no puedes comenzar a cantar, aunque sepas la letra.
Son más de las dos de la madrugada y no hago más que desafinar mi escritura. Y, ahora que lo pienso, estoy utilizando esta entrada del blog para afinar y demorar lo imposible, pero parece ser que hoy no tengo buen oído.
02/01/07
Principios y finales
Estética migratoria
La estampa, en efecto, era terrible, y también curiosa. Como curioso fue lo que nos ocurrió. Nos acercamos a ellos para intentar hacerles algunas preguntas, y al creer que íbamos a ofrecerles trabajo, corrieron todos hacia mi coche e intentaron meterse dentro. De los cincuenta, entraron al menos ocho. No sé cómo, pero entraron. Y sólo después de más de diez minutos de malentendidos y negociaciones, y tras saber que no iban a trabajar, logré convencerlos para que bajaran. A todos, menos a un senegalés con una cazadora azul que se había aferrado al asiento del conductor, y que imploraba que lo llevase a trabajar en lo que fuese y al precio que fuese, sin llegar siquiera a comprender, en su desesperación, que estaba sentado al volante, impidiendo todo aquello que solicitaba.
La situación fue muy tensa y dramática, pero, también bastante absurda y –lo confieso, aunque me pese– humorística. Irónicamente pensé entonces que a la afirmación de Rilke según la cual lo bello es el comienzo de lo terrible que podemos soportar, habría que añadir otra que rezase algo así como que lo terrible es el comienzo de lo absurdo que estamos dispuestos a aguantar.
Al final, logré bajarlos del coche, y precisamente el chico que no quería –o no sabía– bajar, accedió, por unos cochinos veinte euros, a contestar unas preguntas sobre su situación. Era un traductor de francés de 19 años que había decidido venir a España a esperar otra regularización del gobierno. Durante el tiempo de la entrevista, recuperó su dignidad y se situó por primera vez en el lugar de la enunciación. Dijo, en lugar de ser dicho. Sus respuestas eran inteligentes, y aún más sus preguntas. La verdad es que en ese momento me sentí como una gran mierda. Un sentimiento que fue in crescendo. Y es que, tras alejarnos a nuestro mundo intelectual y progresista, al día siguiente, volví a verlo. Pasé en la moto hacia el trabajo y pude distinguirlo entre la multitud por su llamativa cazadora azul. Y así durante tres meses. Todas las mañanas, en el mismo lugar –ya no el de la enunciación– con la misma cazadora y con la misma expresión. En ocasiones nos cruzamos las miradas, y no sé si me reconoce o simplemente me mira porque hay un lugar libre en la moto.
Hoy, como si nada hubiese ocurrido en el mundo, el senegalés seguía apoyado a un depósito de la gasolinera. Al verlo, he aminorado la marcha de la moto, y creo que ha sido entonces cuando me ha reconocido. He querido parar. Pero no he sido capaz de desearle un buen año. No he tenido la paradójica valentía del cínico.
01/01/07
Recién nacidos
Con estas preocupaciones comienzo el año. Se infiere, pues, que todo va bien.
